Ser vivo, terrícola, eucariota, animal cordado, vertebrado, mamífero, homínido bípedo, homeotermo, emocional, social, tecnológico, simbólico, lingüistico, lúdico, amoroso, estético, comunitario, sedentario, omnívoro, político, económico, lógico, irracional, empático, ecológico, laico, ecuménico, hombre, andrógino, humanista, adulto joven, niño, amante, enamorado, hijo, hermano, amigo, psicólogo, emprendedor, consultor, docente, investigador, biodanzante, algunos dicen que coach, cefista, loco encubierto, autodidacta, ludófilo, artéfilo, tecnófilo, musicófilo, literatófilo y fotófilo, ocioso, curioso, reflexivo, procrastinador, perseverante, ambicioso, confiable, comprometido, observador, soñador, peatón y ciclista, donante, cultivador, persona, vivo, viviente, vividor..
Algo así como un ser humano...
Coordenadas virtuales:
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El pensamiento empático y analítico son, al menos hasta cierto punto, mutuamente excluyentes en el cerebro.
¿Cómo puede ser tan insensible el directivo de un banco o el presidente del consejo de administración al sufrimiento que pueden causar entre sus clientes o trabajadores cuando toman sus decisiones?
Un estudio muestra que incluso las mentes más inteligentes pueden ser seducidas por una historia sentimental. En esos casos cuando la parte del cerebro encargada de procesar las emociones toma el control suprime la parte dedicada al pensamiento analítico. También puede ocurrir al revés y que un directivo despida a parte de su plantilla aunque la empresa no presente pérdidas sin tener en cuenta el drama que pueden vivir los que son despedidos. En este caso sería la parte fría y analítica de su cerebro la que tomaría el control y reduciría la habilidad de apreciar el coste humano de sus acciones.
En reposo nuestros cerebros oscilan entre la red neuronal social y analítica. Pero cuando se les presenta una tarea los cerebros de individuos sanos eligen la red cerebral más apropiada. Ahora un estudio muestra por primera vez que tenemos limitaciones a la hora de presentar habilidades empáticas y analíticas a la vez. Además sugiere que la teoría establecida que propone esta competición entre distintas redes cerebrales debe ser revisada y proporciona pistas sobre las diferencias de funcionamiento entre mentes sanas y enfermas.
Según Anthony Jack (Case Western Reserve) el pensamiento empático y analítico son, al menos hasta cierto punto, mutuamente excluyentes en el cerebro y que esta es la estructura cognitiva con la que hemos evolucionado.
En estudios previos se mostró que estas dos grandes redes del cerebro están en tensión y compiten entre sí, pero se han propuestos diferente mecanismos para dirigir esta tensión. Según una teoría la red en funcionamiento está directamente involucrada en la tarea mientras que la otra simplemente vaga. En la segunda teoría una red se dedica a atender el exterior mientras que la otra atiende el interior.
Los nuevos hallazgos sugieren que los mismos fenómenos que determinan este tipo de problemas se dan cuando miramos la típica ilusión óptica del pato-conejo. O bien vemos un conejo o bien vemos un pato, pero no vemos ambos a la vez. Esto se da porque ocurre una inhibición neuronal entre las dos representaciones. Según Jack lo que se ha visto en este nuevo estudio es algo similar, pero a una escala mucho más amplia. Han podido observar inhibición neuronal entre la red cerebral encargada de la parte social, emocional y moral y la red encargada del razonamiento lógico, matemático o científico.
En este estudio se solicitó a 45 adultos voluntarios resolver 20 problemas presentados en vídeo y 20 escritos. Estaban diseñados o bien para mantener ocupada a la parte social o bien para mantener ocupada la parte analítica del cerebro, reprimiendo la opuesta. Estas tareas estaban planteadas para ser completadas en turnos de 5 o 10 minutos y había periodos de descanso. La actividad cerebral de estos voluntarios fue vigilada por un sistema de resonancia magnética nuclear (RMN). Sus respuestas se debían circunscribir a contestar sí o no en un plazo de 7 segundos.
