Samuel Chavarría
Lugar que escribe
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Harry Potter y la dama de negro.
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Nebraska... that's nice.
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Poquitín gorda, sí fíjate.
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Iba a reprobar a un alumno por hacer cuentos con memes. Luego recordé que tengo a 9gag y Memebase en mi top historial.
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Nada que una chela y un "Previously on The Walking Dead" no pueda arreglar.
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Y que al profe Samuel se le ocurre decir que él también estuvo en banda. Stupid, stupid, stupid!
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"Gugléalo" como la expresión más mediocre del siglo XXI.3 days ago from web | Reply, Retweet, Favorite
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Pero Blue, a concienca, quería demostrarle al mundo que Red sí podía. #Pokesía.
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A Mariana le gustan los penes grandes y anchos (vía @seriesid). Seguiremos informando.
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A wild New Walking Dead Episode has appeared! Samuecchi used lights-out and headphones. It's super effective!
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Cuando el momento sea justo, Gengar explicará su duelo. Slowpoke lo sabe. #Pokesía.
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Me adapto al áspero de tus piedras. Ahora soy Flareon, y te odio. #Pokesía.
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@jesuitacarmona Pokesía.
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Tu problema es que siempre quieres más y el mio es que siempre lo doy.
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No se lee por hábito. Se lee por supervivencia.
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El cartero sólo viene para reirse de mí.
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Easy, people. For here I am.
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Mi casa es como una pijamada sin la supervisión de los padres.
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Subí un video a @YouTube http://t.co/bNaiw8IZ Gaia 7x7 - 18/02/12
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El mandado de la quincena: http://t.co/45UJm58h
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El viaje vertical
Enrique Vila-Matas
Anagrama, 1999.
Muchos dicen que es el libro quien elige al lector y no al revés. Algo similar me sucedió con esta lectura que hice unos meses antes de viajar a Portugal para realizar mi propio viaje vertical, guiado en buena medida por la impasividad de Vila-Matas y Tedi López Mills.
El viaje vertical tiene más contenido que la mera descripción de un barcelonista dirigiéndose (huyendo) a Lisboa. Es un descenso físico y metafórico, es la analogía de Alicia en el plano de la vida adulta, real. Los problemas con su mujer, con el dinero y con sus hijos construyen las paredes del agujero y la caída se acentúa con la constante "¿Qué voy a ser?". Decía que este libro cayó en el momento perfecto en mis manos porque mi viaje, aunque no en descenso porque no puedo permitirme el lujo del pesimismo, sí era una línea recta en vertical, hacia arriba, pude cruzarme con Federico Mayol en mi ascenso mientras él caía, y ahí en ese cruce me vi a mí mismo descendiendo también por su mismo hueco con Lisboa como el ángulo de nuestras respectivas direcciones.
Cierto que tomé la historia más personal y los diálogos más propios por mi situación actual, y ello me cegaría de una crítica objetiva. Pero el viaje, también amplificado por Gilberto Owen, es un traslado hacia el rostro del espejo.
El gran Gatsby
F. Scott Fitzgerald
Decir que este libro no me gustó sería mentir. Lo cierto es que tanto me lo cantaron en cada esquina "excelente libro", "el más vendido de Estados Unidos" "Buenísimo" y lo abrí ya programado a que fuera ese libro que yo hubiera querido escribir, ese libro iluminador, conmovedor y bien servido. Bueno, sí, pero no arrollador.
Entiendo que la intención de recomendarlo fue noble, porque también es cierto que nunca me habría atraído de primera mano, pero fue esa insistencia la que me hizo preguntarme "¿Por esto tanta emoción? Bleh". De nuevo, tiene que ver más con la sugestión colectiva inyectada que el libro en sí.
Título: Armando Hoyos: La Real Epidemia de la Lengua
Autor: Eugenio Derbez
Edición: Diana 2000
Páginas: 140
ISBN: 9789681332150
Junto con La biografía no autorizada, Este libro es el que hojeo a oscuritas, cuando estoy cansado y fastidiado del resto de las lecturas que pretenden algo serio e iluminador. Simpaticé desde niño con Armando Hoyos porque lo figuraba como un hombre solitario, gruñón y molesto con la ignorancia de la gente, un Sheldon Cooper mexicano, tan mexicano que su filosofía es, por supuesto, una bufonada que debemos mantener en teatro para reírnos también de nosotros mismos como un supuesto pueblo de pensadores.
Derbez va más allá de los simples juegos de palabras. Con La Real Epidemia de la Lengua, libro bipartita, explora al lenguaje escrito desde sus modos fonológicos hasta gráficos, y los hace bailar en una serie de disparates cuyo patrón es el código que conocemos en las letras hispanas.
Es mi gusto culposo porque Derbez no es el mejor comediante, y este par de libros en particular están destinados para quienes consumen su programa. Decir que me gusta Hoyos es decir que me gusta Televisa, y me incomoda pensarlo de ese modo. No obstante y ya que estamos aquí, admito que encuentro muy ingeniosos los juegos de palabras que Derbez explota en cada sketch suyo (Las cinco herencias, Misión imposible, Julio Esteban, Alz y Heimer, etc). Estos libros son apenas una muestra de las posibilidades de las letras y todo lo que ellas forman, conforman, transforman, informan, reforman y deforman.
Título: No será la Tierra
Autor: Jorge Volpi
Edición: Alfaguara, 2006
Páginas: 523
ISBN: 9707706546
No sólo por la interminable cantidad de páginas que tiene este volumen, No será la Tierra conlleva, a mi ver, un pecado terrible que impide la continuación de la lectura: la presunción.
