Es probable que sigas en Twitter a alguien que, por obra y arte de vete a saber qué duende artístico, de forma un tanto milagrosa, acaba de publicar un libro o está a punto de hacerlo.
Publicar un libro. Quienes se embarcan en esta aventura nunca dicen que han “escrito” un libro, no. Ellos “publican” libros. Suena más sofisticado, más profesional, en completa armonía con el propósito final. Como si lo de escribir fuera una mentira demasiado grande.
Intenciones hay de todo tipo. Un ejemplo es #nocabeenuntweet, ebook gratuito editado por @jdmalpartida donde se reúnen varios textos de diversos usuarios y que nos sirve de muestra para descubrir que no todos los tuiteros buenos escriben bien, aunque tampoco es que representen un insulto contra la palabra escrita.
Algunos se limitan a recopilar sus mejores tweets, algo que puede parecer pobre pero que quizás sea la propuesta más sincera de todas. Otros rescatan obritas escritas hace años, perdidas, olvidadas, como a la espera de que sus autores acumularan seguidores en una red social que aún no existía. Los que más, escriben un libro de humor improvisado, a veces sin maquetar ni corregir, y lo suben a Bubok, Amazon y similares. Luego están los afortunados que logran engañar a una editorial seria para que saquen una edición en papel de su preciado huevo frito, quién sabe si merecida o no, pero el caso es que ahí está.
No voy a criticar estos proyectos. Ya lo hice en su momento y, visto en retrospectiva, resultó más una pataleta que la lucha contra gigantes que imaginé. Lo que haré será elegir una muestra representativa de diversa calidad y que cada cual decida si nos encontramos ante escritores reales o se trata de un nuevo caso de ficción tan propio de Internet.
El problema de la bala – @jaimerubio
“A veces los pequeños actos inconscientes y hechos casi por juego pueden provocar las peores tragedias. Como sucede con el silencioso y algo apático protagonista de El problema de la bala, que nunca pensó que dispararse en la cabeza con la pistola de su padre podía desencadenar una espiral de acontecimientos que acabarían con sus huesos en descomposición en la cárcel y con una grave acusación de asesinato en primera persona. Mitad drama carcelario, mitad noir seco y duro, mitad historia de desamor, mitad instrucciones de una lavadora, El problema de la bala es un viaje hilarante y desquiciado por el laberinto judicial que recorre un hombre desde su suicidio hasta su condena final. Aunque a él no le importe demasiado.”
Faithless – @lacajadelachina
“Una chica se masturba con un olor. El sabor de nuestros besos en otras bocas. Autostop para salirse de la rutina matrimonial. Hombres que encuentran placer en el cibersexo. El onanismo del amor propio. Exhibicionismo, violación y (des)amor para encontrar el erotismo perdido: en el cine, la literatura, en la fealdad y crudeza de lo real. Fiestas hippies trasnochadas, sexo público. Metaliteratura como ejercicio erótico, escribir (y leer) como acto sexual. La Habana, ciudad-escenario donde se entrelazan los cuerpos que protagonizan estos cuentos de sexo y amor.”
Te dejo es jódete al revés: Vida y milagros de una cajera que no da crédito – @SenoritaPuri
“¿Qué haces cuando te encuentras al desgraciao de tu marido con otra? Pues mandarle a paseo, eso lo primero, luego ponerte a llorar ?pero lo justo, que el tipo no lo merece?, y después, hincharte a reír. Reír que no falte. Y eso es lo que cuenta este libro: la historia de Puri, una cajera que también es madre y que le echa un par para salir adelante, y las delirantes historias que va encontrando en su nueva vida: ligones italianos, jefes de bofetón, ecuatorianas rumberas, karaokes que acaban en borracheras indecentes? Una divertidísima historia contada con mucho humor, una pizca de ternura y mucha mala leche. Eso, que tampoco falte.”
Los Ingeniosos Tweets de Mic_y_Mouse – @Mic_y_Mouse
“Ningún animal fue dañado o maltratado durante la realización de este libro, ni siquiera el autor.”
Mundo Twitter – @jlori
“Quienes tienen una visión romántica de la innovación y la creatividad pueden sorprenderse, o indignarse, de que una herramienta tecnológica que sólo permite intercambiar mensajes que contengan hasta 140 caracteres, se haya convertido en uno de los medios de comunicación más poderosos de la historia.”
Velvet – @ashauri
“Enfrascado en un ambiente húmedo y veloz, este drama amoroso sigue los pasos del Recién llegado, personaje central de la novela, quien está en busca de Velvet una niña-mujer-adolescente perdida en el tiempo. Diez capítulos a manera de diario que ayudan a descubrir y a confundir la realidad y destino de nuestro personaje. Una historia sobre muñecas que hablan, tatuajes, cigarros, sombras, brujas y la condena que es enamorarse en la ciudad de México.”
