Para seguir hablando de música, decido actualizar este espacio muchos meses más tarde y escribir sobre una de mis obsesiones sónicas de estos últimos meses. Jens Lekman es un sueco adorable que viene haciendo grabaciones desde hace varios años. La prensa lo llama "crooner", un término algo similar a trovador aunque en realidad hace referencia a un hombre de voz grave que canta acompañado de una big band. Como Luis Miguel. Esto, dicho así, puede que inhiba un poco a la hora de acercarse a su música porque nadie que no sea una mujer mayor admitiría escuchar a un crooner, pero si en la entrada anterior escribía para la porrista que llevamos dentro, en este caso hay que sacar a relucir nuestra señora interior.
Jens es un multiinstrumentista que se basa en samples para crear sus composiciones. Desde el año 2000 al 2004 publicó de manera autónoma un montón de música que tuvo algo de difusión en Suecia, entre ellas unas canciones sobre Rocky Dennis, el protagonista de Mask (no la película de Jim Carrey sino la otra sobre el chico con malformaciones, aquella en donde Cher hacía de motoquera). Sus canciones suelen ser baladas con letras biográficas que se manejan entre el excesivo romanticismo y el cinismo pero nunca cruzan la línea de lo ñoño y además son excesivamente adorables. En su primer album propiamente dicho, When I Said I Wanted to be Your Dog (2004), destaca You Are the Light, basado en un poema de David Berman, en donde Jens termina detenido luego de escribir una grosería en el auto del padre de la chica que le gusta, y él usa su llamada permitida desde la cárcel para dedicarle un tema a ella en la radio. Todo al ritmo de unas trompetas kitsch y una voz que recuerda al mismísimo Morrisey.
Ni hablar del temazo total Pocketful of Money publicado en Oh You're So Silent Jens, que es una compilación de lados b publicados anteriormente. Es una cancion engañosamente simple porque usa una melodía en piano muy sencilla y unos chasquidos; pero mientras Jens canta que va a gastar todo su sueldo mensual en una salida con una chica que apenas acaba de conocer, su voz es interrumpida por un sample jazzero fuera de tono que repite "I'll come running with a heart on fire". A pesar de que esto podría romper la canción, el efecto que produce es totalmente opuesto:
Pero es en 2007 cuando Jens publica el que es sin dudas su mejor disco. Night Falls Over Kortedala está exquisitamente llevado de principio a fin a lo largo de sus 13 temas perfectamente pop, en donde canta sobre cosas que luego retoma en temas siguientes y utiliza los mismos samples para hacer canciones totalmente distintas entre sí. Más que eso, hace una obra que eleva al distrito sueco a un nivel mitológico, como hiciera Alejandro Dolina en Crónicas del Ángel Gris con el barrio de Flores. El disco empieza con un un arreglo de cuerdas muy tremendo en donde Jens jura jamás besar a nadie que no lo queme como el sol, pero se contradice en el siguiente track (muy bailable él) diciendo que casi se arrepiente de su primer beso y que se ve en su lecho de muerte deseando haber amado menos. El viaje continúa con la historia de su amiga Nina, una lesbiana del clóset que lo invita a cenar con sus padres y al momento de entrar a su casa le dice que los padres piensan que él es su novio. De esa situación se desprenden toda clase de eventos graciosos en donde Jens no sabe qué decir, aunque termina la canción con una nota adorable (Nina I just want to check in 'cos I think about you every second; so I send you this postcard just to say don't let anyone stand in your way, yours truly Jens Lekman). Las historias se desenvuelven una por una en cada track. "Shirin" habla sobre una peluquera inmigrante de gran belleza que vivió en carne propia el horror de la guerra de Iraq, y sobre su preocupación actual de que el gobierno sueco sepa que tiene una peluquería clandestina en su departamento.
Y a pesar de que todo el disco es adorable de principio a fin, los dos temas que más resaltan son los últimos. "Kanske är jag kär i dig" es un acierto primero en cuanto a la letra, que empieza hablando de una tontería que Jens vio en la televisión (un chico que tiene a un cerdo como mascota porque su madre había sido atacada por un perro, así que se tuvo que conformar con eso) para luego admitir que "esto desde ya no tiene nada que ver con nada, es que me pongo muy nervioso cuando hablo con vos". Frases como esas son las que hacen que nuestras señoras interiores se derritan. Pero aparte es un encanto en cuanto a la producción, ya que es una canción con exceso de samples y de secciones fracturadas pero que en su conjunto funcionan maravillosamente:
Para cerrar está Friday Night at the Drive-In Bingo, que personalmente me resulta especial porque tengo un karma particular con los bingos en mis salidas. La historia detrás de la canción es bastante anecdótica de por sí. Resulta que en algún punto de 2005 o 2006 Jens se cansó de la música y decidió abandonarla. Borró las 200 canciones que tenía en su disco rígido y consiguió un trabajo en el bingo de Kortedala. Luego de dos días descubrió que eso no era para él y retomó la música, y de ahí nace este tema. En él se reflexiona un poco acerca de la gente de campo:
Why do the people in the country want to look like the people in the city when the people in the city aren't the slightest pretty?
I want the people in the country to wear flannel shirts and
saggy jeans all covered in dirt
I want the people in the country to be open and kind
but most times I've met those with a narrow mind
with a big black dog to bite your behind
if they ever find out you're not one of their kind
All these thoughts as I open up the Zingo
Friday night at the drive-in bingo
Y le canta a su amor una alternativa de vida:
This little south-west village shouldn't cost that much
maybe a handful of silver or a hundred bucks
We could have wild wild parties in the big old lodge
and windmill's perfect for movies and such
We could fake our deaths to get ensurance money
take on hippie names, I'll be Snowfish you'll be Sunny
We could start a little farm with little white bunnies
'Cos just watch them copulate is very funny
Para terminar, este lunes se publica oficialmente el nuevo EP de Jens titulado "An Argument with Myself" de 5 tracks. Habiéndolo escuchado no puedo sino hablar maravillas de él, particularmente una canción bastante tierna sobre cómo acechó a Kirsten Dunst cuando ella viajó a Suecia para filmar con Lars von Trier. Pero los dejo con la canción que da título al EP junto con una traducción muy apurada de la letra (sin respetar rimas ni nada, claro):
Teniendo una discusión conmigo mismo en la calle Elizabeth
Chocándome contra mochileros y luchando con el perímetro y la básica construcción de mis pies
Pateando latas de cerveza y basura en la vereda
Cruzando la calle y cruzando galaxias de taxis y asientos traseros y suecos borrachos y griegos mestizos
"Callate! No, callate vos!"
Cuál es tu problema? Sacá un número, querido
Cada vez que te oigo decir "a la mierda"
te recordaría sobre esa foto en tu bolsillo
Hace cuánto que está ahí? Hace dos años, apuesto
Olela, va a oler a cigarrillo
Y cuándo fue la última vez que fumaste un cigarrillo?
Y más importante aún, con quién lo fumaste?"
Teniendo una discusión conmigo mismo en la calle Victoria
Pasando los mercados, las ventanas y el neón iluminando mi camino hacia la derrota
La mueca en tu cara asustando a un pobre perico
Tu respiración fuerte asustando al viento
Tan rico en verano y tan dulce...
"Andate a la mierda! No, andate a la mierda vos!
No viniste hasta acá por nada, verdad?
Sé que eso estuviste diciendo últimamente
pero dejame que señale la evidencia B
Una madreselva en un sobre plástico
Poné esa flor bajo un microscopio
Mirá lo que está escrito en el pétalo
Mirá más de cerca, son sus iniciales"
Y ahora estoy caminando al lado del hostel para mochileros de Bev y Mick sobre la calle Victoria
en donde es noche de reggae
y los mochileros están saliendo como una ola de vómito
Tengo que sentarme en la vereda para contar las monedas en mi bolsillo
Ver si me alcanza para tomar un taxi hasta casa
... No
Bueno Jens podemos tratar de resolver esto? Podemos hablar por favor?
No, no quiero hablar con vos
Ok, querés seguir peleando?
Sí, quiero seguir peleando
Ok, genial
Teniendo una discusión conmigo mismo en la calle Queensbury
La luz solitaria de la municipalidad y el sonar de las campanas golpeando uno, dos, tres
Y toma el aspecto en la forma de una imagen, en la forma de un recuerdo viviente
La forma en la que su sombra solía caminar a tu lado, en una ciudad distinta, en un tiempo diferente
"Por favor! No, por favor vos!
Quiero verte de rodillas
Quiero ver que digas adios
Por qué te estás pegando? Por qué te estas pegando?
La historia se repite a sí misma dos veces, dijo Marx
primero como tragedia y luego como farsa
Pero dónde encontré la fuente
para hacer la historia de un amor
un amor como el nuestro?
Hace un mes y poquitos días realicé un festejo por el avance de mi edad. Fue una organización un tanto caótica; tuve que armar todo a unos cuatrocientos kilómetros de distancia y depositar mi escasa confianza en terceros que tenían que hacer gran parte del trabajo. No me puedo quejar, todo terminó saliendo bastante bien. La fiesta se hizo en el garage de mi tío, que es más grande de lo que recordaba y estaba también en un estado de abandono bastante superior al que esperaba, pero pudo solucionarse con un poco de lavandina y mucho esfuerzo. El Ipod de Fe se complementó con el mío, y su vez ellos se asociaron a la consola y a las dos cajas de sonido donadas por Pato para la ocasión. Yo contraté un servicio de lunch y compré alcohol como si no existiera el mañana. Mi papá compró ese mismo día una filmadora digital para registrar el momento. Dos autos fueron utilizados como transporte para mis nuevos amigos porteños que afortunadamente pudieron asistir al festejo. Los ingredientes estaban ahí, nada impedía que no fuera una fiesta de puta madre.
Pero hay un problema: no recuerdo prácticamente nada de esa reunión. A los escépticos les aclaro que no me encontraba borracho. O sí, pero no fue ese el motivo de mi amnesia, que no termina de ser del todo clara. Hubo mucha gente en ese garage, hubo gente que quiero un montón y que hacía meses que no veía. Supongo que fue una mezcla de cosas. Una fiesta de ese calibre es bastante caótica de por sí como para interceptar a todos individualmente y preguntarles qué es de su vida y decirles que los extraño, que gracias por venir y que me vayan a visitar cuando puedan. Eso sumado, probablemente, a un sentimiento de responsabilidad, de tratar de que todo salga bien y estén todos cómodos. Que es a su vez una contradicción porque sé que al instante en que comenzó a llegar la gente me desentendí por completo de la cuestión y dejé que todo fluyera.
El tema es que me bloqueé por alguna razón, y de verdad que no recuerdo buena parte de todo lo que pasó. Con el correr de las semanas me llegaron flashbacks; una conversación bizarra con Leandro en la puerta (nota mental: preguntarle si eso realmente sucedió), un amigo que llega, una amiga que desaparece, el regreso de ambos, juntos, ya entrada la noche. Cosas, anécdotas, situaciones sueltas.
Pero el episodio siguió dándome vueltas durante todo este mes. No me resulta normal que suceda algo así. No es normal que pase un año y no sea capaz de escribir una entrada como esta, sin importar lo fracturada que esté, en donde pueda tirar en una hoja virtual cosas que me pasan por la cabeza. Entonces hago un retroceso, vuelvo atrás en el tiempo que a su vez pierde su cualidad porque carece de un parámetro concreto y las fechas se vuelven apenas situaciones borrosas. La persona que me revolucionó todo hace ya muchos siglos atrás, o quizás hace un año o dos, enviándome una nueva solicitud de amistad en Facebook, las dudas que me generó, el consiguiente rechazo sin un motivo demasiado claro. El problema de querer empezar con una vida nueva sin poder ni querer dejar atrás la anterior. Desilusiones nuevas que uno ya no se toma tan a la tremenda por todo lo que vivió antes, y reconocer la pérdida de sensibilidad y, por tanto, de pasión en general. Ir deshaciéndose de las características propias, dejar que la rutina tome protagonismo y perder las riendas de la dirección a donde creías que te estabas dirigiendo.
Es como un cliché estar de bajón al cumplir años pero en este caso mi edad se ve estrenada por otra sensación que es el desconcierto. Es uno de los peores estados que hay porque no genera nada, no moviliza. Si estás feliz o estás por los suelos sentís cosas tan profundas que las utilizás sin demasiado esfuerzo en cosas que querés hacer, aunque sea en un breve ejercicio mental. Pero cuando no sabés en dónde estás parado, y peor aún, cuál es el pasado que dejaste atrás, las cosas se vuelven un poco más difíciles.
Lo que pasa es que hace mucho que no actualizo el blog ni redacto nada, y aunque me gustaría seguir escribiendo sobre mí mismo (porque por eso es un espacio personal) decidí que era hora de escribir sobre música. Amo la música. Escucho muchas cosas. Y por algún motivo eso no se termina de reflejar en el blog. Así que de ahora en más voy a hablar de la música que me gusta a lo largo de varias (espero) entradas.