Jorge Volpi, hartamente conocido por su deseo de ser superior a la actual literatura, pretende con este título abordar todos, absolutamente todos los temas de la condición humana, y ello lo obliga a tratar temas de la química, la filosofía, la existencialidad, la historia, la política, y su lectura termina siendo cansina, odiosa, forzada, porque como no quiere el lector sentirse un completo imbécil, ahí está como güey hoja por hoja queriéndole demostrar a no sé quien que puede entender las ideas que Volpi trató de explotar.
Sobra decir que nunca es así, y el lector se ahoga, se frusta, y por su propio bien, se tarda.
Leer No será la Tierra es más que nada una necedad personal; es un obligarse a la idea de que estoy a la altura de este ridículo crackqueano pedante, y que puedo seguirlo a través de sus páginas sin sentido y descomunalmente altaneras. Esta lectura me llevó tiempo porque necesitaba respirar de su estilo pretencioso una semana o dos, antes de zambullirme en su pesadez de nuevo, como quien mete la cabeza en un inodoro nada más para demostrar que puede hacerlo, y descansa durante largos periodos antes de sumergirse otra vez por la obligación que No será la Tierra pretende significar.
Conceptual Analítico ( + 16 % )
La priorización de las respuestas sugiere una orientación hacia la consideración de problemas globales que, aún cuando requieren una consideración amplia, requieren lograr resultados precisos. En este sentido se pondrán en juego para cada persona el grado de abstracción para asociar conceptos, generar respuestas creativas y dejar abierta la posibilidad de evaluar y procesar nuevamente la información.
Tiende por tanto a considerar diversas opciones y posibilidades para las que luego la realidad asigne su cuota de acierto y error, proceso del cual se asociarán e incluso podrán generarse nueva información o datos concretos.
En esta área de problematicidad se muestra entusiasta y emprendedor, con disposición a interactuar con los demás, recibir y sintetizar información diversa. Esta flexibilidad repercute en sus relaciones con los otros con quienes pone en juego su capacidad de comprensión.
Requiere de cierta independencia y libertad de trabajo, valora especialmente el logro de sus objetivos personales, el reconocimiento y la valoración de su desempeño.
En suma, se aprecia la tendencia al manejo de información compleja que requiere apertura mental y capacidad de análisis con posibilidades generar informes creativos más allá de los datos concretos. También puede corresponderse con la capacidad para abordar tareas que supongan el logro de un resultado global a partir de la estructuración de detalles concretos.
Profesiones requirentes de este perfil pueden ser: Periodismo especializado, investigación y presentación de informes en las distintas disciplinas de las ciencias humanas, mercadotecnia o estudios de opinión pública. Desarrollo de productos de servicios o intangibles. Desarrollo de procesos creativos. Desarrollo de Negocios. Ingeniería de Negocios.
My rating: 5 of 5 stars
La fórmula secreta de Tario es engañosa. Parece basar su intriga en hechos sobrenaturales, como un ataúd que se mueve, o un traje de etiqueta asesino. Yo considero que Tario va mucho más allá no sólo por hacerse la pregunta de "¿qué tal si pasara esto?" que es la guía para sus narraciones, sino que también adopta un ángulo de vista amplísimo con lo que el lector se puede sentir a sus anchas en la lectura. Tario no escatima pensamientos, reflexiones e inconformidades durante el desarrollo de la trama y esto enriquece fuertemente a la construcción de sus personajes ya desde el pensamiento maravillosos.
Tario es siniestro en sus anécdotas, pero no pretende impresionar ni escarmentar a nadie. Su genialidad consiste en probar nuevos personajes narradores en nuevas situaciones insólitas. Sus cuentos son del tipo "anoche soñé que yo era tal cosa y me pasaba esto", y logra convencer de que efectivamente ha sucedido tal cosa. Aunque no coincido con la opinión del editor González Suárez quien dice que si Tario no hubiese nacido en México sería internacionalmente reconocido, sí pienso que su cuentística debería ser más aprovechada y entendida por todos los hispanoamericanos como historias maravillosas llenas de humor y de asombro. Sus imágenes son fuertes y su manejo del lenguaje es fluido y elocuente. Ojalá más personas se den la oportunidad de leer un cuento o dos para ver cómo Francisco Tario convierte a lo más mundano (como escuchar una polka o el arrendamiento de un chalé) en un evento fantástico.
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Hoy fui a casa de Arturo, otra vez, para terminarnos la botella de whiskey que había quedado de la noche anterior. A Arturo le gusta invitarnos a beber en su casa, por comodidad, por economía, no lo sé, pero vamos.
Ahora fui yo solo, y curioseaba entre su librero mientras él organizaba la música. Me gusta husmear en los libros de Arturo, tiene autores que he leído pero que no tengo; tiene también libros antiquísimos y antologías envidiables. De ahí tomé al azar la edición de "Narraciones extraordinarias" de Porrúa y empecé a hojearlo sin ningún fin. -Siempre haces eso. -dijo Arturo desde su silla. -¿Siempre hago qué? -Siempre agarras ese libro de Allan Poe y buscas El Cuervo, luego me dices que es la misma traducción que la de Editores Mexicanos Unidos.
Lo cerré avergonzado y me quedé con una extraña sensación de no ser yo ningún secreto, ningún enigma, y me sentí aliviado.
My rating: 5 of 5 stars
La premisa que une a los diferentes estudios aquí dispuestos está básicamente proponiendo dejar de preparar a los niños para que sean adultos, y permitirles en su lugar ser consumidos por su propio universo infantil con todas las bondades y maldades que eso significa. El libro expone los miedos, la perversión y el morbo como una forma de "infantilidad espejeada" que al chocar con lo que los adultos consideran correcto, o moralmente importante en el desarrollo de la criatura, se vela y se trasfigura como algo terminantemente maligno sólo ante los ojos de aquél que cree más maduro.
