Luis Ex Machina

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February 22, 09:02 AM

Hace unos días, saliendo del estacionamiento de un bar en la motocicleta, varias personas que estaban esperando sus autos empezaron a decirme, a coro “¡Arrancón!, ¡Arrancón!”, me dio risa y sólo dije: “Ni que tuviera dieciocho años”, me despedí de mis amigos y arranqué de manera normal.

Después pensé que lo que había dicho no tenía sentido, porque tampoco lo hubiera hecho a esa edad. Cuando niño, nunca fui de los que se dejaban arrastrar por retos o bravatas, primero por miedo e inseguridad infantil, pero después, con los años, se volvió un principio de mi personalidad. Durante la adolescencia, muchísimas veces fui tachado de puto por no hacer algo a lo que había sido retado, nunca me importó mucho y en parte gracias a ello, salí bien librado de esos años turbulentos.

Hasta la fecha, algo tiene que ver eso con el hecho de casi nunca apostar (a menos que esté seguro de poder ganar, dependiendo únicamente de mi capacidad) y de desechar retos de entrada y sin siquiera considerarlos. Soy de las personas que ante un “Tú no podrías hacerlo” responde “No, no podría, ¿Cuál es el punto?” o frente a un “Te gano en ________”, concede “Muy probablemente”

Realmente nunca he sentido muy fuerte esa necesidad de probarme ante los demás. Claro, muchas veces, en una época oscura, caí en ese error, pero nunca en nada realmente importante. Ahora los únicos retos que acepto son los propios, y ni siquiera me es fácil verlos como retos propiamente; cuando tengo que hacer algo, lo hago no porque tenga algún merito o represente un sacrificio loable; lo hago porque es algo que tiene que hacerse, así de simple.

Esta particularidad (no me siento cómodo llamándola cualidad) ha llevado a varias personas a considerarme como alguien determinado o fuerte. Yo no lo veo así, nunca lo he hecho, porque en el fondo, cuando decido hacer algo, no lo siento como un peso, sino, como ya dije, algo que se tiene que hacer, como respirar o parpadear (Si las cosas en verdad me costaran el esfuerzo que parece, probablemente no las haría en primer lugar).

Al final se trata de tener el control, de hacer lo correcto en lugar de lo fácil, de no dejarse llevar. De ser uno mismo.

Ser completo.


Someone finds salvation in everyone, another only pain
Someone tries to hide himself, down inside himself he prays
Someone swears his true love until the end of time
Another runs away, separate or united, healthy or insane

And to be yourself is all that you can do.


February 21, 09:50 PM
Desde hace unos años, cuando intenté escribir cosas un poco más serias (y aclaro por enésima vez que, por estos intentos, nunca me he considerado escritor, de la misma manera que clavar un par de clavos no te convierte en carpintero) me di cuenta que siempre he tenido una enorme tara de estilo: siempre, invariablemente, mis personajes terminan o solos o muertos. Aún cuando la historia parezca tomar otro rumbo o incluso tener un final feliz, muy dentro de sí, aún invisible y sin que lo sepan, mis personajes están solos o muertos.

Alguien con más tiempo e interés que yo podría sacar algunas obvias conclusiones psicológicas. A mí no me preocupa mucho; aún antes de empezar a escribir, esa visión trágica y fatalista ya poblaba mis fantasías. Siempre ha sido parte de mí y dudo mucho que a estas alturas del partido eso vaya a cambiar.

No sé, supongo que aunque racionalmente creo en los finales felices –o por lo menos en la capacidad de las personas de luchar y trabajar por la felicidad-, muy en el fondo sé que, al final, después de la felicidad, después del logro y de la realización, todo es fútil, todo es en vano. Al final, uno se queda solo, ya sea en vida o ya sea en la tumba.

Y creo que después de muchos años me he conciliado con esa idea. Saber que después de todo y no importando lo que hagas, al final, en el último segundo del último día de tu vida, cerrarás los ojos y no habrá nada más. Ese último paso, ese último trámite, lo haremos solos. Aceptar eso es quitarse un peso de encima; aligera la carga del fracaso y diluye el sabor amargo de la deslealtad. Es encogerse de hombros mentalmente ante la vida y la mierda que reparte.

Tal vez, en algún momento, si sigo escribiendo, mis personajes tengan otro destino que no sea la soledad, la muerte o una combinación de ambas. Aunque en el fondo no estoy muy seguro; me siento cómodo con el hecho de que mis personajes contengan parte de mí, porque creo que, después de todo, de eso se trata escribir.

De eso se trata vivir, de vaciarse.


February 21, 09:51 PM
Protip: No es buena idea en todo el día tomar solo un vaso de leche y comer una lata de atún para después meterse dos horas al gimnasio, so pena de casi tener un blackout en motocicleta.

Por otro lado, nunca me he caracterizado por tener ideas brillantes y tomar buenas decisiones, meh.


February 21, 09:52 PM
Un cerezo se alza en un claro entre la hierba al fondo del jardín. No es un árbol joven; su tronco es nudoso y ajado. Es invierno y sus ramas largas y retorcidas están desnudas. Frente a él hay una vieja silla de madera.

El hombre cruza el jardín y lentamente se sienta en la silla. El hombre es viejo; su cuerpo parece imitar al árbol: nudoso, ajado, retorcido. Mira al árbol y recuerda.

Recuerda su infancia a la sombra del cerezo, los largos veranos jugando sobre sus ramas y la alegría de las incontables fantasías y aventuras en las que el árbol a veces era un aliado y otras tantas el villano. Recuerda su adolescencia y las tibias noches de agosto, cuando, cobijado bajo sus hojas, aprendió lo que era el sexo; primero a solas y después acompañado. Recuerda su boda y el nacimiento de su primer hijo, recuerda la primera vez que el niño, emocionado, subió por sus ramas. Recuerda la muerte de sus padres y después las largas noches de enfermedad que al final se llevaron a su esposa. Recuerda todos los adioses que tuvo que dar, todas las despedidas, todas las noches en silencio.

El hombre recuerda, y al recordar, vive. Un par de lágrimas recorren los profundos surcos de su rostro y caen sobre la tierra congelada. El hombre vive y llora, llora y se vacía. Y cuando el hombre recuerda todo lo que tenía que recordar y llora todo lo que tenía que llorar, muere.

El hombre muere y en el árbol, una solitaria flor de cerezo abre sus pétalos.


February 21, 09:52 PM
"Sereno, anclado, estático. Permanezco en punto muerto.

No, eso es una mentira o si no lo es, por lo menos es una equivocación benigna, una agrupación de metáforas erradas. Estoy declinando, declinando sin cesar. Mi marea está descendiendo.

Me revelo como una costa rocosa, desnuda y escabrosa, en la que sobre las olas que se retiran flotan oscuras y sucias algas marinas arrastradas por la corriente. Por entre las rocas, los cangrejos verdes se escabullen. Sí, declino, lo que significa que me reduzco, me atenúo. ¿Saben una cosa?, ahora me siento bastante tranquilo con respecto a eso. Por supuesto que mis estados de ánimo varían, pero

ahora me siento
bastante tranquilo
con respecto a eso."

Hace muchos años que no releo Muero por Dentro de Robert Silverberg; mis recuerdos sobre el son, a estas alturas, difusos, pero ciertas partes, como la anterior, quedaron grabadas en mi subconsciente desde la primera vez. En diferentes momentos de mi vida ese monólogo ha tenido diversos significados; a veces relacionados, a veces no. En este momento, esas palabras resuenan con una estridencia demasiado familiar.

"De repente, hay un gran silencio. Distante, oye un último sonido, un instrumento de cuerda, un violonchelo, quizá, pulsado pizzicato, un hermoso sonido melancólico. Twang. La cuerda que vibra. Twing. La cuerda que se rompe. Twong. La lira desafinada. Twang. Twing. Twong. Y nada más. El silencio le envuelve. Es un silencio terminal que retumba a través de las cavernas de su cráneo, el silencio que le sigue a la rotura de las cuerdas del violonchelo, el silencio que llega con la muerte de la música. No puede oír nada. No puede sentir nada. Está solo. Está solo.

Está solo.

- Tanto silencio - murmura -. Tan solitario. Es... tan... solitario... esto."

No pienso releerlo, no por ahora, prefiero dejar que esas palabras, fuera de contexto, tomen su propio lugar e importancia.

Pero más importante es la siguiente parte, que marca el final y a la vez, el principio, si es que se le puede considerar así:


"Ahora hay un gran silencio.

Afuera el mundo es blanco, adentro, gris. Lo acepto. Pienso que la vida será más apacible. El silencio se convertirá en mi lengua materna. Habrá descubrimientos y revelaciones, pero ningún trastorno. Es posible que más adelante el mundo vuelva a tener algo de color para mí.

En vida nos consumimos. Al morir vivimos. Recordaré eso.

Me regocijaré. Twang. Twing. Twong. Hasta que muera de nuevo, hola, hola, hola, hola."


Hasta que muera de nuevo, todo.



February 21, 09:53 PM
¿Qué pasaría si un día, después de morir, despertaras al inicio de ese mismo día? Sí, es parte de la premisa de Groundhog Day, y también de “All You Need Is Kill”, un libro de Hiroshi Sakurazaka, que hace poco leí. En el, un soldado de un futuro no muy distante, todos los días se enfrenta en una guerra contra un enemigo casi indestructible. Todos los días muere a los pocos minutos de comenzar la batalla. Pero a fuerza de repetir cada día una y otra vez, poco a poco, resiste vivo más y más minutos. Lucha, aprende, muere. Repite.

No voy a contar el final, pero es obvio decir que en algún momento, a base de incontables fracasos y pequeños éxitos, se convierte en una máquina de matar perfecta, implacable, hermosa.

¿Qué pasaría, si un día, después de fracasar, despertaras al inicio de ese mismo día? ¿Te volverías una mejor persona –o un mejor asesino, según las dos obras antes mencionadas- o simplemente repetirías los mismos errores una y otra vez hasta el fin de los tiempos, porque está en tu naturaleza?

No sé la respuesta.

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El viaje en el tiempo siempre me ha causado una fascinación personal.

En cuanto a sus dos direcciones, pensar en viajar al pasado me parece demasiado complicado, demasiadas variables, demasiadas paradojas. En cambio, el viaje al futuro es una hoja en blanco.

En “The Forever War” de Joe Haldeman, el viaje por el tiempo es un efecto secundario que surge de la ubicuidad del viaje por el espacio. Si al viajar uno respeta la física relativista, al acercarse a la velocidad de la luz, el tiempo transcurre más despacio. En esta novela, los protagonistas recorren el espacio durante poco tiempo subjetivo, algunas semanas o meses, pero el resultado, en el mundo objetivo, son decenas, cientos, miles de años.

¿Podría embarcarme en un viaje de un par de meses, sabiendo que al regresar habrán transcurrido cientos de años? Ningún conocido estará vivo, ningún lazo con mi pasado existirá; sería un extraño en mi propio mundo. Un anacronismo, un mito.

¿Podría cortar con todo, con todos, con mi vida, mi presente? ¿Incluso mi propio futuro, cambiándolo por una incógnita?

No sé la respuesta.


December 14, 12:57 PM
...te das cuenta de que, contra todos los pronósticos, eres tú el que ha avanzado.

Y es curioso, porque sabes que en realidad no has hecho nada –al menos conscientemente- para ello, simplemente, hiciste lo que muchos pregonan, pero nunca hacen realmente, que es seguir tu camino y vivir.

Porque madurar no se trata de moverse, de ir y regresar, no se trata de dejar todo de lado y empezar de cero; no se trata de cortar con el pasado y mirar únicamente hacia un futuro que tal vez nunca llegue; en mi opinión, madurar simplemente se trata de hacer las cosas de otra manera, de una manera diferente a como la hubiéramos hecho en el pasado. De hacer las cosas de una manera mejor.

Y es aquí cuando me obligo a mirar al pasado y tachar la parte en donde, como todos, alguna vez dije: “No me arrepiento de nada”, lo cual, desde cualquier punto de vista, es una estupidez. Porque no arrepentirse de nada es asumir que uno es infalible y que de todos los caminos posibles a elegir, uno siempre escogió el correcto.

Tampoco se trata de arrepentirse de lo ya hecho, no, se trata de aceptarlo, de asumirlo y de dejarlo en su lugar, porque arrepentirse es arrastrar, es llevar una carga del pasado hacía el presente y sentarla en medio de la sala, como un elefante del que nadie quiere hablar, porque no sabe que hace ahí. Yo dejé mi pasado allá, en su lugar, puedo vivir con lo que hice y con las decisiones que tomé, pero no dejo que ese pasado influya en mis decisiones futuras, en lo que soy ahora. Ya no tengo tiempo para eso.

Y así es como, al final, yo, siendo el que siempre ha estado aquí, sin moverse y sin cambiar, soy el que ha avanzado y cambiado.

Hola, soy Luis, mucho gusto.




June 10, 11:47 AM


Ayer vi X-Men: First Class, y de entrada, dejen les digo las cosas que no me gustaron.

Para empezar, la edición está horrible, hecha con las patas. A ratos la película va lentísima, luego se acelera, luego salta de una escena a otra sin mucha conexión; a la historia le falta cohesión y los personajes se quedan a medio desarrollo. Da la impresión que el director se desesperó en el cuarto de edición y dijo “Chingue su madre, con esto queda”, no es muy grave, pero sí le resta bastante a la película.

Los efectos y ambientación. Sí, ya se que está ubicada en los cuarentas, pero eso no es excusa para que de la sensación de sitcom noventero. No sé si el presupuesto no les dio para más, pero hay escenas que parecen sacadas directamente de Smallville. Caso notable es el de Beast, que ciertamente parece furry o cosplay con latex facial chafa.

Los clichés. Ahh, Hollywood sigue insistiendo que el único negro tiene que a) Estar jodido b) Ser cool y c) Morir primero. También, gracias a Hollywood, sé que si un grupo de jóvenes -no importa si apenas se conocen, sus vidas están en peligro o, digamos, son fuckin’ mutantes- siempre, si los dejan solos, invariablemente terminaran fiesteando y bailando como si no hubiera mañana. Sólo falto un keg stand y alguien saltando a la piscina.

Charles Xavier. Aquí no tengo una razón en específico, pero no se la creí. Nomás no puedo ver la conexión de este Xavier con –no digamos ya el personaje clásico- el Xavier de las otras películas.

Ahora, un punto medio que por un lado me gustó y por otro no tanto: los trajes y poderes. Si bien respetaron bastante el canon, no sé si fue muy buena idea. Por ejemplo, las “alas” de Banshee y el pecho de Havok se ven increíblemente cheesy y hacen que la película se cargue más hacia el lado bobo de Spider-man y no hacia lo gritty de The Dark Knight. También los pujidos y pases mágicos de Magneto, que podrán verse muy chingones en videojuegos, pero en live action hacen que parezca mimo.

Ahora bien, lo que me gustó.

Primero y antes que nada, el cameo de Wolverine.

Ay, ¡Como salté y aplaudí! Justo estaba yo no esperando a Wolverine y de pronto BAM, Wolverine. ¿Saben como sería para una novia enamorada ver a su hombre después de mucho tiempo de ausencia? Bueno, pues fue exactamente así, sólo que muchísimo más gay y nerd. Pero es Wolverine, y hasta su “Go fuck yourself” me suena a promesas de amor y a dulce, dulce sexo homosexual

Kevin Bacon como Sebastian Shaw. En mi opinión, el personaje le quedó perfecto y por poco y se lleva la película. Lástima que no veremos más de él. ¿O sí? Es Marvel, en donde no existen los cementerios porque nadie se queda muerto más de quince minutos.

Magneto. Sin duda, Erik se roba la película, él es el protagonista, él es el badass y al final, él es que marca el destino de todos los personajes. Y a diferencia de Xavier, a Erik si le compro todo: el personaje, su historia, la actitud y hasta un seguro de auto aunque no tenga. Y también a diferencia de los demás, al final, ya con su traje, capa y fucking casco clásico, hizo que mi nerd interior soltara una lagrimita de felicidad. Y no puedo dejar de mencionar que la manera en la que mata a Shaw fue épica. Awesome kill is awesome.



BITCH PLEASE, I am Magneto.