Doce Miedos – VV.AA.
“Seis mujeres, seis hombres: Doce Miedos. Doce historias inéditas en las que los autores plasman sus miedos en la más pura tradición gótica, fantástica y hasta de género negro”
De tripas con razón – @AlberZeal
“De tripas con razón” es un libro de humor que recopila tweets del autor con la intención principal de hacer reír.”
D.I.O.S. – @crohnicas
“Probablemente la peor selección de textos pergeñada nunca.”
Medio millar de pescadores, prostitutas y policías sobreviven apiñados en Migingo (Lago Victoria), una isla keniata de apenas 4000 metros cuadrados, el equivalente a un campo de fútbol la superficie de un hipermercado. Los primeros ocuparon el lugar atraídos por la (cada vez menos) abundante y bien pagada perca del Nilo, que habita cerca de la ínsula, en aguas ugandesas. Las prostitutas desembarcaron poco después con la idea de alegrar a los, en aquella época, solitarios y adinerados pescadores. No tardaron en aparecer policías y militares para imponer el orden, alejar a piratas y pelear entre ellos, pues al emplazamiento llegaron miembros tanto de Uganda como de Kenia, debido al conflicto entre ambos países desde que se hizo notoria la riqueza del lugar.
La guerra, o más bien micro-guerra entre una docena de marines de cada bando, no se hizo esperar. La disputa continúa en una confusión tal, que Google decidió borrar la isla de sus mapas, puesto que ambos países utilizaban la aplicación para demostrar, con más corazón que razón, su derecho sobre el peñasco de la discordia.
Mientras tanto, los recursos del lago Victoria (que sustenta a más de 30 millones de personas) siguen mermando, y las aguas del mismo retroceden de forma alarmante. Las críticas llegan incluso desde el lejano Egipto. Y es que en África, cualquier fuente de riqueza, por ridícula que sea, se convierte, más que en una bendición, en un problema continental.
Fotos en Flickr de la paradisíaca isla tropical de Migingo
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No hace mucho publiqué un post donde recomendaba una serie de libros de extensión, por lo general, un tanto excesiva: Maqroll el Gaviero, ochocientas páginas; Vida de Samuel Johnson, casi dos mil; Memorias de Chateaubriand, más de tres mil… Esto, en la era de las prisas, Twitter, Whatsapp y el déficit de atención es, como poco, un descalabro. Algo inconcebible.
Sé que sois muy vagos y que el nivel general de lectura se limita a subtítulos de series, órdenes y misiones en algún videojuego o blogs interesantísimos como éste. Por eso me he animado a reunir siete grandes libros que no sobrepasen las cien páginas, o, en el caso de que lo hagan (redacto la lista de memoria) que puedan leerse en poco menos de una hora.
Voy a omitir a Rulfo, Borges, Conrad y Maquiavelo porque quiero que me lo recuerden mucho en los comentarios. También olvidaré varios libros que adoro. En eso consisten las listas. Meter cosas en una cesta y dejar otras fuera, ya sea fruto del olvido, del disgusto o del aburrimiento. No hay más.
Aclaro esto aun sabiendo que los fanáticos que quieran resaltar que la lista es una mierda porque no incluye ese libro que tanto, tanto, tanto les gusta (de los miles de millones que se han publicado y publican a diario) no van a molestarse en echar un vistazo a esta pequeña explicación. Irán directos a la lista, y de ahí, a plasmar algún comentario para el olvido. Nunca aprenderán a leer.
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Españoles por el mundo, sí, pero no de los que emigran a otro lugar y aprovechan una cámara de TVE para hacer el ridículo delante de todo el país, sino de los que viajan por pasión durante meses (incluso años) y regresan a España, no sin antes contarlo en sus blogs de forma amena y divertida, sin caer en el formato cómico y grotesco del programa de televisión.
Estoy entusiasmado con los blogs de viajes personales. Sé que los más populares de la red suelen tratar sobre tecnología, ciencia o actualidad, temas que me gustan pero con los que, en formato blog, no acabo de conectar. Me cuesta un horror leerlos. Prefiero informarme en redes sociales o mediante libros. Por contra, los blogs de viajes sí que han logrado engancharme, tal vez por la similitud con los cuadernos de bitácora y diarios de exploración de antaño.
Esta es una breve selección de los muchos que sigo, a varios de ellos con el celo de un enamorado ávido de noticias sobre los anteriores romances de su prometida:
ESPAÑOLES POR EL MUNDO.