Las imágenes de RMN mostraron que los problemas sociales desactivaban las regiones asociadas con el pensamiento analítico y activaban la red social y viceversa.
El estudio tiene un impacto también para el tratamiento de desórdenes como la ansiedad, depresión o esquizofrenia, que están caracterizados por una disfunción social. Los tratamientos, según Jack, necesitan fijarse como meta el reestablecimiento del equilibrio entre estas dos redes. También se podría aplicarse al autismo o al síndrome de Williams, que son dos casos totalmente opuestos de desequilibrio de este tipo.
Estos investigadores siguen trabajando sobre esta teoría y qué aspectos pueden afectar a nuestra brújula moral.
Puede que el directivo jefe de una compañía que despide gente necesite ser analítico para mantener los beneficios de su empresa, pero según Jack puede perder su brújula moral si se queda atascado en una forma de pensar analítica. Según él es necesario oscilar entre una red cerebral y otra de manera eficiente y usar la red adecuada en el momento oportuno.
En los ejemplos dados este investigador asume que el sujeto es un individuo sano, pero no siempre es así. Algunos psicólogos sostienen que el mundo moderno favorece el éxito de individuos que son psicópatas (un 1% de la población) y que éstos medran en el mundo de la política o de la empresa fácilmente. Aunque no se dedican a asesinar gente en sus ratos libres, sí hacen daño y presentan rasgos mentales psicopatológicos claros.
Copyleft: http://neofronteras.com/?p=3956
Fuentes y referencias:
Nota de prensa.
Artículo original.
What Psychopaths Teach Us about How to Succeed.
Ilustración: ilusionario.es
En su primer experimento, Gal y Rucker pidieron a 88 estudiantes que escribiesen sus ideas sobre las pruebas animales para bienes de consumo, pero sólo se permitió a la mitad de ellos usar su mano hábil. Esto puede parecer aleatorio, pero estudios anteriores han demostrado que la gente tiene menos confianza en lo que escribe con la mano con la que están menos cómodos. Efectivamente, esto es lo que Gal y Rucker encontraron en su estudio. Cuando se les preguntó después, los voluntarios que no usaron su mano hábil tenían menos confianza en sus ideas.
No obstante, era también más probable que persuadieran a otros de la misma idea. Cuando se les pidió que escribieran algo para persuadir a otros sobre sus opiniones, aquellos que tenían menos confianza escribieron textos significativamente más largos. Con la sombra de la duda en sus mentes, invirtieron un mayor esfuerzo en su intento de persuasión.
Gal y Rucker también encontraron que este esfuerzo extra se desvanecía si los voluntarios tenían una oportunidad de afirmar su propia identidad de antemano. Si se les pedía que identificaran sus objetos favoritos (libros, ciudades, canciones, etc.) antes de escribir sobre pruebas animales, la elección de la mano no tenía efecto sobre sus intentos de defensa. Si se les pedía que dijeran las cosas favoritas de sus padres, el efecto reaparecía.
En su segundo experimento, con 151 nuevos voluntarios, Gal y Rucker encontraron el mismo efecto. Esta vez, influyeron el grado de confianza de los reclutados pidiéndoles que contasen recuerdos de los que tuviesen gran certeza, y a la otra mitad que contasen recuerdos plagados de dudas. Después se pidió a los voluntarios que dijesen si eran veganos, vegetarianos o carnívoros, qué confianza tenían en su opinión, y cómo de importante era para ellos.
Como se esperaba aquellos que recordaron momentos con incertidumbres, tenían menos confianza en que sus elecciones alimenticias fuesen las correctas. Y como antes, esos mismos voluntarios dudosos defendían sus creencias con más fuerza. Cuando se les pedía que se imaginaran convenciendo a alguien para unirse a su dieta, el grupo con incertidumbre escribió mensajes significativamente más largos y usaron más tiempo para componerlos.
Este experimento – con un método distinto para la manipulación de la confianza, un tema distinto a tratar, y una medida distinta del esfuerzo evangelizador – apoya los resultados del primero. No obstante, el efecto sólo se mantenía entre aquellos cuyas preferencias alimenticias eran importantes para ellos. Esto demostró (tal vez, más esperado) que los vínculos entre la duda y la defensa son más fuertes para las creencias que la gente mantiene con más cariño.
