PÂRASHUTS
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Ayer participé en la spanishrevolution desde paris. A las 7 de la tarde, un grupo de unas 300 personas se reunió a la entrada de la ópera de Bastille, con algunas pancartas y una tranquilidad exquisita, aquella tranquilidad del que va a comprar el pan, del que hace algo sin la idea en la cabeza de que no va a poder conseguirlo.
A los pocos minutos de llegar, un grupo de personas armadas con un megáfono pidió a los asistentes que nos sentáramos y empezáramos una asamblea en la que se nos informo de la situación en España, de como no había una ideología fija detrás de todo este movimiento sino una intención de hacer las cosas mejor, una intención de cambio que estaba, al parecer muy aferrada en todos los que estábamos allí sentados. Después de unas cuantas palabras semi oficiales del grupito de organizadores, el megáfono empezó a circular entre los asistentes.
Algunos eran españoles, hablaron con entusiasmo de lo que allí está ocurriendo, del cambio, de la mejora, del bipartidismo, algunos volvieron atrás, con una constitución de la segunda república, otros solo miraban para adelante.
También había gente de otras partes del mundo. Una rusa, entusiasmadisima, explicando que en su país no existía el derecho a reunión, un rumano, explicando que le parecía todo muy bien, pero dando a entender que no éramos mas que unos niños caprichosos en comparación a como se vivía en algunos países de Europa del este, un tunecino al que todo el mundo aplaudió por ser tunecino.
Entre todos los no españoles, reinaba la sensación de que esta revolución no debería quedarse en España, debería expandirse por el resto del mundo. La sensación era realmente agradable, ver a gente reunida hablando de un mundo mejor, todos actuando pacíficamente, sentados con girasoles en la mano, pasando botellas de agua por si alguien tenia sed...
Me quedé con la idea de que esta revolución no debería terminar nunca. No me refiero a que la gente siga acampada en la plaza del sol hasta el fin de los días, sino a que la gente se lleve esta revolución a sus casas y la aplique en sus propias vidas, hasta lo mas profundo de nuestras conciencias. Llevarse a casa esa sensación de poder con todo, esa intención de mejorar y de hacer las cosas bien. Ese pacifismo y tranquilidad de todos los asistentes. Esas ganas de dialogar y escuchar ideas por un mundo mejor. Todo esto no debe morir al terminar estos días de spanishrevolution o globalrevolution o manifestaciones o lo que quiera que sea lo que esta pasando. Todo esto debe quedarse en cada uno de nosotros para siempre, creo que es la única forma en que las cosas cambiarán para bien. De no ser así, será otra revolución más, otra transferencia de poderes, con nuevos héroes y villanos. Al fin y al cabo, el cambio ocurrirá siempre, el cambio es inevitable. Lo importante es darle un sentido a ese cambio, para que en vez de cambio, sea mejora. Que así sea. Me gusta ser un maldito hippie.
Después de la grabación del disco de El Gos Binari, publicado por Foehn en 2010, Parashuts se tomó un descanso bien largo. Una pausa necesaria para todos, algunos emigraron, otros cambiaron de tema. Ahora, después de un año, algunos de nosotros volvemos a saltar al vacío con muchísima ilusión, nuevos proyectos y nuestro querido paracaídas.
La invasión Kiwi es inminente: un proyecto de Albert Martín, Corentin Sauvetre y Andy Poole de rock sinvergüenza, aterrador, hilarante, delicado y abusivo. Un disco grabado, editado y mezclado en secreto está a punto de ver la luz y carcomer los cerebros de quienes lo escuchen. Cuidado con los kiwis.
Hay más novedades, pero no todas de golpe!
Después de tomar el café de todas las mañanas, volví a la cama. Era domingo, estaba solo y llovía. La noche anterior me habían despertado a las tantas con una llamada de teléfono para decirme que habían pensado en mí. La cosa es que podía tirarme en la cama tranquilamente y arriesgarme a quedarme dormido porque lo interesante de la mañana del domingo ya había pasado y el descanso me iba a sentar bien. Es extraño tener que justificar este tipo de actos.