El Rincón de Sele. Uno de los más conocidos. No sabría decir muy bien qué tiene de especial. Supongo que viaja como el niño grande que es y nosotros se lo agradecemos.
- Actualmente en: América, sin billete de vuelta (aunque parece que regresará a Madrid en breve).
- Twitter: @elrincondesele
- Blog: http://www.elrincondesele.com/
Historias de Nuestro Planeta. Es, con toda seguridad, el mejor blogs de viajes que conozco, el más parecido a los relatos aventureros de otras épocas. Ni rastro de agencias de viajes, datos útiles, patrocinadores encubiertos o turistadas. Un diario a la antigua usanza. Suele viajar a pie y lo hace con una sencillez que no pasa inadvertida para los lugareños, que lo tratan como a uno más de la familia.
- Actualmente en: ¿India?.
- Twitter: @hntoplaneta
- Blog: http://www.historiasdenuestroplaneta.com/
El Mundo en Moto Sinewan. Son muchos los que se decantan por recorrer el mundo a lomos de una moto. Bastantes españoles, algo lógico, dada la pasión que hay por las dos ruedas en este país. Casi todos siguen los pasos de Ted Simon y Miquel Silvestre. Se les perdona que amen más las motos que los viajes ya que, a pesar de esta infidelidad para con el arte del vagabundeo, se entusiasman con un buen viaje como el mejor de los exploradores. Del gran grupo de moteros viajeros recomiendo que leáis a Charly Sinewan.
- Actualmente en: Namibia.
- Twitter: @charlysinewan
- Blog: http://sinewan.com/wp/
Vuelta al Mundo en Familia. Lo que van a aprender estos dos pequeños robinsones en su paso por la mejor escuela del mundo (el propio mundo) dirigidos por los mejores profesores posibles (sus padres y algún que otro maestro de las ciudades que visitan) será un tesoro que, sin el menor género de dudas, les proveerá de riqueza durante el resto de sus vidas.
- Actualmente en: Japón.
- Página de Facebook: http://www.facebook.com/Educaction.org
- Blog: http://vueltaalmundoenfamilia.com/
Pak Goes To… Un tipo simpático que se hace querer desde el primer párrafo. Se integra como si fuera oriundo de los lugares que visita, en parte porque suele vivir al menos un mes en cada sitio. Con él conocerás países fuera de la ruta tradicional del turismo y algún que otro deporte de aventura.
- Actualmente en: Jordania.
- Twitter: @pakgoesto
- Blog: http://pakgoesto.com/blog
The Crazy Travel. No todo van a ser blogs de cuarentones en lugares exóticos e insospechados, sobre todo porque la mayoría de españoles que viajan por libre suelen ser jóvenes menores de 25 años. También es cierto que muchos no salen más allá de las fronteras de la UE. No es el caso de esta pareja, la cual ya ha tenido sus buenas aventuras en distintos puntos del globo terráqueo. La que viene, una vuelta al mundo en bicicleta, se me antoja imprescindible.
- Actualmente en: Inglaterra, preparando la vuelta al mundo.
- Twitter: @cataplines
- Blog: http://thecrazytravel.com/
MENCIONES HONORÍFICAS:
BONUS: Sabiendo de dónde proceden casi todos los lectores de este blog, es probable que ya conozcas a @kurioso, el “boss” hispano de Twitter. Como Fronteras, su espacio no es exclusivamente de viajes, pero basta con ver su último post (La Vuelta al Mundo de un Arquitecto en 30 fotografías) para convencernos de las múltiples y variadas formas con las que un ser humano es capaz de viajar.
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Estamos realmente confiados en que vamos a vivir muchos años, muchos más que nuestros padres o nuestros abuelos. La esperanza de vida en países como España es de 78 años. En el último siglo se ha duplicado dicha cifra y todo hace pensar que en el próximo seguirá aumentando…
¿Realmente esto es así? Tengo mis dudas al respecto.
Es difícil no conocer a alguien de entre 40 y 50 años enfermo de cáncer, diabetes o problemas relacionados con el corazón. Aún más complicado es dar con gente joven (menos de 40, incluso menos de 30) que no padezcan ellos mismos esas enfermedades u otras de la vista, huesos, músculos, piel, aparato digestivo… dolencias que hasta hace muy poco se daban exclusivamente en mayores de 60 años.
Una amiga de 34 que ha perdido la vista de un ojo por culpa de una enfermedad propia de sexagenarios. Otra de 32 con artritis, que cuenta en su oficina con tres compañeras de la misma edad con la misma enfermedad. Del cáncer no hace falta hablar porque ya se ocupan de ello los medios, aunque sólo de forma aislada y con famosos, obviando datos de la población en general, donde los casos son cada día más numerosos.