El tercer experimento encontró resultados similares, usando un tema mucho más trivial (bueno, supuestamente más trivial). Gal y Rucker trabajaron con 106 estudiantes quienes pensaban que los Macs eran superiores a los PCs. De nuevo, el par manipuló con éxito la confianza de los estudiantes pidiéndoles que recordasen un incidente previo resolución con toda certeza o duda.
Los estudiantes tenían que imaginarse convenciendo a un usuario de PC sobre los métodos del producto de Apple, pero esta vez, a la mitad se les dijo que estaban hablando con acérrimos usuarios de Windows, y al resto se les enfrentó con parejas de mente más abierta. Como antes, los estudiantes pusieron más esfuerzo al persuadir a su pareja imaginaria si su propia confianza se veían debilitada, pero sólo si el compañero era receptivo.
En los tres casos, Gal y Zucker encontraron que las dudas vuelven a las personas unos defensores más fuertes. Más sutilmente, su estudio demuestra que este efecto es más fuerte su se ve amenazada la identidad de la persona, si la creencia es importante para ellos, y si piensan que otros los escucharán. Todo esto encaja con un patrón de comportamiento donde la gente evangeliza para reforzar sus propias creencias.
Su estudio también divide los actos de los defensores. Pueden tratar, aparentemente, de cambiar la idea de otros pero sus acciones podría tratar igualmente de reforzar sus propias creencias. Como Gal y Zucker escriben:
“La presente investigación también ofrece un aviso a cualquiera que esté en el otro extremo del intento de defensa. Aunque es natural asumir que un defensor persistente y entusiasta sobre una creencia está lleno de confianza, la defensa podría ser un hecho que indica que el individual está lleno de dudas”.
Referencia: Psychological Science http://dx.doi.org/10.1177/0956797610385953
Autor: Ed Yong
Enlace Original
Por Louis Menand para The New Yorker (Traducción vía Tercera Cultura)
Diciembre 17, 2012.
Esto es algo que probablemente usted no sabía de Francia: su presidente tiene el poder de abolir las tareas escolares. En un reciente discurso en la Sorbona, François Hollande anunció su intención de hacer esto para todos los estudiantes de primaria y media. Hollande quiere reformar la educación francesa de otras maneras: mediante la reducción de la jornada escolar y el desvío de recursos a las escuelas de zonas desfavorecidas.Francia clasificó 25º en una nueva evaluación de sistemas educativos de la Unidad de Inteligencia de The Economist (que es parte de la empresa que publica The Economist). Para que se hagan una idea de lo mal que está, los Estados Unidos, cuyos ciudadanos están acostumbrados a que les digan lo mal educados que son, clasificaron 17º.
El decreto del Presidente francés de emancipación respecto a las tareas puede llegar al corazón no sólo de les enfants de la patrie, sino que a los muchos opositores de las tareas en este país como son los padres y los educadores progresistas, que han insistido por mucho tiempo que los niños cargan un enorme peso al tener que dibujer paralelogramos, conjugar verbos irregulares y resumir capítulos de sus libros de texto después del horario escolar, y ello es (las razones varían) un sinsentido, sin relación con el rendimiento académico, quizá con una correlación negativa con el rendimiento académico, y un importante contribuyente al gran mal moderno del estrés. Hollande, sin embargo, no es un educador progresista. Él es un socialista. Su razón para el ejercicio de sus competencias en este ámbito es hacer frente a una injusticia. Él piensa que las tareas presumiblemente da a los niños cuyos padres son capaces de ayudarlos, que son más educados y prósperos, una ventaja sobre los niños cuyos padres no lo son. El Presidente quiere que todos tengan las mismas oportunidades.
