Soy la sombra de la noche, el silencio de un grito...
...el dolor de un beso y el placer de un herido
No había nada serio entre nosotros, ni siquiera una amistad establecida como tal pero si había sentimientos, muchos sentimientos poco correspondidos
Domingo, reunión de amigos, carne asada, cervezas, tú y yo estábamos ahí pero no estábamos en el mismo sitio, mucha platica, poca conversación, mucha presión en un ambiente relajado.
Un descuido, te tomé de la mano, juntos nos apartamos pero seguíamos ahí, juntos pero no en el mismo sitio.
El muro fue derribado, no, no fue el de Berlín, no escuché Another Brick in the Wall; fue el muro que te ayudé a construir entre nosotros dos el que cayó y mi boca no dejó de moverse, ni un silencio, ni un suspiro.
Llegó tu turno, quería y necesitaba escucharte pero no lo hice, solo sentí el caer de tus labios sobre los míos, roce anhelado, no esperado y muy sorprendente; te pegué a mí todo lo que pude e intenté atravesarte con mi ser pero no lo permitiste, pusiste tus manos sobre mi pecho y me desgarraste una vez más, mi carne se iba metiendo en tus uñas, mi sangre iba escurriendo por tus brazos al mismo tiempo que te apropiabas de mis labios y mi lengua.
Tu blusa no opuso resistencia, mis dedos danzaban por tu piel en un frenesí con el que ya no podías terminar; recorrí tus senos, tu espalda, tu estomago una y otra vez, no sabía si seguía respirando, solo escuchaba y sentía lo agitada que estaba tu respiración.
¿Qué seguía? Voltearte, quitarte el control de la situación, del momento, de mí. Mis brazos rodeaban tu estomago y los tuyos buscaban zafarse mientras tu espalda se manchaba con mi sudor mezclado con mi sangre, dejaste de moverte, ya no querías salirte de mi abrazo y solamente metías más mi mano en tu pantalón.
Gemías, suspirabas, gritabas y llorabas o las lagrimas ¿Eran mías? No lo sé, ¿Acaso importó?
Mi erección luchaba por salir pero tus nalgas no lo permitían y cuando logró liberarse te fuiste; tomaste tu ropa y te largaste una vez más, dejando parte de ti en mí. Dejando tu olor, tu esencia en mí.
Llegó el lunes y el domingo no te escuche decir palabra alguna. Tu sonrisa normal y tu pregunta normal ¿Quién eres?There is something I must to tell you…
Hay cosas que no deberían decirse, cosas que no deberían saberse, cosas que no deberían suceder. Pero olvídalo, no entres en temas de los cuales no podrás salir. Como la caja en la que estás, ¿Ves alguna salida? ¿Ves alguna ventana? No la hay, solo cristal que te rodea, que te impide volar y que te quita la libertad que nunca has tenido. Grita, llora, canta, susurra; nadie te puede escuchar, nadie te va a sacar de un lugar que no existe. Cierra los ojos, respira, extiende tus brazos, tus manos ¿Qué es eso? Toca, explora, no tengas miedo, es mi piel. Extendida ante ti, fuera de mí. Calla, no digas mi nombre, no voy a aparecer, no me verás morir.
Yo tengo mi propia caja.
La cual no existe y de la cual no voy a salir.
En mi soledad estás conmigo
En ella me seduces con tu mirada
Y simplemente me dejo llevar
Estás cerca y lejos para mí
Pues solo un mortal soy
Podría a tu belleza adular
Pero muchos lo han hecho ya
Podría mil poemas sobre ti escribir
Pero solo te haría reír
Tu inmensidad en tranquilidad me hace entrar
Pero mi inconformidad pronto me hace avivar
¿Inconformidad? Te has de preguntar
Pues sí, con admirarte no me conformo ya
Y deseo llegar más allá
Tener lo que muchos han deseado
Antes de al piso caer
Tu gélido aire a mi espíritu reblandece
El mismo que me intimida y a continuar me incita
Y abrazado por él en este momento
Las gracias te doy
Por en mis sueños estar y no ser un fruto de ellos
Gracias bella Noche
Por en ti arroparme y soñar dejarme
Lord Azvrok.