Y voy a empezar con algo que ni es nuevo ni desconocido, pero recientemente afloró mi fanatismo por Boards of Canada y entonces veo necesario dedicarle algunos párrafos a una banda que significa tanto para mí.
BoC toma su nombre de The National Film Board of Canada, que es una empresa dedicada a la creación de documentales. Es importante resaltar ese dato ya que algunas de las melodías de la banda deben ser apreciadas mediante ese prisma. Tanto los documentales como las películas porno fueron, durante muchos años, un contexto en el cual los músicos se podían salir con la suya a la hora de inventar melodías por demás extrañas que resultan sorpresivas si uno los separa de las imágenes. BoC, entonces, se maneja con una premisa que explotan disco a disco: una de estas melodías que escuchaste en algún documental de tu niñez quedó mucho más adherida a tu subconsciente que cualquier tema pop de la época. Al contrario de lo que algunos piensan, la música que crean contiene muy pocos samples, y la mayoría de ellos son vocales o bien sirven para la creación de los ritmos pero no de las melodías en sí (como en Kid for Today cuyo ritmo está marcado por el sonido de algún proyector antediluviano, o el sonido de alguien jugando al pool que se esconde en Turquise Hexagon Sun). El resto está interpretado por ellos mismos y luego procesado en exceso (de hecho la post-producción de sus discos les lleva mucho más tiempo que la grabación en sí), usando mayormente el método de grabar en un cassette, luego copiar eso a otro cassette e ir intercambiándolos de esa forma, ganando en el camino el ruido que necesitan para crear sus texturas. Esa malformación del sonido hace que algunos critiquen la falta de innovación entre disco y disco, que es un argumento que a mí siempre me saca de quicio. Es lo mismo que pasa con The Go! Team: ellos encontraron un sonido que resulta a todas luces único y por lo tanto no tienen ningún motivo para cambiarlo.
Lo que sí han hecho es explorar distintos terrenos dentro de ese mismo mundo, así que sin más preámbulos paso a hablar sobre sus discos (y sólo tomaré los últimos tres, no los fabulosos EPs ni las grabaciones anteriores).
El primer disco editado en 1998 se llama Music has the Right to Children y es el más laureado y el más conocido de la banda. El arte del disco son fotos de gente que puede o no tener algo que ver con la banda y puede o no que sigan vivas, pero sufren de la misma decadencia que las texturas que presenta la música. Es una mirada voyeur a las vidas de personas que no conocemos pero que de alguna forma son capaces de provocar una nostalgia algo infundada e incomprensible. Dentro de la discografía de la banda es el disco que más se acerca a la música electrónica desde el punto de vista de los ritmos. Tomando de ejemplo al cuarto track, Telephasic Workshop, el ritmo del tema no se podría considerar de absolutamente original ni presenta nada nuevo de por sí (aunque no me malinterpreten: ninguna canción de la banda es bailable). Lo original resulta en la mezcla del ritmo con la melodía que se esconde debajo y hace pensar en algún comercial ochentoso o en la música que usaba para presentar su logo alguna empresa de videos. Este es, a mi parecer, la ambientación que busca el primer disco de la banda: la evocación de recuerdos que quizás ni siquiera son tuyos pero que son desencadenados por la forma en la que la utilización de ciertos sonidos va derecho hacia aquella parte de tu cerebro que para los neurólogos todavía es un misterio. No es una referencia a la niñez sino una referencia hacia los recuerdos de ella. No es sobre la foto de cuando eras chico sino sobre la mugre que cubre esa foto y hace que la visión hacia el pasado que tenés esté obligadamente distorsionada. Personalmente creo que es el disco más nostálgico de la banda.
Unos años más tarde, en 2002, editan Geogaddi. El nombre no es una palabra que signifique nada pero hace referencia a dos puntos claves: la naturaleza y dios. Es un disco decididamente oscuro y "habla" (lo pongo entre comillas por razones obvias) sobre misterios de la naturaleza, sobre la matemática presente en la música y, al igual que el increíble EP In a Beautiful Place out in the Country (editado entre el disco anterior y este), sobre cultos religiosos. En el primer track se pone en marcha una máquina que evoca espíritus malignos y antiguos que nos acompañan durante todo el viaje hasta la liberación de You Could Feel the Sky, un track que, dentro del contexto del disco, literalmente hace que puedas sentir que tocás el cielo (para luego sumergirte en él en el track siguiente, Corsair). Al contrario que el disco anterior, los ritmos son mucho más naturales y hasta resultan violentos como en el caso de Gyroscope, en donde te golpea en la cara una y otra vez mientras por detrás una voz recita los números del 0 al 9. Esa voz, por cierto, hace referencia a las emisoras de números, que son emisoras de radio de onda corta de origen incierto y, aunque se cree que se usan para transmitir mensajes espías, ningún gobierno se hizo cargo de ellas. Referencias de esas magnitudes abundan en el disco y se nota que, por momentos, a la banda le divirtió crear mensajes satánicos (la duración del disco no es intencional; 66:06 minutos). En You Could Feel the Sky, por ejemplo, hay una voz casi imperceptible que al invertirla dice "God with hooves, God with horns". A su vez, si se relentiza esa voz se descubre que las eses finales de "hooves" y "horns" están formadas por el sample de una mujer gritando. Todo esto está acompañado por una deformación aún más marcada en el sonido que en el disco anterior. Y esto tampoco es intencional pero tampoco es usado de la misma forma. En MHTRTC se usaba el ruido para provocar recuerdos lejanos, mientras que en este disco se usa con un motivo más perverso. Si hablamos de música electrónica pensamos inmediatamente en computadoras, en cosas digitales e intangibles. Sin embargo BoC hace otro tipo de música y se apoya en equipos analógicos para crearla. Aquí es en donde la desconfiguración del sonido toma protagonismo: es la naturaleza misma que se mete en las cintas y en los equipos y, al igual que sucede con cualquier otro ser vivo, los destruye. Un recuerdo de mortalidad, de fuerzas que nos miran desde arriba y están fuera de nuestro control.
Por último está The Campfire Headphase editado en 2005. Dejando atrás la ambientación oscura de Geogaddi, este nuevo disco es algo así como, según las palabras de BoC, la banda sonora de una road movie americana de los setenta. Hay una narrativa: un campamento de una semana comprimido en una hora y algo, influenciado por las drogas. Pero como todo el buen arte está abierto a cualquier interpretación. Es el disco más meditativo de la banda y no se puede decir que sea nostálgico exceptuando algunos pocos pasajes. Entre ellos está la fantástica '84 Pontiac Dream que es en mi opinión una mirada desde el futuro hacia ideas que se creyeron revolucionarias y que resultaron decepcionantes. Sobre una persona que creyó en algo y terminó solo bajo la lluvia mientras el mundo siguió su marcha. Este tema funciona como marco para el resto del disco; una especie de sensación futurista que es al mismo tiempo anticuada y lejana, como si alguien encontrara algún VHS de comerciales viejos y proyectara desde esa perspectiva lo que creía que iba a ser el futuro. El disco tiene ritmos suaves, tiene aplausos y guitarras, dos elementos que no habían usado antes. Pero no creo que hayan sido incluidos sólo para experimentar o como una medida desesperada de agregarle algo nuevo a la música sino que tienen una función, como dije antes, meditativa. Y lo reitero porque es esa la línea que siguen todas las melodías, alcanzando el punto máximo en el track final, Farewell Fire, que tiene un fade out de 6 minutos. Es el disco menos apreciado de la banda pero por alejarse justamente del tipo de sentimientos que presentan en los discos anteriores, no porque sea un mal disco.
Espero haber dejado plasmadas algunas ideas que se me cruzan por la cabeza cuando escucho estos discos aunque desde ya me estoy dejando muchas cosas afuera. Ciertamente Boards of Canada es una de mis bandas favoritas y me encantaría que al leer estas líneas haya alguien en algún lugar que tenga ganas de escucharlos.
Teniendo en cuenta que hace tres meses que no visito mi ciudad natal, siento la necesidad de escribir un resumen de mi estado actual. Los que me conocen saben de lo que hablo: lo que necesito es sentarme y escribir sobre mí mismo para mostrarme mi panorama. Me pasa siempre que empiezo con algo nuevo, me sumerjo, me pierdo y el tiempo es atravesado por mi piloto automático. Espero siempre una ocasión como esta, Semana Santa, para salirme de mí mismo y ver hacia dónde estoy yendo.
El trabajo va bien. Con esto quiero decir que logré encontrar en la gran ciudad un grupo humano con el que establecí un buen vínculo, y de su mano estoy conociendo cosas nuevas. Pero hoy me pongo a hacer cuentas y no, no alcanza. Estoy ganando una miseria y temo estancarme a pesar de que ya lo estoy desde hace tiempo. Porque mis planes están en otro plano existencial que parece inaccesible ahora. Y tengo que aclarar que no estoy triste ni melancólico ni me arrepiento de nada, sucede simplemente que estoy atorado en un punto medio entre lo que quiero y lo que puedo conseguir, y aunque amo vivir acá en momentos de debilidad me pregunto si vale la pena teniendo una casa en Mar del Plata con una madre en ella que cocina todas las noches.
Noches como esta en la que el cerebro me va a mil y a las 3 am siento la necesidad de escribir sin poder dormir después de haberme bancado cosas que no tengo necesidad de bancar y sin poder ordenar los pensamientos y lucho entre las ganas de cambiar todo y las ganas de mandar todo a la mierda y equilibrar todo eso con mi inacción mi conformidad y mis miedos.
A veces resulta decepcionante Buenos Aires. Plaza Serrano me da urticaria últimamente. Todo Palermo. Toda la pose al pedo y la bipolaridad argentina. Como porteño te podés ir a un bar a hacer caretaje con un cosmopolitan (y lo hago porque para eso soy marica) o te vas a la periferia a comprar ropa trucha y comer una milanga que incuba huevos de moscas (y lo hago porque para eso soy mersa) mientras notás que igual no vas a llegar a fin de mes y tu vida se resume, nuevamente, en trabajar y en crear salidas que despejen del trabajo y así sucesivamente. Hay algo sobre la ecuación "trabajar para sobrevivir para trabajar" que es demasiado brutal y redundante. Entiendo que no vivo en el primer mundo ni cuento con una formación académica como para ganar un gran sueldo sin hacer nada, pero es en momentos como estos en donde la vida pierde todo significado y pareciera que uno sirve sólo como canal para que el dinero siga fluyendo. Y no estoy haciendo una campaña en contra del capitalismo o el consumismo para nada, ya saben que no le noto nada de mágico al contacto con la naturaleza y la idea de estar en un campo cultivando mi propia comida me puede llevar al suicidio. Pero no puedo dejar de pensar que si uno debe dedicarle tantas horas de su vida a una empresa, la retribución de ésta hacia el empleado debería ser lo suficientemente grande como para permitir ciertas libertades básicas que yo no tengo.
Así que mis planes ahora son o conseguir un trabajo los fines de semana para complementar o bien conseguir otro trabajo con un mejor ingreso que me permita:
a) Alquilarme algún lugar en Capital, preferentemente en San Telmo; y
b) Hacerme de una notebook o una PC cualquiera que sea muy mía.
Y eso es básicamente todo lo que quería expresar. Gracias por leer.
La gente se puede separar en dos grandes grupos: los optimistas y los pesimistas. Yo suelo encontrarme en ese último, siendo conocido por algunas personas como "el puto emo". La creencia general es que a la gente como yo le va mal porque ve todo negro, mientras que los otros afrontan lo peor de la vida sabiendo que mañana sale el sol. Sin embargo, hay ciertas situaciones que ponen en prueba a cualquiera. Por ejemplo, en mi caso hace varios meses que estoy buscando trabajo. Tuve entrevistas con tres grandes consultoras así como en otras dos grandes empresas que ofrecían distintos puestos. También tuve decenas de entrevistas con empresas pequeñas y algunas de ellas incluso terminaron con "¿cuándo podés empezar?". Entiendo que mucha gente está igual que yo y hay que ser paciente, pero teniendo en cuenta que nadie volvió a llamarme y los proyectos que iban a empezar se cayeron, comencé a considerar seriamente la posibilidad de tener algún tipo de bloqueo paranormal que me imposibilitara seguir con mi vida. Por otra parte, desde un punto de vista menos universal, reconozco que mi estado de ánimo en los últimos meses fue bastante menos festivo que el del año pasado, y quizás eso se traduzca en las entrevistas laborales (y es que en el fondo, aunque conozca los trucos de la prueba psicológica del hombre bajo la lluvia le temo un poco a la de las figuras geométricas).