Ahora, en mi humilde opinión, después de esta película, deberían aprovechar y rebootear toda la serie; no porque las otras hayan sido malas, pero ahora tienen la oportunidad de mejorarlas y darles un nuevo aire con estos actores. Yo quiero ver a un Magneto en el pico de sus poderes.

En resumen, la película me gustó; no la amé, pero tampoco me pareció mala. Va muy, muy dirigida al publico comiquero y tiene mucho fan service. Después de X-Men y X-Men 2, es la mejor película de la franquicia.

Hahaha, sólo bromeo, todos sabemos que sólo hay dos películas de X-Men; ojalá algún día filmen X-Men 3 y tal vez una película sólo para Wolverine.


May 18, 10:21 AM
Ayer manejé en carretera un auto con radio satelital (Sirius). Alegre por la perspectiva de escuchar mucha música nueva, empecé a recorrer el putero de estaciones disponibles, pero después de un rato, inevitablemente acabé escuchando la estación de éxitos de los 90.

Ay Dios.

No recordaba cuanta basura escuchábamos en esa época. Claro, de esos años salieron grandes clásicos que aún se escuchan frescos, pero por cada éxito demoledor, hay tres canciones horribles pseudorockeras, dos post-glameras y seis toneladas y media de power balads. Pero lo que más llamó mi atención es lo viejas que son algunas canciones que yo, en mi negación senil, pensé que eran más recientes.


Como esto, pero con menos sombreros y más Autotune


Canciones como “No rain” de Blind-tuve-un-hit-y-un-video-Melon, que para mí era de finales de los noventas, resulta que es de principios, por allá del 92. Le fuck, son casi veinte años; en este momento hay adolescentes cogiendo por todos los orificios que no habían nacido cuando esa canción no dejaba de salir en MTV (Y yo la grababa en una videocasetera Betamax).

No voy a entrar en disertaciones estériles sobre lo diferente que era la música “de mis tiempos” con la actual, basura y cosas chingonas ha habido siempre, desde que el primer neanderthal tomo un cráneo, un palo y empezó a darle de golpes rítmicos (y sus amigos cavernícolas le dijeron, inevitablemente: “Urthu, tócame “Los Aguacates” HUR! HUR! HUR!) hasta hace cinco minutos, la música sigue cambiando y evolucionando, a veces para bien, a veces para mal.

Por ejemplo, entre las canciones que escuché ayer, de pronto sonó Big Me de los Foo, de 1995.

Big me to talk about it
I could stand to prove
If we can get around it
I know that it's true.

Y después de eso, solo para dar un salto de dieciséis años al presente y a este mundo, apagué el radio, me puse mis audífonos y escuché, una vez más, Walk.

I'm on my knees
I'm praying for a sign
Forever, whenever
I never wanna die
I never wanna die
Never wanna leave
Never say goodbye.


May 13, 05:31 PM
Hace unos años, mientras buscaba en mis repisas un libro para leer, encontré uno que no sé porque, llamó mi atención. Se llamaba “Refugio del Viento” (Windhaven). Empecé a leer y no lo solté hasta que lo terminé al siguiente día. La trama no viene al caso en este momento, basta decir que me gustó muchísimo y trate de memorizar el nombre del autor, por sí algún día me topaba con otra obra suya.

Como este, pero con menos alas y más…ok, ya.


Corte a unas semanas atrás.

Había escuchado que muchos mencionaban cuanto esperaban el estreno de una nueva miniserie televisiva, pero como nos pasa a todas las personas viejas, amargadas y paranoicas, el hype nunca me ha dado buena espina. Así que esperé, y después del estreno los comentarios aumentaron, todos alabándola. Por fin claudiqué y bajé el primer capítulo. Cuando terminó, pensé lo mismo que todos los demás: Awesome.

Pero antes de eso, algo de los créditos iniciales me pareció familiar, pero lo dejé pasar. Fue sólo hasta el final cuando, detrás de las telarañas de mi mente, se hizo la luz: los créditos decían que serie está basada en una obra de George R.R Martin, el mismo George R.R. Martin que escribió Windhaven, aquel libro que me encantó.

Sí aún no saben de que hablo, la joya que HBO está transmitiendo se llama Game of Thrones (que está basada en la novela del mismo nombre, que es parte de una Saga llamada “A Song of Ice and Fire”) y es, para ponerlo en pocas palabras, una fantasía épica de una calidad impecable.

O digamos que si en un auto metiéramos a Lord of The Rings, Rome, The Tudors, The Sopranos, The 13th Warrior y lo manejara Braveheart pedísimo y se quedara dormido al volante y chocaran contra la fundición de Terminator 2 y cayeran en el pozo de metal fundido, el bloque resultante seria Game of Thrones.

Tiene de todo: reyes, caballeros, bastardos, enanos, chichis, intrigas, traiciones, putas, asesinatos, lobos gigantes, chichis, zombies albinos, incesto, salvajes, chichis, juegos de poder y chichis. Los vestuarios, locaciones y actuaciones son del nivel que HBO acostumbra y el casting es impecable (un montón de caras conocidas, muchas de ellas gratas sorpresas).





Ah, y recuerden esta cara, en unos meses ganará un Emmy.


Y tal vez unos zancos.


Apenas van cuatro capítulos de 55 minutos cada uno, pero no tiene desperdicio, si no ven Games of Thrones, tírense a un pozo.


May 11, 11:28 AM
Ella estaba sentada en un extremo del restaurant, él a dos mesas de distancia.

Ella vestía una blusa roja, sencilla. Su falda era recta y beige, no era muy corta, pero dejaba ver sus piernas, delgadas pero bien formadas. Su cara tenía forma triangular, con una nariz puntiaguda que se movía cuando hablaba, sus labios delgados dejaban entrever unos dientes blancos y parejos. Sus ojos castaños eran alegres y a veces, cuando movía la cabeza para mirar hacia donde estaba él, quedaban cubiertos por su cabello corto y lacio.

Él usaba playera polo y unos pantalones de mezclilla gastados; los tenis converse hacían juego con la netbook maltratada y el cabello revuelto. Hacia mucho tiempo que había terminado su club sándwich, pero su taza de café permanecía llena.

Cruzaban miradas todo el tiempo y a destiempo. Él la miraba sin levantar la cabeza, ella giraba constantemente la cabeza hacía la puerta, por la que nunca pasaba nada interesante. A veces, por un par de segundos, coincidían y sostenían la mirada brevemente, los dos, sabiendo con ese mínimo instante, que no se eran indiferentes.

En un momento dado, ella se levantó al baño, que se encontraba justamente a espaldas de él. De pronto la netbook se torno interesantísima, porque él no levanto la mirada, no hasta que ella estuvo a pocos pasos de su mesa, y entonces en ese momento, brutal y rápidamente, se miraron a los ojos a un metro de distancia. Ella pasó de largo pocos minutos después regresó a su lugar como si nada hubiera pasado.

El extravío y encuentro de miradas duró exactamente el tiempo en el que la vida, el destino o como quieran llamarle, exige que se de el siguiente paso. Ese paso lo dio un tercero. Una mujer entró al restaurante y desde la puerta la saludó alegremente; a señas le dijo que la esperaba afuera. Ella pagó la cuenta, él se movía inquieto. Ella recogió su bolsa, se levantó y dirigió a la puerta, él la miraba fijamente. Ella salió, pero justo antes de desaparecer, volteó y se miraron largamente por un segundo. Luego se fue. Él recogió su mirada y volvió a llenar su taza.

Nada pasó.

Y así, todos los días, en todos lados, en todo momento, hay historias que jamás se escriben, que jamás nacen, que jamás se viven, que sólo se quedan en miradas y en las palabras de un extraño que vio brillar y extinguirse un tal vez.


May 09, 11:11 AM
Un día de Octubre (creo que era Martes, pero no estoy seguro porque ¿Quién se acuerda de los días de la semana cuando no son mas que una triste sucesión de horas que se acumulan una sobre otra aplastando nuestras ya pocas ganas de vivir?) desperté, y muy alegre, me dije a mi mismo: ya basta de no haber acabado la prepa.

Después de decir esto, me levanté del montón de periódicos en donde duermo y fui a inscribirme a una asesoría para presentar el examen del Ceneval para acreditar el bachillerato.

Y entonces empezó una odisea de tres meses de levantarme todos los sábados a las siete y media de la mañana para ir a meterme a un salón con otra media docena de parias de la educación media superior. No voy a negarlo, fue difícil, sobre todo porque, ya saben, levantarse en sábado de madrugada no es de gente decente. Pero lo verdaderamente difícil para mí fue cuando me reencontré con un viejo enemigo y nuestro mutuo odio se reavivó de inmediato; nos miramos a los ojos y sin parpadear y con voz grave, le dije:

Nos volvemos a encontrar, Matemáticas hijas de puta.

Después todos me miraron como se mira a alguien que le susurra con odio a unas hojas de papel con ecuaciones algebraicas.

Voy a aclarar una cosa: yo entiendo el valor de las matemáticas en el mundo y su importancia para casi todos los aspectos de la vida. Yo, siendo una persona racional y con enorme aprecio por la ciencia, respeto y admiro todos los logros y avances que no hubieran sido posibles sin las matemáticas, aclarado esto, tengo que decir que a un nivel personal, las detesto y estoy seguro que si Hitler y Satanás tuvieran un hijo, sería matemático.

Y sí, yo sé que para muchos de ustedes las matemáticas son tan fáciles como respirar y que pueden despejar ecuaciones de vergamil grados mientras se meten el pulgar por el culo y giran sobre si mismos, lo sé y pueden ahorrárselo; cuando sea dictador, los matemáticos tendrán un sueldo altísimo y muchísimas prestaciones, pero también estarán obligados a usar tutus rosas y penes dibujados en la cara con Sharpie.

En fin, después de tres meses de luchar, sufrir, enojarme, maldecir al universo -y un episodio de lágrimas del que no pienso entrar en detalles- llegó el día en que presentaría mi examen. Junté todos mis documentos y con horror descubrí que no tenía acta de nacimiento. Busqué y busqué y al final, después de recurrir a los archivos del Museo Nacional de Antropología, conseguí una copia de mi factura.


“…presenta vivo a un niño con un pene enorme.”


El examen fue interesante, en un colegio de bachilleres nos citaron a los que calculo, éramos unos 200,000 treintañeros y nos repartieron en 10,000 salones con 2500 pupitres cada uno (¿Ven como las matemáticas no se me dan?). Después de encontrar mi lugar y pegarle un zape al de enfrente –reflejo condicionado-, nos entregaron las 268 hojas del examen.

La prueba consistía de dos partes: la primera y la segunda (¡JA! TOMA ESO, MATEMATICAS), cada una de cuatro horas de duración. La primera consistía en los conocimientos básicos que todo ser humano funcional debe poseer: español, historia, ciencias sociales, masturbación, civismo, geografía, biología, química y matemáticas. Obviamente, todo iba bien hasta que llegué a la sección de matemáticas (unas sesenta preguntas), al principio lloré batallé un poco, pero gracias a mi enorme intelecto, estudio y ganas de superarme, pero sobre todo, a mucho sentido común, logré terminar esa etapa sin muchos problemas y con unos tres minutos de sobra. En cuanto entregué el examen, me hinqué y entre amenazas, sollozos y puños agitados al cielo, juré por todos los dioses, santos y superhéroes de Marvel que conozco que jamás, jamás volvería a despejar una ecuación ni a desincognizar una incógnita por el tiempo que me quedara de vida.

Después de un receso en donde los 200,000 examinados salimos a los patios a vernos las caras de preocupación, regresamos a los salones a presentar la segunda parte del examen, que consistía de dos lecturas de comprensión, sus respectivas preguntas y la parte por la que el 90% de los examinados, o sea, unos 199,000 (fuck the math) estaban aterrorizados: un ensayo de dos cuartillas, que valía la mitad del examen y en el que se calificarían ortografía, gramática, sintaxis y la capacidad de desarrollar y argumentar un tema.

Yo no estaba muy preocupado, ya que todos estos años en internet me han enseñado a escribir y argumentar cualquier pendejada, crea o no en ella. Aún así, no sabía que temas nos iban a ofrecer. Por lo que había escuchado, serían tres opciones, y los enterados afirmaban que usaban temas actuales y un tanto politizados. Esto me incomodó un poco, porque yo de política sé casi lo mismo que de matemáticas, así que tomé asiento, le di otro zape al de enfrente y esperé que presentaran los temas.

Uno de los asesores entró al salón con una hoja de rotafolio que colgó al frente, y en ella pudimos ver los tres temas –del que podríamos escoger el que deseáramos- y con ansiedad, leí (cito de memoria):

1.- “¿Cree que la tradición circense de amaestrar animales sigue siendo aceptable en esta época o le parece que es cuestionable por sus implicaciones de maltrato animal?”

2.- “La investigación con células madre ha levantado mucha polémica, ¿Cuál es su opinión sobre el debate ético que presenta?”

Y entonces, al leer el tercer tema, me di cuenta de que el Universo a veces, de vez en cuando, deja de confabularse en mi contra y en un acto de tregua y camaradería, sonríe y me lanza un guiño, porque el último tema era este:


3.- “¿Considera usted que en la actualidad, las redes sociales como Facebook, Twitter y MySpace están afectando la capacidad de las personas para relacionarse y socializar unas con otras?”



jajajajajaJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA




Pasé con 9.5


May 08, 04:49 PM

Bueno, aprovechando que ando por acá, les dejo un par de recomendaciones musicales que tenía pendientes desde hace, uh, mmm, pues, mucho, pero ya saben, eso dominar salvar al mundo quita demasiado tiempo.

Primero, un grupo escoces con uno de los mejores nombres que he oido en mucho tiempo: We Were Promised Jetpacks. Su primer disco se llama These Four Walls y está es una de las mejores canciones:




Si les gustó, acá está completo, una chulada.


Y luego, un grupo en otro estilo, pero igual de ruleador: Twin Tones. Si les gustan los spaguetti westerns y el surf, lo amarán como yo:




Esta cancion viene en Capello Di Mariachi, enjoy.


Y ya, eso es todo por ahora, pero no se pierdan el próximo episodio, en el cual les traeré el nuevo éxito músical que tomará a sus oidos desprevenidos y les hará el dulce amor otorrinohomosexual.

O no.

May 08, 04:05 PM
Hace un par de meses pasé una noche en un hotel que, siendo completamente normal en todos los aspectos, contaba con una particularidad: tenía una regadera octagonal en la que 6 de los 8 lados eran espejos.

No pensé en las consecuencias de esta particularidad hasta el momento mismo en que me metí a bañar y vi lo que vi: que estaba hecho un cerdo por los seis (¿?) lados. Vamos, de antemano yo sabía que había subido de peso y que curiosamente ciertos pantalones empezaban a hacer polvo en mi armario por falta de uso, pero no había observado directamente el motivo, o sea, mi cerdura.

Debo reconocer que fue muy triste y un duro golpe a mi autoestima, ya que, aunque en mi mente yo seguía siendo Wolverine, por fuera parecía The Blob; era como el horrible hijo de la unión malsana de estos dos personajes.


Como esto, pero con menos guantes y más sexo anal.


Y en ese momento, mientras contemplaba mis garras de adamantium, decidí retomar el camino de la buena alimentación y el ejercicio.

Nomás que me daba mucha hueva.

Unas semanas después, mientras nadaba en una alberca junto a algunos amigos -que intentaban no ahogarse en el agua mientras intentaban ahogarse en alcohol-, quise presumir mis dotes natatorias –que no practicaba desde los once años- e intenté dar una vuelta de campana bajo el agua.

El resultado fue mixto; por un lado, fracase en dar la vuelta de campana, pero por el otro, tuve éxito dislocándome en hombro de nuevo. Esto fue la gota que derramó el vaso. Mi fofo y debilucho hombro ni siquiera podía soportar su propio esfuerzo, sentí furia, FURIA LES DIGO, luego sentí dolor porque, bueno, porque las dislocaciones duelen, ¿saben?

Así que esperé el momento exacto para picarle el ego a el Mulder, apostarle no sé qué cosa y entrar al gimnasio ese mismo día. Y hoy, a casi dos meses después, puedo decir con orgullo que he bajado doce kilos y estoy casi listo para correr el medio maratón de Julio. Me siento ágil como un felino.