El vampiro estaba sangrando y agotado, la batalla había sido muy dura; era afortunado de estar en pie, lo que los lobos le habían rociado le había hecho tanto daño como si hubiera bebido sangre de un cadáver y por si fuera poco también impedía que sus heridas cerraran. La cruzada había sido por Celeste, la hermosa humana que los lobos habían escogido para su cena pero que para su mala fortuna era la humana a la que el vampiro amaba y por tal motivo este se interpuso en su camino. Todo había terminado ya, los cadáveres de los licántropos yacían en un callejón siendo devorados por ratas y el vampiro estaba tirado en las escaleras de la entrada a la casa de Celeste, con la mente en blanco, casi inconsciente.
Celeste tomaba una ducha cuando empezó a tener raros pensamientos, era como si una película se reprodujera automáticamente en su cerebro y por partes, veía al hombre con el que llevaba soñando desde hace unos días pero luchando con perros, no, lobos gigantes. Se sentó en el suelo de la regadera, abrazó sus rodillas y pegó la cabeza a la fría pared cerrando los ojos deseando no ver más esas imágenes. Cuando el agua que acariciaba su cuerpo comenzó a enfriarse se puso de pie y los flashazos en su mente se fueron desvaneciendo. Cerró las llaves del agua y tomó la bata que colgaba afuera de la regadera, segundos después estaba recostada en su cama con quitando el cabello mojado de su rostro y tratando de buscar una respuesta que estaba en la puerta de su casa, literalmente.
Con la poca energía que le quedaba, el vampiro se había arrastrado para subir los tres escalones que lo separaban de la puerta, cuando llegó se recargó en ella y empezó a golpearla con la cabeza en un desesperado intento de no dejar que su existencia se esfumara pero estaba casi seguro de que ocurriría, en caso de que Celeste abriera la puerta y lo viera ahí tirado llamaría a una ambulancia cuyos ocupantes no harían mas que evitar las hemorragias y llevarlo a un hospital, un hospital para humanos donde no podrían hacer nada para ayudarlo; a pesar de que pensaba esto siguió golpeando la puerta en espera de su futuro, se conformaba con ver los ojos de esa humana una última vez.
Sentía que se quedaba dormida y esperaba que eso sucediera, no le importaba despertar al otro día con un resfriado, solo quería dejar de sentirse así, dejar de ver eso. Pero unos rítmicos golpes avivaron un poco más sus sentidos, aguzó el oído hasta percatarse de que los golpes eran contra su puerta, daba igual, a esa hora probablemente sería un vagabundo buscando comida o unos niños haciendo bromas, no soltaría el delgado hilo que la conducía a Morfeo. Pero finalmente lo perdió gracias a los golpes que subían periódicamente de volumen, irritada por eso, se levantó, hizo un nudo en el cinturón de su bata, la única prenda que cubría su cuerpo, tomó el teléfono y caminó hacia la puerta.
—Debe estar dormida— Pensó el vampiro y dio el último golpe a la puerta y justo en ese momento, escuchó algo que reconocería hasta en el lecho de muerte, escuchó la voz de Celeste mientras abría la puerta un poco —Si no dejan de golpear mi puerta llamaré a la policía—
Estaba enfurecida y eso demostró con la amenaza que gritó mientras abría la puerta tanto como la cadena se lo permitía y apuntaba hacia afuera el teléfono como si de un arma se tratara o le diera más fuerza a su ultimátum. Pero todo el enojo que expelía en ese momento se vino abajo cuando buscando al causante de la molestia vio a un hombre recargado en la puerta con su ropa hecha jirones y sangre a su alrededor, se apresuró a marcar el numero de emergencia para pedir una ambulancia pero en el momento en el que escuchó su nombre tiró el teléfono al piso y sintió un golpe en el pecho. Empujó la puerta para cerrarla y poderle quitar la cadena enseguida volvió abrirla y se tiró de rodillas.