Hay una especie de preconcepto falso que dice que uno es más hombre cuando es desprovisto de sus posesiones materiales. Que mientras más naturaleza haya reemplazando las comodidades modernas más fácil resulta encontrarse a uno mismo. Si ese fuera el caso mi mundo interior es bastante más vacuo de lo que pensaba ya que ni siquiera logró tapar el sonido de los autos que pasaban por la calle y que, durante un par de días, fueron el único recordatorio de que estaba en el planeta tierra. Es que estuve en una casa vacía, casi sin muebles, sin PC, sin libros, sin música, sin televisión, sin plata, casi sin comida, sin saldo en el celular... sin una mísera radio. Y no, no fui parte de ningún experimento social sino que estuve en medio de una mudanza y se suponía que yo tenía que quedarme en el viejo lugar para limpiarlo. El primer día pasó relativamente rápido porque llegué de una fiesta totalmente alcoholizado, pero el día siguiente (que duró unas 48 horas) fue un poco más denso. Me entretuve al principio con el tema de la limpieza pero la monotonía se apoderó del lugar en cuestión de minutos.
Esa tarde, mientras sentado en el suelo del comedor apagaba mi cigarrillo contra el piso (¿dónde más sino?) y era perseguido por el olor de toda la mierda de gatos que había estado limpiando en el patio, pensaba en el karma. Es simple en teoría: hacés una acción y el resultado vuelve hacia vos como recompensa o castigo. Pero en la vida real funciona de forma engañosa porque no siempre se pueden identificar objetivamente las situaciones en las que hayas hecho un mal a propósito. Quizás no es que se trate de las actividades que uno haga adrede sino simplemente de vivir, es decir, de estar bien un tiempo gracias a factores externos y luego, como castigo, estar obligado a atravesar una temporada de mierda. O puede que exista el karma inverso, en donde a uno le llega el castigo de una acción que realizará más adelante. Todos estos planteos me daban vueltas en la cabeza mientras, al empezar a ducharme después de un día por demás pesado, mi rango de "hazmerreír cósmico" fue confirmado y oficializado en cuanto me empezaba a enjabonar y sin razón aparente se cortó todo el agua de la casa.
Comprenderán que a esa altura me costaba suponer que al otro día iba a salir el sol. Y tenía razón, no sólo me desperté con el día nublado sino que encima estaba diluviando. El patio fue inundado de mierda una vez más, y el acolchado gigante que había lavado a mano fue encontrado sobre la tierra lleno de mugre y de insectos, mientras que la cocina se llenó de agua y los gatos desesperados por entrar terminaron de ensuciar el piso del resto de la casa. Limpié como pude, al otro día llegó mi hermano desde Mar del Plata y tuvimos que entregar la casa. Teniendo en cuenta mi dicha y los problemas personales que mi hermano tenía con el dueño de la inmobiliaria, estaba preparado para un encuentro en donde por lo menos terminaríamos todos en la cárcel. Sin embargo no fue así y todo se completó con una sospechosa diplomacia.
Una vez que terminamos de acomodar las cosas en la casa nueva recibí un llamado telefónico diciendo que tenía una entrevista en Reader's Digest. La primera había sido con una consultora una semana atrás y a esa altura no guardaba ningún tipo de esperanza de que volvieran a contactarme. Cuando lo hicieron me imaginé que el destino tenía reservada una nueva burla que iba a terminar de empujarme hacia el fracaso absoluto, y es que yo ya sabía que estaban haciendo entrevistas para cubrir un solo puesto de trabajo. Al día siguiente me desperté con una cierta carga de desengaño, pero en cuanto salí de mi nueva casa y caminé por la vereda hasta ahora inexplorada, divisé en el final del camino la fuente de una plaza y mi humor cambió un poco. Giré en la esquina y me encontré con un bombero medio en cueros limpiando su camión en la puerta de la estación. El sol había salido, no había dudas, pero si hay gente que dice que la luna está hecha de queso, también podía pasar que esa esfera que me iluminaba hubiera estado formada de oropel.
Salí de la entrevista pensando que había sido un poco corta y que quizás no pude expresar del todo las ganas que tenía de conseguir ese trabajo y de cortar con mi mala racha. También pensé que ahora que estaba sin internet me iba a ser más difícil continuar con la búsqueda laboral, y ya había dicho que si en este mes no conseguía nada me volvía a la ciudad de la cual escapé. Me imaginaba regresando con los bolsos a cuestas, mirando por la ventanilla de algún taxi las calles que tantos recuerdos me traen y me pregunté si sería capaz de soportarlo. No me pude contestar porque me llamaron para comentarme que había quedado seleccionado para el puesto y que fuera el lunes para firmar el contrato.
Hace mucho descubrí que soy bastante más neutro de lo que pienso en cada aspecto de mi vida. No me gustan los extremos y suelo pensar que la verdad siempre se encuentra en los puntos medios de todas las cosas. Es común en mí criticar a aquellos que se enfrascan en una cosmovisión fundamentalista porque creo que no siempre llegan a ver la imagen entera. Por eso no concuerdo con el idealismo positivo de creer que todo está bien y que si no lo está ya mejorará; a veces la vida puede llegar a ser una auténtica pesadilla y está bien tomarse todo el tiempo que uno necesite para creer que el mundo se termina mañana y poder mirar con cariño las vías del tren. Pero, por la misma regla, las cosas no pueden seguir oscuras por el resto de la eternidad. Y si bien uno debería tratar de ser una buena persona, no tiene por qué tirar todo por la borda cuando siente que no se la está recompensando como merece. No sé si existe el karma, así como tampoco sé si existe el biorritmo, pero sí sé que lo único que uno puede hacer es seguir para adelante aunque nos pese, aunque no tengamos ganas o aunque pensemos que va a ser inútil cualquier esfuerzo. Y es irrelevante que nos persiga el sol o una gigante nube negra, al final del día las únicas opciones válidas siguen siendo continuar o morir.
No me gusta el fútbol ni un poco siento que no encajo en la sociedad esta sociedad tan futbolera pero no a mí no me gusta y me siento reprimido si me hablan de fútbol trato de ocultar que no me gusta y por eso voy a bares de gente a la que no le gusta tampoco y así es como hice buenos amigos y nos juntamos y hablamos de que no nos gusta el fútbol y espero toda la semana para ir al boliche y expresar mi indiferencia hacia el fútbol porque claro en la calle no me animo y entonces voy y bailo y me río y charlo sobre el no-fútbol y veo que ahí tampoco encajo del todo así que me visto como la otra gente a la que no le gusta el fútbol y hablo como la otra gente a la que no le gusta el fútbol y me transformo en una parte de la masa amorfa a la que no le gusta el fútbol y sólo pienso en eso y sólo hablo de eso y voy a marchas políticas aunque a veces no sé por qué marchamos pero yo voy igual y camino y bailo y me emborracho con gente a la que no le gusta el fútbol y disfruto y gasto en el alcohol que proporcionan las empresas que saben que somos un grupo con plata y nos apoyan aunque igual se publicitan en el mundial pero no me importa yo bailo igual y voy a seguir bailando y bebiendo rodeado de gente a la que no le gusta el fútbol y voy a inventar que me gustan otras cosas y voy a conocer todo a lo que ellos hacen referencia y voy a convertirme en otra persona para poder ser quien soy y voy a ser el mejor no-futbolero del grupo y voy a expresar todo lo que quiera en el bar porque no tengo huevos para expresarlo rodeado de gente a la que le gusta el fútbol pero al menos ya admití que no me gusta el fútbol así que estoy muy contento porque soy honesto y nadie me lo puede negar aunque sepa que me voy a convertir en lo que no soy y me case con otra persona que es lo que no es pero al menos vamos a tener en común que no nos gusta el fútbol y yo y mi pareja vamos a ser viejos y chotos pero vamos a mantener nuestra fachada para seguir encajando en la comunidad y me voy a morir y voy a saber que mi vida fue una mentira y una exageración pero voy también a saber que valió la pena porque le demostré a esta sociedad futbolera de mierda que existe gente distinta a pesar de que en la masa seamos todos iguales y entonces en el futuro se construirá gracias a nosotros un mundo en el que la gente no presuponga que al otro le gusta el fútbol y así los nuevos no tendrán que pasar por la misma mierda que yo y puedan encajar siendo ellos mismos pero mientras tanto voy a seguir bailando y voy a seguir tomando y repartiendo volantes de la causa en la calle y voy a llorar hasta hartarme porque hasta que no me termine de morir no voy a saber quién soy pero ahora al menos sé que no me gusta el fútbol.
El destino existe. No como una inevitable cadena de sucesos que vincula el nacimiento con la muerte cual prisión mística, sino que existe como una condena de consecuencias. Hay ciertos eventos que están escritos en algún libro en algún lugar, no tengo ninguna duda, pero las personas pueden, de hecho, "escapar" de lo preestablecido. Y lo pongo entre comillas porque no es más que una ilusión de libertad, puesto que ninguna escapatoria nos lleva a un camino fuera del código binario de la vida. Tenés que tomar esta decisión ahora, elegí A o B. No te apresures, las dos opciones tienen los caminos conectados y ya pavimentados desde mucho antes que nacieras. Así, nuestras elecciones tienen un impacto en el proceder de las cosas, pero eventualmente nos llevan, de nuevo, a eventos programados.
Sin embargo toda aplicación tiene sus fallas. A veces no puedo sino verme como un betatester de la existencia, esta sucesión de instrucciones, aunque no me había cruzado hasta ahora con ningún bug. Y por más que falten datos, estoy comenzando a creer que es posible que la vida te tire un stack overflow y las cosas tomen un giro desafortunado. Uno puede tener un cierto control sobre su rumbo, o por lo menos puede hacerse cargo de las decisiones que toma. Yo puedo, por ejemplo, cometer un crimen si estoy dispuesto a pagar las consecuencias. El terrible conflicto aparece cuando tu destino está en las manos de alguien más. ¿Qué pasa si la otra persona, desconociendo la brutalidad del efecto y la pobre eficacia del código, logra evadir - mediante la incorrecta elección de una opción que los incumbe a los dos - los caminos predeterminados del destino? ¿Qué pasa si esa elección no está impulsada por lo que uno realmente quiere sino por un básico y sencillo miedo, o peor aún, por un cambio de parecer repentino sin ningún fundamento? Aquí, creo, se encuentra el problema: la vida no sabe qué responderte porque eso no estaba previsto, y entonces cae sobre ambos una maldición egipcia que puede dejarte a la deriva durante mucho tiempo mientras, por detrás, tratan de reorganizarse todos esos puntos que se suponía que ibas a atravesar de alguna forma y que ahora están comenzando a desvanecerse. Un letargo necesario porque evita que tu vida termine cual variable alojada en la memoria, pero también desafortunado por todos aquellos tortuosos minutos, días, meses. Será el precio a pagar mientras esperamos pacientemente por una sana depuración.
Hago clic en la etiqueta de “política” del costado y sólo aparece una entrada. Los que me conocen saben que no estoy interiorizado en este tema ni pertenezco a ningún partido, y se debe mayormente a que creo que los gobernantes se manejan por intereses de poder y dinero, y que si por alguna casualidad hacen algo productivo tiene que ver con una conveniencia propia y no nacional. Así que aclaro desde el principio que no soy Kirchnerista ni siento ninguna simpatía hacia dicho matrimonio. Lo que me impulsa a escribir este texto es la división extraña en la que está sumergido el país por estos días. Siempre supe que Argentina es un país condenado a la bipolaridad: sos de river o sos de boca; estás con el campo o estás con el gobierno; sos sodero o sos ricotero. El ciudadano promedio es monocromático en la mayoría de los casos, ve el blanco o el negro, pocas veces se detiene en los tonos medios. Yo suelo escaparme de estos debates estúpidos porque no tienen ningún transfondo que considere interesante. Pero ahora la situación es otra, se está discutiendo frívola y parcialmente un tema que está conectado directamente con la libertad. Y no la libertad de expresión, porque eso siempre existe en el mundo actual (acá estoy yo escribiendo esto en mi propio espacio de Internet), sino la libertad de pensamiento.
Resulta que en nuestro país tenemos una ley de radiodifusión que fue creada durante el último golpe militar y que a lo largo de los años fue levemente modificada pero no para bien sino para que se corresponda con los negocios de ciertos empresarios (gracias de nuevo, querido Menem). La ley actual, por ejemplo, tiene contemplado coartar la libertad de expresión por las necesidades de la “seguridad nacional”; o dicta que el organismo que regula los medios esté formado por militares, servicios de inteligencia y empresarios; o permite los monopolios y que una persona sea titular de 24 licencias de radio y TV, entre muchas otras cosas. Los cambios que proponen desde el gobierno son muchos y merecen ser leídos y discutidos, sin embargo hay gente que salta en contra de la medida simplemente por el origen del cambio. He leído varias barbaridades en estos últimos días, como por ejemplo “no a la ley de medios K, Cuba a otra parte”, lo cual demuestra la poca capacidad de ciertas personas a la hora de pensar en un tema de forma objetiva. Yo tampoco confío en el gobierno y no por la ideología que tengan sino porque no confío en ningún gobierno, sin embargo eso no me impide reconocer el estado de los medios en la actualidad, así como tampoco puedo negar que el cambio es necesario de forma urgente. Para saberlo no hace falta más que escuchar a la gente que está saliendo en contra.
