Shame on Brazil: Forceful Removal of Indigenous Group Stains World Cup With the Blood of 500 Years of Genocide
While nations competed to go to the 2014 World Cup in Brazil on Friday, more than Brazil’s Indigenous Peoples were clashing with police over a building they’ve used as a community center in Rio de Janeiro for almost 30 years.
With the World Cup and the Olympics around the corner, local authorities have been under pressure from FIFA and International Olympic Committee to make room for housing, parking and administrative offices.
It so happens the space in question is literally steps from the famous Maracanã Stadium and was designated to become a parking lot by the World Cup organizing committee. However, leaders of Aldeia Maracanã (Maracanã Village), the group living in the building that was formerly the National Indigenous Museum, had plans to make their presence permanent and covert the space into an Indigenous school.
The forced removal of Native Brazilians by police was characterized by Aldeia Maracanã leaders as part of “513 years of struggle.”
Brazilian authorities, World Cup and Olympic organizers need to know the world is watching. This blog and many of our readers are very upset that our brothers and sisters in Brazil were treated as foreigners on their own land and violently removed from their center.
We demand accommodations be made for the Aldeia Maracanã to return and for resources to be appropriated for the establishment of an Indigenous cultural and academic center within sight of Maracanã Stadium, so that locals and tourists are forever reminded that the country’s original inhabitants are still very much alive and present in Brazil.
Photo credit: Vanderlei Almeida, AFP
Hace tiempo
que de ti y de mi no tenemos noticiasvolvámonos hacia atrás
cuando no sabíamos qué sersin nosotros
pero juntos.
The Miller House in Columbus, Indiana, was designed by Eero Saarinen in 1953.
No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que
quiero. Quiero tan solo
Pensar en ella.
Nada le pido a nadie, ni a ella, sino pensar.
David Bowie - Across the Universe
Limitless undying love, which shines around me like a million suns
It calls me on and on and on
Across the universe
The Brunswick Park Nursery in Camberwell, England was designed by James Stirling in 1958.
Michael Wolf, “Tokyo Compression #17” (2010)
“The Tokyo compression images were taken at one subway stop over a period of thirty days each morning during peak rush hour, between 7:30 and 9 A.M.,” Wolf told me. “Every eighty seconds, another train would pull up to the platform, jammed full of passengers on their way to work.”
Earlier this month, Photo Booth looked at the New York City subway over time. This week, they’ve curated a selection of contemporary images from subways around the world. Click-through for a slideshow: http://nyr.kr/10JfLhy
¿Cómo vivir en un mundo en el que uno no está de acuerdo?. ¿Cómo vivir con la gente si uno no considera suyas ni sus penas ni sus alegrías?. Si sabe que no es parte de ellos…
Buenos momentos en Oaxaca, ojalá regresemos pronto. Hoy estaremos B+F en Queretaro y este Domingo en el Vive Latino 2013! #bostich #nortec
Fisher Building, Detroit, Michigan
from Historic DetroitKicking off a big series, here’s the Fisher Building, as seen in 1957 from the entryway of the GM headquarters (now Cadillac Place).
From Historic Detroit’s lengthy essay on the building:
The building known as “Detroit’s largest art object” has been dropping jaws in New Center for more than 80 years.
The Fisher — built by the Fisher brothers of “Body by Fisher” fame — opened Sept. 1, 1928, at Second Avenue and Grand Boulevard. Once known as the Cathedral to Commerce, the 441-foot tower is decked to the nines in fancy marbles, mosaics, soaring, painted ceilings and a whole lot of brass and bronze. This world of shops, theater, art and architectural beauty is renowned architect Albert Kahn’s masterpiece, “a superbly designed complex which displays some of the finest craftsmanship in any Art Deco style building constructed in the U.S. in the 1920s,” the National Park Service says.
Unquestionably, the golden tower of the Fisher Building is one of the most recognizable sights in Detroit’s skyline.
Te quiero porque fumas y bebes y blasfemas
y escribes sin cesar por las paredes
o en la estación del tren
o en los bordes urgentes de una alcoba vacía.
Porque le has puesto verbos al dolor que te invade
y aunque lo llames Marta
soy yo quien te acompaña
por esa travesía pesarosa de un nombre.
Y te quiero por todo o casi ya por todo
lo que me das o quitas o me pones.
Y sabes, tú lo sabes, y yo también lo sé,
que formas laberintos para que me distraiga
y me quede dormida cuando llega la tarde.