Después del grito de Celeste, el vampiro giró la cabeza y la vio adentro de la casa volteando para todos lados con el teléfono en la mano hasta que bajó la mirada y lo vio, un gran e inexplicable alivio recorrió su malherido cuerpo y pronunció el nombre que tanto le pasaba por la mente: Celeste.
Tomó la cabeza del hombre que ahora estaba acostado en el suelo, la mitad adentro de la casa y la otra mitad afuera. Estaba sumamente confundida, no sabía quién era él ni porque sus ojos comenzaban a soltar lágrimas, lo único que sabía era que había escuchado su nombre y que ese hombre era con el que había soñado. Intentó tomar el teléfono murmurando que iba a pedir una ambulancia pero él se lo impidió. Lo intentó levantar pero era muy pesado para ella así que lo arrastró hasta el sillón y le ayudó a sentarse, sin saber que hacer se sentó a su lado y le tomó la mano.
Ahora sentado en el sillón con ella al lado, el vampiro estaba ante una encrucijada, se había dicho que no la convertiría pero si no la mordía moriría. Así que usando un poco la telepatía que había logrado crear entre ellos en las últimas semanas, le susurró que necesitaba sangre y ella como en trance simplemente se acercó a él y apretó su mano.
Todo era parecido a sus sueños pero estaba casi segura de que no lo era, casi segura. Sintió que necesitaba hacer algo para ayudarlo y lo único que se le ocurrió fue acercar su rostro al de él como si fuera a recibir un beso en la mejilla y apretó un poco la mano ensangrentada que sostenía entre las suyas. Después de eso sintió un pequeño dolor en el cuello y a su mente llegaron de golpe todos sus sueños, sobrepuestos unos con otros, pero se sentía muy bien, le gustaba y era la prueba de que no, esta vez no estaba soñando.
Fue hermoso, simplemente mágico el momento en el que la sangre de celeste estaba llenando su boca, la calidez de aquel liquido era lo mejor que podía recibir en ese momento y justo lo que necesitaba, su energía estaba regresando, sus heridas estaban sanando. Y por si eso fuera poco, ante sus ojos pasaba toda la vida de la chica, cada detalle ahora él lo conocía. El vampiro estaba extasiado pero se detuvo justo a tiempo para no matarla. Se levantó del sillón y cargó a Celeste que se había desmayado.
Cuando despertó estaba en su cama, dentro de las cobijas aun con la bata puesta, sentía un ardor en el cuello y un poco de mareo, intentó levantarse pero estaba sumamente débil y en ese momento se percató de que no estaba sola, había una luz prendida y venia del baño. Recordó todo lo que había pasado hasta el momento de su desmayo y se llevó las manos al cuello sintiendo la evidencia, pero a pesar de todo eso no sentía miedo, al contrario, estaba feliz.
Después de una larga y merecida ducha el vampiro estaba totalmente recuperado, se secó y salió hacia la recamara con una toalla en la cintura; vio a Celeste, recostada, con cara adormilada y brotó todo lo que sentía por ella, tiró la toalla al suelo y se subió a la cama, ella lo recibió con una sonrisa y lo abrazó, el vampiro metió sus largos dedos por entre la bata y la abrió por completo, la besó cariñosamente en los labios y cuando ella sintió ese pequeño pero delicioso dolor en el cuello de nuevo, se volvieron uno solo.
Llegué más tarde de lo normal esa noche a mi casa, el día fue pésimo, el trabajo me absorbía y solo era una espectadora del proceso. Arrojé mis cosas al sofá, me desnudé y tomé una larga ducha mientras analizaba lo patética que era mi vida; al salir encendí el televisor pero a los pocos minutos me aburrió, tomé un abrigo y salí a caminar. Llegué a un parque que estaba a dos calles de mi departamento, al que por cierto nunca había ido, nunca había tenido tiempo para hacerlo.