Las tareas son una institución rotundamente rechazada por todos los que participan en ella. Los niños la odian por razones saludables y obvias; los padres las odian porque hacen que sus hijos sean infelices -pero no lo quiera Dios, no vayan a tener una evaluación negativa o de otro tipo menos-que-perfecta en ellas-; y los profesores lo odian porque tienen que calificarlas. La calificación de las tareas es la tarea sin fin de los docentes. Comparado con eso, Sísifo era afortunado.
¿Significa esto que sería mejor deshacerse de ellas? Dos cargos en el argumento estándar contra las tareas no parecen ponerse en pie. El primero es que la tarea es trabajo perdido, sin ningún efecto sobre el rendimiento académico. De acuerdo con la autoridad líder en el campo, Harris Cooper, de la Universidad de Duke, las tareas se correlacionan positivamente, aunque el efecto no es grande, con el éxito en la escuela.El profesor Cooper sostiene que esto es más cierto en la escuela intermedia y secundaria que en la escuela primaria, ya que los niños pequeños se distraen con más facilidad. También piensa que no hay tal cosa como la sobrecarga de tareas y recomienda no más de diez minutos por cada curso por noche. Sus conclusiones acerca de la importancia de las tareas se basan en una síntesis de cuarenta años de investigación.
La otra queja sin fundamento acerca de las tareas es que van en aumento. En 2003, Brian Gill (entonces enRAND) y Steven Schlossman (Carnegie Mellon) mostraron que, a excepción de un repunte post-Sputnik a principios de los años sesenta y un pequeño aumento para los más chicos en los años ochenta, después de la publicación de “Una Nación en Riesgo”, por el Departamento de Educación, que prescribía más tareas, la cantidad de tiempo que los estudiantes estadounidenses pasan en ellas no ha cambiado desde los años cuarenta. Y esa cantidad no es mucha. La mayoría de los estudiantes, incluyendo los de secundaria mayores, pasan menos de una hora al día durante la semana escolar de cinco días haciendo las tareas. Los datos más recientes confirman que este es todavía el caso. La tarea no es lo que la mayoría de los niños hacen cuando no están en la escuela.
Al igual que muchos de los debates sobre la educación, lo que Cooper llama “la batalla por las tareas” no es realmente acerca de cómo hacer que las escuelas mejoren. Se trata de lo que la gente quiere que las escuelas hagan. El país con el sistema educativo más exitoso, según el estudio del Economist, es Finlandia. Los estudiantes allí prácticamente no hacen tareas, ni empiezan la escuela hasta los siete años, y la jornada escolar es corta. Se estima que los niños italianos gastan un total de tres años más en la escuela que los finlandeses (e Italia clasificó 24º).
El país No. 2 en el mundo, por otro lado, es Corea del Sur, cuyas escuelas se caracterizan por su rigidez agotadora. El noventa por ciento de los estudiantes de la escuela primaria en aquel país estudia con profesores particulares después de la escuela, y los adolescentes de Corea del Sur son sindicados como los más infelices del mundo desarrollado. La competencia es tan feroz que el gobierno ha tomado medidas enérgicas contra los llamados “crammers privados”, por lo que es ilegal que permanezcan abiertos después de las 22:00 (a pesar de algunos intentos de evitar esto disfrazándose de bibliotecas).
Sin embargo, ambos sistemas tienen éxito, y la razón es que las escuelas finlandesas están haciendo lo que los finlandeses quieren que hagan, que es llevar a todos al mismo nivel e inculcar un compromiso con la igualdad; y las escuelas de Corea del Sur están haciendo lo que los surcoreanos quieren, que es permitir que los que trabajan duro salgan adelante. Cuando el presidente Hollande promete terminar con las tareas, hacer el día escolar más corto, y dedicar más maestros a las zonas desfavorecidas, está diciendo que quiere que Francia sea más como Finlandia. Sus reformas sólo funcionarán si eso es, de hecho, lo que los franceses quieren.