Como esto, pero con menos sorpresa y mas sexo anal.


No sean idiotas. Apenas he bajado cuatro kilos y mi condición física ha mejorado horrores desde aquella vez que intenté correr bajo la lluvia y a los 50 metros las piernas, en una increíble muestra de mala educación, dejaron de responderme. He regresado a mi rutina de dos horas de gimnasio de lunes a viernes, cinco comidas al día –pollo, atún, cereales, verduras, gatos y leche- y sólo tomar whiskey con agua (¿Qué, esperaban que dejara de ahogar en alcohol la insoportable verdad de la vida, el universo, y todo lo demás?).

Bueno, el caso es que voy así:


Como esto, pero con menos grasa y más sexo anal.


Recuperé varios pantalones que ya estaban en una bolsa de ropa para regalar y estoy a punto de entrar de nuevo en mis calzones de la primaria. Sabía que no era una locura guardarlos y ahora todos los psiquiatras que quisieron impedirlo quedarán como idiotas, hahaha


HAHAHA


HAHAHAHA




Ok.
May 06, 12:52 AM

Y de pronto, después de años de buscar sin éxito y de darme por vencido, me encuentro esto:






Have you seen me lately?



May 01, 11:38 PM
...you know lately I've been subject to change.

Fui a ver Thor y sinceramente no esperaba mucho (en el sentido que sabía que no iba a ser Ironman o TDK) pero salí gratamente sorprendido por un par de razones.
La historia es buena, tiene mucho de Shakespeare –obvio, por el director- y el personaje le quedó como anillo al dedo a Chris Hemsworth (al que, por cierto, le dieron de comer 82 kilos de pollo, 22 pavos y 625 licuados de proteína), pero lo que me tomó por sorpresa y que me hizo exclamar un “¡Oooh!” fue la famosa cita de Arthur C. Clarke, con nombre y todo: “Any sufficiently advanced technology is indistinguishable from magic”. Eso, para mi cientificcioso nerd interior, ya vale la película.

La segunda razón fue más grata aún.

Desde hace un par de semanas he estado escuchando, todos los días, dos o tres veces, el nuevo disco de los Foo Fighters, “Wasting Light”, que para mí, es su mejor disco desde el “Best of You” (que me trae recuerdos de otras épocas y otros mundos). Todas las canciones del disco tienen su razón y lugar, y de nuevo, las letras de Grohl dan el clavo, cualquiera que sea la situación, desde “These Days”:

"But it's alright
Yeah it's alright
I said it's alright

Easy for you to say
Your heart has never been broken
Your pride has never been stolen
Not yet not yet

One of these days
I bet your heart'll be broken
I bet your pride'll be stolen
I'll bet I'll bet I'll bet I'll bet
One of these days
One of these days."


Pasando por “Back and Forth”:


"Now show a little backbone why don't you.
I'm looking for some back and forth with you.
Are you feeling the same as I do?
Now and, now and then.
I'm looking for some back and forth with you.
Are you feeling the same as I do?
Down and out.

Holding my breath, I waited and waited.
How'd this simple life get so complicated?
Shoes to fill, secrets to spill down you.
Deer in the headlight, spoke in the wheel.
You want pretend, I need for real.
I'm taking it back, all my IOU's."


Y “Miss the Misery”:


"You've waited all your life.
Your wish is coming true.
Bless your heart for beating me right outta you.

Miss the misery.
Need a reason for a change.
Need a reason to refrain.
So turn it on again.
Don't change your mind.
You're wasting light.
Get in and let's go."


O “I should have Know”:


"I should have known that it would end this way.
I should have known there was no other way.
Didn't hear your warning.
Damn my heart gone deaf.

I should have known, look at the shape you're in.
I should have known, but I dove right in.
One thing is for certain.
As I'm standing here.
I should have known."


Pero hay una canción que desde el primer momento que escuché, me atrapó y ya no me soltó, se llama “Walk” y creo sinceramente que es una de las mejores canciones de los Foo; el coro en donde Grohl se desgañita me produce lo mismo que el de “Best of You”. Y para mi sorpresa, en una escena clave dentro de la película, se escucha de fondo. Ahí, literalmente, aplaudí. Lo mismo al final, cuando suena completa durante los créditos.

Y es esta joya:








"A million miles away
Your signal in the distance
To whom it may concern
I think I lost my way
Getting good at starting over
Every time that I return

I'm learning to walk again
I believe I've waited long enough
Where do I begin?
I'm learning to talk again
Can't you see I've waited long enough
Where do I begin?

Do you remember the days
We built these paper mountains
And sat and watched them burn
I think I found my place
Can't you feel it growing stronger
Little conqueror

I'm learning to walk again
I believe I've waited long enough
Where do I begin?
I'm learning to talk again
I believe I've waited long enough
Where do I begin?

Now
For the very first time
Don't you pay no mind
Set me free again
You keep alive a moment at a time
But still inside a whisper to a liar
To sacrifice but knowing to survive
The first to find another state of mind
I'm on my knees, I'm waiting for a sign
Forever, whenever
I never wanna die
I never wanna die
I never wanna die
I'm on my knees
I never wanna die
I'm dancing on my grave
I'm running through the fire
Forever, whatever
I never wanna die
I never wanna leave
I'll never say goodbye
Forever, whatever
Forever, whatever

I'm learning to walk again
I believe I've waited long enough
Where do I begin?
I'm learning to talk again
Can't you see I've waited long enough
Where do I begin?

I'm learning to walk again
I believe I've waited long enough
I'm learning to talk again
Can't you see I've waited long enough."


Amo a Dave Grohl.




March 17, 01:23 PM
Hace un par de semanas tuve que ir, por cuestiones de trabajo, a Monterrey (no iba a tener tiempo libre, es por eso que no le avisé a mis conocidos y lectores de allá, por eso y porque no me gusta relacionarme con sombrerudos) y al regresar tenía pensado escribir un post sobre aquella ciudad, pero decidí esperar y escribirlo objetivamente y con la cabeza fría.

Por eso ahora, con la perspectiva que sólo da el tiempo y las fotografías panorámicas, puedo decir con seguridad y confianza lo siguiente: Ah que pinche feo es Monterrey.

¡Quietos pinches charros montaperros! Ya vi que están desenfundando sus pistolas y alaciando sus bigotes, pero esperen a que los insulte un poco más antes de darme de sombrerazos y decirme, como inevitablemente lo harán "Pinchi chilango indio y prieto, ya quisieras ser regio, putooo".

Independientemente de que ya quisiera o no compartir mi gentilicio con la marca de un papel de baño, déjenme contarles como se ve Monterrey desde los ojos de alguien que toda su vida ha usado zapatos.

Primero, el camino. Ah, que pinche necedad de alguna gente de irse a vivir en medio de la nada, rodeados de unos cerros que a su vez están rodeados de más nada. Si era imperativo que vivieran pegados a un cerro, ¿Por qué no escogieron asentarse del otro lado? Está más planito y frente a ustedes hay una amplia planicie, que se extiende hasta chinga tu madre. En fin.

Después pagar la última caseta que anunciaba mi inminente llegada a Monterrey, por kilómetros esperé ver desplegarse frente a mi tan famosa ciudad (“La sultana del norte” le dicen los poetas y los comentaristas de futbol), pero en su lugar se desplegaba ante mí una densa capa de smog, cargada con el aroma de miles de cabritos y carnes asadas. Y de pronto, sin más aviso que un policía gordo y bigotón parado a un lado de la patrulla mas corriente y naca que he visto en México, estaba yo en San Pedro.

¡Oh, San Pedro, con tus patrullas feas y tus policías gordos, tus semáforos sucios y tu señalización horrible, oh, San Pedro, jamás te llevaré en mi corazón!

A partir de ese momento, con la vista empecé a buscar el famoso ícono de la ciudad: el Cerro de la Silla. Después de varias falsas alarmas, en donde veía un cerrote y pensaba: "¿Ese es el mentado Cerro de la Silla? mta madre, pinche montón de piedras peladas" vi, sin lugar a dudas, con su forma característica, lo que era el Cerro de la Silla, y pensé: "¿Ese es el mentado Cerro de la Silla? mta madre, pinche montón de piedras peladas". Se necesita ser muy sombrerudo para adoptar como símbolo de la ciudad un montón de piedras con forma de una silla de montar.


Al fondo: El Cerro de la Silla. Al frente: Miles de sombrerudos.


Seguí mi camino y a lo lejos algo llamó mi atención. Al principio creí que era una especie de arma apuntando a Dios. Después aparecieron unas cuerdas enormes y pensé en el arpa de un gigante. Al final resultó ser algo mucho más mundano: un puente. Lo interesante es que ese horrible puente fue la primera de muchas construcciones horribles que vi en Monterrey.

En verdad, ¿Cual es la fijación de los monterreyenses por construir cosas horribles, enormes y sin sentido? Un poco más adelante vi algo que parecía un marco gigante sin fotografía, perfecto para una foto de mi pitote tamaño natural (después me aclararon que en realidad SÍ es un marco que, visto desde un ángulo muy especifico -e imposible si vas manejando- enmarca al Cerro de la Silla, el cual es infinitamente menos interesante que mi pitote). También vi lo que parecían los restos chamuscados y retorcidos de una viga y otra cosa que supongo era el monumento a un puño de espaguetis a medio cocer. Alguien debería recordarles a los monterreyanos que no por construir obras enormes de arte abstracto van a dejar de ser menos pueblerinos. Lo único que están logrando es llenar su pueblote de construcciones de fierros y cemento en donde no pueden vivir más que las palomas.

Pero todo esto no son más que detalles curiosos y un poco desconcertantes, lo que sí es irritante es la falta de consideración de los montereyeños para con los viajeros, turistas y visitantes de paso. Me explico:

Yo deseaba llegar, digamos, del punto A al punto B, así que ingresé los datos en el GPS y este me marcó la ruta ideal, pero al seguirla, tenía que tomar por una calle que no existía y luego subir por un puente del que sólo colgaba medio carril. Por favor, neoleoñenos, la inundación fue hace como 10 años (tiempo de internet) y ya es hora de que dejen de comer cabrito y agacharse en las balaceras y empiecen a reconstruir sus calles y avenidas, piensen en lo incomodo que es para los que no vivimos en Monterrey.

Durante todo el trayecto fui escuchando la radio, principalmente porque siempre que viajo me gusta aprender sobre las costumbres y tradiciones de los aborígenes de la región. Así que escuchando la radio regiomontayañosa, con gran sorpresa descubrí dos cosas: primero, que todos los comerciales son como los del Pollo Yon, y segundo, que la radio en Monterrey se quedo atrapada en los noventas. Por ejemplo: cambiando de estaciones, me topé con "Mujeres" de Arjona, "November Rain" de GN´R, y "Pachuco" de la Maldita. Ah, y todos los locutores hablan como en Banda Max.

Ahora bien, no me gustaría juzgar a todos los nuevoleonanos por las poquísimas personas a las que traté, pero como soy una horrible persona, lo haré de todos modos.

Mi principal contacto fue un regiomonteño enano, prepotente y presuntuoso, que por nextel hablaba en inglés con sus achichincles porque creía: a) que no le entendíamos y b) que nos impresionaba porque sabía hablar ingles. Mi segundo contacto fue el botones del hotel que cargó mi mochila de hombro y que durante todo el camino hasta el cuarto (un piso) se la pasó hablándome tan golpeado que por un momento pensé que ya había leído este post. No se fue hasta que le di 50 pesos.

Las demás personas con las que interactué, de una forma u otra, caen en esas dos categorías, así que, habiendo dejado en claro que soy una persona horrible y prejuiciosa, voy a asumir que todos los regionuevoleños son así. Y bigotones y sombrerudos.

Al final, cuando uno viaja siempre conoce, aprende y descubre nuevas cosas; las vivencias que uno adquiere siempre vivirán en nosotros y nos ayudaran a ser mejores personas. En lo personal, de Monterrey y su gente, siempre recordaré el cepillo de dientes que me traje del hotel y que usé para limpiar una mancha en mis zapatos.

I´ñor.


August 30, 10:30 PM
Bueno, para todos los que no tienen Twitter porque, no sé, les gusta vivir debajo de una piedra y casarse con sus primitas, aquí les dejo el podcast de la entrevista que nos hicieron en Radio Educación a Plaqueta y a mí, gracias a Angel.

La Época de Oro de los blogs.






Denle una escuchada, quedó rebonito.
August 25, 12:42 AM

El amor, el amor, esa cosa tan extraña que inspira canciones tan hermosas como esta:




Oh sí, fuck you!

April 14, 09:37 PM
Los viejos lectores de este blog recordaran todas aquellas anécdotas de mi adolescencia en la calle Primavera, pues bien, gracias al recién estrenado Street View de Google Maps en Querétaro, ahora ya no tienen que hacerse una idea mental.

Por ejemplo, ¿todas las veces que cuento que mis amigos chiflaban y me asomaba por la ventana? Esquina superior derecha.



(De hecho el montaje es historicamente correcto, miren el fondo)


Y exactamente en esa azotea, fue en donde pasamos una noche fallidísima. Justo en el edificio de enfrente se ve la ventana (tercer piso, frente al poste) del cuarto de Gera, en donde se cogió a la cocinera del amor.

Y abajo, en donde está el Pontiac, estuvo estacionado durante meses el Arnero.

En ese estacionamiento jugamos cientos de partidos de futbol contra los mocosos de la primaria vecina, afuera de la cual nos juntábamos todas las tardes en el puesto del elotero, exactamente donde está la camioneta roja. Enfrente esta la privada (ahora calle, por lo que veo) en donde estaba el baldío en donde le hicieron gang bang a una vagabunda.

Ahhh, cuantos recuerdos y que cambiado se ve todo. Hace años que no me paro por ahí y me cuesta trabajo reconocer algunos lugares, tal vez es como canta El Haragán:

Las calles camino, que caminé de niño
Y me parecen distintas
Y me parecen pequeñas
Es por eso que me voy.

Y es por eso que me fuí.


April 14, 09:55 AM

Por si alguien fue criado por los lobos y apenas hoy llegó a la civilización, este es el nuevo tráiler de Gears of War 3:





En realidad no hay mucho que decir; desde ayer en la noche, todo hombre que se precie de serlo, desarmó el horno de microondas, el reproductor dvd y le sacó las pilas al control remoto de la televisión y empezó a construir una máquina del tiempo para viajar a Abril del 2011.

Supongo que muchos se sorprendieron (y muchísimos se masturbaron, aunque lo nieguen) al ver a una COG. Bueno, pues si en verdad fueran fans de Gears of War y hubieran leído la novela Gears of War: Aspho Fields, ya estarían habituados a la idea de una mujer serruchando Locust.

Ahora que lo pienso, si no la han leído, me dan asco y no quiero hablar más con ustedes, fuera de aquí.

Ahora, ¿Dónde deje el flux capacitor...?


April 13, 10:20 AM

Llevo un par de semanas comiendo sanamente (así los fines puedo atascarme de pizza y cerveza manteniendo el Karma), por ejemplo, empezando el día empacandome medio kilo de fruta. Desventajas: todos los días tengo que picar la fruta como si fuera la mujer que Diosito nunca quiso que fuera y por lo cual me dotó de pene. Ventajas: Mis pedos huelen a Glyde Frutal.

April 13, 12:01 AM

Sólo estoy probando un nuevo servicio.

Si funciona bien, probablemente postee un poco mas seguido, lo cual no es bueno para nadie.



February 24, 01:24 PM
Hoy, como todas las mañanas desde que naci, desperté. Me talle los ojos y me dirigí al baño. Y mientras estaba haciendo mis abluciones (no, “ablución” no significa cagar, pero de todos modos, sí, también cagué), de pronto recordé que tenia un blog.

Van casi dos meses del 2010 y no he escrito casí nada en este cuchitril, lo cual es una vergüenza. ¿Para quién? Ni idea. En fin ¿Qué han hecho ustedes últimamente? (esta es, obviamente, una pregunta retorica que solo sirve para dar pie a una divagación personal, no significa que realmente me interese lo que hayan o no hayan hecho, por Dios, ni su madre los quiere, ¿Qué esperan de mí?)