Estos estudios nos advierten que les estamos enseñando a los niños a ser adultos, y no puede haber nada más cruel para un niño que evitarle el mundo que le corresponde como tal. Es decir, no podemos censurarlo de hacer lecturas grotescas o terroríficas de la vida, porque también la locura y el delirio es una forma de educar la comprensión de los más pequeños.
El día del niño... habla sobre pedofilia, cuentos de horror, personajes que usamos para hacer que los niños hagan lo que deseamos (el hombre del saco, el coco, etcétera), y habla también de cómo la inocencia del niño es una fuente increíble para historias fantásticas y retorcidas a la vez que alimentan no a la maldad de la criatura como los pensadores maduros temen, sino a su propia imaginación de seres que están formando una nueva percepción de la experiencia.
Recomiendo este libro para comprender mejor a la mentalidad del niño frente al mundo de los adultos y cómo esos imperantes 'No veas esa película / No te toques ahí / No te acerques allá' configuran -o distorsionan- las cualidades mentales de un niño que no debe ser alejado de las formas de terror que ante él se construyen, pues es justamente este terror el que los convertirá en personas más abiertas y mejor preparadas para explorar sus propios abismos y capacidades creativas.
¿Qué quieres ser de mayor?... Es difícil encontrar una pregunta que contenga una dosis más alta de mediocridad y malas intenciones. No faltará quien sostenga, hipócritamente, que tal interrogación despierta la imaginación del pequeño o la pequeña, incitándoles a plantearse nuevas cuestiones que enriquecerán su lenguaje y la calidad de sus relaciones con quienes les rodean. Mentira. Esa pregunta es cicuta para la fantasía y un yugo marmóreo para la libertad del alma. "¿Qué quieres ser de mayor?" dicta la condena del crecimiento y la ata de pies y manos al castigo del trabajo, a la necesidad de ganarse uno el pan con sudores mal pagados. No se está preguntando a la criatura si querrá ser peligroso, feliz, vampiro, paseante o turco. Se le demanda una profesión, ni más ni menos que una ocupación renumerada.
-Nelson de la Rosa (p. 275)
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Hoy por la tarde mi novia y yo nos dedicamos a ver la colección de The Matrix de principio a fin. Las personas cercanas a mí saben lo fanático que soy de la saga y que comprendo el concepto de punta a punta. Sí, llámenme geek o freaky pasado, pero tengo una fascinación por The Matrix que, como todas las aficiones, deseo compartir con mis amistades más íntimas.
Durante dicha velada con mi novia, dejamos enfriar un rato la laptop luego de correr 2 películas (el ventilador ha estado fallando y ocupa algo de enfriamiento para que pueda procesar el video); durante ese intervalo, me solté hablando sobre detalles mínimos, irrelevantes y casi hasta pendejos sobre The Matrix que pueden no ser muy obvios -o importantes- para quien ve los filmes por vez primera, y sin embargo yo quería contarlos de todos modos por el mero placer de darle una mejor extensión al contexto. Le hablé entonces sobre el festival del trigo, del anciano quijotesco, del trasfondo sobre X personaje, de los eventos ocurridos en The Matrix Online que nadie conoció (según sé, fui el único mexicano en tener este juego), y me sentí entonces como el clásico idiota que se adelanta a la película que estás viendo, o te advierte sobre una escena importante porque teme que no prestarás la atención debida.
Aunque sé muy bien que Argelia estaba escuchándome con todo gusto, no pude evitar pensar en que ya antes me había asaltado esta reflexión like a splinter in my brain driving me mad. Pensé en mi hambre por darles a conocer a mis amigos los secretos que iba desenvolviendo en The Matrix y que servían para saborear mejor la experiencia del concepto aunque a nadie le importara, como la vez que le marqué a Toto a las benditas 3 de la mañana expresándole mi emoción por un detalle que acababa de descubrir online. Pensé en mi colección y en los estudios que he leído y escrito explorando el asunto y en los detalles que nada más a mí me sorprenden y me complacen. Recordé la reacción "default" que recibo como respuesta cuando le doy mi correo a una persona:
Y frustraciones así que cierran el circulo inmediato para convertirme un poco más en Pablo Castel.
Hasta cierto punto, entiendo que nuestras pasiones sólo las abarquemos nosotros mismos, y sería ridículo exigirle a la gente que las sienta igual. No busco yo propiamente eso, sino más bien quiero con esta entrada procesar un poco la sensación garrickeana que me asalta a veces y que se confirma cuando luego de una plática con alguien me dice 'eres muy bueno escuchando'. Por dios, ¿qué clase de plática fue ésa entonces?
Con el tiempo me hice a la idea de que mis lecturas y mis fascinaciones no iban a ser comprendidas ni escuchadas como yo hubiera querido, y esto sucede en varios planos de los gustos
Por eso estoy tan contento y le agradezco tanto a Argelia que se haya animado a ser mi pareja y a compartir con paciencia mis estupideces, para convertirlas así en nuestras estupideces, porque de ese modo yo también estoy para ella. Por eso tengo en exhibición mis libros, mis cuadros, mis blogs, como una forma de constante recordatorio de que todo lo que sé, lo que me apasiona y me llena la vida, es también una experiencia que ofrezco; esto es, creo yo, la mismísima esencia del porqué escribimos. Del por qué nos enamoramos.
My rating: 5 of 5 stars
Cuando terminé el texto, me sentí triste por haberme confiado tan largo tiempo a la famosa versión cinematográfica de Stanley Kubrick. La tesis de Burgess en La naranja mecánica es mucho más sublime que lo expuesto en la pantalla, y además, apunta hacia lo contrario ahí dicho.