America’s Cup Building by David Chipperfield
The brief was to allow people to congregate and watch the racing. So the idea of using the building to create shaded platforms was important.
Me acomodé en el silencio que vive como un fénix impertinente, en el lugar más salvaje de las anotaciones guardadas bajo el sofá.
Unos cuantos años en esta enramada y el refugio se consolidó como espacio intermitente entre los días, el café y los viernes en las horas indecentes.
A este espacio las plantas lo hicieron propio y de mi tomaron el recuerdo de tu voz y ahora, caen en frases y palabras de los balcones hacía los azulejos polveados, entre las paredes de tezontle colorado.
Los días pasan porque espero en las mañanas, después del rocío a que se me destemple la sonrisa con el sol que se asoma pasadas las 9; al medio día que deja los sonidos vernáculos que llenan las avenidas con el organillero, el afilador y los fierros, hasta que el tiempo se dilata en el sepia de las celosías que se deja ver sobre los empedrados cubiertos con hojas de liquidámbar y magnolia.
La luz amarilla cae sobre el escritorio; quito los libros para dejarla pasar, que más da. Una más que me deslumbra y sin permiso, entra a la habitación y me deja sus brisas y cantares cansados sobre la silla de huesos flojos, donde en días de Abril que ya viví, vestidos, calcetines, camisas y sostenes se recuerdan en relieves de luz frente a la ventana.
Una nostalgia en un descuido se me pegó al pie y el agua con sal -remedio de la abuela- ya no quita la mancha de los tiempos que fueron.
.
Tras el reojo al minutero por la tarde se consumieron las expectativas de un tiempo mejor. Se fue una clase, un saludo, la lluvia y uno que otro eslabón durante un tedio constante.El abanico de tonalidades del día fue un subversivo Pantone 400 que se resiste a que el Tangerine Tango, sea la tendencia del 2012.
Por la ventana, mis circunstancias; la preocupación va en la mujer de sueter amarillo que busca convencer las ganas de un niño mintiéndole con poco talento por que tampoco ella quiere creer las palabras accidentadas de los libros que le contarán una historia de otro lugar que dice ser su país.
En seguida, la réplicas y problemas de un taxista en ayuno a merced de las nubes que acarician los cerros del sur. El reproductor del automóvil interpreta tras el giro del pulgar del conductor las ondas hertz que es el sonido de una voz de otra parte, marginada fuera de contexto, que para muchos en la audiencia será lo mas afable del día.
El jueves se mira en los ojos negros desde quince para las seis; labios con sabor café, mascabado y canela. La cortinilla cíclica previa al evento estelar, ahí es donde se encuentra la singular felicidad que un viernes no tendrá.
Adelante, otros dos se postergan las palabras, las caricias y las miradas hasta el final de la tarde.
Debería; una acción que nunca termina de ser…
Cómo:
-Debería haberle dicho, la quiero tanto como para decirle que se quede, un minuto, otro más, que haga el tiempo volar o parar.
(La decisión, eso sí es)
Sin embargo, el debería ocupa más tiempo que el vuelo y es por el mismo que en la indecisión se convierte en letanía, en seguida y como un mal consuelo se piensa en el vago recuerdo que define a la historia:
“Estudiar el pasado para comprender el presente y transformar el futuro”
Para la suerte de nuestro ejemplo, y de algunas ocasiones en la vida, defino:
“Se estudia el pasado para consolar la decisión inconforme que genera nostalgia y múltiples posibilidades de una acción inconclusa”
Para los ya tradicionales relatos entredichos de la vida de la gente común, pensar o hablar de la triste experiencia de las ocasiones que no fueron es, recordar en voz alta y clara el paisaje trágico de su existencia para después asumirlo y escribir desde lo que ha sido, lo que es y lo que desea ser.
Haciendo del tiempo una constante donde todo, y no sólo el futuro está por transformarse.
Tú, de una vez y en otros tiempos,
el nombre
de las ocasiones, del espacio y el café.
Dentro y fuera
cada palabra.
-¿Quién eres tú?
Cenizas y humo
cigarrillo infatúo
deseo en los labios
tras un jaibol.
Preguntas y silencio
de una composición
sin fin.
Cae la voluntad en los libros
donde el diván:
Suave,
también el negro
en la mujer de mar.
La sombra de una tarde
el onomástico
las palabras y la piel.
Así la sonrisa blanca
y la memoria,
los años y el café;
con la violencia
de la flor magnolia
al viento de abril.