Los que me siguen en twitter ya saben que allá sí estoy activo, supongo que se debe a que me permite insultar gente de una manera más personalizada e inmediata. Los que se han negado a abrir una cuenta en twitter también deberían pensar en abrir una cuenta de correo electrónico y navegar por la Supercarretera de la Información. Pffft.

Pero volvamos al blog. Aun pienso que twitter no ha matado a los blogs, simplemente ha hecho a la gente mas distraída. En lo personal, no he posteado no porque no tenga nada que decir, simplemente no tengo tanto tiempo como antes. Entre el trabajo, los videojuegos (50 achievements y 1000 gamerscore en Assassin’s Creed 2, suckers), las películas y el alcohol, nomas no me queda tiempo para escribir mucho. Con trabajos cumplo con Recolectivo. Y hablando de eso, el Libro “Diarios del Fin del Mundo” casi se acaba, lo cual nos da mucho gusto, gracias a todos los que le entraron (y espero las críticas).

Hablando de películas, apenas compre District 9 en blu-ray. Yo no la había visto en cine y había evitado todo tipo de spoilers, quería verla “virgen” y oh, vaya que valió la pena. No me esperaba algo así y debo decir que entró, de golpe y chingadazo, en mi top 5 de películas de Ciencia Ficción. Espero con ansias esos tres años…

También ahí tengo pendientes por ver Ghostbusters (espero que el transfer a blu-ray no sea muy malo), Hero, Star Trek y Shawshank Redemption. También acabo de ver Sukiyaki Western Django, de Takashi Miike, que sí me gustó, pero no es para todos. Ese cine asiático (y en especial el de Miike) es un gusto adquirido. Igual pueden ver a Tarantino actuar en un papel apenas para el (y soltando una referencia geek cagadisima que rompe la cuarta pared).

Ahora que lo pienso, tengo muchas “reseñas” (ja, ¿Cuándo he reseñado algo decentemente?) pendientes. Por ejemplo, Avatar. No pienso decir nada que no se haya dicho ya (y no hare chistes sobre los Thundersmurfs y variaciones). Solo diré que si, es visualmente interesante y que en cuanto Salí del cine se me olvido. Ahora solo espero verla en blu-ray en mi casa para ver realmente que tan chingones están los efectos especiales (en 3D baja la calidad de la imagen).

¿Qué más tenemos pendientes? *revisa su agenda, en donde solo hay dibujitos pornográficos garabateados al azar* veamos…

Oh si, dentro de mis recientes adquisiciones esta un libro que debe leer todo hombre que sueñe con tener pelo en pecho y barba cerrada:







Cuando un libro tiene un tráiler, sabes que tiene que ser bueno.

Ahh, y de paso, una recomendación musical: Mando Diao (si, YO los acabo de conocer, ya sé que ustedes los escuchan desde que tocaban en un garaje en Suecia y que tienen todos sus discos y ediciones especiales y que son melómanos consumados además de guapos e inteligentes, nobody cares). Es muy raro que a estas alturas del partido me gusten grupos con, para empezar, vocalistas, y para acabarla de chingar, de música “buena ondita”, pero DOS discos DOS de Mando Diao me dieron un putazo a la mandíbula y me traen todo apendejado: primero, Give Me Fire y luego Never Seen the Light of Day. El primero es escandaloso y ponedor, el segundo podría ser la banda sonora de una película francesa setentera. Pueden descargarlos en la pestaña de "Musica" que esta en el allá arriba en el header.

¿Qué otra cosa? *mas dibujitos pornográficos*. Oh sí, también cambie mi Blackberry Flip por un 8520, que es una chulada:


Arriba: chulada.



Todos los que en algún momento han batallado con el trackball de los BB, deben voltear a ver este modelo, que cambio esa bolita delicada por un touchpad a prueba de dedos mugrosos.

Y aquí le paro, porque tengo cosas que hacer *más dibujitos*, pero tampoco voy a caer en el viejo truco de decir “tratare de postear mas seguido” porque a mí ya no me cree ni mi madre, en lo cual la apoyo completamente.

Y volviendo al principio, les recomiendo que chequen twitter, la mayoría del tiempo es tremendamente divertido, si saben insultar a las personas correctas.

January 22, 10:42 PM

En unos minutos mas, a las 10 pm centro (8 pm Tijuana) la transmision en vivo de la presentacion de libro de Recolectivo en Tijuana:

Click Aquí.


Estaran Manuel Lomelí, Daniel, Tania y Cesar.

Gracias.

Posts

September 29, 11:15 AM




Nos vemos.









September 13, 09:31 AM



Ya llegó, ya llegó…es el Fin, al final, es el Fin, nuestra Muerte. Eskorbuto

Anticipo el final, dispongo mi ánimo para el cataclismo mientras aguardo a que acaben de abrirse las puertas del Infierno. La oscuridad es tempranera y los fantasmas salen a la superficie. Camino por el hielo como los personajes de Profundidades. Abajo aguarda el abismo, los monstruos dormidos, nuestro Apocalipsis de cada tarde.

(Aquí arriban muchas esperanzas y se acaban por disolver, aquí todo es efímero, desechable y lo peor es que no se recicla, ni siquiera se biodegrada, se queda ahí, contaminando la tierra, chupando sangre como una garrapata, negándose a dejar de existir, depredando cuanto se mueve a su alrededor).

Por ahora estoy feliz. Mi felicidad es una niña en patines de hielo deslizándose a toda velocidad por una delgada superficie a punto de romperse. Bajo el hielo hay un abismo sin fondo poblado de monstruos (ahí debe habitar el monstruo de la taza del baño por cierto) Pero en este momento la niña está patinando como si nada. Si la capa de hielo es gruesa o está a punto de derretirse es cosa que le tiene sin cuidado. Hoy estoy patinando, mañana quién sabe. No hay que buscarle muchos misterios donde no los hay.

Como el asesino vuelve siempre a la escena del crimen y el salmón a contracorriente retorna a desovar al estanque de origen, uno siempre acaba por volver a ese abrevadero inacabable de letras desparramadas.

En el efímero texto de la vida, redactamos con exceso de comas, puntos suspensivos, a veces punto y seguido. Muy de vez en cuando colocamos ese punto y aparte que pone fin al párrafo e inicia otro. El punto final, en cambio, es un signo inutilizado. Rara, muy rara vez ponemos punto final. Hoy nos toca ponerlo Como herencia nos quedan los Diarios del Fin del Mundo. EL GUSTO ES MIO. GRACIAS.


September 11, 05:22 AM




Año nuevo esperando mi vuelo que para variar se atrasó otra vez. Harta de beber café y leer la misma revista me distraigo viendo a la gente pasar. Y lo que nunca creí posible: te vuelvo a ver aquí. A pesar de que no te había visto en diez años, reconozco al instante tu abrigo horrendo y tu forma de caminar.

Has cambiado un poco, tu espalda está más ancha y has subido un poco de peso. Creo que le va a tu estatura. Apostaría que te ves mejor que en aquél entonces.

¿Recuerdas la última vez que nos vimos? Creo que sí. Yo sólo recuerdo pedazos:

Fuimos a tomar una cerveza y me comentaste de que te había hecho un favor al terminar contigo porque al fin te habías podido acostar con… no recuerdo su nombre. Era un nombre común con D. ¿Dana? ¿Dulce? ¿Diana? ¿Denisse? Te felicité aunque para mis adentros me pregunté cuál era el protocolo social de una conversación entre exes. Cuando llegamos a mi casa seguimos platicando y sacaste de tus pastillitas mágicas. En la plática quisiste darme un masaje y volví a perder la noción del tiempo. Cuando me di cuenta de que estábamos teniendo sexo te empujé y te corrí de mi cuarto. Al día siguiente decidí que no deseaba tu amistad.

Y ahora veo tu chamarra espantosa entre el gentío del lugar y como la hipócrita cabrona que les dijiste a todos que era te miro desde mi rincón midiendo las circunstancias y viendo lo que el tiempo te ha hecho a ti.

La mujer que te acompaña (quién por alguna razón estoy segura que su nombre empieza con D.) te abraza y te rodea como un satélite enamorado. Me doy cuenta porque así estuve yo tantas veces: como una pequeña lucecita que daba vueltas a tu alrededor y que resplandecía en función de complacerte con todo. Me da nostalgia, no lo niego. Pero por mí misma: extraño a mi corazón cuando era tonta y te creía todo. Cuando creía que la gente no mentía (¿para qué si yo soy de confianza?) y que yo era una personita especial destinada a ese destino hermoso que uno se inventa. Cuando no era práctica y todo me parecía bonito. Extraño en ocasiones ser esa pendeja… sufres mucho ¿sabes? pero tiene su encanto.

Antes de desaparecerme de tu vida si me quedé con la espinita de quitarte algo a ti. Desquitarme. Pero al principio me dio miedo (por las amenazas que empezaron a llegar a mi trabajo)… y después mucha flojera. Y esta tarde es tanto mi aburrimiento que ahora espero una chispa de ingenio, una idea espontánea, una línea inteligente para levantarme y hablarte; nada más para ver que cara pones.

De la nada me doy cuenta que yo si tuve un final. Me convertí en una persona cínica pero con el corazón seguro. Cambié. Algo mío te llevaste cuando te mandé definitivamente a la chingada. No te puedo decir que gané o perdí pero sí que yo si tuve un fin. Adiós taradita inocente… quiero pensar en un momento clave y no puedo. Simplemente empezó hace diez años y sucedió poco a poco.

Te miro y entiendo porqué te reconocí. Tú eres el mismo, tienes lo mismo que cuando me enamoré de ti: una mujer jóven halagando todo lo que haces, el porte altanero, el mismo abrigo, el control. Nada en ti ha cambiado.

La salida de mi vuelo es anunciada y suelto todos mis recuerdos y divagues para irme. Paso a tu lado completamente consciente de que aún si me ves de frente, nunca te darás cuenta de quién soy yo.
September 10, 12:40 AM


Hace mucho tiempo los Sabios de Tralfamadore se encontraban muy ocupados rascándose los tompiates. Tan concentrados estaban en esa tarea que no tenían tiempo para nada más y eran infelices.

Hasta que un buen día, a uno de ellos se le ocurrió una idea genial y la anunció al resto.

- Sabios de Tralfamadore, se me ha ocurrido una idea genial ¿qué tal si en vez de que nosotros nos rasquemos los tompiates, actividad que consume todo nuestro tiempo, conseguimos a alguien más que lo haga?

- Eso está muy bien, Sabio de Tralfamadore - dijo otro. -Pero ¿cómo haremos para conseguir quien quiera rascarnos nuestros tompiates sabihondos? ¿Ponemos un anuncio en el periódico?

- No - dijo el Sabio de Tralfamadore al que se le había ocurrido la idea. - Haremos un blog colectivo en el que escribiremos nuestras ocurrencias semanales y al cabo de unos meses tendremos a una legión que estará dispuesta a rascarnos los tompiates. Los reconoceremos muy fácil por sus exabruptos.

A los demás Sabios de Tralfamadore les plugo la idea y la pusieron en práctica.

Después de unos meses, cada Sabio de Tralfamadore tenía una fila creciente de dispuestos a rascarle los tompiates. Como había indicado el autor de la iniciativa, eran fáciles de reconocer por la estridencia monótona pero entusiasta con la que exigían su atención.

Durante un tiempo los Sabios de Tralfamadore continuaron criando a sus rascadores de tompiates. Uno de ellos llegó a acumular a doce docenas de rascadores, por cada tompiate, en una sola semana.

Entonces ocurrió lo impensable.

A los Sabios de Tralfamadore, de tanta rascada, se les pusieron morados los tompiates y decidieron irse de vacaciones.

Desde ese día, los rascadores de los tompiates de los Sabios de Tralfamadore viven esperando su regreso. Mientras, para consolarse, se escarban la nariz.

Nota: Los Sabios de Tralfamadore son unos alienígenas del Vonnegutverso. Los tomé prestados para el tema de esta semana. Suelen dedicarse a actividades contemplativas y a proyectos manirrotos. Si los conocen es porque han leído a Kurt Vonnegut y los felicito. Si no los conocen es porque no han leído a Kurt Vonnegut, pero ese es un defecto que no tiene porque ser permanente.
September 08, 11:40 PM



La palabra fin es, como las palabras amor, felicidad, dios y sexo, un camino amplio y sencillo a la malinterpretación. Es una palabra que sugiere que las cosas en el universo son una larguísima linea y, como la historia humana, es el punto último de la raya recta y rígida de los destinos.

Yo no lo sé, y no porque sea un relativista de mierda o un borreguito confundido varado en la cúspide de la nada. Lo que si, es que adoro los finales. Para mi son augurios. Son albas cuyos rayos penetran a través de la cerradura de la próxima puerta. Basta abrir y caminar hasta la siguiente, y aunque ese procedimiento parezca lineal, o rutinario, es muy probable que las cosas del hombre y su mundo sean, en realidad, la apertura recalcitrante y necia de la misma puerta, una y otra vez.

El eterno retorno, dirán los más taimados. Pero como tampoco simpatizo demasiado con Nietzsche, he decidido no ponerle un puto nombre a esto de acabar y volver a comenzar. Solo digamos que está en nuestra naturaleza la posibilidad de reiniciarnos, aun cuando nos neguemos a eso, y nos aferremos a una linea inacabable de sucesos distintos que eventualmente terminan con todo, contradiciendonos. Aun cuando nos neguemos a renunciar, a poner un fin, e hinquemos dientes y uñas a lo que creemos tener o ser. Siempre y siempre hay posibilidad de tener otra cosa, de ser otro.

Este es el tema número cien de Recolectivo, y el capataz de este congal, Luis, nos previno: sería el último tema, y lo mejor es despedirse. Sonreí al leer su correo, tan frugal, concreto y sin tapujos, pero con aire veleidoso. Me dije: ¿qué debería escribir para despedirme? Y pensé, por supuesto, en nada. Pero al final me vencí y decidí venir a ser, por primera vez, sincero con todos ustedes, los que leen, trolean, insultan o guardan silencio.

Jamás he escrito sobre mi en este sitio; todo lo que así ha parecido han sido mentiras bienintencionadas. No lo haré tampoco ahora porque probablemente acabe siendo injusto conmigo o con ustedes, y les muestre una mentira hilvanada de lo que esperan leer, lo que creen saber de mi por lo que han leido y el patetismo que todos los seres humanos arrastramos y que tratamos de ocultar con pretenciones, ambiciones, logros y el ruido de nuestra verborrea e intelectualidades. Al final olvidamos que somos seres que cargamos con tres a seis kilos de mierda en los intestinos, y todos los días compartimos con el ser de a un lado, la honrosa necesidad de sentarse a defecar o de dormir para soñar, al menos que seas un estreñido o un insomne, y entonces eso también lo compartes con alguien más.

Pensé escribir un relatito para los trolls. Uno sobre su famoso muerte al puerco joto latino. Imaginé que ese vituperio se escuchaba en los patios de un palacio, por una turba encrespada dispuesta a linchar a un hombrecito que, hace mucho, se quedó sordo y se resguarda del odio de los demás en sus reflexiones y demonios. Sentí la necesidad de darle ese honor a los pacientes anónimos que vienen e inundan estos posts con sus debrayes, como monzón veracruzano. Pero al comenzarlo, era tanta mi risa que se transformó en enfado, y el enfado truncó mis intenciones de rendirle pleitesías a todos esos locos cuyo humor - por desgracia - nunca pude comprender o disfrutar. A ellos, les pido una disculpa por no poder sentir cualquier cosa por sus retahilas: ni risa, ni odio, ni coraje o irritación. De verdad, disculpenme. Fuí insensible

Luego quise hacer una exposición de motivos. De los mios para venir a escribir aquí. Pensé en disculparme por todas esas veces que soné arrogante, escolástico o soporífero (las más, lo sé), pero entonces hubiera tenido que disculparme por suponer que alguna vez no lo fuí. Pensé también en disculparme por aquella respuesta que di a la entrevista que nos hicieron en no recuerdo que blog. Pero luego supe que mi respuesta fue un realidad mi esfuerzo para nutrir la dinámica, y que escupir una respuesta llena de suficiencias y considerandos me hubiera hecho sentir como un mentecato con investiduras de merengue y papel picado.