Por un lado lo tenemos a De Narváez y a Vila, dueños del canal América. Dicho canal es uno de los pocos que hizo patente la censura en más de una oportunidad, y esto no lo sé porque alguien me lo haya contado sino porque yo mismo lo vi. Por ejemplo, todos recordamos cuando en 2005 Rolando Graña editó la participación de Mario Pontaquarto en TVR por pedido de los directivos del canal. Recuerdo también cuando un pequeño discurso final que dio Fernando Peña en la Cornisa, y que hacía referencia a la dictadura y a todos los cuerpos que están sumergidos hoy en el Río de la Plata, fue súbitamente quitado del aire. Y recientemente sucedió lo mismo en el programa de Sietecase luego de un debate protagonizado por el propio De Narváez. Que sean estas personas, entonces, las que salgan a hablar de libertad de expresión resulta en una especie de chiste negro sólo posible en nuestra república.
Del otro lado tenemos al Grupo Clarín, un monopolio que está fuera de control y desde hace años se está dedicando a la manipulación de información. A dicho grupo pertenece, por ejemplo, el canal TN cuyo slogan es “periodismo independiente”, sin embargo muestran su verdadera cara en más de una oportunidad, diciendo cosas como que “la oposición rechaza unánimemente la ley de medios K”, cuando la realidad es que una buena parte de los opositores salieron a apoyarla. Al grupo también pertenece Ideas del Sur, la productora de Marcelo Tinelli, especialista en hacer programas sin ningún tipo de compromiso social que le da a la gran parte de la población algo de lo que hablar, y es que en vez de enfocarse en los problemas globales es más fácil criticar la forma de bailar de la vedette de turno. Son también dueños de Artear, de Multicanal y de Cablevisión, así como también tienen cientos de diarios y programas en el interior. Clarín tiene probablemente el monopolio más grande en América Latina referente a la información. Entonces vuelvo al comentario que hace referencia a Cuba y me pregunto, ¿el que dijo eso de verdad cree que disfruta de algún tipo de libertad en lo que respecta a la información? Es un tema que va más allá de intereses políticos siempre y cuando se parta de la siguiente base: lo que la gente promedio ve en la televisión influye absolutamente en su forma de pensar. Si canales como América sólo dedican su programación a mostrar informes exagerados sobre robos, muertes, drogas y violaciones están limitando la forma de pensar de quien cree que eso es todo lo que existe en nuestro país. No estoy negando que haya inseguridad o que no sucedan cosas malas, lo único que digo es que uno tampoco puede tomar reportes hechos para asustar a Doña Rosa como si fueran la única verdad.
La información puede ser peligrosa porque es muy fácil modificarla o contar medias verdades para cumplir con una agenda, y canales como América o TN -o el propio diario Clarín- lo hacen de forma tan poco sutil que es fácil reconocerlo, pero hay mucha gente que no se da cuenta. No se da cuenta que si el grupo Clarín tiene un porcentaje tan exageradamente alto dentro del mercado de la información, las cosas que veamos van a estar medidas por las propias ideologías del grupo, y esto es evidente cuando leemos diarios menores, como La Voz del Interior de Córdoba, y nos damos cuenta el desmedido y poco sostenible ataque hacia esta nueva medida. Y eso sólo si hablamos de noticieros o programas periodísticos, pero es que hasta los programas de entretenimiento pueden resultar métodos de control. Desde que empecé a escribir esto tengo en mente el libro 1984 dado que describe a la perfección los distintos artilugios que puede usar un gobierno para controlar a la población. O incluso el discurso final de la película porno “A Brief Affair” que sabiamente proclama “si pueden decirte lo que podés ver y oír, entonces sigue que te digan lo que tenés que decir y pensar”.
Como dije, yo no confío en los K, seguramente serán tan corruptos y ladrones como todos los que vinieron antes, ni tampoco dudo que las ganas de cambiar la actual ley no tienen que ver con querer hacer un bien sino que debe existir una relación personal por detrás. Pero eso no debería significar que la gente automáticamente etiquete al proyecto como algo negativo siendo que, de hecho, no están proponiendo nada descabellado. Claro que no estoy de acuerdo en que el proyecto de ley sea escrito por el matrimonio sino que todos van a tener que poner su granito de arena para crear algo que sea igualitario. Pero ya para arrancar, que el gobierno les dé un tercio del espacio a personas jurídicas no comerciales es algo que tendría que haber existido desde hace muchos años. Porque el espacio para el periodismo verdaderamente independiente siempre fue muy poco, basta con leer las historias que cuentan los periodistas “freelance” sobre trabajar en grandes diarios. No pido que todos acepten automáticamente el cambio de ley, pero si lo hacen busquen argumentos más válidos que “la información va a estar controlada por Kirchner”, porque la realidad es que la información está desde hace años en unas pocas manos interesadas.
Hace mucho tiempo que intento encontrar un tiempo para escribir algo sobre esto. Todo empezó hace dos años, cuando se anunciaba que Charlie Kaufman comenzaba a escribir un nuevo guión. Una película de terror, decían, que iba a ser dirigida por Spike Lee. Después él se bajó del proyecto para dirigir Where the Wild Things Are, y Charlie continuó con la escritura pero aclarando que no se iba a tratar de una película del género "terror" sino que hablaría de las cosas que le dan miedo a él. Más de un año después aparecía en algunos ámbitos el primer boceto, titulado "Schenectady, New York". Un guión largo, denso, poco accesible y con un final rapido que te dejaba sin entender nada. A mí me había encantado. Era como leer una adaptación de una pesadilla mezclada con algún cuento de García Márquez. Luego comenzó la filmación y se publicó el "filming script", ahora sí con el título real: "Synecdoche, New York".
Sinécdoque, para el que no lo sepa, es una figura retórica que se usa cuando nombramos parte de algo para designar el todo, o viceversa. Como la metonimia. O no, la verdad es que nunca entendí al diferencia entre ambas. Si por ejemplo yo digo que no tengo plata ni para el pan, quiero decir que no tengo plata para la comida, con lo cual "pan" funciona como sinécdoque. De la misma forma se puede decir que todas las obras de arte son sinécdoques de aquello que quieren explorar, pues nunca podrían ser capaces de abarcar todo el tema.
"Synecdoche, New York" es una sinécdoque cinematográfica sobre la vida de una persona cualquiera. Puede que seas vos o yo. Una persona que intenta reconciliarse con su esposa y que busca recuperar el amor de su hija. Un artista que quiere hacer algo con su vida antes de morir. Un pobre infeliz que quiere amar y ser amado sin complejos. Un hipocondríaco que sufre de todo tipo de enfermedades y cuya vida está señalada no por los minutos y las horas, sino por eventos particulares que lo forman como humano. Por eso desayunar mientras intenta entablar una conversación con su esposa no dura una mañana sino dos meses. Pero no lo logra, y ella lo abandona y se va muy lejos llevándose a su hija. Y él que no sabe si pasan años o días, pero en su intento de dirigir algo "honesto" crea una réplica a tamaño real de la ciudad de Nueva York dentro de un galpón ubicado en la ciudad de Nueva York, y ahí dentro contrata actores que hacen de todos los ciudadanos, incluyéndose a sí mismo y a toda la gente que lo rodea. Esa honestidad conduce a un ciclo infinito de réplicas del galpón dentro del galpón, con actores haciendo de actores que actúan de actores haciendo de personas reales (¿que a su vez son actores?).
Quien lea el párrafo anterior comprenderá que no es una película fácil de seguir. Pero no lo es porque no puede seguirse. En Eterno Resplandor, la película anterior de Charlie, uno podía no comprender lo que sucedía a medida que seguía la historia, pero siempre estaba esa escena cerca del final en la que la audiencia decía al unísono "aahh" y todo tenía sentido. Aquí eso nunca sucede, y quien llegue al final sin entender seguirá sin entender. Porque para ver la película hay que comprender que debe ser vista como si se tratara de un sueño: las cosas suceden porque sí y mientras soñamos nunca intentamos encontrarle una explicación lógica sino que sentimos una reaccion inmediata que puede durar hasta bastante después de que despertamos. La gente en nuestros sueños no se comporta de la forma en la que esperaríamos y el entorno sufre alteraciones exageradas sin que nadie le preste mucha atención. En esta película, por ejemplo, un personaje compra una casa que está incendiada. Literalmente, se prende fuego. Ella la compra porque le gusta, aunque admite que teme morir en las llamas. Y vive entonces durante el resto de su vida en ese hogar que nunca se termina de consumir. ¿Cuál es el sentido? La idea es que cada uno le dé el suyo. En el nivel más básico funciona como chiste. En otro nivel se puede decir que es una metáfora de la relación amorosa que vive con el protagonista. En un nivel más personal... se pueden decir muchas cosas. La idea de la película no es que uno comprenda que la historia arranca en A, pasa por B y termina en C sino que cada uno le imponga sus propias vivencias. De esa forma es una especie de película viva ya que cambia en base al momento que estemos atravesando.
Yo ya la vi casi diez veces desde marzo y no porque quedara algo por entender sino para seguir disfrutándola. Y es curioso decir que "disfruto" una película que es tan extremadamente triste, que en su irrealidad muestra de forma tan clara las penas humanas, que en su forma explícita de mostrar metáforas visuales sin disfrazarlas uno no sepa si reír o llorar, y que tenga un humor negro tan directo. Sí, es gracioso que hayan tenido que rellenar el ataúd del padre del protagonista con bolitas de algodón para evitar que el cuerpo se moviera después de haber sido carcomido por el cáncer, pero es también absolutamente terrorífico. Más terrorífico aún es cuando a mitad de la película el protagonista comienza a confundirse con otro personaje, una mujer de la limpieza, y ni él mismo sepa ya diferenciarse y termine por comprender que las mismas penas que siente son las mismas que siente la otra mujer, y Charlie Kaufman, y vos y yo. Que todos somos sinécdoques de todos pues, a pesar de que las particularidades difieran dependiendo de nuestras historias, sentimos en igual medida un dolor profundo basado en la decepción, en el desamor y en las pérdidas.
Synecdoche es una película odiada por una buena parte de la crítica y del público, pero no me cabe ninguna duda que dentro de diez años o más será estudiada en todos los colegios de cine y será una gran parte del legado que deje el artista una vez que su carrera termine. Es decir, véanla.
Es extraño que mientras más novedades hay en mi vida menos actualizo este espacio. Generalmente tiene que ver conque me cuesta ordenar muchos acontecimientos y analizarlos en un texto. Pero ahora es distinto, y si lo escribo es para que ciertas personas que entran seguido se enteren un poco de lo que estuvo ocurriendo. Y para - como señalaría Sísifo - encontrarle yo mismo un poco de sentido.
Lo que sucedió es que conocí a alguien el pasado enero. Alguien que me movió el piso y no me dejó descansar. Pasó que me enamoré perdidamente, y esta persona tuvo un acercamiento por demás excesivo. Cualquier lector sabe que no es normal que alguien logre afectarme tanto, y sin embargo esta persona lo logró con un simple "hola". A partir de ese saludo mi vida fue una especie de telenovela mexicana llena de desamor, celos y todo tipo de giros argumentales con los que un guionista podría escribir una saga entera. Por estos motivos los últimos seis meses se vieron concentrados en apenas semanas, resumidas en un par de eventos aislados. No podría escribir sobre todo lo que pasó, ya lo intenté antes y nunca creí abarcarlo todo. Porque lo que ocurrió en la vida real fue quizás lo más complejo y desconcertante que haya vivido hasta ahora.
Y si tengo que ser honesto estoy profundamente herido. A pesar de las sonrisas y los chistes tontos, a pesar de no querer hablar del tema para no aburrir, hace tantos meses que estoy tan lastimado y con tan pocas ganas de vivir que es preocupante. Es difícil cuando el amor no es correspondido, pero más difícil es cuando te llenás de falsas esperanzas que son alimentadas diariamente por la persona que creés que es todo lo que estuviste esperando duranto tanto tiempo. Y es más difícil aún cuando te enterás que esas acciones tan significativas y que creías que conducían a algún tipo de salvación no eran más que juegos de una persona que no sabía que trataba con un alma tan frágil. Es difícil cuando abrís tu corazón por primera vez esperando una respuesta que te saque de la miseria y recibís una terminante negativa que destruye en un segundo todo lo que soñaste. Es difícil cuando perseguís un fantasma tan bello y no hace más que llevarte hasta el propio fin del mundo
Por eso no actualizo contando de mi nueva vida en Buenos Aires, porque todavía estoy luchando con el pasado. Porque todavía pienso en él y todavía tengo pesadillas. Porque todavía no encuentro una cura a esto que me descuartizó tan profundamente.