Se va,
marcha entonces
mi pequeño Mambrú.
Que me quedo yo
adorándote
en mis tardes:
Bebiendo
con mis ojos
el marrón de los olmos
en el hueco de mis manos.
Hasta que el tiempo
me parezca mentira
con los años y sus días
viendo los que pasaron
los que llegué a conocer.
Y aquellos tan lejanos que
irremediablemente,
como él
llegaron.
Desde el mundo al tiempo de tus pasos, de aquí hasta donde estas palabras te puedan encontrar.
Recuerdo todo lo que pasó para aprender que debo olvidarlo. Cómo cuando me hablabas de la libertad y el tiempo, me decías que para los recuerdos de viajes, los mejores son dentro de un hotel.
¿Te acuerdas cuando en esa casa vieja en aquella playa de Sinaloa, o de la carretera por Nayarit cuando dijiste que paráramos y nos quedamos viendo el atardecer en la costa de algún lugar? O la casona de la colonia Roma donde una vez dijiste que el corazón de una mujer es tan sabio como una casa grande en la Condesa y por eso vivir ahí es lo de hoy.
Cuando fuimos a esa villa en Tlaxcala donde la noche iba más rápida que el día cayendo en los llanos infinitos de un lado y el perfil de unos volcanes lejanos del otro.
La primera vez fue en San Ángel donde nos encontramos pisando piedras. Cuando te vi pensé que nunca llegaría a ver a la locura, sin embargo estaba ahí como una mujer de tez morena, botas negras, mirada altiva con sonrisa nacarada como un suspiro de coral que se le escapó al mar.
Cantando, bebiendo y haciendo recuerdos que la mayoría del lugar olvidó
…..
Porque tú me trajiste y me llevaste, me dejaste esperando en el lobby, la estancia, los patios grandes, los jardines de las casas en el pedregal, en la vieja casa colorada en Iztapalapa o esa donde estaba en un lugar que desconocía y tome un autobús sin rumbo qué me llevara a casa.
Porque me encerrabas en tu cuerpo dentro de una habitación, uno, dos o tres días por precaución, para que el tiempo no pasara. Un cigarro después en la cama, uno en la ventana que se apagó por el viento que venía del Zócalo, otro mirándome de frente mientras me vestía, otro más después de un beso, y otro beso también.
Porque contigo me perdí en el océano y las calles viejas que recordaba haber caminado de niño y cuando pasaba contigo no sabía donde estábamos aunque siguiera el rumbo para no parecerlo.
Me quitaste el calendario de mi casa y siempre hacías citas inesperadas, me llamaste en la cama, en la escuela, el trabajo, una vez en la madrugada cuando dormía y conduje hasta la carretera que lleva al Ajusco para llevarte a casa, pero nos quedamos hasta el amanecer en el mirador y al despertar desayunamos conejo en salsa con un café caliente.
De vez en cuando recuerdo los líos donde me metí las veces que te veía solo para bajar corriendo escaleras coloniales en Guanajuato o los modernas en Santa Fe, las humildes y llenas de recuerdos en la Magdalena Contreras: ahí nos besamos cuando llovía y desde donde estábamos se veía una ciudad de colores que se pintaba de gris. ¿Recuerdas noviembre?
Dentro de mi se grabaron tu voz, tus manos y esa mirada con la que tomaste mi voluntad y me hiciste llevarte tan lejos y tan cerca, a tantos lugares que tuve que conocer antes para no perdernos, está tu imaginación, tu furia y el éxtasis de libertad.
Para mi el viaje eras tú y tu temperamento era una brújula sin polo norte que decidía el rumbo siguiendo las ganas de Mon Capitain.
Recuerdo a memorias rotas desde que te fuiste, tu despedida es algo que quisiera poder olvidar, por lo complicado que es volver a las tazas de té en Coyoacán con un libro que no se queja como tú, que no evade preguntas, que no cambia de humor de tal manera intempestiva, ni siquiera los de Bukowski. Mis impulsos aventureros una vez me llevaron a las playas de Michoacán buscándote, y te hallé como reflejos en los hoteles, en lagos, plazas y los muchos zócalos, encontré tú recuerdo en la arena bajo el atardecer del sol. Escribí para ti en las casas postales de los pueblos con nombre de mil santos donde me desvié, uno que se perdía en un bosque, otro en la costa y el desierto, ese allá en San Luis escondido en la selva huasteca y el Palacio Postal en la Capital del país.