Quizá lo que debería hacer es pedir una disculpa por venir a escribir aquí una opinión sincera. Siempre pensé que se me invitó para ficcionar y entretener con relatitos impersonales, al que quisiera venir a leer. Que mis opiniones irrelevantes y espumosas me las podía guardar para cualquier reunión de imbéciles en fin de semana. Mi obligación - creí siempre - era espulgar mi imaginación en busqueda de un relato salido del tema semanal. Y eso es un asunto que obedece al esfuerzo y la reflexión, no a inspiraciones, musas o espasmos de genialidad. Yo nunca he sido un hombre inspirado ni genio, y más que musas, tengo serías motivaciones para salvarme a través de la escritura. Cualquiera que se halle sometido al hierro rutinario de la vida, sabe que existen esas pequeñas pasiones que salvaguardan nuestra integridad y nuestro espiritu. En mi caso, venir a escribir a Recolectivo me complacía sobremanera.

Como sea, me he extendido demasiado. No voy a pedir disculpas por eso porque quizá el que se las merezca ni siquiera llegó hasta éste párrafo. El que haya llegado no aceptará mis disculpas. Quizá sonreirá conmigo y, si tuvo la osadía y paciencia de leerme, podrá por fin percibir con esto último que escribo aquí, un pedazo de mi, que soy, de verdad, muy patético, humano y habitual, y que cago y duermo como el que más.

Y bueno, acabo diciendo que si, esto es el final. Y como dije al principio, todo final invita a renovaciones. Los que sobrevivimos a este proyecto, en verdad, ya estamos pensando en otros escenarios, en nuevas voces, en otro rumbo. Es la misma puerta, al menos yo no me engaño, pero el placer de abrirla de nuevo me hace sentir que toda renovación es una esperanza modesta. De esas que aun tenemos cuando vamos a votar cada seis años, incluso los desengañados, los cínicos y los criticastros a ultranza.

Prometo pronto, abrir con los que nos acompañen, la próxima puerta hacia el otro Recolectivo. A los que me leyeron para odiarme o disfrutarme, les doy las gracias.
September 05, 11:06 PM



Soy víctima de algunos vicios, lo admito, pero al menos el tabaco jamás me ha tomado en sus garras. De verdad, el cigarro no es lo mío. No puedo decir que no fumo, pues un cigarrito de vez en cuando no le cae mal nadie, pero lo cierto es que pueden pasar largos meses, acaso años, sin que pruebe un solo tabaco y yo me siento de lo más campante.

Allá por el 2002, cuando fuimos a La Habana, me dio por entrarle duro a los puros e incluso compramos clandestinamente una caja de suculentos cohíbas a precio de ganga. Sin embargo lo de los puros fue una moda pasajera y muchos de esos cohíbas los acabé regalando al volver a Tijuana.

He tenido amigos que son auténticos chacuacos y en mis años mozos tenía la puntería de agarrarme como novias a puras fumadoras compulsivas. Sin embargo, yo nomás no agarraba ese vicio. No es lo mío pues.

Debo aclarar que cubriendo el Ayuntamiento de Tijuana, es imposible no fumar de vez en cuando un cigarrito en los pasillos de ese horrible inmueble mal llamado Palacio.
Compartiendo el humo con funcionarios y colegas, han brotado innumerables grillas y rumores políticos que van tomando forma conforme se consume el cigarro.

Sin embargo, hay algunas muy selectas y específicas ocasiones en que en verdad siento deseos de fumar. El otro día, platicando con mi colega René Gardner, coincidimos en que nunca dan tantas ganas de fumarse un cigarro como cuando estás frente a un muerto.

Tal vez quien no se dedique a esto no pueda comprenderlo, pero cuando acudes a cubrir a un ejecutado, algo que sucede con relativa frecuencia en nuestra ciudad, sientes unas inmensas ganas de prender un tabaco.

Pese a que no soy un policíaco, lo cierto es que por la naturaleza propia de mi chamba y de la ciudad donde vivo, me toca acudir a ver muertos por lo menos una vez al mes (mis guardias están malditas señores y siempre se pintan de rojo) Cuando llegas a la escena del crimen y miras las torretas encendidas, los curiosos que se amontonan mientras los de Periciales cuentan los casquillos, sientes una inmensa necesidad de atiborrar de humo los pulmones. Recuerdo cuando asesinaron a Angélica, la jefa de publicistas de Tv Azteca. Llegamos a la colonia Hipódromo antes que los ministeriales, el cuerpo de la chica yacía dentro de su automóvil y los familiares proferían escalofriantes gritos de dolor. Sin embargo, antes de empezar a hacer mi trabajo, preguntar los datos elementales a los policías e interrogar a los curiosos para ir armando mi nota, caí en la cuenta de que me era imprescindible conseguir un cigarro a como diera lugar o de otra forma no podría empezar a trabajar. Sólo frente a los muertos me puedo considerar un fumador compulsivo. Señores empresarios tabacaleros, os informo que los cadáveres actúan ante mí como promotores del vicio.


September 03, 09:18 PM






September 01, 10:01 AM



Mataron a Manuel dos días antes de que renunciara al periódico donde fui reportera durante diez años. Aunque suene kafkiano, esta es la historia de mi renuncia, no de la muerte del hombre que también amé todo el tiempo. Y es que al hablar de mi renuncia, de alguna manera estaré hablando de él, y eso me reconforta. Me hará sentir menos egoista.

El día que murió me tocó la guardia: debía quedarme en la redacción hasta las once de la noche, sola, con el último editor sentado frente al monitor, tecleando mientras yo diluía las horas viendo fotos en facebook y escuchando las transmisiones bruñidas del escaner policiaco a la espera de noticias de último momento. Eran las ocho y cinco de la noche, y oí el reporte de un policía reportando a central, en esos códigos ridículos, el hallazgo de varios cadáveres.

No había ningún fotógrafo; tomé mi cámara y manejé bien adentro del Cañon del Sainz, al sureste de la ciudad, en sus linderos. Antes de llegar a un desarrollo de interés social, luego de pasar dos kilómetros de baldios y basureros clandestinos, de tejabanes podridos, chozas desperdigadas cada cien o doscientos metros, separadas entre si por parapetos de llantas y tablones de cascajo, me hallé a una patrulla que detenía el paso hacía una vereda que descendía sobre un llano insondable, y donde las luces de media docena de vehículos, sus faros y sirenas, y el vaivén de las lámparas de mano, eran el único punto de referencia. Prensa, le dije. Y me dejó pasar.

El camino apareció con las luces de mi auto. Manejé ciento cincuenta metros solo para descubrir que enmedio de los vehículos, en un perímetro de veinte o treinta metros cuadrados estaban apilados, como islotes de carne fusiforme, los cadaveres de un número incalculado de hombres. Ninguna mujer, me dijo un oficial que se me acercó, sin que se lo preguntara. Había también otros cuerpos tirados ahí y allá, víctimas dobles de la pereza de sus asesinos. Uno de esos era Manuel. Lo descubrí enseguida, y fue como si él hubiera querido que así fuera: al tomar la primera foto.

Al comprobar en la pantalla de mi Canon, ahogué el horror y su grito en un mareo inevitable que parecía atornillar mi cuerpo en el llano, entre el salto de luces y los destellos de otras cámaras. Es él, musité. Adentro de mi cámara llevaba también otras fotos que le había tomado. En la última sonreía con la boca y con los ojos, levantando su mentón hirsuto y altanero, con medio rostro ensombrecido y el cabello desordenado cayendo por la frente.

Atónita, continúe tomando más fotos alrededor del perímetro. Llegaron los peritos, llegó el forense. Llegaron también unos de inteligencia militar con unas lámparas enormes que estallaron sobre los cuerpos, emblanqueciendo la sangre y la tierra por igual. Yo jamás perdí el control, me dije. Y tampoco lo perdí ahí. Luego escuché que un militar le preguntó a uno de forense ¿cuántos son? Y el otro le dijo: cuarenta y siete en total.

Me recobré del estupor cuando tuve al editor a lado mio exigiendome la nota. Había regresado al periódico y me decía cosas como: escríbela ya, que ya debemos cerrar edición. Manoteaba, también. Yo asentía asombrada de haber logrado regresar, pero descubrí que no podía teclear, que no había podido escribir un solo párrafo, y que frente mio estaba la luminosidad del monitor, blanca y recalcitrante, como el flash violento que descubrió el cuerpo de Manuel.

¿Qué podía escribir? Que habían hallado cuarenta y siete hombres muertos en el Cañon del Saenz, en un llano baldío, un bolsón inhabitado de Tijuana, en un abrupto entre dos cerros sin nombre, llenos de tropiezos, malezas y espesuras. Hombres anónimos, desconocidos; apilados como ofrendas de terracota y carne. Parias irrelevantes que se apelmazarían en las planchas del anfiteatro de la ciudad, fotografiados para el almanaque de muertos sin identificar. Ahí va el hombre que yo amo, me dije. Y él no es otro número.

No es estadística, no es cálculo, no es una tacha, ni rayón, no es muesca, o una diagonal temblorosa en el cuadernito de corte italiano del policía que escucha atento al muertero contar uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho...

Me negué a escribir la nota más impactante del día. Debía poner el nombre de Manuel completo o escribir nada: anunciar que murió, que todos sepan que el hombre de mi vida había muerto. Que ya no existiría, y que con él también murieron los padres, los hombres, los hijos, los amantes, enemigos, amigos de otros. No eran cuarenta y siete cadáveres. Meneé la cabeza y le dije al editor que no escribiría la nota. Histérico e impaciente, señaló su reloj: las doce y media de la noche. Había retrasado una hora el cierre del periódico. Su rostro iracundo era la frialdad numismática de todos los muertos del mundo enumerados para aparecer en las notas de los periodicos del planeta: cien muertos en Irak, cien más en Somalia, cien otros en Afganistán, cien más en Colombia, otro ciento en México, en Sierra Leona, en la esquina más improbable del mundo, cien, cien y cien, y de pronto miles, y la única muerte del mundo que parecía ayudarme a comprenderlo todo, era la de un solo hombre, uno pequeñito, insignificante, endeble, enterrable, lamentable, hijo de una mujer y un hombre como todos nosotros, y el amor único de toda mi vida.

Era como si el asesinato de un solo hombre fuera la crónica de todos los muertos de este mundo. Una crónica larga, pues los muertos de este mundo se cuentan por miles. Y es muy difícil dejar de contar.
August 28, 01:54 PM




Andy Warhol habló algún día de los 15 minutos de fama a los que todos podríamos aspirar, pero apostamos doble contra sencillo a que el gurú del pop art jamás conoció la historia del Pípila y el Niño Artillero, pues en lugar de hablar de 15 minutos de fama, habría tenido que referirse a 15 minutos que valieron la inmortalidad. Estas dos míticas e inciertas figuras, cuya existencia es puesta en duda por algunos historiadores serios, han quedado tatuadas en la memoria popular y son mucho más célebres que los ideólogos o caudillos culturales del movimiento. Para sostener lo dicho, hagamos una prueba: que levante la mano quien pueda mencionar al menos dos postulados de la Constitución de Apatzingán y el documento Sentimientos de la Nación. Parece que no hay muchas manos alzadas. Venga otra adivinanza: ¿quién fue el licenciado Francisco Primo de Verdad? Parece ser que este señor no es muy conocido. Bueno, vamos con una tercera pregunta: ¿podrían mencionar las diferencias sustanciales entre la obra de José María Luis Mora y la de Lucas Alamán? Todo indica que a este par de intelectuales no les sobran lectores hoy en día. Más de tres décadas dedicadas a disertar en torno al movimiento insurgente y la conformación política de la nueva nación, no fueron suficientes para asegurar un sitio en la memoria colectiva. Como podemos constatar, la dimensión política e ideológica del movimiento insurgente no es muy popular que digamos. Bien, hagamos ahora otra prueba: levanten la mano los que sepan quién fue el Pípila. Uff, hay muchas manos levantadas. Aún los desinteresados en la historia tienen una idea de quién fue este personaje. El Pípila fue un minero que se amarró una piedra a la espalda y quemó la puerta de la Alhóndiga de Granaditas, responderán. Eso sí, mejor no preguntemos cómo se llamaba el Pípila, pues casi nadie sabe, pero eso poco importa. Como Pípila lo conocemos y mal que bien, su imagen es infaltable en las estampitas infantiles y asambleas escolares. Aquí en Tijuana, al igual que en muchas ciudades mexicanas, existe una colonia que se llama el Pípila y quienes hemos tenido la fortuna de visitar Guanajuato, sin duda hemos sudado un poco escalando para llegar hasta el enorme monumento en honor al heroico barretero. Tal vez no sea tan popular como el Pípila, pero sin duda habrá unas cuantas manos levantadas si preguntamos sobre el Niño Artillero. Fue un muchacho que disparó un cañón y logró rechazar a los españoles durante el Sitio de Cuautla, responderán. Al igual que el Pípila, el Niño Artillero tiene colonias y calles en diferentes ciudades mexicanas. Lo interesante del asunto, es que estos dos personajes aseguraron su inmortalidad en los libros de historia por brevísimas pero decisivas acciones en medio de grandes batallas. Unos cuantos minutos bastaron para asegurar su entrada al pandemonio de los grandes próceres nacionales. Tal vez sin esos mitificados instantes de gloria, sin duda alterados por la leyenda, Pípila y Niño Artillero hubieran formado parte de esa inmensa muchedumbre anónima devorada por la vorágine insurgente, pero la historia es caprichosa. Ahora la pregunta que vale la pena hacernos es: ¿existe acaso constancia que certifique la real existencia de estos dos personajes? ¿Sabemos qué hicieron antes y después de sus 15 minutos de heroísmo? La existencia de el Pípila ha dado lugar a no pocos debates. Artemio del Valle Arizpe aborda el tema en su libro “Personajes y leyendas del México virreinal” (Panorama Editorial) en un interesante capítulo que deja una pregunta abierta al lector: ¿hubo pípilas? Citando a cronistas de la época como Lucas Alamán, Arizpe señala que durante la toma de la Alhóndiga de Granaditas, el 28 de septiembre de 1810, hubo combatientes que se amarraron losas a la espalda para poderse acercar a las puertas del granero y prenderles fuego. Alamán habla de varios soldados con piedras amarradas como escudos, no sólo uno. Lo cierto es que pese a no haber abandonado nunca su condición legendaria y mítica, cierta corriente historiográfica se ha puesto de acuerdo en que el Pípila se llamó Juan José de los Reyes Martínez y tan no es una figura de leyenda, que hasta señalan la calle exacta donde nació: Terraplén, número 90, San Miguel El Grande, Guanajuato, fue el lugar donde Juan José de los Reyes Martínez vino al mundo el 3 de enero de 1782. Al igual que miles de guanajuatenses en la época virreinal, se dedicó a la minería y como cientos de mineros del Bajío, se unió al padre Miguel Hidalgo en 1810. Versiones más novelescas lo ubican incluso como compadre del intendente Riaño, defensor y mártir de la Alhóndiga, algo muy poco probable por cierto. En el argot popular, pípila significa guajolote, aunque no se sabe si a Juan José lo apodaban así por cierta similitud física con estas aves, por tener el rostro picado de viruela o por imitar el graznido de los pavos. Tampoco se sabe si fue una espontánea idea suya o si el cura Hidalgo personalmente lo comisionó para que quemara la puerta de la Alhóndiga, lo cual consiguió amarrándose una losa que le sirvió como escudo contra el nutrido fuego que los realistas escupían desde el techo del granero. Lo cierto es que el Pípila quemó la puerta, lo que permitió la entrada de los insurgentes a la Alhóndiga, desatando una cruel masacre de españoles. Respecto al Niño Artillero también flota un aura de leyenda e irrealidad, aunque casi todos los historiadores están de acuerdo en que existió. Su nombre fue Narciso Mendoza y al momento de su hazaña, el 19 de febrero de 1812 en Cuautla, contaba con doce años de edad. Los realistas al mando de Félix María Calleja del Rey lograron batir una trinchera insurgente y cuando su tropa ya penetraba a Cuautla, fueron rechazados por tremendo cañonazo. Para sorpresa de propios y extraños, en la línea de fuego había únicamente un niño. Los historiadores han documentado la existencia de una tropa infantil que apoyaba al ejército del Sur al mando de José María Morelos. Este regimiento de infantes, era comandando por Juan Nepomuceno Almonte, el hijo ilegítimo de Morelos, quien muchos años después sería un acérrimo conservador, promotor del imperio de Maximiliano. ¿Realidad o leyenda? ¿Héroes providenciales o hijos del azar? Paradójicamente, ni uno de los dos fue mártir y ambos sobrevivieron muchos años a la guerra de Independencia, pues murieron por causas naturales ya en edad avanzada. Su recuerdo, es acaso un tributo a las decenas de miles de soldados desconocidos que no tuvieron 15 mágicos minutos para sellar su pasaporte a la inmortalidad.