Si lo de las enfermedades te da igual porque confías en los médicos y la medicina o crees que los jóvenes con enfermedades de viejo son casos aislados, busca fotos de cuando tus padres eran jóvenes. Las de tu bautizo o nacimiento son perfectas. Contamos con que en esas fotos tenían entre 30 y 40 años. Olvídate de bigotes, patillas, pelos demasiado largos y otras modas de la época y compara sus caras con la tuya (si estás en ese rango de edad) o con la de alguien que lo esté. Hazlo sentado (lo normal, estamos sentados todo el día) por si te caes del susto: en tan sólo una generación parecemos diez años más viejos que nuestros padres a esa edad.
“¿Y a mí qué me importa? Soy feliz con el estilo de vida que llevo y me da igual si me muero mañana”. Fantástico. Nada que objetar. Cierra la pestaña y sigue con lo que estabas haciendo. Es más, te ordeno que lo hagas. Esto va dirigido a quienes ven algo extraño en el modo de vida actual y quieren cambiarlo o minimizar sus consecuencias, sin obsesionarse con la vida sana, la comida vegetariana u orgánica o ir contra el sistema y la sociedad. Ya te adelanto que todas estas cosas son tan imposibles como ridículas. Lo mejor es cambiar poco a poco, lentamente. El afán de adaptación y la envidia natural de los seres que te rodean harán el resto. Tus hábitos se propagarán en todas direcciones y a gran velocidad sin que tengas la necesidad de manifestarte en una plaza u obligar a otros a que cambien su estilo de vida.
En resumen, va dirigido a quienes quieren disfrutar de la vida sin ponerla en peligro.
SIETE COSAS QUE DEBERÍAS EVITAR SI PRETENDES LLEGAR A VIEJO.
1. Confiar tu alimentación al supermercado, los anuncios publicitarios y la pirámide alimenticia. Añadiría también a los médicos pero no quiero que salgas corriendo, salvo que lo hagas motivado por el quinto punto. Quiero que leas al menos una de las cosas que propongo. Ésta es la más importante de todas.
De los trucos de supermercados y empresas (grandes y pequeñas) no creo que haga falta hablar demasiado. Venden desperdicios disfrazados de ambrosía y los compramos y consumimos aun sabiendo que algo raro hay detrás de todo esto. El problema es que el engaño va más allá de lo que entendemos por comida sana y comida que no lo es. Podría decirse que nuestras creencias están completamente del revés. Explicar qué es bueno y qué no ocuparía varios posts como éste. Sólo te diré que busques información sobre el azúcar, los lácteos, los beneficios de las grasas (sí, has leído bien, beneficios) y sobre todo enterarte muy bien qué son en realidad los cereales y sus derivados. Ya te adelanto que no son nada bueno. Debemos dar un giro de 180 grados a nuestra forma de comer, cuanto antes, mejor. Este punto es esencial. No seas vago y dedícale el tiempo que le otorgas a, por ejemplo, buscar una nueva app para tu teléfono.
2. Estar informado las 24 horas del día. La gran locura de nuestra era a la que, no en vano, muchos llaman de la información. Un despropósito descomunal y exagerado que, lejos de verse como un mal, hemos asimilado como un privilegio que agradecer como el agua que bebemos o el aire que respiramos. Si, además, esa información viene de la televisión o los periódicos tradicionales, el despropósito se convierte en catástrofe, una droga para tu mente que anula el ingenio y abotarga los sentidos. De toda la información que engulles sólo un 1% te interesa de verdad, y de ese 1%, menos de la mitad te será útil o novedoso. Selecciona cuidadosamente toda la información que consumes. Internet no es una excepción. Es más, ni siquiera deberías estar leyendo esto.
3. Posponer lo importante para ocuparte de estupideces. Un clásico de los libros de éxito profesional y gestión laboral que deberíamos adaptar a cualquier aspecto cotidiano y personal. No tiene nada de malo aplazar tareas aburridas o complejas que nos desagradan para ver la TV o conectarnos a Internet. Ya hacemos demasiadas cosas que no nos gustan. Lo malo es cuando pospones cosas importantes que te gustan para tuitear, ver anuncios u hojear el catálogo del supermercado durante horas y horas hasta que te cansas, ya no tienes tiempo o es demasiado tarde. Da la impresión de que preferimos lo fácil a lo que nos gusta.