Basta remitirse al artículo que Anthony Burgess publica en 1986 (incluida en la edición de Minotauro del 2007 junto con un muy útil glosario nasdat-español) donde el autor explica que la película mutila de la obra literaria un capítulo clave para hacer de Alex un personaje verdaderamente humano. Burgess se lamenta de que Kubrick efectivamente presenta a un Alex cíclico, condenado y entorpecido, mientras que el Alex burgesseano es en realidad ascendente y constructivo gracias al capítulo 21 que impide que la obra se convierta en el círculo vicioso y sinsentido que Kubrick y la edición norteamericana quisieron mostrar.
Podría decir que La naranja mecánica es, en resumen, una cátedra para que entendamos que es naturaleza del adolescente destruirse con excesos y fascinarse por el caos y por lo sublime aun cuando no los entienda. Alex va de aquí a allá devastando al mundo que lo enseñó a ser así, y eventualmente es mecanizado por el mismo mundo para que, en sacrificio de su condición humana, no exista su acto delictivo. Esto es bien sabido por las facilidades que le ofrece al espectador la película, pero lo que ahí no se muestra es que Alex aprende finalmente qué es lo verdadero (sin preguntarse si eso es lo correcto) después de su gastada experiencia con la ultraviolencia: Esto es el acto de crecer.
Aunque sin entenderlo en su totalidad, Alex sabe que es propio del hombre eso nuevo que siente cuando se fastidia finalmente de ser un bebé destructor y amamantado. De pronto lo invaden unas ganas terribles de tener un hijo y de tener una mujer, y con ellos formar una vida bella, plena, y estas ganas resultan ser mucho más convincentes y naturales que las prácticas a las que fue sometido. Así, Burgess insinúa que no podemos interferir en el sentimiento propio del ser humano; por más que queramos, no podemos simular la naturaleza, no podemos tener en este mundo naranjas mecánicas como si fueran parte de nuestra existencia.
Termino la lectura de la obra con un sabor muchísimo más complaciente que lo entendido en la película, donde el final es pesimista y circular; es decir, Burgess en realidad trata de decirnos que el autodescubrimiento es también consecuencia natural de la destrucción del hombre, mientras que Kubrick insiste en que para el hombre (o para Alex en este caso) la destrucción es lo único absoluto en la vida. Pero ni Burgess ni Alex piensan así, y por eso invito a leer la novela por encima de la película de culto porque en ella se demustra que el albedrío es importante para la estabilidad humana, y que ésta no es una naranja mecánica que existe y existe y existe sin saber por qué.
"Sí sí sí, eso era. La juventud tiene que pasar, ah, sí. pero en cierto modo ser joven es como ser un animal. No, no es tanto ser un animal sino uno de esos muñecos malencos que venden en las calles, pequeños chelovecos de hojalata con un resorte dentro y una llave para darles cuerda fuera, y les das cuerda grrr grrr grrr y ellos itean como si caminaran, oh hermanos míos. Pero itean en línea recta y tropiezan contra las cosas bang bang y no pueden evitar hacer lo que hacen. Ser joven es como ser una de esas malencas máquinas".
(p. 193)
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My rating: 1 of 5 stars
Desde el título hasta la frase que cierra, este libro es un intento fallido de ser agresivo y pretenciosamente intelectual.
La narración peca de ser cansada y terriblemente descriptiva con interminables enumeraciones de eventos ínfimos que no hacen más que entorpecer el flujo de la lectura:
"Se sirvió un té, le echó mantequilla serrana a su pan francés. Humeaba la taza, olía a canela, a clavo, a hierba luisa, y el pan derretía la mantequilla olorosa y pálida. Nadie había en la casa, nunca tenía a nadie a su lado. Las tías venían a dejarle la comida a mediodía y él se la recalentaba en la noche. Comía poco, mojó el pan en la taza azul, en la efusión marrón que humeaba todavía, tomaba el té caliente hasta el límite de la resistencia de sus labios y su lengua".
(p. 257).
Estas descripciones tan minuciosas se irán repitiendo a lo largo y ancho de esta obra que quizá lo que busca sea establecer un escenario concreto y fijo, pero lo que hace es convertir a la lectura en un laberinto mundano e insaboro.
Los diálogos de los personajes se sienten artificiales y demasiado accidentados, y en lugar de elocuencia, lo que aportan al texto es en realidad pretensión, soberbia y fastidio con charlas burdamente elaboradas y cansinas.
"-Esto también es política, papá, ¿no te das cuenta? Todo esto es político. Metiéndonos a la cárcel sin delito formulado, sin acusación formal, le dicen a la gente: ustedes tienen un límite, el límite es mi voluntad. ¿Lo ves o no lo ves, padre? Lo ves, estoy seguro, pero quieres hacerte el ciego.
-Ese grupo, hijo... son unos diletantes, tú también te encegueces, Se consumen en el escándalo.
-Hay una posición estética, seguramente derivará en una posición ética y política. Siempre pasa lo mismo en este país, a lo mejor crean un partido. De hecho, eso hay, aunque en prototipo, y me interesa. Se viene una renovación, y yo quiero estar ahí.
-Imitan a los decadentes, hijo.
-Quizá nos toca ahora ser decadentes, padre, ya que la mentalidad que nos domina sigue siendo colonial".
(p.150-151).