Porque sigo buscando un buen comienzo, pero siempre se transforma en decepción.
La última vez que te vi fue en la puerta de mi casa. La noche iluminada atrás tuyo por un cartel de neón de mal gusto. Llevabas la misma remera que tenías puesta durante el comienzo del fin de mis días calmos. Esa oportunidad en la que te vi y supe que eras todo lo que había estado esperando. Todo, incluyendo el dolor (y esa sensación de tenerte y no poder abarcarte, de verte una tarde y extrañarte una noche, de cansarme de pensar en vos y no poder dejar de soñarte), incluyendo una suerte de invocación retorcida de cariño y de romanticismo impoluto que puede existir sólo por las madrugadas muy lejos de vos. Un afecto que no te pude expresar, pero que sí compartí con el resto de la humanidad. Tenías además esa campera tejida que nunca me gustó, la misma con la que me cubriste un día que tenía frío y al olerla te sentí cerca mientras pensaba que era la prenda más bonita jamás creada. Pero por sobretodo vestías una mirada extraña, desconcertada. Como si no pudieras creer muchas cosas. Como si tuvieras cosas para decirme, o como si esperaras escuchar algo en particular. Como si con esa mirada esperaras resumir casi cuatro meses de histerias, de grandes momentos, de celos, de aparentar que no sabías nada y de no saber que yo supe bastante más de lo que me atreví a compartir. O quizás en tu mirada querías transmitirme dolor, porque me iba y no se podía cambiar. Y aunque yo me hiciera el enojado sé - porque no supiste ocultarlo o no te importó - que vos lo estabas más que yo puesto que no podías creer que me estaba alejando de forma tan burda. De la misma forma en la que, algún tiempo atrás, había planeado por segunda vez apartar tu bella imagen. Y tuve éxito, pero sólo por unas cuantas horas, hasta que alguien me dijo que mi frío trato te hacía sentir triste (un adjetivo que salió de tu propia boca y ni siquiera comienza a describir lo que yo atravesé durante esos días de excusas idiotas y falsas sonrisas). Entonces quise volver, sólo para darme cuenta de que nunca me había alejado en realidad de tu centro gravitacional. Entendeme, no sé cortar el trato con la gente, no tengo punto medio. O estoy con vos o no. Y me era difícil no prestarte atención cuando te tenía que ver todos los días, cuando me esperabas en la puerta y de forma trágica me preguntabas si no te iba a acompañar mientras mi corazón se rompía una y otra vez.
Sé que la decisión que tomaste la última vez que te vi no te pareció tan importante porque creíste que me ibas a volver a ver, que yo iba a ser demasiado débil, que te iba a llamar el mismo día de mi partida permanente para darte aviso de la hora exacta de mi salida. Pero no, porque al final las heridas fueron muchas y el dolor se hizo lugar en donde cuatro meses atrás sólo había esperanza. Porque sabía que verte en ese momento me iba a bonificar otro par de meses de malestares y taquicardias. Porque entendí que darte esa oportunidad era un arma de doble filo. Todas tus acciones y palabras (o tus pausas y silencios) no iban a tener otra finalidad sino hacerme sentir peor. Preferí que te fueras y disfrutaras de tu viaje sin preocuparte, sin conocer jamás el horror de las madrugadas de invierno sentado frente a una computadora con la única compañía de un atado de cigarrillos. Así de grande fue mi amor.
La última vez que te vi maldije al destino por haberte puesto en mi camino en un momento tan inoportuno, al fin de cuentas me conociste sabiendo que me iba a ir de acá. Y yo ya conozco esas fases: te iba a dejar de ver y eventualmente tu recuerdo ya no iba a destrozarme. Incluso, quién sabe, hasta podríamos ser amigos de nuevo. Por eso la última vez que te vi fue tan dolorosa: porque me di cuenta de que no iba a poder enfrentarme a tu fantasma nunca más.
Si estás leyendo esto puede que te hayan roto el corazón. Puede que hayas buscado en google palabras relacionadas a tu mal de amores. Puede que creas que nadie en tu entorno te podrá entender jamás. Puede que amanezcas del sueño como despertando de una pesadilla profunda con imágenes distópicas. O aún peor, idílicas. Puede que la única distracción que encuentres durante tu día sean graffitis ingeniosos o incompetentes. Puede que estés fumando más, y puede que tus plegarias se hayan enfocado sólo en pedir unos minutos de paz.
Quizás estés buscando alguna frazada para cubrirte mientras intentás escribir algo en el bloc de notas. Quizás tu objetivo sea redactar un texto que comience a expresar todo el malestar que sentís desde hace tiempo, tratando de descargar o de ofrecer algo al mundo con lo que se pueda identificar. Quizás no lo logres y reproduzcas escenas de Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos en tu cabeza, o escuches Kings of Convenience compulsivamente sin creerles cuando te dicen "no temas, tus heridas sanarán". Quizás la idea de empezar de nuevo te desgaste y prefieras dormir.
Acaso estás pensando en la persona que te provocó todo este dolor y en cómo su vida continúa sin nunca entender por qué la gente llora en los boliches. Acaso no le llegaste a decir todo lo que querías y tenés conversaciones imaginarias. Acaso deseás que las cosas sean más simples y que el amor pueda expresarse sin miedos.
Tal vez llegaste hasta acá esperando que te dé una solución.
No hay ninguna.
Estás jodido.
Fin de la transmisión.
Todo es más complicado de lo que creés. Sólo ves un décimo de la verdad. Hay un millón de hilos atados a cada decisión que tomás. Podés destruir tu vida cada vez que elegís. Y quizás no lo sepas hasta dentro de 20 años, y quizás nunca puedas encontrar el origen. Y sólo tenés una oportunidad de hacerlo bien. Sino intentá comprender tu propio divorcio. Y dicen que el destino no existe, pero sí existe, es lo que vos creás. Y aunque el mundo siga por eras y eras, vos sólo estás acá por una fracción de una fracción de un segundo. En la mayor parte de tu tiempo estás muerto o nonato. Pero mientras estás vivo derrochás años esperando en vano una llamada o una carta o una mirada de alguien o algo que haga que todo esté bien. Y nunca llega, o parece que sí pero en realidad no. Entonces pasás tu tiempo en vagos pesares o aún más vagas esperanzas de que algo bueno va a venir. Algo que te haga sentir conectado. Algo que te haga sentir completo. Algo que te haga sentir amado. Y la verdad es que estoy tan enojado. La verdad es que estoy tan jodidamente triste. La verdad es que hace tanto que estoy tan jodidamente herido. Y todo este tiempo estuve pretendiendo estar bien sólo para pasarlo, o para... No sé por qué. Quizás porque nadie quiere oír mis miserias, porque todos tienen las suyas. Bueno, a la mierda con todos. Amen.
Amen.
Mientras mis amigos salen a boliches ubicados a cientos de kilómetros de distancia yo -procesando aún el cuba libre- me pregunto, ¿cómo puede ser posible que siga con pajas mentales después de tanto tiempo? Después de tanto camino recorrido, en todo sentido, cómo logré dejar que mis últimos meses fueran destruidos. Por qué sigo volviendo a vos cuando nunca te tuve. Por qué, a pesar de todas las desilusiones y todos los días apocalípticos, todavía reviso el celular a ver si tengo algún mensaje tuyo. Porqué aún espero a que llames a mi puerta.
Y como soy muy cobarde como para publicar un texto que escribí hace dos semanas, al que sigo regresando una y otra vez mientras asiento, publico un texto de una poetisa extraordinaria, que también resulta ser amiga mía. Eso sí, con partes resaltadas por el que firma.
En el fondo, todavía pienso en vos. Ya no te quiero, es cierto, pero por ahí me sorprende la nostalgia, me agarra distraída y es como si el tiempo se enroscara y volviera atrás, a esos días en que el mundo giraba en torno a tu recuerdo. O quizás recuerdo no sea la palabra precisa para definir lo que eras, pero cómo definirte, cómo amoldar esa amalgama de sensaciones a los límites de una palabra que logre abarcarlo todo. Eras un sueño y un desvelo; una evocación de momentos que no fueron. Eras el ansia de unos besos que no alcancé a dar, de caricias malogradas y perdidas en el abismo que se abría entre mis ganas y tu distancia. Eras una ausencia en mi cama y en cada pequeño momento en que te necesitaba de verdad. Una ausencia dolorosa porque no se iba, porque estaba presente en cada instante. Cómo te quería.
Pero ya no, ya no. Alguna vez te dije que el tiempo siempre se encarga de cerrar todas las heridas. Y ya ves, aunque a veces piense en vos y me muerda este dolor de ayer, sé que no es más que el residuo de ese amor, como el vestigio que queda de un sueño al despertar.
Ahora soy otra, aunque no lo creas. Supongo que me parezco más a quien era antes de todo eso, antes de los repentinos cambios de humor, de la obsesiva necesidad de vos que me consumía, de esos pozos de angustia en los que solía caer. No fue de un día para otro, claro. Me llevó mi tiempo desprenderte de mis ganas, pero ahora tiempo es lo que me sobra.
Esta (cómo decirte, cómo explicar esta realidad tan incomprensible para vos que seguís tu vida con la tranquilidad de saber que todo es como debe ser, que los relojes miden el tiempo atados a los parámetros habituales, que los saludos de los vecinos en el ascensor te recuerdan que nada cambió y que el cielo sigue siendo azul), esta laxitud del tiempo ayuda.
Uno se sienta y piensa, y pasar tanto tiempo solo lo termina obligando a pensar en uno mismo. En lo que hizo, en los porqué, en lo que logró y lo que perdió.
Y fui cambiando, poco a poco fui cambiando.
Así como el olvido y la lenta regresión a un estado de ánimo sereno y constante no se dieron de un día para el otro, tampoco se había dado así la desesperación que me fue llevando a ese quiebre, a esa explosión final de pegar un grito mudo y mandar todo a la mierda. Qué sé yo. Tal vez a los demás los tomó de sorpresa, viste que en general es así, aunque después uno empieza a hablar y se da cuenta que si no vio fue porque no quiso ver. Puede haber sido una sorpresa para los demás, pero aunque yo minimizaba la cuestión, la verdad es que me la veía venir desde hacía rato. Y a veces pienso que esos silencios en los que me refugiaba imprevistamente eran los más desesperados gritos de auxilio que pude dar.
Pero no lo hice bien, o no supieron oír. Ni vos, ni nadie. Ni yo misma. Y el grito contenido fue un llanto postrero, una resignación. Y el abatimiento fue un dolor que me quemaba por dentro, y que me obligó a esa escapatoria absurda de perderme en la madrugada buscando aquel salto final del puente. A esa necesidad de oscuridad y agua, de espantar todos los sentidos para desterrarlos y condenarlos a un exilio inmediato y definitivo... y olvidar, porque matarse es la huida rápida para olvidar y no sentir y no ser y no.
Pero, te decía, el tiempo ayuda; acá el tiempo sobra y es laxo y blando. Supongo que así fui aprendiendo a no quererte más. Porque el olvido es una mentira absurda: uno no olvida a un hombre, sino que su recuerdo deja de doler.
Aunque a veces me acerque a la ribera y vea un tobillo o una pierna que me recuerden a las tuyas, me agarre una especie de nostalgia, y estire mis dedos como si quisiera tocarlo. Pero me contengo. Dejo que la corriente me lleve de regreso río arriba sin saber si eras vos, porque le temo a tu recuerdo implacable, a ese anhelo devastador que ya me consumió una vez. Y me pierdo otra vez en el sosiego del río, de este tiempo blando y calmo pensando que, en el fondo, todavía no me libré del todo de vos.
EDIT: Para no faltar a la verdad, resulta que el texto citado pertenece a Javier Núñez. El texto original y completo puede leerse desde esta dirección.
Podría comenzar la entrada diciendo que hace mucho tiempo que no actualizo el blog y que lo siento, pero ya está bastante usado, ¿no? Después de una entrada críptica que sólo entienden los que conocen mi historia siento que de alguna forma debería continuar en esa línea y comentar las novedades al respecto. Pero no. Hay otras cosas ahora. Es que luego de casi un año de diversión, fiestas, desamores y situaciones variadas con gente fantástica decidí cortar con todo, guardar mis bártulos y emprender el camino hacia una nueva vida. Tomé esa decisión mucho tiempo atrás porque no había nada que me detuviera. Más tarde porque quería alejarme de ciertas cosas que me rodeaban y que me hacían mal. Finalmente porque sentí que era el momento idóneo para hacerlo. Por eso estoy actualizando ahora desde Buenos Aires, mi nueva casa.