August 26, 08:47 PM


"Los encargados de enseñarme historia de México eran tontos e incompetentes."

Esa de arriba es una frase recurrente cuando en textos, ahora muy a la mano por el próximo bicentenario, leo de episodios nacionales que los encargados de enseñarme historia en la escuela resumían en dos patadas, quitándoles todo el chiste. Por ejemplo:

"... entonces Victoriano Huerta traicionó a Francisco Madero y lo mandó matar".

fue como un profesor de historia de México me echó a perder la Decena Trágica a la que consideré, mucho tiempo, sólo como un desacuerdo entre un señor de lentes y un chaparrito de piocha que culminó con la muerte del último y tan tan. Transcurrieron años para que me enterara un poco más de lo que había pasado en esos 10 días de balazos y madrazos en la capital del país.

El episodio que más me gusta de la Decena Trágica no lo protagoniza ni Madero ni Huerta, sino un señor con muchos huevos que se llamó Lauro Villar. Su intervención fue fugaz pero decisiva.

Primero los antecedentes:

En la madrugada del 9 de febrero de 1913 oficiales y alumnos de la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan se apañaron transportes de la estación Tlalpan en los que arribaron al Zócalo. Al llegar, se subieron a la catedral y a los edificios que rodeaban la plaza.

Mientras tanto, el general Manuel Mondragón liberaba a los generales Bernardo Reyes y Felix Díaz (presos por insurrecciones fallidas contra Madero en las prisiones de Santiago Tlatelolco y Lecumberri) y se fueron los tres muy contentos al Palacio Nacional.

Ahora sí va la acción:

Cuando llegaron descubrieron que el general Lauro Villar ya había bajado a zapes de las azoteas y de la catedral a los de la Escuela de Aspirantes y había dispuesto la defensa del Palacio.

Entonces, los sublevados mandaron a un cuate de Mondragón, el general Gregorio Ruiz a hablar con el general Villar para que se uniera a su causa. En respuesta el general Villar lo bajó de su caballo y lo hizo preso.

El general Bernardo Reyes que era cuate del general Villar, ha de haber dicho "mejor voy a hablar yo con él". A lo que los generales Díaz y Mondragón han de haber respondido "ve, aquí te esperamos".

El general Reyes se detuvo frente a la puerta de Palacio Nacional y salió el general Villar. Tuvieron una discusión como la siguiente:.

- Bájese del caballo, general Reyes - dijo el general Villar.

- No me bajo, general Villar - dijo el general Reyes.

- Pues chingue a su madre, general Reyes - dijo el general Villar.

- Pues chingue ud a la suya, general Villar - dijo el general Reyes.

Y cuando el general Villar se incorporó a sus fuerzas, estas abrieron fuego. El general Reyes finalmente se bajó de su caballo cuando cayó muerto a los primeros disparos. La balacera subsecuente mató a más militares y mirones.

El general Villar resultó herido en el cuello y con la clavícula fracturada y lo tuvieron que llevar al Hospital Militar. Cuando Madero llegó custodiado por alumnos del Colegio Militar desde el castillo de Chapultepec nombró como relevo de Lauro Villar a Victoriano Huerta lo que bien podría pasar como una de las selecciones de personal más funestas de la historia de México.

O quizá no, porque en los meses que duró Francisco I. Madero demostró que era muy pendejo gobernando.

Y ya. Esa de Lauro Villar, fue la única acción militar de la Decena Trágica de las que he leído que valió la pena. El resto de las acciones militares fueron entre ridículas y trágicas. Hasta la mentada "Marcha de la Lealtad" que consistió en llevar a Madero de Chapultepec al Zócalo me da la impresión de que fue más una de las últimas pantomimas maderistas para salvar apariencias que un "momento estelar del ejército mexicano".

Pueden leer más al respecto aquí y acá.
August 26, 07:05 PM




Mi relación con el cine ha sido, desde que tengo memoria, un vaivén de amor-odio. Sobre todo en un aspecto en específico: los libros convertidos películas. Y recuerdo muy bien uno de los más grandes crímenes que ha cometido Hollywood y que me causo uno de los shocks mas traumatizantes que he tenido en mi vida: El Hombre Bicentenario.

Probablemente muchos vieron aquella película protagonizada por un Robin Williams ya gastado y repetitivo. De entrada, el cuento original de Isaac Asimov ganó el Nebula y el Hugo (que es como ganar el Tony y el Oscar) y está considerado como uno de los mejores relatos de ciencia ficción de la historia. En el, Asimov describe la el viaje emocional -y físico- de un robot que, después de doscientos años de existencia, logra ser considerado legalmente como humano. Asimov logra esto de un modo inteligente e interesante, poniendo al lector en los zapatos del protagonista y haciéndonos partícipe de todos sus conflictos y su lucha interna sobre su condición. Pero cuando vi la película, no podía creer que hubieran logrado convertir algo tan serio -como es el relato- en una burla grotesca. Williams logra una burda parodia del robot asimoviano; patética y "chistosita", y eso sólo por mencionar a uno solo de los personajes, lo en verdad imperdonable fue que cambiaran el corazón de la historia, dándole al final un significado totalmente diferente que desvirtúa completamente el mensaje que Asimov intentaba comunicar.

Desde entonces el mismo crimen contra Asimov se ha repetido con I, Robot, la película con Will Smith y según amenazas, rumores, se volverá a hacer con Fundación y El Fin de la Eternidad.
Yo, por mi parte, ya ni siquiera me molesto por esas barbaridades, para mí, el único Hombre Bicentenario, está acomodado en uno de mis libreros, lo demás, pues bien, hay cosas que es mejor olvidar, por salud mental.


August 24, 05:35 PM


Siempre que pienso en eventos históricos, pienso en la pequeñez del hombre común. Del hombrecito varado en algún punto recóndito de un país, de un estado, de alguna identidad nacional que se convulsiona sin que él se entere o le tenga preocupado.

Pienso en una nota viejísima que apareció en el Pennsylvania Inquirer (el periódico que con el tiempo se transformó en el Philadephia Inquirer), el tercer periódico más viejo de Estados Unidos. El texto fue publicado en 1832 por Jesper Harding, y habla de un hombre de sesenta años que vivía en un punto entre Guanaceví y Santiago Papasquiaro, en Durango. La peculiaridad del viejo era que, todavía once años después, no estaba enterado de que vivía en un país independiente.

Contrario a lo esperado, la noticia que le dio Jesper Harding no inmutó o exaltó al viejo, que se limitó a levantar los hombros y decir que si unos se fueron, otros vendrán, y que lo mejor era seguir trabajando. Harding no hace una descripción exhaustiva del asunto; para él, la ignorancia e indiferencia del hombrecito le resultó escandalizante, y reflexionó: ¿Era esto el verdadero nacionalismo de la joven patria mexicana?

Luego, y situando lo que escribo en el ardid baratísimo del bicentenario, me gusta recordar lo que todavía cuenta mi abuela materna respecto a su padre - mi bisabuelo - que sirvió en el ejercito villista, en el grupo de Ramón Contreras quien fuera, además de su lugarteniente, el guardaespaldas que logró escapar cuando Doroteo Arango fue asesinado.

Cuando se dio la leva y los villistas recogían pueblo por pueblo, en cada casa, a veces al amanecer y otras veces enmedio de la noche, la familia de mi bisabuelo tuvieron que despedirse de éste y de otro hermano para que fueran a pelear a lado de cuatreros, ladrones y asesinos. Su padre, mi tatarabuelo, murió de tristeza creyendo que sus dos hijos mayores se habían transformado en viles bandoleros, y no en soldados de la Revolución Mexicana.

Como él, quizá hubo muchos. Mi abuela narra lo difícil que fue para muchas padres y madres comprender la dimensión de ver a sus hijos reclutados a la fuerza por cuadrillas de lo que a todas luces eran delincuentes, parias y asesinos. Dudo muchísimo que el porte de la división del norte haya poseido una dignidad militar impecable y ecuestre. Era muy lógico que la plañidera materna supusiera lo peor: hijos metidos a la gavilla que probablemente acabarían fusilados o ahorcados.

Como sea, todo lo anterior me hace pensar que el nacionalismo en los sucesos históricos son un agregado que condimenta lo que historiadores, narradores, escuelas, programas educativos, fiestas, fechas, desfiles, profesores, padres y folklore nos meten a marchas pavlovianas. Incluso sin el nacionalismo, muchos dirán que de todas formas fueron fechas gloriosas, y que no hay nada más precioso que leer los detalles de las batallas, de los pasajes, de los diálogos, de las intrigas y valores de este o aquel villano o prócer. Yo francamente no sabría decir si fueron plausibles o si es necesario desmentir o desmitificar a este o aquel personaje o suceso.

Lo que si, es que al pensar en el hombre pequeño, aquel que poco o nada tuvo que ver con los sucesos históricos, y que muere anónimo o indistinto frente a las vicisitudes del todo, una sonrisa llena de ironía me invita a descubrir la enorme cursileria con la que hemos aderezado fechas que, si bien reflexionamos, son amargamente contradictorias con nuestro presente nacional.
August 20, 05:40 PM





Siempre llovía en mi cumpleaños. Podía fallar la piñata, el pastel, los regalos, pero nunca el agua. Las nubes negras siempre llegaron puntuales a Monterrey. En Tijuana en cambio nunca llueve en abril. Su temporada de lluvias, si es que temporada se le puede llamar, es en enero, cuando muy tarde febrero. Eso sí, cada cinco o siete años es con catástrofes diluvianas. Lo de las lluvias primaverales es cosa de tierras regiomontanas.

Desde que vivo en Tijuana nunca ha llovido en mi cumpleaños. Pero de una cosa sí estoy seguro: El 21 de abril de 1988 Tijuana amaneció bajo la lluvia. Todas las crónicas de mis colegas reporteros que cubrieron el hecho, coinciden. Todos, sin excepción, sostienen que esa mañana estaba lloviendo a cántaros. No me he cansado de revisar en hemerotecas lo que publicaron los periódicos tijuanenses del 22 de abril. Los he leído una y otra vez sin cansarme. Saqué copias de todos los ejemplares e incluso los traigo conmigo.

La mayoría de los que eran reporteros en esa época y cubrieron el hecho, hoy son veteranos jefes de redacción que se oxidan en una oficina o simplemente reventaron y se dieron cuenta que el periodismo no ha sido ni será nunca una apuesta de vida. En cambio, en 1988 yo era un adolescente conflictivo al que ni por la cabeza la pasaba dedicarse al periodismo y que tardó once años en saber que en el mundo había existido un columnista irreverente y combativo llamado Hilario Calleja al que mataron en una mañana lluviosa de primavera. Sí, llegué muy tarde al caso, cuando en teoría todo estaba escrito. Tras litros y litros de tinta desparramados en el caso Hilario Calleja, se le considera un tema agotado, condenado a perpetuidad a la página negra que X en la Frente saca cada viernes. Nadie se imagina que yo estoy a punto de hacer que este caso resucite como Lázaro de su tumba y que 22 años después, volveré a poner a Calleja en boca de todos y escribiré el artículo más contundente sobre el tema que jamás se haya escrito. Sólo resta esperar la llamada para empezar a reconstruir los hechos.

Ese día nadie aventuraba aún la hipótesis de Salomón Saha como autor material del asesinato de Hilario Calleja. Mucho menos iban a mencionar el nombre de Alfio Wolf. Se referían únicamente al extraño asesinato de un periodista, emboscado en una calle cercana a su domicilio minutos después de las 9:00 de la mañana. El parte de la Policía Municipal reportaba cuatro impactos de bala sobre el cuerpo de Calleja que quedó tendido sobre el volante de su automóvil, cuyo parabrisas, obvia decirlo, fue pulverizado por los impactos, lo que me hace pensar, aunque no es señalado de manera específica, que el cuerpo del periodista acabó empapado bajo la lluvia. Dos balas en el pulmón, una más en el cuello, sólo una en la cabeza que entró por el pómulo. Muerte instantánea. Testigos anónimos se referían a un estereotípico Grand Marquís de vidrios oscuros y sin placas. Por supuesto, ninguna edición señaló que los asesinos huyeron a refugiarse en el Hipódromo. Eso se sabría hasta después. Y yo, en lo personal, lo sabría mucho después, hasta que llegué a vivir a Tijuana en la Primavera de 1999.


August 19, 10:20 AM




Detenido a la orilla de un boulevard
Mirando los autos romper la noche.

Mi ventanilla se cubre con una cortinilla de agua sucia cada que un auto cruza por el charco junto al que estoy detenido. Cada que esto sucede, el sonido del agua estrellándose con un tableteo sobre el cristal me hace voltear instintivamente.

A lo lejos, relámpagos iluminan la noche. Las puertas del cielo se han abierto y un diluvio local se nos viene encima. Pareciera que todos los ángeles juntos salieron de sus barracones a orinar, como cualquier soldado borracho.

Intento leer, pero no me concentro. Apago la luz del techo y miro los autos que se detienen junto a mí. Personas que en medio del diluvio aún piensan en comprar aspirinas y botellas agua. ¿Que nadie se da cuenta de que es el Fin del Mundo? ¿En que momento dejamos de temer al castigo divino? Bah, hay peores formas de dejar este mundo que mojándose los pulmones.

Cancelen mi suscripción para la reencarnación, gracias.

El tableteo en mi ventanilla sigue. A mi derecha, a lo lejos, el Aqueronte sigue creciendo, sólo que no hay ningún Caronte a la vista y cada quien la cruza como puede. A diferencia del par de monedas que el viejo pedía, acá se pagan miles de ellas para asegurarse el cruce hacia el otro mundo —el seco—, vía tracción 4x4.

Algunas personas corren despavoridas, como si cayera gasolina. No recuerdo cuando fue la última vez que caminé —no corrí— bajo la lluvia. Supongo que fue hace años, cuando aún no portaba nada conmigo que pudiera perder al mojarse. Creo recordar el chapoteo de unos tenis y una avenida oscura. Creo recordar la hiedra, un sillón y aquella chimenea apagada. Ahí perdí mas cosas en otro tipo de humedad.

Un relámpago me devuelve a la realidad. Un par de fotografías del mundo son tomadas. Un estrobo descompuesto. Los ángeles deben seguir ebrios.

Enciendo el auto y me uno al lento fluir de los vehículos. Me dirijo hacia el Aqueronte. El viejo cabrón sigue sin aparecer. Está bien, no creo que valga la pena pagar por nada de lo que hay del otro lado.

El ocasional tableteo en mi ventanilla se convierte ahora en un golpeteo furioso. ¿Eso es todo lo que tienen? yo puedo orinar mas ruidosamente. Uno pensaría que en el cielo las borracheras provocarían algo más que un pequeño diluvio. Una razón más para hacer reservaciones en otro lado.


August 17, 04:30 AM


Me enteré que la Alta y la Baja California se habían hundido porque le marqué a mi esposa y me mandaba al buzón. Mi mujer siempre responde. Vivía con el teléfono metido en el culo. Probablemente ni siquiera lo soltó para nadar.

Le hablé a su hermana y tampoco. Marqué a casa de Alberto, de Rafa, de Heriberto, de Gil, de Sandra, a la mamá de Rafa; incluso marqué a casa de mis hijos, y nada. Encendí el televisor y ahí estaba. Eran las cuatro y media de la madrugada, y la caja tonta anunciaba con voz alarmada de locutor egresado del Iteso, que entre la falla de San Andrés, y sus hermanitas Garlock y Calaveras, el asunto había terminado por colapsarse, para además inundar la costa de Arizona, Oregon, Nevada, Sonora, Sinaloa y Nayarit.