Caminé varios minutos adentrándome en él hasta que decidí tomar un descanso y me senté en una de las frías bancas de concreto, a unos veinte metros frente a mi llegó un hombre que me miraba detenidamente y me sonreía, me quedé atónita por un momento, pasaron algunas cosas por mi mente pero ninguna de ellas era miedo. Le mantuve la mirada fija hasta que soltó una carcajada, dio media vuelta y empezó a caminar; la curiosidad pudo más que yo, después de todo buscaba algo con que distraerme y él lo sería, jugaría con ese hombre, así que comencé a trotar por sobre sus pasos, un par de minutos después vi su silueta, se percató de mi presencia y volvió a reír. Un apagón de todo el parque me dejo ciega unos segundos, desesperadamente mis ojos se adaptaban lentamente a la oscuridad y tenía miedo de volverlo a perder así que sin importarme chocar con algo seguí caminando hasta que mi visión mejoró pero aun así no vi la piedra con la que tropecé y caí sobre un montón de ramas secas, en ese momento las luces se encendieron nuevamente, como pude me puse de pie ignorando el ardor de las raspaduras y lo vi, ahí estaba mi compañero de juego riendo parado sobre una barandilla como de metro y medio que rodeaba una clase de cráter en la tierra, lentamente me acerqué y vi que era un lago artificial con patos, estaba como a tres metros de profundidad pero el agua no superaba los 40 cm. Mi nuevo amigo, me sonrió, abrió los brazos y se lanzó, corrí y vi el agua tiñéndose de rojo y vi las rocas en el fondo.
Subí al barandal y salté, simplemente quería terminar el juego y lo logré cuando mi cuerpo con el cráneo destrozado tocó el cadáver de mi único amigo; nunca me había dado por vencida, tenía que alcanzarlo.
Se despertó bruscamente, se comenzaba a hacer costumbre y cada vez se sentía peor. Salió al balcón, el frio lo golpeó y vomitó la cena pero ahí se quedó hasta que minutos después estalló en cólera, una desesperación como pocas veces había sentido, tal vez era una señal de que algo andaba mal en su vida por lo que la idea de terminar con ella se hizo presente pero quizá él no era el del problema y lo sabía, era un parte de su vida, sí, pero no recaía precisamente en él.
Regresó a la alcoba, su mujer estaba dormida acostada de lado con las cobijas hasta el hombro; se sentó a su lado y la descubrió un poco, comenzó a acariciar sus brazos y a jugar con su rubio cabello, terminó de quitar las cobijas y apreció cada detalle del cuerpo de su esposa, a pesar de la edad aun conservaba bonita figura pero ella y sus estúpidos celos eran lo que andaba mal en su vida y él ya no podía continuar así, se dirigió al armario y de una caja sacó un cuclillo de caza que le había regalado su padre hace varios años, se acercó a ella y la despertó suavemente, ella abrió los ojos y le sonrió, él le puso una mano en la boca y se le encimó para después apuñalarla repetidamente hasta que dejó de respirar.
Al otro día sepultó el cuerpo en el jardín y salió en su auto a buscar en las esquinas a aquella que por esa noche seria su nueva esposa, la causa de sus problemas.
Lord Azvrok.
Mi mascota es muy especial, la quiero mucho y llevó ya algunos años con él. Lo bueno de esta especie es que son muy longevos, más de lo que me gustaría. Vive en una habitación bastante amplia aunque muy oscura ya que no me gusta la luz y al parecer ya lo acostumbré. Lo encontré hace algunos inviernos en la calle, era de noche y estaba asustado, acababa de matar a otro de su misma especie. Fue una fortuna para él que lo encontrara pero no sé, tengo algunas dudas porque a pesar de que lo alimento bien, lo noto flaco. Su cabello es como dorado y tiene bastante, sus ojos me gustan mucho son algo así como grises. Al principio me temía pero comienza a adaptarse, según yo, ya sabe que soy su amo. De hecho ya no tengo que ponerle cadena cuando lo saco a pasear por el jardín.
No sé mucho sobre su vida antes de encontrarlo, lo único que sé es que se llamaba Albert y era policía.