¿Y qué tiene que ver todo esto con llegar a viejo, con la salud? Tiene que ver, y mucho. No hacer las cosas que te gustan, las cosas con las que disfrutas de verdad, acaba por consumir incluso al más vigoroso y optimista de los seres humanos. No es cuestión de perder el tiempo. El tiempo está ahí, no se pierde. Ni siquiera estamos convencidos de que exista. Pero, por si las moscas, trata de no malgastarlo, aunque si tienes muchas ocupaciones no te vendría mal hacerlo…
4. Creer que el descanso y la ociosidad es cosa de vagos y maleantes. Casi nadie sabe qué hacer con su tiempo libre. En España hay muchísima gente que se queda en el trabajo haciendo horas extras no remuneradas simplemente para pasar el rato, como si tuviesen miedo de volver a casa. Incluso hay personas que, en mitad de sus vacaciones, adelantan la vuelta al trabajo por voluntad propia. En otros países ocurre más de lo mismo.
¿Por qué el ocio tiene tan mala fama? Fácil: está asociado con la pobreza y la apatía, con los ladrones y la gente de mal vivir, en tanto que el trabajo se relaciona con todo lo contrario. Como si trabajar fuese, para la mayoría de las personas, algo divertido que les saca de la pobreza. La eterna dignidad del trabajador…
Los momentos de ocio son tan importantes como los de esfuerzo y trabajo, puesto que sin los primeros es casi imposible soportar los segundos. Trabajar en exceso acabará con tu vida.
Y tan importante como el ocio es dormir las horas que necesites todas las noches. No vale recuperar sueño los fines de semana. Siete horas suelen ser más que suficientes. También puedes hacer 15 minutos de siesta, aunque estés con el estómago repleto. No te va a hacer daño. Si no duermes lo suficiente, envejecerás prematuramente, mucho antes de lo que crees.
5. Moverte poco o nada, o hacerlo demasiado. Sé que estás esperando que uno de los puntos se centre en hacer ejercicio, practicar deporte o acudir al gimnasio. Espera sentado. O no. Muévete, pero no demasiado. Hacer ejercicio tal y como lo conocemos acabará contigo antes que la obesidad, un infarto o la diabetes. No sé si te has fijado en los deportistas cuando superan los 40 años. Salvo algunas excepciones, dan pena y lástima a partes iguales. ¿No se supone que deberían estar en mejor forma que alguien que no ha movido un dedo en su vida? Pues no. Están peor.
Claro que, una cosa es ejercitarte como un profesional y otra estar sentado, tumbado y acostado todo el día. Basta con caminar a diario, con alguna carrera corta (si te apetece) hacer flexiones, abdominales y/o sentadillas de vez en cuando, o subir por las escaleras. También vale bailar, montar en bici, nadar… Sin pasarte. Esto es mucho mejor que correr varios kilómetros al día o ir dos horas al gimnasio a levantar pesas o marearte en una máquina elíptica.
6. Consumir tóxicos a todas horas y presumir de ello. Fumar, emborracharte hasta morir, ver programas y noticias que revolverían el estómago del marinero más despiadado, tomar muchas cápsulas, jarabes y pastillas… Si has investigado sobre el primer punto (alimentación), sabrás que no necesitas hacer nada de esto para intoxicarte, pero, por si acaso, y como somos así de idiotas, tenemos que asegurarnos de que puteamos a nuestro cuerpo como se merece. Mención especial a los fármacos. Huye de ellos como de la peste, aunque sea uno contra la peste y estés enfermo de la misma. Sólo deberías utilizarlos como los extintores: en caso de emergencia. Pero ocurre todo lo contrario. Da rabia ver a gente sana tomando varias pastillas antes del desayuno, otras tantas en la comida y un par más al acostarse, para poder dormir.
El tema de las pastillas es tan recurrente como el del tiempo, todo el mundo sabe de pastillas porque todos se medican e incluso presumen de ello como de fumar o beber. Excesivo.
Haz lo que te dé la gana con tu cuerpo, pero no presumas de ello porque acabarás jodiendo a otra persona que, bien por edad, incultura o inocencia intentará emular tus dudosas hazañas.
7. Hacer las cosas a desgana, sin pasión, con indiferencia.
Este punto podría ser el resumen de los otros seis. Si hiciéramos las cosas de forma apasionada, informándonos adecuadamente, con todos nuestros sentidos puestos en el asunto, nadie podría engañarnos, jamás. Sabríamos qué hacer con nuestros escasos momentos de ocio, no necesitaríamos intoxicarnos para sentirnos bien (de locos), evitaríamos perder el tiempo con nimiedades y cuidaríamos de todo lo que nos importa como si nuestra vida dependiera de ello, porque no hay nada que influya más en tu salud que hacer las cosas de forma apasionada o sin interés alguno. De ti depende estar muerto en vida.
