Se dice que vivimos en épocas eclécticas, donde conviven en aparente armonía todos los estilos. No hablo solamente de moda, sino de filosofías de vida, corrientes musicales y todo lo que se les pueda ocurrir. Uno puede mirar para atrás y detectar particularidades de todas las épocas, inclusive agruparlas con un nombre: "los setenta". Cada década tiene su identidad: las hombreras, el new wave, el Ayatollah Komeini, todas esas cosas nos remiten a los '80. Pero piensen en los últimos 10 años: les podemos decir "los '2010?". Tampoco podemos establecer una identidad específica...pero supongo que es porque estamos muy cerca, y la distancia en la historia y el tiempo dará una respuesta.
Se dice también que este aparente eclecticismo es una consecuencia de la incorporación de Internet a nuestras vidas: convivimos con miles de culturas diferentes, nos llega información de todos lados y de todos los colores. Pero les diré que esto es una ficción, un "de la boca para afuera", y paso a explicarme.
Creo que nadie sería capaz de decir, con su propio nombre y apellido, que Adele es gorda y por ello merece ser excluída del circuito artístico, no importa cuánto talento tenga. Sin embargo, a la hora del anonimato, sale lo más bajo de cada uno (vean si no los comentarios de lectores de La Nación Online). En lo teórico, todos nos autodefinimos políticamente correctos y con la mente abiertísima. Nos decimos innovadores, capaces de abrazar cualquier nueva tendencia. Reverenciamos cualquier propuesta de AY Not Dead, vamos para adelante con De La Ostia. Si ellos lo dicen, tiene que estar bien. Y el precio legitima.
Pasemos a la hora de la verdad: no es casual que, al exponer un contenido en nuestros blogs, la inmensa mayoría de los que deciden ofender se esconda en el anonimato. Igual no tengo ganas de hablar de la profesión del troll, porque su intención es siempre evidente y en su solo acto de escritura termina por descalificarse a sí mismo.
Mi teoría es que la libertad de nuestra época termina siendo ficticia, desde el momento en que empezamos a creernos dueños de la verdad y no admitimos la menor de las diferencias en el otro. Mientras más opciones aparecen en el mercado, ya sea productos, información, tendencias, lo que sea...más nos aferramos a un modelo único. Si las modelos no tienen cara de constipación en una producción, si la música no es de Skrillex, si no hay mínimo un perro de marca, si lo que venden no cuesta mínimo $700...bueno, sospechamos. O criticamos.
La intolerancia es la primera consecuencia de la esclavitud, que a su vez es consecuencia del miedo: el miedo a reconocer que uno no es dueño de la verdad. El día que abrí mi cabeza, que decidí tomar del mundo lo que me sirve e ignorar lo que me disgusta, formar mi propia visión y hacerla crecer con la sabiduría de los demás...ese día me sentí libre y en paz con el universo. Si bajar de un hondazo al prójimo te completa...I feel for you.