Cuando me metí en la cama cogí un libro al azar de la estantería y me puse a hojearlo. No tenía ningún interés en leer nada en particular. Podía ver la lluvia por la ventana y una copa de un árbol bailando contenta. Solo quería algo que me diera un poco de sueño. Me puse a leer una página al azar de La Extraña de Sandor Marai. Alcancé a leer la frase 'Por la mañana despertó temprano, se sentó a la mesa y escribió tres cartas.' Hacia el final de la frase me di cuenta de que me estaba costando demasiado enfocar el texto. Como si hubiera estado mirando largo rato a una bombilla, veía el texto detrás de un halo de luz que me molestaba demasiado para seguir leyendo. Decidí cerrar el libro y dejarlo caer al suelo y dormir un rato. Al cerrar los ojos, la luz que veía sobre las letras seguía estando presente. Por un momento pensé que había estado mirando el sol pero recordé que estaba lloviendo. Intenté olvidarme del asunto pero cada vez se hacía más intenso y me ponía más nervioso. A los diez minutos de dar vueltas en la cama decidí levantarme y vestirme. Me costó horrores porque aunque veía los objetos, la ropa, los zapatos, todo quedaba quemado por la luz que estaba marcada en mi retina.
Habiéndome vestido salí a la calle casi corriendo, intentando buscar algún horizonte, algún espacio grande donde mi vista pudiera descansar. Crucé varias calles hasta alcanzar una zona medio montañosa y empecé a subir por un camino de tierra mojado. No conseguía ver dónde apoyaba los pies y tropecé varias veces. Seguí caminando hacia arriba sin parar, sin dejar de probar mi vista mirando hacia distintas distancias. Tratando de enfocar las cosas como siempre lo hago. Pero no había manera, ya no sabía si era el ojo izquierdo o el derecho el que me estaba dando el problema o si eran los dos.
Al rato de caminar por la montaña la luz empezó a parpadear muy rápidamente. Yo no entendía nada, pero entre la lluvia y lo poco que veía decidí buscar algún árbol o algún sitio donde protegerme un poco. A unos metros de mi encontré un almendro en flor. Estaba envuelto de abejas, se oía el zumbido perfectamente y el suelo se había cubierto de pétalos blancos. A un lado del almendro había una pequeña gruta. No era una gruta natural sino que alguien la había hecho, colocando piedras una encima de otra. El acceso era complicado porque había varias plantas que habían crecido más de la cuenta. Logré meterme dentro y me asusté un poco cuando vi una maleta con ropa y unas mantas. ALLÍ VIVÍA ALGUIEN.
Cada vez encuentro más referencias en el mundo real de cosas que suceden en el mundo virtual. Esto no va a parar nunca, ¿no?
sales a caminar sin ver nada. Primero te arrastran por el camino hasta que ya logras adaptarte y vas tú solito. Entonces te dicen, ve por ahí, por ahí no vayas. Luego vas por todas partes porque te das cuenta de que otras personas te dicen que vayas por donde no deberías ir y que no vayas por donde sí deberías ir. Te sientas un rato en una esquina porque te cansas. Ahí sentado ves a gente arrastrando a otra gente, a gente sugiriendo a otra gente y a gente caminando. Ahí sentado ves que todo el rato es lo mismo, que todo se repite constantemente y que nada tiene sentido.
Sin embargo, cuando te levantas estás totalmente desorientado, ya no sabes de dónde venías ni hacia dónde ibas. Alguien te empuja y la inercia te hace caminar. Ahora ya nadie te guía, nadie te aconseja. De hecho nadie te habla. Estás solo y te empujan por todas partes. Por todos los caminos hay personas que van y vienen. Por todos los caminos hay huecos donde cabes. Algunos más incómodos que otros.
Sin darte cuenta ya ni ves dónde te habías sentado a descansar, ya ni ves el origen ni el final de tu paseo. Te sientes inmerso en la marea de paseantes y te das cuenta de que eres igual que todos los demás, a los que juzgaste cuando estabas tranquilamente sentado, a los que arrebataste el sentido. Ves que tú también eres más de lo mismo y deambulas sin destino y sin origen.
y aun así, sigues caminando y intentando darle más sentido a tu paseo que al de los demás.