No tenía nada pendiente por hacer así que comencé a conducir sin rumbo fijo como tanto me gustaba hacer. Quería, necesitaba tener algo de acción así que empecé a recorrer aquellas zonas que el gobierno suele catalogar como peligrosas sin encontrar algo bueno; finalmente tuve que detenerme para llenar el tanque de gasolina y algo de diversión llegó. Del otro lado de la calle de donde yo me encontraba pasaron un par de chicas corriendo y gritando, atrás de ellas un grupo de seis sujetos las perseguían riendo. Comencé a seguirlos en mí auto, me coloqué al lado de las chicas y les dije que subieran al carro pero al parecer se asustaron más y dieron vuelta en una angosta calle por donde no podía pasar en el auto, los sujetos me ignoraron por completo y continuaron tras ellas. Estacioné el carro, tomé mi preciado sable del asiento trasero y comencé a caminar por aquella maloliente calle, poco a poco los gritos de ambas se iban incrementando, al parecer se habían cansado de perseguirlas y ya las habían atrapado. Caminé unos treinta metros hasta que logré verlos, cuatro sujetos se encargaban de sujetar y comenzar a manosear a las chicas mientras los otros tres revisaban sus bolsos; logré acercarme a menos de dos metros de la escena sin que se percataran de mi presencia y me quedé inmóvil entre la oscuridad hasta que lanzaron los bolsos y de la mente de todos fácilmente se podía oír que querían sexo.
—Dejen algo para mí– Murmuré riendo cuando las prendas de las chicas comenzaban a caer a pedazos al suelo
De inmediato todos voltearon a verme, se veían caras de sorpresa, de ira e incluso de temor y duda
— ¿Tu quién crees que eres para merecer parte de este festín?— Dijo un sujeto de vaqueros azules y playera tres tallas más grande de la suya mientras levantaba esta y dejaba ver un revolver que traía dentro del pantalón
—No lo sé, depende de ti y de tus lindos amigos, si se portan bien puedo ser su nuevo amo y tendrán la dichosa oportunidad de servirme por el resto de sus miserables y patéticas vidas pero en caso de no aceptarlo pueden comenzar a verme como a aquel hermoso ángel caído del cielo al que todos temen y empezar a correr ya que el tiempo de sus vidas se reducirá súbitamente a dentro de un par de minutos. Entonces ¿Soy tu maestro o a quien le suplicaras por tu vida en vano?
Todos se volteaban a ver entre sí y empezaron a salir risas nerviosas de sus bocas mientras mostraban sus armas, otras tres pistolas de bajo calibre, un par de navajas y una gran cadena.
—Vaya, vaya pero si tenemos a un chistosito de visita, que se cree Satanás— respondió el mismo tipo de los vaqueros azules apuntándome ya con su arma
—Bien veo que has tomado ya tu decisión— Lentamente me quité mi gabardina y la colgué en el último escalón de una escalera de emergencia, burlándome con la misma lentitud puse una mano en el mango de mi sable y lo levanté diez centímetros —Es su última oportunidad chicos, piensen bien lo que van a hacer o lo van a pagar muy caro— Empezaron a reírse y el patético líder disparó cerca de mis pies; salté rompiendo de una patada el único foco que alumbraba aquella parte del callejón, ahondando todo en una perfecta oscuridad, comencé a reír explotando los tonos graves que de mi boca pueden surgir y comencé a moverme en círculos, tal y como lo esperaban entraron en pánico y empezaron a disparar en todas las direcciones para intentar matarme pero en lugar de eso eliminaron por mí a uno de su propio bando; iba uno, faltaban cinco.
Me coloqué detrás del jefe y le di un golpe en la nuca dejándolo inconsciente, grité lo más inhumano que pude y los disparos cesaron, tomé la cadena que traía el que había muerto por fuego amigo y golpeé con ella a los tres que quedaban en pie; llevé a los cuatro pandilleros a la entrada del callejón donde había algo más de luz y regresé a ver a las chicas que estaban en estado de shock abrazadas y llorando, les ayudé a vestirse con lo poco que no habían destrozado y les pedí que me acompañaran. Llegamos a donde estaban los malhechores que intentaban despertar, encadené al jefe a un poste y terminé de despertar a los otros cuatro. Hice que se arrodillaran y que rogaran (sí, que rogaran) perdón al par de muchachas, después de cumplido el punto anterior subí a ambas a mi auto diciéndoles que las llevaría a casa. Levanté por el cuello a uno de los delincuentes y lo estrellé con la pared hasta que su cabeza perdió su forma y de las heridas caían pedazos de cráneo, lancé el cuerpo hacia sus compañeros que por alguna extraña razón no habían intentado escapar; tiraron el cuerpo y arrastrándose se pegaron a la pared, saqué mi sable y lo abaniqué como si jugara beisbol y lo detuve a escasos centímetros de sus rostros; el líder solo me observaba mientras sacaba espuma por la boca. Comencé a reír y me di la vuelta dándoles la espalda y justo en el momento en el que intentaban ponerse de pie giré y de un fuerte golpe atravesé a dos de ellos por el cuello como si estuviera preparando brochetas, al tercero solo se hizo una pequeña herida con la punta del sable y se tiró al suelo después de eso.