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No es un listado de libros favoritos, ni de los mejores libros de la historia ni, en modo alguno, libros relacionados con la New Age, autoayuda o superación personal.
No es un ránking. NO es una lista de éxitos.
Se trata de un compendio de obras que, empleadas de un modo cabal y responsable, harán por tus problemas mucho más que cualquier título, carrera, fármaco, sesión con el psicólogo o plegaria ofrecida al Dios que hayas decidido venerar. GARANTIZADO.
Si no quedas satisfecho, siempre puedes abandonar el tratamiento y volver al habitual estado de ignorancia y pobreza propio de la mayoría de los seres humanos.
RECOMENDADO PARA: reconciliarte con el lenguaje, la sensibilidad, el ansia de vivir y otras tantas cosas bellas vilmente maltratadas por nuestro tiempo.
RECOMENDADO PARA: decidir qué hacer y qué no en todo momento, independientemente del siglo en el que te encuentres.
RECOMENDADO PARA: saber estar en público y con uno mismo sin temor a hacer el ridículo.
RECOMENDADO PARA: asimilar que la desgracia, el infortunio y la desdicha no sólo forman parte de la vida, sino que, además, son imprescindibles para el desarrollo y progreso de la misma.
RECOMENDADO PARA: no tener que juzgar a nada ni a nadie, nunca jamás.
RECOMENDADO PARA: superar cualquier tipo de depresión, tristeza, desánimo o abatimiento gracias a la autoparodia. Saber cómo reírse de uno mismo sin residuo alguno de melancolía.
RECOMENDADO PARA: convertirte, de una vez por todas, en una persona de provecho, alguien autosuficiente que no necesita de lujos ni de terceros para disfrutar de la vida. En resumen, para convertirte en un HOMBRE.
Tanto los libros como los resultados que prometo con la lectura de los mismos son intercambiables entre sí.
Me hago responsable de las transformaciones positivas que, de seguro, experimentarás con las enseñanzas de estos libros. De los daños y perjuicios tendrás que responsabilizarte tú. Esta es una de las moralejas (puede que la principal) que deberías asimilar con la mayor rapidez posible.
(Publicado originalmente como capítulo en el número 12 de Enlazados).
¡Se borró! Y todo por escribir “érase” sin tilde. El trabajo de un nanosegundo ¡por la borda! ¡El caso es que no sé inglés! ¡Esa gente lo escribe todo al revés! Todo les parece bien. ¡Por eso siempre contestan con un O.K.! ¿Se puede ser más imbécil? Que alguien me explique por qué tendría que saber inglés… ¡No sirve para nada! ¡Ni para limpiarse el culo! Creedme… ¡lo acabo de comprobar! Hay que poner en práctica todo lo que uno dice, o corres el riesgo de convertirte en un intelectual… ¡Y de los que presumen! Además, soy español… ¡mis raíces me impiden aprender inglés correctamente! Si no fuera por el rock y el porno, ¿a quién le interesaría el inglés? Sé que algunos lo utilizan para dárselas de inteligentes, de saber más que los demás… ¡por conocer otro idioma! “No sé cruzar la calle, pero puedo ver series de la HBO sin necesidad de activar los subtítulos. ¡Soy invencible!”. ¡Eres subnormal! ¡Eso es lo que eres! Un milagro si llegas vivo a los cuarenta… Sabe inglés… ¡Fantástico! Es algo tan maravilloso… No verás a un angloparlante presumir ante otro de saber español. ¡Más bien al contrario! Se huelen algo raro, desconfían de ti… ¡Sospechan! ¡Danger! ¡Ojo con ése, que sabe español! ¡Ya sé quién me robó el reloj!
Ni para viajar sirve, lo del inglés. ¿Para qué coño tienes los dedos? ¡Úsalos! Saca el dedo índice de tu nariz, señala lo que quieres, cuánto quieres, lo que estás dispuesto a pagar (aquí es necesario escribir en un papel, cosa que a muchos les cuesta) y si notas algo raro, cámbialo por el dedo medio. Agítalo a un palmo de su cara… ¡sin miedo! ¡Seguro que te entiende! ¡Se dará por aludido! La de amigos que vas a hacer… ¡Y sin saber ni papa de inglés!