De tanto en tanto ves a alguien que camina totalmente erguido, sonriente, sin dudas. Sientes que alguna vez tu paseo fue igual de intenso y te preguntas si en algún momento volverás a recuperar esa luz. Y de vez en cuando ves algún destino que te llama la atención pero nunca lo alcanzas, cuanto más cerca estás de él, menos te interesa y acabas abandonándolo cuando te quedan dos pasos.
un día sales de casa y te das cuenta de que todos los caminos son infinitos y todas las posibilidades son únicas.
Dos días después, y sin saber cómo, vuelves a encontrarte a tí mismo saliendo de casa y dándote cuenta de que todos los caminos son infinitos. La misma conclusión en un momento distinto pero en el mismo espacio. Entonces concluyes que algunos caminos son infinitos. Pero no todos, algunos caminos llevan a lugares ya conocidos.
Tres días después, sales de tu casa y ves que alguien pasó por ahí y pintó la pared. El lugar de siempre deja de ser el lugar de siempre. Ya no estás pasando siempre por el mismo camino.
Ese día vuelves a casa y te vas a dormir pronto porque al día siguiente quieres hacer no sabes bien qué. Entonces sueñas que estás saliendo de tu casa y que te das cuenta de que todo lo que hay son paredes de cartón que forman pasillos y habitaciones. y empiezas a recorrerlas pensando que en algún momento verás otra cosa, pero no lo consigues. ya ni consigues volver a despertar y te pasas el resto de tu vida metido en un laberinto, pensando que de cada decisión, de cada gesto, florece un mundo infinito, siempre incompleto. Sigues pensando y pensando y al final lo que pasa es que te tropiezas con un animal que parece simpático pero que al intentar acariciarlo, te arranca el brazo. Sin brazo y perdido en el laberinto, te pones a recordar aquel día en el que saliste de casa y viste que todo era infinito y de rodillas pides clemencia y un solo camino en linea recta. Pero nadie te contesta.
Cuando por fin consigues despertar, tu cama está llena de ropa y hace un frio del demonio.
Tengo un espacio de tierra muy grande. Lo miro por primera vez y veo naturaleza: grandes extensiones de tierra y agua, zonas rocosas y zonas arenosas. Hay árboles y plantas y hierbas distribuidas siguiendo los patrones de la naturaleza, y a su alrededor, animales, algunos solitarios, otros en grupo, alimentándose, reproduciéndose y animaleando en general. Como tengo que comer, yo también animaleo un rato.
Pero luego veo que hay más personas como yo animaleando por allí. Me hago amigo de algunas y enemigo de otras. Decidimos dividirnos en grupos y separar el terreno gigantesco en varios terrenos. Varios mueren en el proceso de definir las fronteras. Luego seguimos con hambre y seguimos animaleando un rato, hasta que nos damos cuenta que algunos de nosotros preferimos hacernos los hombres y no los animales. En ese momento unos se dedican a buscar comida y otros a la magia, la salud, la construcción, la religión, el arte, el comercio, etc. Y todos tenemos relaciones sexuales, porque nos dan gusto.
Entonces empezamos a tener hijos y como lloran cuando sus padres pelean, unos cuantos empiezan a desarrollar normas sociales y protocolos y acaban por estigmatizar el sexo, parcelándolo, marginándolo a una esquina de la vida.
Pasa que la comida a nuestro alrededor se empieza a agotar y entonces nos vamos a otro espacio. Seguimos agotando varios lugares hasta que uno de nosotros aprende a cultivar y adiestrar ganado. El conocimiento se expande rápidamente y la gente empieza a cultivar sus propios campos y otra vez surgen problemas de fronteras. Así que la gente empieza a parcelar los terrenos que cultiva o que utiliza para criar ganado. Yo no me doy ni cuenta y de repente todo el gran espacio de tierra está parcelado. Ya no puedo animalear.