Por supuesto, eran chingaderas. El asunto sucedió cuando yo estaba encumbrado como el narco más poderoso del cártel de Tijuana, y cinco horas antes de sentarme frente a los jefes de los carteles de Sinaloa, el Golfo y Juárez. Si me presentaba ahora con ellos, lo más probable es que se cagarían de risa contemplandome como un rey sin reino. Como padrote sin prostitutas. Y me coserían a balazos, si bien me iba.

Cualquiera entendería que a falta de Tijuana, llegar a cualquier sitio presentando credenciales de jefe de un cártel sin territorio, solo convoca a la pena ajena, o a preguntas dolorosas y tristes como ¿que se siente haber perdido todo?

Consternado entonces porque había dejado de ser capo por razones geográficas que todavía estaban fuera de mi entendimiento, me puse a recordar cuando mi camarilla y yo paseabamos por Tijuana, encamionetados y con mucha coca en el pescuezo, y mujeres para celebrar lo que siempre celebrabamos: ser los dueños de todo. Ahora - me dije - soy dueño de nada. Y ni el dinero que tenía en las muchas lavamáticas bancarias me consolaba. Yo quería mi Tijuana para poder decir: soy el jefe de jefes en esta ciudad, y para trabajar aquí tendrán que hablar conmigo.

En vez de eso salí a caminar por Cuernavaca, y aunque el clima era inmejorable, yo estaba desconsolado. Ya no quería nada con la vida. ¡Ya no tenía territorio que defender! ¿A quien le cobraría derecho de piso si ya no había piso? ¿En que tierra enterraría a mis enemigos? ¿En donde cavaría mis narcotúneles y mis narcofosas? Ay, pobre de mi. De verdad solo quería darme un balazo en el mero corazón. Como se suicidaban los hombres antes. No como ahora, en la cabeza, que quedan con los sesos de fuera y el rostro descuadrado. Eso echa a perder el velorio. La gente se asusta y no luciría el ataud chapado en oro que ya tenía comprado por si las dudas.

Tanto pensaba en darme un tiro al pecho, en el féretro de oro, en los corridos que tocarían, en mi Tijuana hundida o derrumbada en el chingado oceano pacífico, por donde tantas veces llegaban pangas cargaditas de motita, que no me di cuenta cuando me cayó la federal, y si hubiera tenido mi escuadra con cachas de diamantes, me cargaba a más de uno para que de paso me mataran, pero no: la chingada escuadra también se había hundido guardada en mi casota en Playas de Tijuana. Eran, en verdad, chingaderas.

Cuando me presentaron con el chingón del Ministerio Público, también estaba un coronel, sus mandaderos, y un mozo bien vestido que fue el primero en hablar: Don Félix, lo mejor es que coopere. Yo los vi a todos y murmuré: son chingaderas. Al coronel le dio mucha gracia, y me dijo el muy insensible: ora si que se le hundió todo el negocito, don Félix. Y como soltó una risita, todos los demás también se rieron a mis costillas. Ora si puedes decir que eres el jefe del Cártel del Oceano Pacífico, jojojo, jajaja, jijiji. Y entre risa y risa, decían también cosas como: podría reclutar tiburones de sicarios, o ballenas para mover la mota y la coca, jajaja, jijiji, jorjorjor.

Tanto se reían, que me dio mucho coraje, y les dije: A ver, bola de cabrones groseros, y toda la demás gente que se ahogó ¿qué? ¿Por qué no se burlan de ellos? Pero ni así dejaron de hacer chascarrillos sobre mi mala suerte, hasta que el catrín que habló primero, y que ya estaba rojísimo de tanto reir, me dijo, resoplando y recobrándose: Uuuy, don Félix, si para agarrar a cabrones como usted se tiene que hundir todo México, ¡que así sea!

Y todos siguieron riendose. Al final yo también me reí, y es que reirse de la desgracia ajena, aunque sea nacional, siempre es muy contagioso.
August 16, 02:48 AM




Al medio día vas al remodelado a malecón a pasear con tu hijo. El Sol pega sabroso después de un verano particularmente frío.

Pides un pescado al mojo de ajo en el Terraza Vallarta. Tu hijo está contento.
Por la noche, de vuelta a casa, sales al patio
Te sirves un whisky irlandés
Sacas las bocinas y tu iPod
Pones un disco del Reverend Bizarr y después uno de Rainbow en homenaje al gran DIO
Sacas tu lap top
Te entretienes leyendo las palabras que has desparramado en las últimas semanas y que según tú se convertirán en un ensayo
A ratos lees un oscuro libro de John Ajvide Lindqvist llamado “Déjame entrar” que te está gustando un chingo.
Surfeas por dos tres páginas y caes en la cuenta que no has posteado en Recolectivo y a este viernes le queda una hora y media (allá en el D.F ya es sábado)
Sientes el nocturno airecito helado del mar soplando en tu cara y piensas que si al mesero de la vida tuvieras que pedirle un viernes a la carta, pedirías uno como este y reparas en que con todo y sus escupitajos políticos, la vida ha valido la pena ser vivida.


August 12, 09:45 PM


Después de una opípara cena el mesero le ofreció al comensal el café de la casa.

- ¿En qué consiste? - preguntó el comensal.

- Le traemos a su mesa un alambique portátil. En un recipiente colocamos anis, vodka y agua y los ponemos a calentar. Cuando hierve, el líquido viaja por el serpentín hasta el otro recipiente donde se junta con una mezcla de café, canela y cianuro. En unos segundos queda listo para servirse usando una espita. Le sugiero que no lo arruine pidiendo azúcar.

El comensal reflexionó que después de lo comido y vivido el café con cianuro era una excelente idea. Solo tenía una inquietud.

- ¿Sufre uno mucho?

- En absoluto - dijo el mesero. - Todos nuestros clientes tienen un paro cardiaco entre la segunda y tercera taza que se sirven y caen fulminados instantáneamente.

- Bien, tráigamelo - dijo el comensal.

El mesero regresó un rato más tarde con una bandeja, preparó el alambique y encendió un mechero que pronto hizo burbujear al líquido. Mientras las gotas del vapor condensado opacaban el serpentín, el mesero presentó al comensal la cuenta.

- Comprenderá ud caballero que cobremos de antemano.

- Por supuesto - dijo el comensal mientras sacaba la cartera.

Más tarde, mientras el comensal probaba una segunda taza, se llevó una mano al pecho, lanzó un estertor y cayó sobre la mesa. Los ocupantes de las otras mesas fingieron no verlo y continuaron comiendo o platicando.

El mesero se apresuró a limpiar la mesa y a llevar el cadáver a un depósito para el efecto. Cuando regresó a su puesto, el maître había llevado a la mesa a dos nonagenarios. De acuerdo a su experiencia, el mesero supuso que cada uno vívia temeroso de que su pareja se muriera primero y lo dejara solo.

El mesero les presentó la carta, recitándoles el lema del restaurante: para la hora del café sus problemas estarían resueltos.
August 12, 05:24 PM



Fue hace muchos años. La había conocido hacía poco y después de mucho trabajo de auto convencimiento, me animé y un viernes la invité a un pequeño café dentro de una vieja casona. Las mesas eran de madera y estaban en penumbra, sólo eran iluminadas por una pequeña vela en dentro de un vaso de cristal de colores. Al fondo, un tipo rasgaba suavemente una guitarra. El mesero nos sugirió unos cuantos vinos, pero yo no tenía idea si ella tomaba o no, así que mejor pedí la carta y le enumeré los platillos para que escogiera algo. Ella decía que no a todo y al final sólo pidió un café. Yo no supe que hacer y también ordene uno, aunque no acostumbraba tomarlo. Mis planes para una cena romántica se fueron al carajo en ese momento. Toda la noche intente acercarme, pero no pude hacerlo; físicamente ella estaba ahí, pero emocionalmente estaba lejísimos. Ahí sentado, sin saber que decir o que hacer para lograr conectar, nunca solté la carta del menú. Le di vueltas en mis manos toda la noche y la releí docenas de veces mientras intentaba alcanzar a una persona que nunca había estado a mi alcance. La noche terminó en solitario.

Hasta la fecha, recuerdo casi todos los platillos y bebidas del menú de aquel pequeño café metido en una vieja casona; de ella recuerdo su nombre, pero no su rostro.

August 11, 08:07 PM

Ahí donde me ven, no siempre fui el ser de luz que soy, en algún momento de mi infancia fui una pequeña niña bonita y chantajista.
La navidad de 1995 no ocurrió como yo esperaba. Yo ya sabía que eran mis padres los santaclóses pero también sabía que era la perdición de cualquier niño que sus padres se dieran cuenta de que su sucia mentira ha sido descubierta; los regalos nunca vuelven a ser lo mismo y después ni ganas le echan a esconderlos ni nada, así que no podía evidenciar demasiado mi molestia hacia mis progenitores, pero, una tarde de comida familiar post-navideña sucedió...

- Mesero, tráigame lo que usted quiera.
- P-pero, ¿cómo?
- Si, lo que quiera.
- ¿lo que yo quiera? -dijo volteando a ver con extrañeza a mis padres.
- Si, solo tráigame algo.
- Bueno, pero, debe haber algo en la carta que te apetezca, niña...?

Mis padres se volteaban a ver tratando de descifrar de qué se trataba esta vez.

- No importa ya, tráigame algo que me quite el hambre.
- Elija algo, vamos, ¿por qué no?
- ¿por qué si? No, ya para qué, no tiene caso.
- Jaja, ¿cómo que no tiene caso?
- No, si le pido una hamburguesa ¿quién me asegura que no me va a traer un sándwich? A Santa Claus le pedí en la cartita un pony y un brincolín ¡y me trajo el micro hornito!... ¡y el rosita! ¿usted cree?

Mis papás abrieron los ojos como cacalotas y no supieron qué hacer. Mi papá tosió y se paró para ir a reírse afuera, mi mamá solo dijo "Tráigale un sandwich..." y volteó al cielo como preguntándose en qué se había equivocado y qué karma estaba pagando.

Lo que pregunto yo cuando volteo al cielo es lo que iré a pagar yo. Que todos los santitos del cielo y la birjensita me amparen.
August 11, 01:19 AM

Alguna vez mencioné (creo) que son melindrosa con la comida. En particular, no como pescados o mariscos (ocasionalmente alguna lata de atún –en agua- con mayonesa o en ensalada, quizás). En mi familia son muy prácticos y nunca fue un problema: desde muy chica aprendí a prepararme algo del refri yo y si se querían juntar para un restaurant dónde el menú consistiera exclusivamente estos alimentos ni me invitaban.

Las complicaciones fueron cuando entré a Biología. El 90% de las prácticas de campo (aproximadamente 3-12 por semestre dependiendo las materias) eran en playas dos tres alejadas de la civilización. Allí había palapas con pescado fresco, bastante apetecible y muy barato. Cuando había tienditas yo sobrevivía de comida chatarra carísima en las tienditas: carbohidratos más grasa con sal o más grasa con azúcar; cuando el lugar era MUY remoto y no había tienditas me la pasaba de palapa en palapa preguntando si vendían papas fritas. A veces tenía suerte, a veces no.

Varias veces apechugué y comí lo que había (el hambre es canija, snif). Y nunca lo pude digerir: en ocasiones por el exceso de salsa valentina, o por la mareada en el bote donde tomamos muestras, o porque el sol me saca ronchitas… o porque hasta mi cuerpo es melindroso y nena.

Ahora ya mejor digo que soy alérgica.

August 06, 01:35 PM




El primer acto que realicé en los 90, concretamente en el primer segundo, fue un enceste. Vivíamos en aquel entonces en el Edo Mex, en la colonia la Herradura. En un enorme patio terraza teníamos montado un aro de básquet y en aquella gran fiesta de Fin de Año, pensé que la mejor y más original forma de iniciar una década era lanzando un tiro libre a las 00:00 horas. Aquella Navidad todos los parientes de Monterrey viajaron para pasar la Navidad con nosotros, los recién emigrados a México. Al momento de iniciar la década, mi hermano Adrián tenía trece días de nacido. Fue el diciembre de la invasión a Panamá y la Revolución en Rumania.

La imagen de Noriega refugiado en la nunciatura apostólica y la de Ceacescu y su esposa recién fusilados acaparaban la pantalla en una época en la que presentíamos que el mundo no volvería a ser igual. La Historia, diría Fukujama, estaba llegando a su fin.

Viví el Mundial 90 en medio de unos catastróficos exámenes finales y aún así lo disfruté inmensamente. No estaba México y caían goles a cuentagotas, pero Roger Milla, Gascoine, Higuita, Canigia y Goycochea me hicieron pasar mañanas inolvidables. En términos académicos fue el peor año de mi vida.

Hablar de música, lo sé, es la tentación ineludible. Qué sería una época adolescente sin su música. El verano del 90 vieron la luz el Rust in Peace de Megadeth (este año Mustaine ha armado una gira de XX Aniversario) y el Seasons in The Abyss de Slayer, pero el verano del 90, fue, ante todo y sobre todo, el verano de La Polla Records. Aquella caótica y claustrofóbica tocada de la última carcajada de la cumbancha (Perpetua e Insurgentes), pudo haberse convertido en una notota roja de época con su portazo de antología. Ahora que lo pienso, faltó muy poco para que ocurriera una gran tragedia peor que news divine. Televisa se habría enterado de la existencia de la Polla, del LUCC y del movimiento punketo azteca. No por nada el Evaristo optó por parar cuando llevaban unas once rolas. Por fortuna alcanzaron a tocar No somos Nada. Al año siguiente, Eskorbuto en Tlalnepantla el día de mi cumpleaños, en la que a la postre sería la única tocada de los bilbaínos fuera de España en toda su decadente “historia triste”. Cuando pienso en la historia de Eskorbuto, en lo trágico de sus vidas, en ese poético escupitajo que son sus letras, me doy cuenta que ese prostituido concepto llamado punk, encontró su más auténtico y podrido néctar en la historia de este trío del otro lado del Nervión.

En el 92 morirían Iosu y Jualma y yo podría dedicar este y mil post más a hablar de Eskorbuto, pero estamos hablando de una década y en aquel feliz 91-92 se aparecieron por Tlane Obituary, Kreator, Death, Sadus, Pestilence, Cannibal Corpse, Sepultura en pleno (los brasileños visitaron la tienda de discos donde yo jalaba) Nuclear Assault, Deicide y Sick Off It All (en esta tocada descubrí la infinita potencia del hard core de NYC) y los carniceros vegetarianos del Reino Unido, Carcass. Toda esa pléyade metalera pasó por Tlane y nadie me lo platicó. Nunca he vuelto a vivir tocadas tan salvajes como las de la Arena López Mateos de Tlane. Ahora que acudo al House of Blues de San Diego en donde hasta la tocada del más furioso thrash-core es políticamente correcta y baja en calorías como todo lo californiano, extraño los tiempos que entrabas a la Arena López Mateos con serias dudas sobre si saldrías vivo de ahí.

El 20 de noviembre de 1991 me tocó inaugurar Interlomas. El primer empleo en nómina de mi vida fue en discos Zorba de esa plaza. En el 91 fui por vez primera a Puerto Escondido y a Zipolite y abrí las blakeanas puertas perceptivas. En agosto del 92 volvimos a vivir a Monterrey y odié a mi tierra y a su mierdozo verano más que nunca. En el 93 mi primo Héctor y yo entramos a jalar como conductores en un programa de media noche en la radio y nos divertimos como enanos haciendo payasadas. Llegué a segundo semestre de Ciencias Políticas y me cambié a Derecho.