¿Qué quieren los americanos? Que no quieren ser como Finlandia es una suposición segura. Los estadounidenses tienen un enfoque igualitario de la desigualdad: ellos desean que todos tengan la misma oportunidad de convertirse en mejores que los demás. En general, para la mayoría de la gente, la escuela es el mecanismo para lograr esto. Sin embargo, Hollande tiene razón. El pequeño y sucio secreto de la reforma de la educación es que uno de los mayores predictores de éxito académico es el ingreso familiar. Incluso las pruebas estandarizadas utilizadas para admisión a la universidad, como el SAT, son esencialmente indicadores de ingresos: los estudiantes de mejor posición económica consiguen las puntuaciones más altas. El sistema educativo se supone que es un motor de reajuste oportunidad y social, pero de alguna manera funciona como un continuador del statu quo.
¿Son malas las tareas? Los partidarios de las tareas dicen que ellas son una manera de hacer que los padres participen en la educación de sus hijos y para llevar la escuela a la casa, y eso tiene que ser una cosa buena. Pero también es probable que (contrariamente a lo que supone el presidente Hollande) los más hostiles a las tareas sean los padres ricos que quieren que sus hijos pasen el tiempo de después de la escuela en tomar clases de violín o yendo al Tae Kwon Do, actividades más enriquecedoras y a menudo más divertidas que la conjugación de verbos irregulares. Los padres menos pudientes tienden a preferir más las tareas, como una forma de mantener a sus hijos alejados de las calles. Si se pudiera ofrecer más allá del horario escolar clases de música, visitas a museos y programas deportivos interesantes para los niños más pobres, se podría abolir la tarea en un minuto. Nadie las extrañaría.
[1] Green E, & Murphy C (2012). Altered processing of sweet taste in the brain of diet soda drinkers. Physiology & behavior PMID: 22583859
[2] Davidson TL, Martin AA, Clark K, & Swithers SE (2011). Intake of high-intensity sweeteners alters the ability of sweet taste to signal caloric consequences: implications for the learned control of energy and body weight regulation. Quarterly journal of experimental psychology (2006), 64 (7), 1430-41 PMID: 21424985
Uno de los resultados más extraños que emergió hace poco del mundo de las investigaciones sobre la obesidad es que las personas que duermen menos tienden a ganar más peso. Esta idea desafía la creencia popular que asocia el sueño con el sedentarismo y la obesidad por eso no es ocioso preguntarse si la falta de sueño altera nuestra biología y esta, a su vez varía nuestros hábitos alimenticios. Pues bien, ahora nuevas investigaciones basadas en técnicas de neuroimagen funcional brindan nuevas luces sobre este fenómeno. Uno de estos estudios analizó los efectos de una noche sin dormir y el otro se centró en valorar el impacto de la deprivación del sueño durante una semana. Ambos estudios midieron la activación cerebral que se evidenciaba cuando a las personas que no habían dormido se le presentaban imágenes de alimentos. Los dos estudios obtuvieron idénticos resultados: la falta de sueño hace que algunas áreas (como la corteza cingulada anterior) implicadas en el mecanismo cerebral de la motivación, se disparen ante la mera vista de un alimento. Para que se entienda plenamente que quiere decir esto, baste explicar que una activación similar se observa en las personas adictas cuando se les muestra la sustancia de la cual son dependientes. En otras palabras, la falta de sueño nos haría responder de manera exagerada ante los alimentos, casi como si fuésemos adictos a los mismos. Pero… ¿a qué se debe esta respuesta? Los investigadores sugieren que la “culpa” de todo la tiene nuestro inconsciente. Es decir, al fin y al cabo nuestro cerebro sabe que la comida implica calorías y que esto se traducirá en la energía que necesitamos y que no tenemos debido a la falta de sueño. Es una idea que no resulta del todo descabellada y que ha sido avalada por estudios anteriores. De hecho, no son pocos los neurocientíficos que piensan que la deprivación del sueño funciona como un foco rojo para nuestro sistema nervioso autónomo haciendo que este aumenten los niveles de la hormona grelina (asociada con el apetito) y disminuyendo los niveles de la hormona leptina (asociada con la sensación de saciedad). Quizás estos cambios son detectados por los circuitos motivacionales y es por ello que respondemos de manera exagerada ante la comida. La enseñanza que nos deja en esta ocasión la neurobiología es que debemos dormir las horas necesarias para poder recuperar fuerzas. De esta forma no solo comeremos menos al día siguiente y podremos mantener nuestra línea sino que también estaremos más alertas y menos irritables.