Al día siguiente, un tipo inventó el reloj y por unas horas, exactamente dos horas y diecisiete minutos, estuvimos todos fascinados. Ahora ya tengo mi vida totalmente parcelada. Mi espacio está limitado por paredes y cercas. Mi tiempo es cuantificable y cada minuto tiene una función.
De vez en cuando nos juntamos todos y rezamos:
Yo me desparcelo
Tu te desparcelas
El se desparcela
Nosotros nos desparcelamos
Vosotros os desparceláis
Ellos se desparcelan
y luego tomamos hongos y animaleamos un poco. Digamos que gastamos unas 6 horas al mes en animalear.
Una vez cada cierto tiempo una sensación extraña invade su cuerpo. Algo que no logra comprender acelera su pulso, entrecorta su respiración, ejerce una sutil presión externa que oprime sus pulmones y desajusta sus glándulas sudoríparas. Su visión se nubla. Digámoslo de otra forma, una más certera, su visión se confunde. O mejor aún: lentamente su cerebro se precipita hacia otras urgencias, prestando menor atención a la información recibida por los ojos. La cuestión es que lentamente lo que ve va perdiendo sentido y aunque él intenta mantenerse presente, su cuerpo se distancia, se difumina hasta desvanecerse.
Suele ocurrirle en espacios concurridos. Cuando empieza, prueba de evadir cualquier evolución mirando las caras de la gente, tratando de conectar con alguna mirada, tratando de encontrar algún punto de apoyo. Sin embargo la mayor parte de la gente con la que se cruza mira para otro lado o hace oídos sordos.
Muy lentamente, pero de forma constante, la sensación se intensifica. Primero se siente simplemente aturdido. Luego empieza a confundirse. De la confusión pasa al desconcierto. Del desconcierto al miedo. Del miedo al terror. Luego algo mágico sucede: paulatinamente su cuerpo empieza a expandirse. Él lo puede sentir creciendo, contagiándose del ambiente. Por ejemplo, siente como su dedo meñique crece hasta cobrar el tamaño de una placa de madera verde inglés que cubre la pared de un pub irlandés y siente en su dedo la sensación de ser madera, de ser verde inglés y de ser la pared de un pub irlandés, sosteniendo un montón de cuadros de época con imágenes de archivo de gente sonriendo jugando a tennis o a rugby y una costra de humo y recibiendo y reflejando el sonido de una máquina de café y de gente charlando en el pub y del camarero pidiendo la cuenta a los de la mesa siete. Pero también en el mismo momento, su dedo anular se ha expandido hasta invadir el espacio de la farmacia colindante, convirtiéndose, la uña en el cristal del aparador, el nudillo en las puertas corredizas, los pelos en cientos de frascos conteniendo miles de cápsulas conteniendo miles de millones de partículas elementales vibrantes, todas debidamente homogeneizadas e inmaculadas, su yema del dedo invade todo el espacio de la caja registradora, la mesa, las batas de los farmacéuticos, y hasta sus gafitas de metal frio mientras siente el ritmo de su corazón en la palma de su mano.
Cuando por fin vuelve a poder reconocer Su ritmo de Su corazón en la palma de Su mano, entonces todo ha acabado. Se ve a si mismo reflejado en el ventanal de la farmacia y pasa un rato mirando las figuras luminosas que dibuja la cruz verde.
Otras veces se encuentra con alguien a quien no veía desde hacía tiempo y intenta disimular diciendo: Qué sorpresa, cuánto tiempo.
Pues para saber realmente lo que esta pasando es necesario estar en facebook, somos la generacion de social networkers y el blog pinta de epocas mas anticuados!
Pero esta noticia vale mas atencion: despues del lanzamiento del disco hace una semana, La Vanguardia ha publicado una critica inolvidable:
Que día tan bonito, cielos azules, hojitas verdes y el sol divino!
Freud Quiere Bailar en tu camino, en tu casa, en tu mente y en tus sueños....
La obra que culmina más de 5 años de vida compartida entre unos músicos de diversas partes de Europa (España, Francia e Inglaterra) que ahora se dispersarán de nuevo por diferentes países, puede tocar tu vida también....