Al desfile de detalles y diálogos exagerados se le suman personajes que son imposibles de identificar y se convierten en clones entre ellos mismos; se encuentran tan faltos de personalidad y de características propias que no es posible distinguir el uno de otro, y lo que hace el narrador de ponerles un sin fin de nombres y motes no ayuda para nada a remembrarlos. Los personajes terminan siendo apenas maniquíes ahogados en un mar de apodos y monólogos que complican al lector por la similitud que hay entre ellos, algunos cuentan hasta con cuatro nombres distintos. Luis Alberto, José Carlos, Josemari, María del Pilar, Martita, Conde, César, Belisario Gay, no se hacen diferenciar los unos de los otros, salvo quizá María del Pilar e Ignacio que son los únicos niños que aparecen en la obra. El padre de los niños, por ejemplo, Belisario Gay, es apodado por el narrador como 'El hombre de las pompas fúnebres', luego a una mujer se le ocurre cambiárselo por 'El ajedrecista' y uno debe colectar todos esos datos. Otros más son llamados indistintamente por su físico o por su profesión, y uno debe recordar cuál es el poeta, cuál el fotógrafo, el pedófilo, el cura, el jornalista, el bisexual, etcétera, y qué nombres tienen cada uno de ellos. Aquello termina por ser un grupo de fantasmas sin rostros ni nombres ni atributos y no hay quién se identifique con alguno de ellos; están hechos con el mismo molde y se expresan con los mismos discursos, incluyendo al propio narrador.
De vez en cuando la voz del autor también mete su cuchara cuando le da la gana, y se hace presente para señalar, otra vez, datos que no vienen al caso y que sólo vienen a espoilear la historia con descripciones que a nadie le importan, como queriéndose adelantar a los hechos narrativos para borrar cualquier posibilidad de intriga:
"María del Pilar viajaba sobre las piernas de su hermano. 'La Rubiecita', así había decidido llamarla desde ese momento (La llamaría con distintos nombres a lo largo de esta historia)".
(p. 35).
"José Carlos sonrió, relajó los músculos, era solo una puta anónima (En ese momento, lo fue, después tendría nombre)".
(p. 105).
Es decir, no sólo hay que aguantar al tedioso narrador guía, sino también las intervenciones del autor que se distingue por aparecer con otra tipografía dentro del texto.
En cuanto a la edición, existe un gran número de faltas ortográficas y errores de imprenta (las páginas 226 y 227 no están impresas) y la sinopsis al reverso diluye cualquier signo de sorpresa al ser demasiado explicativo con los sucesos que acontecerán dentro del texto.
Cuando lo di por perdido fue cuando de una página a otra al narrador se le ocurrió volverse, además de tedioso, repentinamente escatológico y termina finalmente por estorbar en el desarrollo de la historia:
"Se quitó la pijama y se metió al baño, cagó tranquila leyendo Azul. Luego de limpiarse, se metió a la tina llena y tibia, se jabonó despacio y comenzó a masturbarse. Le daban ganas por la mañana, siempre".
(p. 212).
"Martita lo esperaba en la puerta, hacía lo mismo cuando le pedían el baño; a veces oía los pedos de algún caballero, y se quedaba allí".
(p. 221).
Se siente como si a Arévalo le hubieran dicho que una buena novela debe estar plagada de detalles lentos y diálogos exageradamente intelectuales. Arévalo quiere decirlo todo, busca impresionar con ambientaciones y diálogos muy rebuscados, con descripciones lentas e inútiles y personajes huecos dirigidos por un narrador que parece estar en contra de la libre imaginación, como asumiendo que el lector es demasiado estúpido para visualizar a un hombre que bebe mientras escucha. Es algo muy infortunado, porque el concepto inicial de una niña que cosía vestidos para niños muertos era muy atractiva, pero la idea gancho desaparece y lo que sucede después no es ni atractivo ni verosimil. El libro termina siendo una cansada pérdida de tiempo.
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.Link para ver la serie.
hasta la casa. Pinche avenida se
me hace eterna. Mejor por acá.
tengo que comprar otros audífonos
y a ver qué hay.
Y ya casi no me quedan cigarros.
Tendré que ponerme a esperar, por güey
been doin' just fine gotta got--
Wooh! ¿Pero quién será ella?
Qué guapa es.
¿Qué estará haciendo ahí sentada
afuera?
hay cada loco.
¿Y si doy la vuelta a la cuadra
nada más para verla de nuevo?
Sí hombre, vente. ¿qué puede pasar?
Igual es tiempo para no llegar a la casa.
sí, ¿a que me trate como niña? No, qué flojera
en su piel me atrae, ¿serán sus lunares?
¿su tez como nívea? Pff, sí que es linda.
Sólo le fastidiaría su momento del cigarro
pero es que no puedo sólo irme y dejarlo así.
"Buenas tardes. Me da un Marlboro
por favor. ¿Sueltos no vende? Uhm
ni hablar, deme una cajetilla entonces
¿Cuánto es? ...Sale, gracias."
unas quesadillas. Ash, en qué pienso.
"Hola, disculpa ¿tienes fuego que me prestes?"
¿Por qué nunca te había visto?"
me detengo a hablar con alguien"
por qué te dio por hablar conmigo?"
pero no quería quedarme sólo con eso y
quise saber también tu nombre"
Muchas veces mi respuesta inmediata cuando me preguntan ¿cómo están las cosas en Chihuahua? es señalar la inseguridad, la corrupción, la drogadicción y demás putrefacción de mi ciudad natal. Para ser honesto (y agradecido, desde luego) nunca me había tocado en carne viva sentir toda esa destrucción fuera de los noticieros, patrullas volando y militares en escolta. El vecino de enfrente fue secuestrado dos veces, pero hasta ahí había llegado mi tacto con la inseguridad.
Remito en el título a la ironía de mi bello y jovial país porque no fue en Chihuahua donde me tocó vivir esa delincuencia, sino en la capital de Guanajuato, la ciudad mexicana menos mexicana de México y que yo sentía la más serena de todas las que he conocido.