Llegué el miércoles, después de un fin de semana lleno de despedidas y lagrimitas tontas, y se me activó el modo ama de casa borracha en un instante. Lavo, cocino, ordeno, hago compras… todo con fernet como único combustible. Es que me cuesta un poco despegarme del estado mental vacacional. Mi prioridad iba a ser conseguir un trabajo, pero la vida cotidiana siempre está ahí amenazando. Así que entre el planchado de la ropa y el rebosado de las milanesas le comenté por encima a Daniela que estaba viviendo en la capital. Y que bueno, estaba desocupado. Siempre dispuesta a ayudar, me dijo que le enviara un currículum y unos textos y que ella se encargaba de mandarlos a algunos contactos. Así que en cuanto tuve un minuto libre me puse a redactar un documento que me resumiera lo mejor posible y que demostrara que soy un gran candidato para cualquier cosa. Después fue la selección de textos, lo cual fue un poco más complicado pero logré hacerlo, sin embargo el mail que tenía que enviar nunca llegó a destino así que estoy a la deriva por estos días. Lo cual está bien porque me permite mantener la cabeza ocupada en elucubraciones idiotas y no pensar en otras cosas.
Hasta que vino mi mejor amiga a mi casa, la misma que se mudó a la gran manzana argentina casi al mismo tiempo que yo y que está en mi misma situación. Y hablando de nuestras cosas terminamos armando un video con fotos de nuestro pasado -ese tiempo verbal tan atemorizante del cual intentamos no desprendernos- usando de fondo la preciosa canción de Julieta Venegas “Ilusión”. El sol se iba a poniendo dando paso a la oscuridad, mientras que a cuatrocientos kilómetros se encendía una webcam en una casa que era como propia, ocupada por personas que eran como nosotros. Y la primera imagen que nos llegó me dio vuelta todo. Por una ventanita de chat veíamos con Ceci antiguos espectros que nos reclamaban, rodeados de paredes con nuestras marcas. Nos reíamos mientras duraba el fernet, pero esa noche en nuestras camas a todos se nos escapó una lágrima cuando intentábamos dormir.
Y así estamos, intentando no pensar en el pasado y rodeándonos de él, tratando de dejar atrás lo transitado y prepararnos para lo nuevo. Días ciclotímicos, como les dicen. Pero van y vienen.
El sábado viajé 130 kilómetros y no pude escapar del día de San Valentín. Ver la vía láctea a 120 km/h me atemorizó por algún motivo. Tenía los ojos húmedos por todo el viento que se filtraba en el casco. Y mientras se hacía notar una luna roja y amorfa me daba cuenta que a esa mismísima velocidad estaba regresando hacia antiguos fantasmas, con la certeza de que no existe casco que resista semejante golpe.
Y vuelvo y actualizo como si nada, cuatro meses después, con una bolsa navideña llena de experiencias. Es complicado poner al día un blog, redactar un pedazo de texto personal, cuando no se tiene tiempo para analizar los eventos y sus consecuencias emocionales antes de que comiencen a abultarse cual colillas de cigarrillo. Pero no quería que el año terminara con una entrada escrita en agosto que habla sobre el desamor. Al fin de cuentas siempre sucede lo mismo, mientras nos acercamos a enero inventamos metas a corto plazo para congratularnos pensando que por lo menos algo hicimos; luego no se cumplen y son reemplazadas por otras aún más grandes y ambiciosas que dibujan las increíbles personas que queremos ser en nuestro futuro. Es el problema con el tiempo, que pasa. Y además es curvo, y esa curvatura depende no sé muy bien de qué, quizás de la edad o del estilo de vida que uno lleve. Porque cómo puede ser que cuando se es chico el tiempo que existe entre el ahora y una fecha muy esperada no llegue jamás, mientras que actualmente siempre es mi cumpleaños, siempre es navidad y siempre es año nuevo. La edad avanza, las cosas se mueven cada vez más rápido, la gente tiene hijos a los que ves nacer un día y a la semana siguiente los ves iniciando la escuela primaria. Mientras tanto uno tiene la sensación de que está en el mismo lugar, estancado por siempre con ansias de mejorar, de hacer cosas, de cambiar, y lo único que podés ver objetivamente es la forma en la que tu cuerpo comienza a enfermarse, a engendrar manchas raras y a engordar.
Yo por lo menos estoy actualizando el blog y bajando por orden las mil y una películas que hay que ver antes de morir, según el autor de dicho libro. Mis objetivos a corto plazo, esos que justificarán mi existencia en 2008, están siendo cumplidos. Para el próximo año me propongo dejar de estar tan gordo, considerar en serio una posible vida en Buenos Aires, retomar los hobbies personales -LAELA, te extraño- y no desatender a mis amistades. El último es un punto importante. Particularmente en los últimos meses sentí una gran desilusión conmigo mismo al comprobar que fui incapaz de mantener ciertos compromisos con gente que es definitivamente muy importante en mi vida, esa misma gente de la que vengo hablando en este espacio desde hace años. Y aunque me digan que no me preocupe sé que no estoy haciendo bien y que esa falta de atención genera algún sentimiento de celo o alguna confusión estúpida que no debería existir.
Pero es complicado repartir tu tiempo cuando pasa tan rápido, cuando es tan curvo. Específicamente teniendo una rutina ya marcada, la gran trampa mortal a la que solemos conocer como "trabajo". En mi empleo anterior sucedió lo mismo, fui absorbido absolutamente por el ambiente y por las obligaciones. La diferencia era que ese entorno me perjudicaba en gran medida y logré escaparme antes de que me robara toda la energía vital. Ahora la historia es otra, el ámbito es fantástico y me ascendieron justo cuando la ocupación comenzaba a volverse monótona. Además egresé de la escuela, tuve mi primer ataque de nervios, cumplí años, organicé una fiesta de disfraces y fui a muchas otras de distintos tipos. Y estoy considerando cada vez más irme a Buenos Aires, sin saber muy bien cómo o cuándo pero teniendo en cuenta que una persona muy especial a la que conocí hace unos meses tiene una idea similar y está dispuesta a fusionar los destinos, en cuyo caso me es mucho más fácil tomar la decisión.
Es raro que las cosas se den de esa manera. Hace pocos días charlaba con mi supervisora sobre cómo todo lo que pasa suele tener un por qué. Hace siete meses entré a un trabajo sin buscarlo, un empleo que nada tenía que ver conmigo o con las cosas que sé hacer. Y en ese lugar encontré un grupo humano con un valor excepcional. Gente que me ayudó a crecer un montón. Personas que, sin ningún lugar a dudas, quedarán como amigos para toda la vida, al contrario de mis compañeros de escuela (salvo algunas pocas excepciones). Es verdad que me dejé absorber por ellos y descuidé otros aspectos personales, es verdad que en estos últimos meses consumí mucho más alcohol de lo que tomé en toda mi vida y gracias a eso tengo una barriga descomunal. Pero esa barriga contra la que tanto reniego es un testimonio de lo increíblemente feliz que me hace este grupo de freaks.
Y por ese motivo no me interesa tanto haber engordado o no haber hecho pequeñas cosas que creí que necesitaba hacer. Porque todo pasa por alguna razón, y la razón de este año fue hallar gente que va a formar parte de mí durante el resto de mi vida. Sin importar lo rápido que pase.
Eran las doce de la noche de un lunes y sonó mi celular mientras mi cinismo y yo mirábamos algún programa de televisión.
“Hola rodrigo como andas? De seguro durmiendo, disculpame pero estoy pensando en vos desde que me saludastes el otro dia no puedo dejar de pensar en vos”
Yo no tenía saldo así que no pude responderle, pero me pasé los días siguientes preguntándome quién podía ser, elaborando teorías raras y porfiando que tampoco estaba muy interesado en desenmascarar al redactor. Pero la curiosidad pudo más, y unos días más tarde, a la madrugada, envié un inocente “Hola, quién sos?” que fue respondido dos minutos más tarde. “Estaba durmiendo pensando en vos pelado lindo, no pienses que es un chiste”, lo cual efectivamente me confirmó que lo era. “Sigo sin saber quién sos”. “Que? No se que queres que te diga, te digo esto por celular porque no me animo a mirarte a los ojos, lo que pasa es que me han hablado cosas tan maravillosas sobre vos que me gustaste, igual espero que podamos ser grandes amigos”. Mi respuesta efímera y satírica no se hizo esperar: “Te informaron mal”.
Durante el día siguiente no hice más que telefonear y correr. En el trabajo llamaba a clientes para regalarles una alarma y en el descanso me comunicaba con unos amigos para ofrecerles una fiesta el sábado siguiente en una casa que alguien decidió suministrar para tal ocasión. Luego corriendo a buscar alcohol para tomar con el grupo después del trabajo, y más tarde al shopping para comprarle un regalo a Pato en un festejo que terminó cancelándose a último momento. Tal anulación hizo que terminara la madrugada del viernes en un bar junto a tres componentes peligrosos: barra libre, gente de la empresa y un amigo de dos amigas cuyo máxime interés no era el alcohol ilimitado sino yo mismo. Yo y mi cinismo.
A medida que transcurría la noche las cosas se ponían cada vez más incómodas. A mi izquierda tenía a dos amigos que habían tenido una historia breve y conflictiva. Pero ella se había comprometida con otro, que oportunamente estaba de viaje, y se deshacía hablando de lo mucho que lo amaba, sin embargo el alcohol se comenzaba a llevar su mejor parte. Con el resto de las mujeres en el baño y dos que iban de acá para allá haciendo gala de su cada vez más decadente estado, yo era lo único que debía pararse entre ellos para que no sucediera lo peor. Y a mi derecha se encontraba el dichoso amigo de mis amigas que no se daba por vencido a pesar de que le repetía el discurso que en su momento le expliqué a las chicas: no estaba interesado en conocer a nadie. De repente todo mi grupo se fue a un costado y yo me encontraba al borde de quebrar etílicamente sentado frente a una persona que insistía con algo que a todas luces no era posible. “Igual todo bien, yo soy buena onda” recuerdo que me dijo. Y yo, que tengo un timing perfecto sin importar el grado de alcoholemia, indiqué mordazmente “sí, pero yo no mucho” mientras juntaba mis cosas y me dirigía hacia la puerta.
Siete días más tarde me encontraba caminando bajo la llovizna, tratando de encontrar la casa de una tarotista con la que había concretado una cita por recomendación de una amiga. Era la tercera vez que probaba suerte con lo paranormal después de una experiencia paupérrima y otra que no fue ni muy muy ni tan tan. A pesar de que no fui con preguntas particulares (y esto pareció de alguna manera irritar a la bruja) logré sorprenderme con la sesión dado que la lectura de las cartas estuvo complementada con medio kilo de psicología. Sin aviso previo aparecieron temas que estuve tratando de disimular durante todo este tiempo. Para empezar, la cuestión de que existan dos versiones mías que tienen poca afinidad entre sí. Que una de ellas es mi versión libre de prejuicios y la otra no es más que un conjunto de requisitos autoimpuestos que responden a mis propios estándares y a los que creo que la gente espera de mí. Que en este aspecto el viaje que tengo planeado hacer a Buenos Aires (y que según ella no será a principios de 2009 sino más adelante) me va a servir para rearmarme desde un lugar más honesto al escaparme de las miradas críticas inexistentes.
Luego salieron los conflictos con mi progenitor y las complicaciones que se desprendían desde ese núcleo, y pronto llegamos al asunto del cual todos quieren hablar en cuanto se cruzan con una dama del vudú: el amor. Veía conflictos, veía frustración y veía que la pasión iba siempre acompañada con dolor. Veía patrones, líneas invisibles que conectaban a todas las personas que alguna vez me atrajeron destacando más de un punto en común. Ni siquiera fue necesario que aclarara cuál era el punto mayor. Sin ningún reparo me resumió en pocas palabras mientras la tormenta afuera se hacía notar cada vez más fuerte: “te sentís atraído hacia personas con las que sabés que no podés estar”. Fue por demás curioso teniendo en cuenta que, por más que en su momento no haya querido prestarle atención, poco tiempo después de la situación en el bar y de repetir por vigésima vez que no quería conocer a nadie terminé colgadísimo con un fulano cuya orientación sexual no era, otra vez, compatible con la mía.
Cuando me fui de la sesión llovía a cántaros y yo me sentía totalmente seco. Siempre asumí que me atraían los heterosexuales por el estereotipo de macho o simplemente por mala suerte, pero ahora me asaltaban las preguntas. ¿Era posible que mi subconsciente me seleccionara pretendientes inalcanzables y me provocara rechazo absoluto por gente que se me aparece enfrente y me exige? La ecuación “relación con el padre = relación con el resto de los hombres”, ¿es realmente válida? Y si así fuera, ¿hasta qué punto se puede aplicar en mi caso?
Intentando romper el patrón decidí tomar uno de los consejos de la pitonisa y me puse a escribir una suerte de carta incoherente hacia mi padre muy honesta. Tanto que tuve que abandonarla al darme cuenta que estaba exagerando bastante y que en realidad no lo odio ni tengo rencores cancerígenos. Aunque puede que existan algunas cosas sin decir, nunca sentí que los problemas fueran lo suficientemente grandes como para provocarme algún tipo de malestar serio.