…..
Puedo decirte que ahora mismo me imagino que otros, no nosotros están descubriendo nuevos lugares donde hay posiblemente jardines inmensos, puedo ver las casas más viejas del país perdidas entre arboles frondosos en Yucatán o Tabasco.
Quizá incluso el olor a nuevo amor te sedujo hacia él y ahora mismo te abraza con toda la vida que puede ofrecer, no le guardo rencor a las noches que los cubrirán del bullicio de la gente, ni al amor del sol en las playas infinitas que da matiz a tu piel morena que ya no podré ver.
Me quedo pensando de vez en cuando, bebiendo en esos lugares perdidos de los barrios de la capital en aquel diablo que me dictó el sentido de la vida que solía conocer
No me digan por que empecé aquí, este es el lugar que escogió la historia que sé.
Que te digo, tantas historias veo y dejo pasar, una de esas igual y me tocaba a mí. En fin, no es mi tiempo ni me angustia (por ahora); el transcurso de los días se me va en el taxi, las calles, el bus y el metro (probablemente sé a mayor certeza si la tierra tiene temperamento para un temblor ahora que paso más tiempo en el subsuelo).
Sí, tengo muchas cosas que escribir, artículos, notas, declaraciones, quejas, avistamientos, una mercería de política, sentimentalismos y tacos de lengua, entre esos montones de palabras, es tu nombre que no he logrado controlar, es inútil, se me termina fugando en suspiros que procuro esconder, debe ser por herencia de tu propia naturaleza.
Ya sé, no escribo ya para mí, no más de una o dos palabras en medio de una hoja para sentir que ahora tengo algo de que hablar. No me malentiendas soy una persona melancólica después de todo, lo era antes y la situación no ha cambiado mucho. Sonrío y soy afecto a las cosas que no tienen mucha importancia, camino y observo con detalle cada edificio, casa, o departamento imaginando historias de encuentros fugaces entre extraños, lo sé, no soy yo el que está ahí. Me hubiese gustado vacacionar una vez más, pero sé que uso los viajes como terapia y al día de hoy, realmente no hay algo que tenga que rescatar, me quité el corazón de un tajo y lo metí en el deposito de baterías, alguien más lo reciclará y lo venderá como pilas chinas.
Ya no escribo, arrastro palabras y si tengo unas cuantas letras en la mesa las acomodo al revés creyendo que así el párrafo se convierte en capicúa.
No sé, en estos días ya no me espero, llevo mi yo más profundo en la mochila y lo dejo ahí dormido, soñando quizá con una realidad más benévola, creo que es lo mejor, él duerme por mí, yo solo me ocupo de mantenernos a flote en busca de los días lluviosos y los charcos grises de una ciudad, cuando llegue el día, yo me esconderé en mi libreta y dejaré que nos arruine la vida en los días de otoño.
Aún me falta escribir los artículos pendientes. Lo sé. Escribir me ha quitado el tiempo.
Leo como si las palabras fueran árboles en el camino entre el parabrisas y mis ojos, lo disfruto, es grato poder ver-leer con satisfacción lo que podrían ser palabras desagradables.
Me detengo y me enfoco en escribir para dejar la distracción de lado y dedicarme, con la atención necesaria a redactar lo que debería estar terminado horas antes.
¿Cómo compaginar ideas paralelas por su independencia propia?
Ahora veo dormir tranquilo a mi perro debajo del mis zapatos, como hace seis años.
Como la vez primera que llegó de visita en una mochila, el día aquel cuando el incendio en el servicio mecánico de Franco movilizó a bomberos y patrullas a la colonia. Donde este barrio viejo y sin acabar se hizo famoso, conocido por un tiempo por el percance en el local del vecino.
…
Seis años (…) Un recuerdo tras otro, así como piedras sobre piedras, así como la hilera de criptas en un mausoleo, de un pasillo al siguiente, multiplicando el espacio, uno tras otro, y uno más debajo de él, sin llegar a ser infinitos pero si olvidados. Después, cuando los años sigan y yo aprenda a conservar mis piedritas, [porque no son un mal recuerdo] para voltear a ver el camino sin olvidar donde empecé.
Escribí un recuerdo en carretera, un pensamiento cruzado con un cuento, mi barrio, y la llegada del perro a casa. Una analogía sin sentido y esto para entretener a la la sombra de una idea que se me escapó desde el primer párrafo.
¿Acabé?