Creo que estoy divagando… ¡como un intelectual, nuevamente! Tendré que ir con cuidado… ¿De qué hablaba? Ah, sí… El cuento. ¡A la mierda con el cuento! ¡Que le den por culo! ¡Que se joda! ¡Haber mirado antes de cruzar de renglón! Si te dan papel pautado, escribe por el otro lado. ¿Se puede saber qué estás haciendo? ¡No me felicites, lameculos! ¡Gilipollas! ¡Cállate! ¡No me interrumpas! Lo dijo Unamuno. Es lo único sensato que pronunció en toda su vida. Un tipo extraño… ¡Que inventen otros! Eso también es suyo, aunque yo prefiero lo del papel pautado… ¡Y quién no! ¿Te has fijado en que rima? ¿Y a quién no le gusta que las frases rimen? No te esfuerces, ya te lo digo yo… ¡A los intelectuales! Gente ociosa que, en lugar de emplear su tiempo libre en pasear por el parque, nadar en la playa, regurgitar o, simplemente, follar con cualquier cosa que dé señales de vida, se dedican a engullir cultura. ¡Como el que come palomitas de maíz! Salvo que esto último es inofensivo, disfrutas con ello. En cambio, lo de tragar cultura es para fingir superioridad ante otra persona que, por casualidades de la vida, y a pesar de ser alguien que ha recorrido medio mundo, comete el pecado de no conocer cierta obra de cierto autor, de los miles de millones que campan por esta tierra a lo largo del tiempo y de la historia. ¡Y por eso ya es un memo, un idiota integral! ¡Alguien a quien no se le debe dirigir de nuevo la palabra! Este es, a grandes rasgos, el enrevesado comportamiento de un intelectual.
¡Casi me alegro de haber borrado el cuento! A saber qué clase de persona sería ahora con un cuento a mis espaldas… ¡No quiero ni pensarlo! Lo de escribir no sirve para nada. Como el inglés. Y la cultura. ¡Sobre todo esto último! ¡Tremenda puta! ¡Se la han follado miles de generaciones! Ya ni siquera roza… ¡No da gusto! Sólo da pena… y asco. Cultura… Mejor dedicarse a otros asuntos, como el amor. ¡El amor! ¡Romance! ¡Estupidez a raudales! Sólo un consejo… ¡ni se te ocurra follar sin querer a la otra persona! No quererla en absoluto también es válido. O te desentiendes del todo o te comprometes al 100%. ¡Nada de medias tintas! No es momento de estar aquí y allá y en todas partes, que es como estar en ningún sitio. ¡Todo o nada!
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(Publicado originalmente en Paperfront Magazine y #nocabeenuntweet).
No hay nada peor visto socialmente que hacerte el gracioso cuando no lo eres. Que me lo pregunten a mí. Puedes suplantar a un juez y dejar libre a un violador reincidente, a un arquitecto y levantar un Taj Mahal que se derrumbe el día de la inauguración y mate a miles de personas, a un periodista y manchar el buen nombre de quien te apetezca, e incluso a un cirujano y adquirir una pauta negligente en todo lo que conlleve responsabilidad, que todas estas pequeñas irregularidades sin importancia serán menudencias que el pueblo perdonará con el tiempo, algo con lo que bromeará cruelmente con el pasar de los años. Pero lo que no tiene arreglo y te persigue hasta el día en que te mueras (o te maten, que, dado el caso, es lo más probable) es intentar hacer una gracia más allá del pedo inoportuno y conseguir todo lo contrario: un algo ridículo y falto de garbo que disgustará a gente de pensamiento único (a la cual no le gusta el verdadero humor absurdo; imagínate una imitación del mismo) y provocará las iras de los que esperan una carcajada sincera y se encuentran con un agudo dolor entre las costillas, ese que aparece cuando descubres a alguien cometiendo un acto vergonzoso.
Existe en internet un humor de este tipo, con etiqueta ‘Made in USA’, aunque la broma sea producto de un chino, un italiano o un brasileño no contactado del Amazonas. Y aquí es donde encontramos el fallo, el porqué de este humor que a muchos nos provoca un llanto muy alejado de la risa. Los norteamericanos son gente impredecible, a pesar de esa idea que tenemos de que es un pueblo aborregado y manejable. Son capaces de lo mejor y de lo peor. No se les ha inculcado el sentido del gusto puesto que nunca han necesitado esforzarse para gustar a los demás. No tienen historia más allá de unas cuantas generaciones, y lo que entienden por aristocracia y buenas maneras lo han heredado en tercera persona, como visto desde un catalejo con la mirilla puesta del revés. Es por eso que apenas existen cómicos genuinamente americanos que hayan logrado traspasar las fronteras de su país con un humor distinto e irreverente.