Días más tarde, viajando en colectivo, hice una lista mental de gente a la que me sentí atraída en algún momento de mi vida. El primero en aparecer fue aquel que no debe ser nombrado. Supe desde el comienzo que era heterosexual y aún así me permití enamorarme por completo, con lo cual demostré que lo que me había dicho la médium era veraz. Después apareció otro montón de gente a la que había visto una vez, dos veces; que no conocía en profundidad pero sí sabía, o sospechaba, que no eran capaces de enamorarse de otro hombre. A partir de ahí todo se volvió un poco más borroso. ¿Qué había del tarjetero? ¿Qué pasa con el santafesino? ¿Y qué con el barman? No hubo tiempo para pensar porque ya estaba llegando al trabajo. Pocos minutos después de entrar apareció otra persona, alguien nuevo. Inmediatamente lo identifiqué como gay, y lo que es peor, me asusté un poco al reconocer que me gustaba. Por primera vez después de mucho tiempo me encontraba frente a un miembro del gremio que me atraía físicamente, y entiéndase esto último no sólo al semblante sino al conjunto de presencia, lenguaje corporal, etcétera. En el descanso lo observé y noté algunas cosas que no estaban del todo bien con respecto a su comportamiento, pero decidí no prestarle demasiada atención para así romper con otro patrón que también poseo: el de prejuzgar. Ya más hacia el final del día hubo unos inconvenientes laborales y me fui, junto a otro compañero, hacia otra habitación, que era justamente en la que debía estar trabajando este chico. Sin embargo al entrar no lo vi. La única persona que estaba trabajando nos dijo que, sin hablar con ninguna de las supervisoras ni con los jefes, el nuevo había resuelto irse porque decidió que el trabajo no era para él después de estar apenas dos horas. Se retiró como quien se va de una plaza pública en una instrucción tan rápida y sencilla como “no me gusta y me voy”.
Durante el resto del día nadie pudo dejar de reírse mientras se recreaba una y otra vez la ridícula situación del marica histérico que no le gustó su trabajo y se fue sin decir adiós. Yo me reía, además, por mi propia estupidez. Cuando le otorgás a alguien poderes sobrenaturales dejás de prestarle atención al hecho de que tal persona no te conoce, con lo cual aceptás cualquier forma de psicología barata y genérica que te tire en la cara. Es verdad que no tengo una relación fantástica con mi padre, es verdad que sostengo dos personalidades que me cuesta reconciliar, y es verdad que mis elecciones inconscientes de piel son perversas. Pero me pregunto, ¿acaso no es igualmente aplicable a la gran mayoría de las personas? Al hacer memoria recordé que no fueron muchos los homosexuales que me gustaron desde que salí del clóset, pero sí existieron. El problema es que uno estaba comprometido, otro era un turista que sólo buscaba acostarse con alguien y otro me invitó a un hotel sin ni siquiera darme la mano. De repente las cosas se hicieron más claras y comprendí lo que pasaba: tengo un modelo de hombre que puede ser demasiado alto y probablemente difícil de alcanzar, pero en lo que respecta al plano de la cotidianeidad y aceptando que actualmente no tengo grandes deseos de estar involucrado románticamente con nadie, no busco sólo amores imposibles y estoy abierto a darle una oportunidad a alguien que me interese lo suficiente.
Y ahora sí estoy bastante más seguro: mi único problema en el área romántica es, acaso, un nivel de expectativa demasiado alto. Pero mayormente es mala suerte.
A pesar de que no miro la televisión desmedidamente, una de las cosas que más me gusta de estas vacaciones es que llego a casa a tiempo para ver RSM, el único programa nacional que logra entretenerme. Hoy fue interesante porque tocaron un tema del que ya habían hablado antes, si bien de forma más superficial. Argentina es un país en donde las cosas llegan un poco después que en el resto del mundo, e internet sólo a veces funciona como herramienta para los nuevos descubrimientos dado que, al fin de cuentas, cuando algo se pone de moda no importa qué tanto tenga de novedoso a nivel mundial. La increíblemente estúpida red social de Fotolog, por ejemplo, hace apenas un año que se instaló en las tierras gauchas de forma permanente, y MySpace y Facebook recién ahora comienzan a ser más conocidas. Al igual que varios, yo vaticiné que Fotolog iba a comenzar con un movimiento fuerte en estas latitudes. Lamentablemente no me equivoqué.
Está esto de pertenecer a un grupo social. Yo soy el primero en admitir que no escapé a eso en mis primeros años de adolescencia y felizmente me consideraba dark, que en aquella época era importante no sólo localmente. Todos sabemos lo bonito que es integrarse a un grupo de gente con nuestros mismos gustos. Por esto no puedo condenar a nadie por etiquetarse de una o de otra manera, pero dado que los años pasaron para mí (snif) y ahora veo las cosas desde el otro lado, nunca está de más tirar algunas reflexiones.
Es fácil para empezar señalar la contradicción más grande que puede tener un grupo social misántropo: no podés ser antisocial si te reunís con un grupo de gente con tus mismas preferencias. Éste error ya lo cometían los darks y actualmente lo cometen los emos. La depresión es algo tan rumiado por el arte como el amor, y ya que la mayoría de las tribus urbanas nacen de la música, tomemos de referencia a una de las grandes bandas góticas de la historia, The Cure. En la canción “Another Day” se resume de forma sencilla toda la melancolía que uno puede sentir mirando un cielo gris a través de la ventana de nuestra habitación. ¿Puede un ermitaño seguir siéndolo si pertenece a un grupo de ermitaños que viven en un mismo lugar? Si así fuera, Robert Smith jamás hubiera podido escribir estas letras.
Por lo menos todos los cultos urbanos que existieron a lo largo de la historia tenían lazos en común que generalmente se alineaban con una cierta ideología, y como ejemplo podemos citar a los hippies. Pero acá es cuando aparece el segundo conflicto, ¿todo es digno de ser compartido y etiquetado? El único vínculo que une a los floggers (más allá de la forma de vestir; esa es la consecuencia y no la causa) es el hecho de tener una cuenta en la web de Fotolog. Me parecería igualmente ridículo que naciera la tribu urbana de los microbloggers que lo único que tienen en común es que están registrados en Twitter. Seinfeld decía que cuando uno es infante son pocas las cosas que necesitamos para hacer amigos; incluso el amor por las golosinas puede ser el único motivo para reclutar nuevos compañeros. Más adelante en la vida, y esto lo agrego yo, se supone que uno crece y suele dejar atrás las preocupaciones por los caramelos, los juguetes o los autorretratos. Si los años pasan y nuestro único nexo en común con otras personas es la acción de sacarse una foto y subirla en internet, creo que hablamos de un problema importante. Porque detrás no se esconde nada: ni un movimiento artístico ni ganas de cambiar el mundo. Sólo son fotos. De la misma forma los emos sólo comparten el hecho de escuchar la misma música, que ni siquiera es auténticamente emo, y de ser "emocionales". Con esto quieren decir que se autoflagelan y se tapan un ojo con el flequillo para no ver "la maldad en el mundo". Si lo vemos de cerca descubrimos que no se tratan de características muy nuevas: se puede decir que todos los artistas de verdad son lo suficientemente sensibles para plasmar el dolor de su alma (entre otras cosas) en grandes obras de arte. Pero al convertirse en moda todo tiene que traducirse en algo más vulgar y explícito, ya que sólo una minoría de los emos lo serían realmente si tuvieran que apoyarse en una capacidad artística.
El último dilema es, personalmente, el que más miedo me da. Si bien soy un chico de los ’90 y me perdí una buena parte de la historia artística, yo aún recuerdo que era dark en un tiempo donde todavía existía el movimiento alternativo, por lo menos en este país tercermundista. Mas hoy en día todas las ramas alternativas son tan populares que reemplazaron al mainstream. No nos olvidemos, la gente antes se alienaba porque estaba harta de los estándares y entonces sí que ser punk era una verdadera muestra de disconformidad. Tomando como ejemplo a los emo, cualquiera que sepa sobre el tema te puede decir que el “emocore” dejó de existir a fines de los ’90 y fue suplantado por este nuevo movimiento que no es más que una versión sugar-free para el consumo masivo. Y a esto es a lo que quería llegar, cuando se toman conceptos que en su momento tuvieron un valor cultural (independientemente de que uno esté de acuerdo o no con tales valores) y se los simplifica para crear moda, se bastardea a esas ideas principales e inmediatamente mueren. Como le escuché decir por pura casualidad a Maitena en un programa de televisión, “las drogas no son para todo el mundo, el problema es que las usa todo el mundo”. Yo no me drogo y no porque sea pacato ni puritano, pero es que me da auténtico pavor que la marihuana, que es en resumen una droga y como tal altera el consciente, sea consumida tan masivamente que nadie escape a ella, creando así una suerte de trampa para tontos a nivel global (me salta el lado conspirativo, no puedo evitarlo).
Los términos “normal” y “alternativo” son puramente subjetivos y uno es el contrario del otro, con lo cual yo puedo considerar normal afeitarme la cabeza, siendo la alternativa dejarme crecer el pelo. Cuando dejo de raparme, evidentemente los significados de las palabras se invierten dado que lo alternativo deja de serlo una vez que lo adopté como una normalidad. Actualmente no tiene absolutamente nada de alternativo ni de vanguardista ser punk, emo, dark, rastafari o indie. Ni los tatuajes ni los piercings asustan a las viejas. Como si hubiéramos atravesado el espejo, lo alternativo pasó a ser en nuestra cultura lo normal, la regla a seguir, mientras que el único camino aparte que existe (al menos por ahora) es usar camisa, jean, zapatillas, hablar de historia, de política y mirar un partido de fútbol el domingo.
No es que me encante desatender el blog, juro que todos los días me torturo un poquito por no escribir nada nuevo. Lo que pasa es que al principio no hay tiempo, y luego las cosas para comentar se acumulan de tal forma que es cada vez más complicado diseccionarlas y mostrarlas. Tendría que empezar diciendo que conseguí trabajo, y esto fue hace un mes y una semana. No fue por amor propio que lo encontré, más bien fue mi hermana la que me empujó a él dado que ella también trabaja ahí y se enteró de que estaban buscando gente. Aunque el sueldo se aleje bastante de lo aceptable, el grupo de trabajo es lo suficientemente agradable como para que no me haya ido. ¿De qué se trata el trabajo? Soy telemarketer, es decir que mi trabajo es despertar a la gente de la siesta o interrumpirle la sesión de sexo con su amante para intentar venderle una alarma monitoreada para su casa, todo esto en el contexto de una nación que se cae a pedazos y en donde un litro de leche está costando un ojo de la cara. A pesar de todo vendí bien este mes, aunque no tanto como tendría, y la gente que me crucé telefónicamente fue bastante educada, incluso aquellos con tonos de voz agresivos.
Casualmente una de mis compañeras en el trabajo conocía a un amigo mío y hasta resultó ser su amante y su interés amoroso, y de ella hablaba con él el sábado pasado durante la fiesta de cumpleaños de Leandro, que hizo casi por insistencia mía. Y por más que fue organizada con pocas horas de anticipación (mientras íbamos al centro y yo le compraba como regalo una remera de los Space Invaders), dentro de todo lo pasamos muy bien con todo el alcohol que hubo disponible. Por otra parte yo viajé a Buenos Aires la semana pasada por una única razón, y era que mi tío viajaba con el auto y me podía llevar. No hice mucho más que estar con mi hermano y cuñada, aprovechando para festejar con la familia de ella el día del padre. Nada en especial para comentar sobre ese tournée exceptuando el hecho de que mientras salía de la ciudad para volver a la mía se aseguraba cada vez más mi convicción de mudarme hacia allá el año que viene. Los grandes edificios, los avances en todo aspecto, la diversidad y el barullo me atraen, y mi visión sobre Mar del Plata se ve más dañada a medida que más viajes hago. Porque cuando regreso y paso por todos los pueblitos que hay entre ciudad y ciudad, menos sé diferenciar Las Armas de mi propia casa.
Pero cambiemos de tema y hablemos en profundidad de algo que siempre menciono directa o indirectamente pero de forma muy superficial. Existe esta banda que conocí hace un año aproximadamente y nunca pude sacar de mi reproductor de MP3 desde entonces. Su nombre es The Go! Team y yo nunca había siquiera considerado la posibilidad de que vinieran a tocar a Argentina puesto que ninguna banda que me gusta vino nunca a tocar a este país. Oh sorpresa, al final sí vinieron para un festival que armaba Motorola. Lamentablemente luego descubrí que era casi un evento privado: se trataba de una guerra de bandas locales que luchaban para ganar la producción profesional de un disco, y para conseguir entradas para el evento tenías que ser estar en contacto con estas bandas finalistas. Todo esto sucedía obviamente en Buenos Aires, y a la distancia era complicado hacerse con un par de entradas. Así que resignado se me ocurrió escribirle a Ian Parton, el líder de la banda, explicándole toda esta cuestión y preguntándole si era posible que tocaran en otra fecha aparte de la del festival donde hubiera entradas en venta. Me respondió a los días diciéndome que eso no era posible, pero que me iba a agregar en su lista de invitados junto a otra persona. Así que el jueves al mediodía estaba saliendo nuevamente para la capital argentina con unas ansias tremendas de ver a la única banda en la tierra que provoca que me mueva.
