Es difícil comprender cuando tu cabeza se niega a asumir realidades. Es difícil tener que admitir ante todos los que te rodean, pero sobre todo ante ti mismo, que tienes un problema y que no sabes cómo salir del agujero negro en el que caíste hace ya tiempo. Siempre hay días claros, ilusorios, que parecen indicar que todo irá a mejor y que tan sólo es cuestión de tiempo que las cosas vuelvan a su lugar. Pero esos días son un espectro del deseo, y no conducen más que a la desesperación.
Es difícil darse cuenta de que el problema no son los demás sino tú mismo. Que tú eres la causa y el efecto en exclusiva. Que ya nadie puede mirarte a los ojos sin evitar pensar en lo que un día fuiste y en el deshecho en el que te has convertido, una mezcla de odio y compasión que ni tus propios ojos son capaces de disimular.
Intentas darle un tiempo a tus pensamientos, para que se ordenen, se aclaren, fluyan hacia alguna salida.
Intentas pormenorizar esa sensación de fracaso y vacío espiritual que no te deja dormir por las noches y colapsa tus palabras. Intentas comprender en qué momento te abandonaste a un mundo macabro que ahora te hiere un poco cada segundo. Quieres encontrar una solución pero no la buscas, porque estás demasiado ocupado culpando a los demás de tu situación, demasiado obcecado tratando de apartarte de todos, para que dejen de echarte en cara que tienes un problema.
Es difícil aceptar la crítica de algo de lo que eres más que consciente, pero que duele, y que así, por encima de todo, cuesta aceptar, asumir, y tratar.
Es difícil pensar que tú solo no puedes seguir adelante, que necesitas a alguien, un brazo al que agarrarte y que no te deje volver a caer, es difícil porque ya es demasiado tarde, y todos los que te rodeaban, todos a los que algún día pudiste llegar a importar, ya se han cansado de verte destruirte. Sin aceptar un solo comentario, palabra o intento desesperado por advertirte de tu mal. Has conseguido quedarte en la más absoluta soledad con tu peor enemigo, contigo mismo, con la última persona con la que quieres juntarte pues sólo te aporta dolor y sufrimiento. Y al igual que tú mismo, todos se han cansado de salir mal parados con tus gritos y delirios.
Es difícil aullar desesperado palabras de auxilio desde el fondo de tu propio escondite de suciedad cuando has devastado todo y a todos los que te rodeaban y ya no hay más salida que esperar a la autodestrucción de ti mismo y de tu propio eje del mal.
Es difícil.