Fuentes: Shama, S. & Kavuru, M. (2010) Sleep and Metabolism: An Overview. International Journal of Endocrinology. Brondel, L. et. Al. (2010) Acute partial sleep deprivation increases food intake in healthy men. American Journal of Clinical Nutrition; 91(6):1550-1559.
Proponen que es posible encontrar sistemas cuánticos en los que el orden de los eventos puede ser a su vez indefinido.
Uno de los conceptos más básicos de la ciencia y de la vida cotidiana es el de causalidad. Es decir, la idea según la cual una causa en el presente produce un efecto en el futuro. Si el evento A produce el efecto B, entonces B no puede ser la causa de A.
Ahora unos físicos teóricos de las universidades de Viena y Libre de Bruselas han mostrado sobre el papel que según la Mecánica Cuántica (MC) es posible concebir una situación en la que un evento puede ser a la vez causa y efecto de otro.
Aunque todavía no se sabe si esta posibilidad se puede dar en la Naturaleza, el trabajo puede ser importante por las posibles implicaciones sobre los fundamentos de la MC, gravedad cuántica y computación cuántica.
En la vida cotidiana y en la Física Clásica los eventos están ordenados en el tiempo y una causa sólo puede provocar un efecto sobre el futuro, no sobre el pasado. Imaginemos que una persona llamada Alicia entra en una habitación y encuentra un papel. Después de leer lo que pone en él Alicia borra el mensaje y escribe su propio texto sobre ese papel. Otra persona, llamémosle Bartolo (nombre siempre mejor que “Borja”) entra después en la misma habitación en otro momento y hace lo mismo. Si Bartolo entra después que Alicia podrá leer lo que ha escrito ésta, sin embargo, Alicia no tendrá ninguna oportunidad de leer lo que escriba Bartolo. En este caso, lo escrito por Alicia es la “causa” y lo que lee Bartolo es el “efecto”. Cada vez que los dos repiten el procedimiento sólo uno será capaz de leer lo que ha escrito el otro. Incuso si no tiene relojes y no saben quién entró en la habitación primero pueden deducirlo por lo que escriben y leen sobre el papel. Así por ejemplo, Alicia puede escribir “Alicia estuvo aquí hoy” y cuando Bartolo leyera el mensaje sabría que entró a la habitación después.
Según las leyes de la Física Clásica el orden de los eventos está fijado: o bien Bartolo o bien Alicia entra en la habitación y deja un mensaje para el otro. Pero si la MC entra en juego entonces el panorama cambia drásticamente. Según la Mecánica Cuántica los objetos pueden perder sus bien definidas propiedades clásicas y por ejemplo que se dé la superposición de estados.
Un equipo internacional liderado por Caslav Brukner ha mostrado que incluso el orden causal de eventos puede estar en una superposición. Si Alicia y Bartolo usan un sistema cuántico en lugar de un papel para enviarse mensajes pueden terminar en una situación en la que cada uno de ellos pueda leer una parte del mensaje escrito por el otro. Esto sería una superposición de dos situaciones: “Alicia entra en la habitación primero y deja el mensaje para Bartolo” y “Bartolo entra en la habitación primero y deja el mensaje para Alicia”.
Esta superposición, sin embargo, no había sido considerada en la formulación estándar de la MC porque la teoría asumía siempre que el orden causal de los eventos estaba bien definido. “Pero si creemos que la MC gobierna todos los fenómenos es natural esperar que el orden de los eventos puede ser a su vez indefinido, de manera similar a la velocidad y localización de una partícula”, dice Fabio Costa, de la Universidad de Viena.
El trabajo da un paso importante hacia la comprensión de que el orden causal puede que no sea obligatorio en la Naturaleza. “El desafío real es averiguar en dónde debemos mirar para encontrar una superposición de órdenes causales”, dice Caslav Brukner.
Vía: http://neofronteras.com/?p=3935
Fuentes y referencias:
Nota de prensa.
Artículo original (abierto).