La espera fue bastante eterna dado que al comienzo tocaron dos bandas, una peruana y la otra chilena, que eran ganadores de otras guerras musicales. Luego de ellas tocaron las tres bandas finalistas argentinas. La primera, que resultó ser la ganadora, me gustó bastante, aunque el resto me parecieron mucha pose con poca sustancia (sin embargo contaban con fanáticos mucho más entusiastas, según pude ver). Después hubo un tiempo muerto y se anunciaron a los ganadores, que volvieron a tocar. Recién entonces apareció la primer banda invitada, Fujiya & Miyagi. Jamás los había escuchado en mi vida, y aunque los primeros dos temas me gustaron, ya al tercero me pareció más de lo mismo y me aburrió un poco. Cinco horas después de que hubiera empezado el festival arrancaba el show de los Go! Team, y a pesar de que sabía que la gran mayoría de la audiencia no sabía quiénes eran todos lo pasamos muy bien no obstante al sonido de mierda. Es que es imposible no moverse cuando hay una banda estallando frente a tus ojos.
Y como yo soy una persona muy bondadosa que siempre apoya a causas desinteresadas, procedo a explicar de qué va esta banda para todos aquellos que no la conozcan (recomiendo ir reproduciendo algún tema en el applet del costado). The Go! Team nace como proyecto personal de Ian Parton, documentarista inglés amante de los vinilos desconocidos. En un sótano se gesta el primer disco, "Thunder, Lightning, Strike" inventando el sonido que luego sería su marca registrada. Apoyadas fuertemente en samples oscuros de Quincy Jones, Davy DMX, Archie Bell and the Drells, Shirley Ellis, Laura Nyro, películas y documentales, cada canción en el disco es un caos absoluto que mezcla cantos de porristas, sirenas violentas, guitarras distorsionadas, funk, hip hop del viejo, pop femenino de los '60, vientos de los '70s y teclados de los '80 en un cóctel explosivo que causa sonrisas inmediatas para cualquiera que escuche sin escrúpulos. Sin embargo la banda no se formó hasta casi un año después, cuando a Ian le ofrecen unos conciertos y se pone a reclutar gente. Así los integrantes terminan siendo seis, tres chicos ingleses, dos chicas japonesas y otra chica mitad nigeriana y mitad inglesa.
Ya mejor establecido, The Go! Team produce el segundo disco, "Proof of Youth", que desde el punto de vista de este redactor es bastante mejor. Cierto es que al que no le haya gustado el primero tampoco le va a gustar el segundo puesto que es más de lo mismo pero magnificado y mejor llevado. En este caso, además de los samples, el equipo también contó con colaboraciones tan diversas como Marina de los Bonde do Role, Chuck D, las Double Dutch Divas (un grupo de mujeres que saltan la soga) y el Rappers Delight Club, un simpatiquísimo proyecto musical iniciado por un profesor que sirve como espacio para que chicos de entre 5 y 12 años exploten su talento como raperos. El resultado es un álbum un poco menos accesible que el anterior pero mucho más indeleble si tenemos en cuenta que los primeros dos temas (Grip Like a Vice y Doing it Right) son hits absolutos, que luego sigue a un instrumental súper bonito llamado My World basado en una canción de un programa de televisión de los '80, y así sigue durante otros ocho temas que no pueden dejar indiferente a nadie (después de todo, ¿a quién se le ocurriría escuchar el ex-líder de Public Enemy cantando a la par de un grupo de porristas?). En el disco se encuentra además la canción que a mi modo de ver resume el tema del disco. Y es que si en el primer disco se vislumbraban niñas cantando mientras saltaban la soga, en Keys to the City esas niñas crecieron y ahora están tirando abajo un boliche con sus endiabladas rimas. Lo curioso es que al ser una banda con tanta mezcla de cosas, a la gente le gusta por razones muy distintas. A mí por ejemplo me gusta ese juego entre la ñoñería y el hardcore tan presente en el segundo disco, sin embargo a mucha otra gente le atrae el aire retro que despiden los temas instrumentales como Feelgood by Numbers o el increíble lado b We Listen Everyday. Sea por lo retro, por lo ñoño, por lo pesado o por lo dance, no puedo dejar de recomendar a cualquiera que se me cruce que escuche algunos temas de esta fabulosa banda. Pero eso sí, sin prejuicios.
Dado que evidentemente me veo incapacitado para escribir un texto personal (aunque adelanto que probablemente escribiré uno la próxima semana), decidí que es una buena idea poner el blog al servicio de la comunidad y hablar sobre algunos puntos claves y básicos a la hora de vestirse de forma aceptable. Aceptable para mí, claro (léase, si alguno quiere conquistarme atención con los siguientes puntos).
Empecemos por los colores. El beige, como bien decía Beck en Broken Train, es el color de la resignación, así que por favor déjenlo en la oficina al salir. Por otra parte, el negro y el chocolate van siempre de la mano y quedan bien. Con el chocolate, además, queda bien el rojo oscuro, casi bordó, y demás colores invernales; pero también el chocolate con el rosa o el celeste es una combinación fantástica, aunque sin abusar de esos últimos. Sin embargo hay que tener cuidado dado que al ser colores tan seguros uno se puede enfrascar por siempre en ellos y vestirse deja de ser lo divertido que debería ser. En general, una vez que encuentren un color que les gusta no está mal conseguirlo en distintos tonos para luego combinarlos entre sí (sin pasarse) o, cuando se sientan seguros, con colores que se contrasten. También hay que prestarle atención al color del jean: si tenés piernas muy flacas usá tonos claros o bien jeans prelavados en las piernas; en el caso contrario probá distintos tonos oscuros (aunque recomendaría evitar el jean negro ya que, creo, nunca queda del todo bien). Lo mejor es probar y usar el sentido común.
Con respecto a las prendas, lo ideal sería que todo el mundo las comprara teniendo en cuenta la forma de su cuerpo. Por ejemplo:
* Sos gordo: Para empezar, las remeras y camisas de manga larga son tus mejores amigas porque dan un buen balance entre el estómago y los brazos. Jamás usar las camisas metidas en el pantalón a menos que encima te pongas un sweater liviano y lo arrugues en la zona de la panza (es decir, nunca lo estires hacia abajo porque lo único que vas a lograr es resaltar todo lo que intentás esconder), y también evitar las rayas horizontales. Una regla fácil de recordar si tenés panza pero piernas normales: usá pantalones medio ajustados (o chupines si ves que te quedan bien) con una camisa suelta o una remera no demasiado ajustada; y viceversa también, ya que si usás remeras algo ajustadas lo mejor es ponerse un pantalón que sea de piernas un poquito más anchas. Por último, no le tengas miedo a los colores claros si podés usarlos en prendas que te queden bien. Por ejemplo, yo tengo panza pero estoy bien de cintura, tengo lo que se le llama "figura de reloj de arena", con lo cual puedo usar perfectamente una camisa entallada celeste y blanca sin miedo a verme como una heladera.
* Sos bajo: La clave más importante es siempre comprar ropa que se ajuste a tu talla sin importar que te quede muy larga, dado que si sos bajo no es probable que encuentres prendas que te queden bien de ancho y de alto. En ese caso siempre, pero siempre hay que acortar las prendas. ¡Ojo! Si el pantalón queda largo hay que hacer *dobladillo* y nunca botamanga ya que automáticamente te hacen ver petiso. Con respecto a las remeras, camisas y sweaters, es todo lo contrario al punto anterior: las líneas verticales suelen alargar el cuerpo y la manga corta te va a quedar mejor.
En líneas generales, si no sabés mucho de moda y no te interesa aprender, una solución es apegarse a lo clásico pero dándole algo que te haga ver un poco más interesante. Por ejemplo, hace bastante que están de modas las capas, con lo cual usar un pantalón de vestir negro con una camisa o remera blanca y un pullover verde (por decir algo) te hace ver bien sin mucho esfuerzo. También podés usar un jean con una remera y una camisa encima. De todas formas no hay nada de malo con lo puramente clásico (de hecho es en general mi forma de vestir), pero siempre cuidando no cruzar la línea hacia lo aburrido, y con esto no me refiero a usar un jean con una remera con un estampado del chavo del ocho sino, por ejemplo, un jean y una camisa entallada. Personalmente prefiero las camisas entalladas porque resaltan más la figura y quedan mejor si las vas a usar sin nada debajo, no así las camisas de vestir que sólo pueden pasar por informales si la usás junto a una remera.
Para terminar están los accesorios. En este apartado tiene mucho que ver el gusto personal, dado que a algunos hombres le gustan usar anillos o aros y puede que queden bien dependiendo de la actitud. Personalmente si un hombre usa algún anillo creo que es mejor que tenga un dedo grueso, ya que de lo contrario pueden hacer la mano muy femenina.
Con respecto a los anteojos: si hablamos de anteojos de ver, elegí marcos cuadrados si tenés una cara redonda y redondos si tenés cara cuadrada. Para caras ovaladas, cualquier forma que esté en el medio, ya sean ovalados, redondos en la parte inferior, etcétera. Luego están los anteojos de sol. Para empezar, si queremos usarlos lo mejor es no ahorrar en este aspecto, a nadie le gustan los anteojos de sol que venían con los helados Milka. Es decir, las gafas pequeñas y semiovaladas hay que dejarlas en los '90, hoy en día hay que usar formas más grandes. Por otra parte, todos nos vemos bien con anteojos de sol y esto lo sabe todo el mundo, con lo cual hay que evitar usarlas demasiado. Día tras días me cruzo con gente que es incapaz de sacárselos y son tan ridículos que los usan adentro de edificios o incluso de noche. No, no y no. Usalos cuando salgas a la calle y haya mucho sol pero recordá sacártelos en algún momento porque lo único que vas a lograr es que crean que estás ocultando la cara.
Luego están los bolsos. La última moda juvenil es usar las mochilas de siempre, algo que yo considero incómodo y desagradable. He visto chicos ir al boliche con la mochila, como si fueran a irse de viaje al momento de salir. Personalmente prefiero usar los bolsos cruzados ya que dejan los brazos libres y son cómodos de llevar, pero si estás muy pasado de peso quizás te sea mejor evitarlo por dos grandes razones: la correa para llevarlo marca lo ancho del pecho y además puede que te resalten las tetas. Sí, hay hombres que tienen pechos importantes y es hora de aceptarlo. Lamentablemente, la moda masculina para este caso no es muy grande con lo cual recomendaría el uso de mochilas.
Lo bueno de la moda es que cada uno puede probar distintas combinaciones y ver qué es lo que funciona en uno y qué no, pero siempre hay que recordar que hay reglas que están hechas no para que el resto se ría de vos sino para dar una imagen coherente. Si jamás le prestaron atención a lo que se ponen les recomiendo que comiencen hacerlo dado que, aunque sea justo o no, la vestimenta muestra mucho de quien somos. Recuerden, queridos amigos, lo mejor a la hora de crearse un look es resaltar aquello que nos gusta de nosotros mismos e intentar disimular los defectos.
http://la-aventura.net/analisis/lost-in-time
Publicado en marzo de 2008
http://la-aventura.net/analisis/phantasmagoria-2-a-puzzle-of-flesh
Publicado en marzo de 2008
http://la-aventura.net/analisis/anacapri-the-dream
Publicado en octubre de 2007
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Publicado en septiembre de 2006
http://la-aventura.net/analisis/phantasmagoria
Publicado en junio de 2006
http://la-aventura.net/analisis/dreamfall
Publicado en mayo de 2006
http://www.absurdus.net/kraken/buynow.htm
Traducción de The Eye of the Kraken
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Traducción de Gabriel Knight: Sins of the Fathers
http://la-aventura.net/baja/ventana.php?ID=40
Traducción de Quest for Glory I VGA
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Traducción de The Legend of Kyrandia: Book One
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Traducción de The Legend of Kyrandia: Book Two
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Entrevista a Jane Jensen
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Entrevista a Lorelei Shannon
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Entrevista a Ron Gilbert
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Entrevista a Al Lowe
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Avance de A Vampyre Story
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Artículo de opinión publicado en mayo de 2006
http://headpolice.blogspot.com/2009/11/sex-and-virtual-city-1.html
Primera parte sobre la historia de los videojuegos para adultos
Isn’t the 4chan.org a hacker group, they usually put Rick Astley’s song, never gonna give you up, on youtube vids that are supposedly scarey, but aren’t.