Sucedió que caminando sobre una avenida desierta de regreso a casa, cuatro amigos y yo (una mujer y cuatro varones) platicábamos de lo bien que nos divertimos, hasta que vimos, al otro extremo de la acera, a un grupo de cinco o seis jóvenes en agresión. Al principio creíamos que eran dos bandos en riña, pero cuando el grupo entero se dio a la fuga y se resguardó en uno de los callejones, notamos que en realidad se trataba de un asalto sobre un hombre de 40 años que luego de la golpiza se levantó del suelo bañado en sangre y comenzó a caminar ante nuestros ojos perplejos.
Nos acercamos a su auxilio para buscarle una ambulancia. Tenía un severo golpe en la frente, otro en la nuca, y su oreja izquierda estaba casi desgarrada. Mientras lo revisábamos, Ángel llamó al 066 para que lo llevaran a un hospital. El hombre, tomado y golpeado, no podía recordar hacia dónde estaba su casa.
La policía apareció pronto. Unos ocho oficiales saltaron de una camioneta y comenzaron la revisión. Mientras unos hablaban con el hombre, otros hablaban con los testigos y uno más tomaba mis datos aparte. Segundos después, un grupo de muchachos se aproximaba a la escena.
Resultó que era el grupo de asaltantes que venía de regreso.
¡Eh pinches polis de mierda van a valer verga putos! Y comenzaron a disparar.
Vi entonces que tanto amigos como policías salieron corriendo y dejaron al hombre herido que reposaba en la banqueta. No supe qué sensación me dio cuando vi a los policías, a cada uno de los propios policías armados y preparados, correr huir junto con nosotros. Uno de ellos respondió a los disparos con los suyos, pero con ver a los 8 elementos corriendo como civiles yo ya me sentía mucho muy desprotegido. Corrí más y alcancé a Mata, la chica que venía con nosotros, y la metí a la cajuela de una camioneta. Eh, ¿y el Fer? ¿Dónde está el Fer? Preguntaba Hugo que se unía con nosotros junto a la camioneta. Volteamos a todos lados. Faltaba Fer, y la policía también había desaparecido.
Encargué a Ángel que se quedara con Mata mientras Hugo y yo retrocedíamos unos pasos, temerosos y resguardados en los autos estacionados. Honestamente, yo ya me imaginaba a Fer derribado a media calle; yo gritaba su nombre con el miedo en la boca.
Afortunadamente lo vimos a salvo corriendo a nosotros y nos dijo que como vio que dejamos al hombre herido, se detuvo a esconderlo debajo de un carro. Tal como lo leen, Fer agarró al homre y se metió debajo de un carro y dejó que los delincuentes (no por querer apuntar a nadie pero tenían acento del D.F.) sólo pasaran a un lado de ellos. Nos dijo que los fulanos regresaron a esconderse al callejón de donde habían venido y los policías volvieron para asegurarse de que no regresen.
Después de eso, ya despejada la violencia y con paramédicos asistiendo a la víctima, me quedé muy frustrado y triste. La policía conocía los callejones que sirvieron de escape para los asaltantes y pudieron haber rodeado el área y entrar con más unidades. Pero no lo hicieron. Dejarnos a nosotros cinco jóvenes a nuestra suerte tampoco es lo mejor de alguien con una placa que signa "proteger y servir" y, en serio, una oficial nos pedía con desesperación y temblor en la mano un cigarro.
Quería concluir con una reflexión sobre la situación del país, seguido de lo que espero en mi experiencia próxima en Lisboa, pero de exclamaciones tipo "qué barbaridad" ya estoy muy cansado. Esa noche me sumé a las familias que viven con miedo, y ya eso es suficiente.
Llegamos a casa, blancos de miedo, sin ganas ni maneras de poder descansar.
listening to my head and not my god
constantly thinking,
and thinking
and thinking
El escritor portugués y Premio Nobel José Saramago ha muerto en torno a la una menos cuarto de la tarde hora canaria (dos menos cuarto hora peninsular) a los 87 años en su residencia de la localidad de Tías (Lanzarote). El autor de La balsa de piedra fue poeta antes que novelista de éxito y antes que poeta, pobre. Unido el periodismo a esos otros tres factores (pobreza, poesía y novela) se entenderá la fusión entre preocupación social y exigencia estética que ha marcado la obra del único Premio Nobel de la lengua portuguesa hasta hoy. En 1998, el máximo galardón literario del planeta reconoció a un hijo de campesinos sin tierra que había nacido en 1922 en Azinhaga, Ribatejo, a 100 kilómetros de Lisboa. Tenía tres años cuando su familia emigró a la capital, donde las penurias rurales se tornaron en penurias de ciudad. Así, el futuro escritor se formó en la biblioteca pública de su barrio mientras trabajaba en un taller después de abandonar la escuela para ayudar a mantener una casa en la que ya faltaba su hermano Francisco, dos años mayor que él y muerto poco después del traslado.
Las pequeñas memorias (editadas en España por Alfaguara, como el resto de su obra desde que abandonara Seix Barral) es el título que Saramago puso al relato de una infancia que siempre tuvo un pie en la aldea de la que había emigrado. Su novelaLevantado del suelo (1980) cuenta las peripecias de varias generaciones de campesinos del Alentejo. No fue su primera novela pero sí la que supuso su primera consagración después de que Manual de pintura y caligrafía rompiera en 1977 un silencio de casi 30 años. Eran los que habían pasado desde la aparición de Tierra de pecado, su verdadero, aunque poco exitoso, estreno como novelista. En esas tres décadas Saramago había trabajado como administrativo, empleado de seguros y de una editorial; se había casado y divorciado de su primera esposa, publicado tres libros de poemas, ingresado en el Partido Comunista -clandestino durante la dictadura de Salazar- y, sobre todo, consagrado como periodista.