En Europa tenemos grabado en la mente lo que es la aristocracia, los altos mandos, la monarquía y el sentido del honor, con lo que nos es fácil trastocar todo esto y convertirlo en un guiñapo, que es básicamente lo que más gracia hace: ver a un señor honorable en situaciones fuera de lugar, perdiendo toda su dignidad y maestría. En EE.UU. todo lo que se ha hecho en este aspecto ha nacido de inmigrantes europeos de clase baja que llegaron a la tierra prometida y, en lo que tardaron en comprar un lápiz y un papel, comenzaron a ridiculizar todo lo que veían a su alrededor. Pero todo era tan ridículo en sí, tan desmesurado y fuera de lugar, que era imposible llevarlo a un contexto absurdo. El buen humor americano se consigue cuando das la vuelta a todo esto y colocas a un pobre desgraciado en una escala social mayor de la que proviene, nunca al contrario. Esto es algo de lo que Groucho Marx o Mark Twain hicieron un arte.
Puedo imaginar a los nuevos cómicos cibernéticos del absurdo absolutamente convencidos de inundar el mundo de carcajadas provocadas por sus ocurrencias sin parangón. Lástima que no sepan que toda incoherencia debe tener algo de conexión, un hilo que una el mundo irreal con lo cotidiano y común porque, de lo contrario, es imposible que logre el cometido que persigue. Si a esto le sumamos que las situaciones son, en su mayoría, demasiado masticadas, y que lo ofrecido siempre suena de algo, de haberlo visto ya en otra parte, no queda otra que agradecer la más que probable brevedad del vídeo, post o tweet del momento, como todo lo que nos invade.
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(Publicado originalmente en Paperfront Magazine y #nocabeenuntweet).
Escribo sobre Trípoli porque ya no vivo en ella. De lo contrario, no perdería el tiempo delante de esta máquina de escribir. Recorrería la ciudad en uno de sus buses semi-profesionales, esos buses-furgoneta cuya principal misión es encerrar a los viajeros, apiñarlos, hacer que sufran, que conspiren entre ellos, que se detesten, y en un plano muy secundario (casi anecdótico), conducirlos a sus destinos correspondientes.
La otra opción para circular por la ciudad es subir a un taxi en marcha. Los taxis en Trípoli son siniestros y más concurridos que los buses, a pesar de lo reducido del espacio. Para no transportar cadáveres que en algún momento del día fueron pasajeros carecen de ventanas, reventadas a martillazos para un mejor acondicionamiento del vehículo, lo que mejora la temperatura en el interior pero empeora la acción del conductor, máxime en una ciudad tan sucia y con tal cantidad de insectos. Otra de las ventajas de viajar sin lunas es la exposición continua a vendedores y saqueadores ambulantes, si bien es cierto que en determinadas coyunturas (hambre, sed, aburrimiento) pueden sacarnos de un apuro (los vendedores, se entiende).
Pero lo más emocionante de moverse por Trípoli comienza cuando tu taxi o bus deposita a todos los ocupantes en sus respectivas casillas de llegada y solamente queda una ficha a bordo: tú. Lo primero que hace el conductor es preguntar por tu parada, para no dar rodeos innecesarios. “Hotel Vía Mina”, le informas. Te mira con ojos de neurótico (los ojos de alguien que conduce sin parabrisas durante 16 horas al día) mientras se desliza por callejones y avenidas que no recuerdas haber cruzado en anteriores trayectos. Rezas para que esté tomando un atajo y no la ruta hacia alguna travesía abandonada (donde poco le costaría dejarte sin dinero, ropa y aliento), hasta que ves a lo lejos un comercio, un arbusto, algo familiar entre tanta monotonía y vuelves a tu ateísmo de siempre, a pelear con el cobrador por la cifra de pago acordada, que siempre sube unas monedas cuando el cliente tiene cara de extranjero, de tener cierta liquidez, de no entender bien el idioma. Cara de idiota. Te comportas como tal pagando el doble del precio normal, das las gracias por nada y saltas de un vehículo que ya está en marcha, como cuando subiste, hace casi media vida.
Durante el tiempo que residí en Trípoli nadie me atracó, ni me vi inmerso en accidente de tráfico alguno, a pesar de que mi estancia fue de varios años y viajé en infinidad de vehículos (a cual más precario) con lo que alguien puede inferir cierta exageración en mi relato. Nada más lejos de la realidad. Ocurre que soy hombre de desmesurada buena suerte.
Pero la buena suerte tiene fecha de caducidad, por eso ya no vivo en Trípoli, sino aquí, en Milán, una ciudad irresistible donde cualquiera puede conseguir lo que se proponga. Como por ejemplo, perder el tiempo delante de una máquina, escribiendo sobre una época donde suerte y muerte convivían en armonía.
Nota: No conozco Trípoli, ni Milán. Tampoco tengo máquina de escribir, ni buena suerte. Lo único real de toda esta historia es mi cara de idiota.
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