Canciones habitadas por fantasmas -"Cuando el gato no está, los ratones bailan", "Elle marche sur la lune" o "More"-, inspiradas en el sonido de los cascos de caballos al galope -"Ketamine cowboy"- o en el sol que se filtra en "Leaving Montecarlo"... con Freud Quiere Bailar puedes viajar por los paisajes creados entre las mentes de cinco músicos, comunicados a través de sus instrumentos y sus lenguas maternas, e influenciados por toda la música que ha pasado por los oídos de cada uno y ha encontrado un hogar en sus almas: el rock, el pop, el reggae, el folk y la electrónica...
...Sólo tienes que relajarte, cerrar los ojos y dejarte llevar por las visiones de Freud Quiere Bailar...
la banda deja de existir en forma humana, pero se vuelve atemporal a través de este álbum, un trabajo de amor que a lo largo de los años recibió poca o ninguna financiación ni beneficios económicos en un mundo en el que todo el mundo quiere recibirlo todo gratis, donde la música tocada en directo deja de ser una parte vital de las comunidades de cada barrio... el dinero que entraba en el fondo del grupo siempre estaba reinvertido en mejoras del equipo del estudio para llevar las ideas musicales aún más cerca a la alta calidad de sonido que deseaban alcanzar. Ahora tienen una edición limitada de mil cds pintados con los dibujitos del amigo, artista y compañero del colectivo Parashuts, Bruno Ollé. Compartir carpetas y archivos en mp3 de desconocidos no tiene el mismo valor que tener en tus manos la obra de alguien que tú conoces... así que, antes de que se vayan para otras partes del mundo, ¿porqué no te haces con el álbum? Te llevarás una parte del corazón de ellos mismos.
Cada cd encajado y envuelto en plástico después de nacer va a seguir un destino particular en los manos de sus dueños -quizás la primera escucha en el coche de camino a casa o directamente al ordenador para llegar a un ipod llevado en otros tipos de viaje. Quizas va a tener más de un dueño, pasado de mano a mano como regalo o prestado para una época. Nunca sabremos a qué viajes acompañarán los "viajes" de Freud Quiere Bailar...
Si quieres saber más del maravilloso mundo del Freud Quiere Bailar, puedes encontrar canciones, vídeos y fotos de estos cinco personajes ( Andy Poole, Corentin Sauvetre, Manu Huerta, Debbie Mitchell y Antoine Maupu) en varios sitios del web incluyendo facebook.
El álbum vale 7€+p&p (CD) o 8.99€ (mp3) en itunes - tu decides cual prefieres tener!
Un saludo final?
Musica soprendente con las influencias eclecticas de los musicas de Dinatatak y Freud Quiere Bailar! Son muy lindos gracias a los diseños de Bruno Ollé.
Contactad Parashuts para obtenerlos!
7€ + gastos de envío. 12€ los dos + envío.
Llegan sus palabras con algo de retraso. Primero las pronuncia, luego viajan hasta mi oido, por teléfono. Mi martillo, mi estribo y mi yunque se ponen a bailar. Y no sé en qué momento se me erizan los pelos de los brazos o se me encienden los ojos. O el estímulo sonoro llega realmente a mi cerebro y éste ordena que los pelos se pongan de pie y los ojos distorsionen. O directamente las palabras llegan cargadas de algún tipo de energía anticientífica, capaz de envolver mi cuerpo y modificarlo. Creo que las dos cosas suceden a la vez. Primero la ráfaga energética paranormal, luego mi cerebro procesa. Y así llegan sus palabras con retraso. Y primero mi cuerpo se estremece y luego empiezo a descifrar qué me está diciendo.
Como cuando uno piensa en voz alta. La idea está ahí, pero no cuaja hasta que las palabras no se pronuncian perfectamente.
En un ataque de autoestima los dientes gritaron:
- Somos los más duros de esta cueva!
Y la lengua contestó:
- Está bien, a veces me aplastáis y me hacéis alguna herida, pero justamente por ser la más blanda ni me rompo ni me caigo. A parte, saboreo la vida en cada momento y no me pueden reemplazar.
Después de oir esto los dientes tuvieron dentera.
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