Levantado del suelo siguió Memorial del convento, en 1982, y dos años más tarde El año de la muerte de Ricardo Reis. Centrada en la figura del heterónimo de Fernando Pessoa, el gran poeta del Portugal moderno, la novela es un intenso retrato de Lisboa de la mano de un poeta imaginario que, igual que pasó nueve meses en el vientre materno, ha de pasar un tiempo equivalente desde la muerte del hombre que lo creó antes de desaparecer definitivamente. La fama internacional le vino a Saramago precisamente con esta novela escrita con una rara intensidad poética que había sabido asimilar todas las lecciones de la narrativa moderna. En una conferencia pronunciada por esos mismos años 80 solía recordar el consejo que él mismo solía dar a los lectores que decían no entender bien sus libros por las mezclas de voces y la ausencia de marcas convencionales en los diálogos: "Léalos en voz alta". Funcionaba.
En ese tiempo, la actividad de Saramago se vuelve frenética. Una laboriosidad que le ha acompañado hasta su muerte con la escritura incansable de novelas, diarios, obras de teatro y hasta un blog . Tras la fábula iberista La balsa de piedra (1986), en la que España y Portugal se desgajan literalmente del continente europeo y se lanzan a flotar sobre el Atlántico, llegaron Historia del cerco de Lisboa (1989) y El evangelio según Jesucristo (1991). Su visión heterodoxa del mesías cristiano levantó una polémica que arreció cuando el gobierno de su país se negó a presentar el libro al Premio Literario Europeo. Herido con aquel gesto, Saramago se instaló en Lanzarote con Pilar del Río, su segunda esposa y nueva traductora. La misma polémica de tintes religiosos se reprodujo en 2009 al hilo de la publicación de una novela considerada hiriente por la jerarquía católica lusa,Caín. Meses antes, el escritor se había visto envuelto en otro rifirrafe. Esta vez en Italia: su editorial de siempre, propiedad de Silvio Berlusconi, se negó a publicar El cuaderno, un libro basado en el blog del escritor, que no ahorraba en él críticas al primer ministro italiano.
La publicación en 1995 de Ensayo sobre la ceguera, el relato de una epidema que convierte en ciegos a los habitantes de una ciudad -Fernando Meirelles la llevó al cine en 2008 con Julianne Moore como protagonista- abrió una nueva etapa en la obra de José Saramago. Novelas como La caverna, El hombre duplicado, Ensayo sobre la lucidez o Las intermitencias de la muerte llevan al terreno narrativo reflexiones sobre el consumo, la sociedad de masas, el sistema democrático o la idea de la muerte. Muchas de ellas parecen nacidas de una pregunta: "¿qué pasaría si?" Si la gente votase masivamente en blanco en unas elecciones, si alguien decidiese vivir al margen de la economía capitalista, si se encontrasen dos hombres totalmente idénticos. Otra de esas preguntas era qué pasaría si la gente dejase de morir. José Saramago sabía que había cosas que sólo suceden en la imaginación crítica de un escritor de novelas.
Hoje não consigo dormir. Manhá tenho a minha primeira aula do portugués em um ano e me sinto um pouquinho impaciente. A aula é as dez horas e debo dormir agora, mas não sei por que não posso. Não durmi em trés días e agora não consigo fazer-o.
Ótimo, não é?
Eu bisbilhotei na casa e achei um velho cuadernho da minha irmá. É um cuaderninho muito bonito e deixou-me uma idéia maluca. Eu voy escerber nesse cuadernho as coisas que eu penso referente ao meu viajem ao Lisboa ou Brasil. Tudo em portugués, é claro. Será como um diário mas não do meu presente mas do meu futuro.
Infelizmente o cuaderno tem muitas notas da minha irmá da sua aula do contabilidade. Eu esstive perto tirar-las mas são muitas demáis. Isso é porque a minha irmá apenas fiz uso de um lado das folias. Então eu podería fazer uso do lado limpo das folias mas tería coisas de contabilidade no outro e eu não gosto disso mesmo. Mas não tem importáncia, eu gosto dele demais. Posso sobreviver.
Eu tentarei dormir de novo agora. Escreberei muito nesse cuaderno (também pra voltar á caneta e deixar um pouco o tecládo) ate que eu fosse ao Portugal, o muito depóis disso.
Advertación: ¡Spoilers! Por favor remitase al cortometraje aquí referido antes de leer este artículo.
Algo que aplaudo mucho de los cortometrajes es su facilidad para convertir a la ficción en una realidad palpable y convencernos de ello.
He visto divertidas anécdotas que me hacen apostar a que sí pueden existir situaciones y mundos como ésos en la pantalla; más que nada por la belleza que tienden a escenificar, el mensaje tan humano con el que concluyen, y el ingenio para llevarlo a cabo me convencen de que estos sentimientos existen, y que pueden sucedernos nada más por que así suceden.
Éste es el caso de I'm Here. Una brevísima anécdota de algo imposible, pero humano, y por lo tanto, parte de nosotros.
I'm Here narra la historia de Sheldon, un robot tímido e introvertido en un mundo ubicado (pero no ambientado) en el futuro, donde los robots realizan las actividades más desagradables y fastidiosas para el hombre. No es ninguna sorpresa entonces que Sheldon encuentre su vida rutinaria vacía, monótona e insabora. Su rostro plastificado expresa angustia, depresión y cansancio, inclusive en su sonrisa, agria y efímera, en un gesto que encontramos también en el resto de los robots que aparecen en el filme.
Sheldon es entonces, al igual que sus semejantes, un robot solitario y sin esperanza: rutinario, destinado al simplismo, y silencioso con su incomodidad diaria, ¿cómo podría encontrar así a una figura femenina que le inyecte algún estado, alegre, espontáneo y anímico?