Empecé a frecuentar el Esquizo y el Café Iguana. Unos noruegos con cara pintada empezaban a ganarle terreno al death metal, aunque en la radio sonaba fuerte el grunge y la gente me miraba como un abuelo anticuado cuando les hablaba de Maiden y Judas (y yo podría dedicar un post entero a defender la infinita superioridad del Heavy Metal sobre pearl glam y toda esa mierdoza cofradía de mugrientos malparidos en Seattle pero ya habrá tiempo)

El 94 fue el no va más, con la cruda del 1 de enero viendo los encapuchados en San Cristóbal y el colosiazo que me agarró en la cafetería de la escuela cuando me disponía a partir a celebrar el cumpleaños de mi tío Jos. Entré a trabajar a una librería, me estaba quemando entera la saga de Carlos Castaneda y Don Juan Matus y viajaba cuando podía a Real de 14, Zacatecas, Icamole y similares. En Navidad del 93 una novia me regaló unas Marteens que no me quitaba ni para dormir y mi pelo era largo, larguísimo y descuidado. En el 96 acabé la carrera, me fui a vivir a Groton Massachussets y en otoño di mi primer brinco por siete países europeos, incluido Islandia. El 18 de diciembre de 1996, en una peluquería de Nueva York, corté mi pelo después de cuatro años. Ese día empezó mi vida adulta. En el 97 fui moderador de un debate con los siete candidatos a la gubernatura de Nuevo León, empezamos a imprimir una revista mensual llamada Bitácora y después entré a jalar al Norte. El 98 fue el año que más vodka he bebido en mi vida. En el 99 me casé y dije adiós para siempre a Monterrey. Tijuana me esperaba. Fuimos de nuevo a Euruapan. El ultimo día del milenio y de la década pasé la mañana entera caminando por la playa tijuanera. La década que había iniciado lanzando una pelota a la canasta, llegaba a su fin y la despedimos, a las 11:59, de la mejor forma posible: cogiendo.


August 06, 12:43 AM


Mi década de los noventas estuvo repleta de malas decisiones, excepto dos de ellas.

En el primer intento por escribir esta bosta narraba de qué iban esas dos decisiones no desastrosas pero a medio párrafo me di de cabeza con el teclado al quedarme dormido.

Decidí entonces que contar la ruina que fue la década de los 90s quizá fuera menos aburrido. Estuve en ello hasta que me dí cuenta que ya llevaba ciento cuarenta y nueve cuartillas y apenas iba por 1991.

Así que mejor les cuento una anécdota pitera que ilustrará mejor lo que fue la última década del s XX para un servidor.

En otoño-invierno de 1996 tenía una esposa gritona, una bebé cagona y una chamba de correveydile dantesca.

Un viernes llegué a casa y mi propósito de darme un martillazo en la cabeza se vió frustrado ante un aviso ominoso de mi ex gritona:

- La criatura ya no tiene pañales limpios.

La criatura, además de cagona, tenía cutis de princesa medieval por lo que ponerle cualquier pañal desechable significaba una visita de emergencia al dermatólogo más cercano, así que usaba pañales de tela.

Ví el cerro de pañales cagados mientras me preguntaba cómo era posible que una mocosa de menos de 10 kilos produjera tal cantidad de mierda.

- Bueno, ahora los lavo - pensé y metí todos los pañales, así como estaban, a la lavadora, eché mengunges lavatorios y suavizantes, apreté dos botones y me fuí a dormir.

Una hora aproximadamente más tarde descubrí que la lavadora se había convertido en el recipiente del más monumental licuado de caca que haya yo visto.

Hasta la fecha me arrepiento de no haber sacado una foto. La traería en la cartera para enseñársela a mi hija -ahora adolescente- cada vez que se pone impertinente para no echarle ganas a la escuela. Le diría:

- Mira, niña, esto es lo más notable que has hecho. Esfuérzate.

pd. Soy un padre horrible.
August 04, 11:28 PM

He soñado que tengo hijos. Bueno, hija.

Y soy yo misma.

He soñado que tengo entre mis brazos a una bebé pequeñita; blanca blanca de cabello oscuro, labios muy rojos y soy yo. Mientras cansada la veo dormir pegada a mi, me pregunto si ser mi propia hija me enseñaría a amarme como no lo he hecho, si haría un mejor trabajo que mi propia madre, si lograría forjar a un yo más seguro, menos defectuoso, más sana, más feliz, más plena... toco su mano pensando como hacerle saber que merece mi amor más grande, entonces la beso en la frente y ella crece y tiene una hija. Soy yo.
August 04, 07:09 PM




Suelo decir que todo ocurrió en 1994, y no es solo por que yo haya crecido en los noventas, pero es verdad, todo sucedió en 1994.

Algunos ejemplos: Todos sentíamos que en un tronar de dedos íbamos a ser parte del primer mundo con el flamante TLC. El primero de Enero se levantó en armas el EZLN (aún recuerdo las noticias, lagañoso, preguntándome si había despertado en otro país, donde se veían guerrilleros en la selva). Todavía estaba vivo y deleitando a las señoras Paco Stanley. Nino Canun preguntaba que opinábamos. El rocksito mexicano se componía de el Tri y sus 25 años, (¿Pobre soñador?) Mana roqueaba durísimo, Caifanes ya iba de salida con El Nervio del Volcán, Café Tacuba tenía Re al aire y Santa Sabina (de la que nunca, nunca fui fan) hacia lo mismo con Símbolos. Conocí al Haragán y CIA. Así como también a toda la fauna que componía el rock rupestre; Lira, Mara, Isis, Blues Boys, Bostik, Arturo Meza, Rockdrigo, Jaime Lopez, etc, etc.

A Colosio lo expulsaron del mundo de los vivos en Lomas Taurinas. Recuerdo que yo estaba en la calle vagando con mis amigos, cuando llegó uno y dijo "Mataron a Colosio" (frase que después se volvería chiste para todo), a mí no me cayó el veinte sino hasta en la noche, que vi las noticias. Recuerdo el desmadre que se traían en los medios.

Y lo más importante, por lo menos para mí.

Era el 8 de abril y yo iba regresando de Tequisquiapan con unos amigos (tengo ahí las fotos, las miro y no puedo recordar nada de lo que hice aquel día), me despedí de mis amigos porque iban a ir a un juego de básquet o algo así. Llegué a mi casa y al entrar, me dijo mi hermana: "Oye, mejor siéntate". Me reí y dejé mis cosas en el sillón. Me seguí hacia mi cuarto, pero ella repitió: "En serio, siéntate, Cobain se murió".

No sé porque, pero supe que no era broma, me quedé en pausa y dijo: "Sí, mira en MTV, han estado pasando la noticia todo el día" como zombi prendí la televisión de mi cuarto y me senté en la orilla de la cama. Estaba un video de no sé quien, pero iba pasando una cintilla negra que decía "El día de hoy fue encontrado el cuerpo sin vida de Kurt Cobain, vocalista de Nirvana, en el estudio de su residencia en Puget Sound, Seattle" y así seguía, repitiéndose ad nauseam.

Después de eso no recuerdo muy bien que pasó, en completo estado de idiotez llegué al auditorio en donde estaban mis amigos, y con solo verme supieron que algo andaba mal. Me senté en el suelo y creo que les dije "Se murió Cobain" y me quedé callado, hasta ahí llega mi memoria.

Tal vez parezca algo exagerado, pero yo tenía dieciséis años (catorce la primera vez que escuché Nevermind y me voló la cabeza) y al igual que un chingo de mocosos, había encontrado en Nirvana todo un mundo nuevo. Nunca llegué a idolatrar a Cobain al punto de santificarlo ni idealizarlo, pero en ese momento, con su muerte sentí un vacio cabrón; sólo podía pensar "¿Y ahora qué?" Eso fue lo que mas me dolió; saber que nunca iba a escuchar un nuevo disco de Nirvana. Poco después salió el Unplugged In New York, pero no era lo mismo. Desde la Muerte de Cobain nunca he esperado un disco con tanta emoción, ni siquiera uno de los Counting Crows (de los que me hice adicto en esas épocas con Mr. Jones).

Pero bueno, también en esos años sonaban Soundgarden con Superunknow (outshine! outshine!) y Pearl Jam con el Vitalogy, los Stone Temple Pilots y su Purple (tiempo después me cagó la madre Scott Weiland, por eso no soporté a Velvet Revolver, por mucho amor que le tuviera a Slash). Candlebox me encantaba (esos videos de Samuel Bayer), Sponge, Dig, Moist, Mother Love Bone, Screaming Threes, Mudhoney, Tad, Sonic Youth! (¿Se nota lo adolescente wanna-be-in-Seattle?) Guns´n Roses con los Use Your Illusion, (y como olvidar You Could Be Mine, banda sonora de Terminator 2, con unos efectos que en ese tiempo nos dejaron pendejos a todos) Pantera todavía andaba por ahí, igual que Sepultura y A.N.I.M.A.L. Metallica ya había sacado aquel polémico álbum negro. Björk, Tori Amos y P.J Harvey despertaban mis inocentes pasiones (si, P.J. Harvey, con todo lo fea que es, me encanta), Cranberries, Flaming Lips y Stone Roses se escuchaban, Perry Farrel traía su nuevo proyecto (que a mi me gustaba mas que Jane´s) Porno for Pyros, Trent Reznor sonaba con The Downward spiral. Creo que el reverendo alegría Manson ya le gustaba a muchos (a mi nunca). También, empezaban sus pininos The Offspring (You gotta keep 'em separated) y Green Day. Bad Religion y D.R.I por ahí estaban, y lo más sorprendente de esa epoca, un güero extraño que gritaba a los cuatro vientos que era un perdedor. En MTV pasaban Beavis & Butthead y todavía se podía escuchar metal en Headbangers (Carcass, At The Gates, Cannibal Corpse, SYL!, etc, etc.) con Alfredo Lewin. Aún era un canal de videos en donde pasaban videos. Recuerdo que dejé de ver MTV el día que pasaron un video de Luis Miguel, en ese momento supe que se había iniciado su lenta pero segura transformación en el intestino grueso que es ahora.

Yo ya había dejado la escuela y me dejaba el cabello largo, (que llegaba hasta media espalda el día que me lo corté), el futuro me tenia sin cuidado, mi novia me había dejado por un anciano (creo que tenía 22 algo así) y yo me pasaba todo el día en la calle, con mis amigos, patinando, gastando un paquete de pilas cada dos días en mi Walkman Sony, que estaba raspado, roto y pegado por todos lados con cinta de aislar. Mi guardarropa consistía en unas botas mineras, unos pantalones tan rotos que no se como se sostenían, una bermuda negra, tres playeras y una sudadera que no me quitaba ni para dormir. Todo eso me hacia merecedor, según mis amigos, del apelativo "Señor Elegancia en el Vestir, siempre listo para cualquier ocasión". Se avergonzaban de mí y no me importaba. Empezaba a ayudarle a un amigo a tatuar, y poco tiempo después la gente preferiría que yo hiciera todo, en ese tiempo me hice mi primer tatuaje yo mismo.

También ese año casi me mato en una moto. Una Caribe me centró con el cofre (supe que era Caribe hasta después, yo nunca la vi) y me hizo volar cuatro metros. Caí de cabeza, rompí el casco y me fracture la clavícula en tres partes. Anduve dos meses con un aparato en los hombros que me hacia caminar como Pepe el Toro.

Eso y mucho más pasó en 1994.

¿Y que ha pasado en todos los años que siguieron a ese increíble 1994?

Me hice mucho muy viejo. Conocí a muchas personas, muchas muy valiosas, otras no tanto. Pasé por mil aventuras y afortunadamente salí casi ileso de todas ellas. El futuro sigue sin importarme mas allá de lo necesario y no maduré casi nada, mi guardarropa ha aumentado muy poco, sí, pero no mucho. Tengo un poco más de tinta en el cuerpo, más canas en la cabeza, y más parches en mi corazón de pollo.

Pero aun puedo voltear y ver todo aquello que me hizo ser lo que soy, y puedo ver claramente que fue en 1994 cuando todo sucedió, lo demás solo es inercia. Lo siento por todos aquellos que no les tocó vivir esa revolución (tal vez aún no lo parece así, pero creo que el tiempo me dará la razón) y que sólo vivieron los desabridos finales de los 90´s y unos 2000 muy, muy extraños, pero que no tienen la fuerza y la inocencia que teníamos en aquellos tiempos cuando los CDs eran raros todavía y la falta de internet nos obligaba a buscar hasta debajo de las piedras cualquier cosa que uno quisiera.

Y aquí es cuando me levanto trabajosamente y con mi bastón le doy en la cabeza al primero que diga que los noventa no fueron maravillosos.


August 03, 05:12 AM



Los noventas fueron una mierda. ¿A quien hay que mentirle? No había internet para bajar música que debí buscar debajo de las piedras, y la mayoría de mis contemporaneos eran fans de bandas que fueron para la música que me gustaba lo que Poison fue para Iron Maiden.

Por ejemplo, Enrique Huerta y su acólito, Jaime alias el Checheiked, eran un par de estúpidos que aprovechaban la baja estatura y los cabellos rubios del primero, y la jeta abotargada del otro, para vestirse - e indudablemente sentirse - igual que Kurt Cobain y Chris Novoselic. Yo los veía ir y venir en la prepa, y ellos eran tan malos como un ratón en el cubil de un elefante. A mi me gustaba mucho el hardcore y el punk, y toda esa caquita manoseada por las grandes disqueras que se lanzaron a comprar firmas indies me ahuevonaba sobremanera. A mi el grunge siempre me pareció el estertor final de un asunto que comenzó en Washington D.C., Los Angeles y Nueva York. Seattle siempre ha sido una mierda de ciudad: pretenciosa, nublada y esnob. Como Tijuana, que también se halla razones para forzar su aparición en el mapa.

A mi los noventas es la historia de la enorme dificultad que padecí para hallar discos, casets, viniles o cualquier porquería que de verdad apestara a punk y hardcore. A Green Day lo colocaron un día en una tienda local de rock que navegaba con bandera de malvada y underground, pero jamás logré hallar un buen tape de los Descendents, de The Adolescents, y cuando pedía a Crass, el rockero afranelado con sus sobadísimas martens me corregía diciendome que se llamaban The Clash. Y yo sufrí y padecí la inexistencia del torrent y el peer to peer. Mi única oportunidad era escudriñar San Diego, en busqueda de fanzines y pasquines punkies para escribirles y comprarles casets. Así conseguí a los Varokers, a The Exploited, a The Fucks, a Rites of Spring, a Minor Threat, a los Teen Idles y La Polla, Eskorbuto, Kortatu, Kingla y No Means No.

Los noventas fueron una mierda porque muchas de las mujeres que me gustaron en la secundaria y en la preparatoria tuvieron que dejar pasar diez o quince años para terminar encamadas conmigo. Más viejas e irremediablemente locas. Cascajos de aquel esplendor inalcanzable de la adolescencia. La última vez que me tiré a una, concluí precisamente que los noventas fueron una reverenda cagada. Una broma del tiempo que todo termina por trastocar y trastornar, transformando a unos en imbéciles, a otros en divorciados, a unos más en fracasados y a muchos en frustrados o putas consumadas.

Quizá sea difícil hallar relación entre la diatriba anterior y la decada de marras. O más bien, la relación no es obvia. Se trata de un algoritmo rebuscado: Tuve que salir de los noventas e ingresar a una nueva decada para aliviar muchas de mis urticarias musicales, sexuales e intelectuales. Lo que si es que todos esos años que atravesé acompañado de mi pubertad y adolescencia, son la prueba no negociable de que eventualmente todo acontece, aún cuando el acontecimiento sea en realidad una metáfora triste sobre el paso del tiempo y hacerse viejo.

Vaya, si alguien me hubiera dicho, en 1995, que tendrían que pasar diez años para que por fin tuviera discografías completas de mis bandas favoritas, o el dulzor inconfundible del pubis de G. en esta mi noventera boca, hubiera dicho lo mismo que escribo ahora: los noventas son una mierda.

Posts

awesomepeoplehangingouttogether:

Charlie Chaplin and Albert Einstein


Jajajajajaja

Moths to a Flame

fffffuuuuuuuu, ¡Y seguro hay un View Point arriba! :D (cc @elmulder)

jajaja, el único chiste de Osama que me ha dado risa.

ffffffffuuuuuuuuuuuuuuuu

You forgot forev….ohhh

Man up, Batman.

“Then die”

Yeah, the fuck is that?

Por favor Hollywood, make it happen.

Bitch, please.

Who you gonna call?

jajaja, Rabbit revenge

Fuck the pope.

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