Sheldon casualmente conoce a una chica robot totalmente opuesta a él, quien decide no hundirse en la situación a la que los robots están confinados y atreverse a la vida. La chica se presenta ante el espectador como una robot despreocupada, que rompe las reglas, pero que no es de ninguna manera problemática o rebelde. "You can't drive a car!" le grita una anciana cuando la ve conduciendo un auto, a lo que la chica robot sonríe, se burla y sigue su camino. Me ha parecido interesante esta manera de Jonze para introducir al personaje en la vida de Sheldon. De inmediato sabemos que se trata de una chica excepcional, por encima del promedio de su raza, y que en su cabeza ella programa cosas mucho más creativas y sobresalientes que romper las reglas establecidas (cualidad que veríamos más adelante cuando ella logra construir a toda una familia de ratones usando sólo papel china).
La chica robot (cuyo nombre no se enuncia) encuentra a Sheldon falto de energía, taciturno y un poco acobardado. Esto lo vemos en la escena del auto (donde por cierto, aparece un humano bastante retrasado, como queriendo exhibir la real calidad humana) cuando la chica lo mira atento por el retrovisor, y más tarde, le da un pequeño tumbo muy cariñoso como diciendo -con ese lenguaje corporal tan propio de las mujeres- que está interesada en tratarlo y conocerlo. Salta a la vista entonces que si bien Sheldon no es un robot muy al estilo de ella, sí es lo bastante simpático, carismático y amistoso como para traerle la paz que ella, con su modalidad activa, también está buscando indirectamente.
La escena siguiente es de lo más emotivo. Sheldon comienza su trabajo de buen ánimo; amable, anímico, servicial, contento. Es evidente que conocer a alguien tan alegre y que además le devuelva la misma simpatía, reanima cualquier estado y hace lucir mejor al día, no importa cuán rutinario sea, la ilusión con alguien condimenta cualquier oficio y le agrega un sabor diferente a cualesquier actividades diarias.
Comienza entonces un idilio juguetón y colorido entre ellos, donde ambas partes están siempre sonriendo complacidas y cómodas. Sheldon encuentra en ella una luz al final del túnel, por su carácter tan vívido y positivo, mientras que ella parece encontrar en Sheldon una pasividad hermosa, un sosiego necesario y buscado desde hace tiempo, por lo que el equilibrio es instantáneo y la devoción a esta querencia de vida se vuelve indispensable.
Viene entonces en la película el momento de poner a prueba este cariño que se formó de forma tan natural entre ambos. Por la forma de pensar de Sheldon, su decisión de sacrificar su cuerpo a cambio de mantener la "humanidad" de ella parece ser parte de su propia naturaleza. Sheldon no duda ni un momento en entregarle un poco de lo que necesita para mantenerse estable y funcionando. Alarmado, Sheldon se mutila el brazo y se lo instala a ella que lo había perdido, en un acto que simboliza justamente esta ideología de conservar la totalidad de la pareja amada aun cuando esto signifique el sacrificio propio.
De aquí surge mi idea personal de que una buena manera de nutrir al amor es por medio del sacrificio. Las escenas que le siguen al accidente recuperan la felicidad y el sosiego que la pareja había mostrado antes del accidente, y el hecho de que Sheldon viva sin un brazo el resto de los días parece ser el menor de sus problemas. A él no le importa su brazo mientras ella continúe con las actividades y la sonrisa de siempre, detalle que lo satisface más que tener dos brazos completos y que pone en evidencia al amor sincero.
Poco a poco, esta devoción va consumiéndolo casi por completo, y Sheldon termina convertido en sólo una caja sonriente a manos de la mujer que ama, completa y agradecida. Ambos perfectamente satisfechos el uno con el otro, como si nada realmente malo hubiera pasado.
He narrado un poco la trama para explicar también por qué me ha parecido prudente usar robots como personajes y violar algunas reglas de la ciencia (que como dije antes, no vienen al caso cuando de cortometrajes se trata).
Sheldon y su pareja llevan al plano de lo factible lo que muchos hombres quisieran hacer, si pudieran, por sus respectivas parejas. Parece imposible que un humano enamorado reponga el brazo de su amada con uno suyo, pero así lo haría sin pensarlo. Es esa entrega y esas ganas por ayudar al otro lo que Sheldon representa en I'm Here a modo de lo que es: una tierna fantasía. Como espectadores aceptamos ese amor entre máquinas porque exhiben patrones muy humanos con los que de inmediato simpatizamos. Terminamos entonces convencidos de que se trata de una pareja con mucha mejor calidad humana de la que tienen muchos humanos que conocemos afuera: mucho más fríos y más monótonos que un robot mismo. Lo que Spike Jonze quiere decirnos con esta encantadora pareja es que hay actos que el ser humano desea hacer para demostrar amor y devoción a con otro humano, pero que por cuestiones superiores a él mismo no puede demostrar, aún cuando para él sean verdaderos. Esta triste barrera es superada en el filme y el resultado final es que presenciamos lo que todo ser humano quisiera hacer o recibir por su pareja, y eso lo hace bello.
Si bien I'm Here es de tono inocente, lúdico y nostálgico, la idea central es identificada por cada persona capaz de sentir un amor sincero, que supere las contrariedades de las reglas establecidas y al egoísmo sin provecho hasta lograr una felicidad inquebrantable. Considero que Sheldon y su chica encontraron una felicidad mucho más allá de las imposiciones preestablecidas y que ellos representan un sentimiento mucho muy humano que eclipsa al carácter de su artificio. ¿O qué hubiera pasado si ella obedeciera la orden de no conducir un auto? Cambio la pregunta: ¿qué cosa hubiéramos visto en la pantalla de haber exigido la norma de que los robots no tienen manera de enamorarse? No lo sé, pero seguro no habría sido la representación de un amor deleitante que muchos humanos ya quisiéramos tener en nuestra vida.