Su jefe gritaba pero no se le entendía nada y sus ojos estaban ya llenos de lágrimas; mantuve la mirada fija en él y le sonreí después de un par de minutos. Levanté al herido e hice algo que nunca había intentado y que fue realmente divertido, lo tiré en el asfalto y le abrí la boca poniéndola en la banqueta y le pateé la nuca rompiéndole la quijada, le di una patada más para romperle el cuello y que muriera. Caminé hacia el jefe mirándolo directamente a los ojos y cuando pasé enfrente de él gire para seguir viéndolo y comencé a caminar hacia atrás hasta que me perdí en la oscuridad. Regresé con mi gabardina en las manos y seguí caminando hasta llegar al auto ignorando por completo al colérico hombre; abrí la puerta trasera del carro y les di la gabardina a las muchachas diciéndoles que por si tenían frio. Cerré la puerta y giré sobre mis talones recargándome en el auto y sin borrar la sonrisa en mi rostro comencé a hablar —Te lo dije y no quisiste hacerme caso, ahora. ¿Qué haré contigo?— Me aproximé a los dos cuerpos que aun tenían mi sable en su cuello y apoyando un pie en uno de ellos lo saqué viendo con desagrado lo sucio que ya estaba, caminé hacia mi prisionero y deslice un lado de la hoja para limpiarla en su playera, le di vuelta y cruzando ahora su pecho limpie el otro lado de la hoja — ¿Qué haré contigo?— Volví a pronunciar diciéndolo más para mí que para él. Guardé el sable y lo desencadené poniéndole ahora la cadena en el cuello y lo amarré en uno de los rines del carro, subí al auto y encendí el motor escuchando sus gritos clamando piedad, moví la palanca despacio a la “D” y pisé el acelerador a fondo viendo por el espejo lateral como un delincuente dejaba la piel en el pavimento a casi 190 kilómetros por hora, las chicas lloraban nuevamente y yo solo reía, casi tres kilómetros después me detuve antes de la intersección con una gran avenida y lo solté ahí. Volví a conducir y unas calles antes de llegar a mi casa me detuve ordenando a las chicas que bajaran lo cual hicieron sin pensarlo mucho echándose a correr, bajé del carro y las alcancé tomando a ambas por la cintura y bebiendo de sus cuellos, después de todo el salvarlas me había provocado mucha sed.
Lord Azvrok.
¿Qué es lo que buscan?
Si dentro de mí no hay más que el gran vacío
a donde sus almas han de llegar
¿Qué es lo que beben?
Si mi sangre es el dulce y sutil
veneno que los ha de acabar
¿Qué es lo que queman?
Si mi forma física es solo la emanación
del miedo que su alma creó
¿Qué es lo que se esfuerzan a nombrar?
Si soy solo el reflejo
de lo que detrás de su carne y mente hay
¿Qué es lo que desean olvidar?
Si frente al espejo
mi sombra, por siempre
verán...
Lord Azvrok.
Entré a la habitación, la luz estaba apagada; había esperado mucho por este momento pero algo no estaba bien, busqué el interruptor pero no estaba donde lo recordaba y una sensación de ansiedad empezó a apoderarse de mí; comencé a caminar pero parecía que con cada paso que daba mis zapatos iban clavándose en el piso. Choqué con algo y supe que era el inicio de la cama que había observado durante varias noches a través de la ventana que permanecía siempre cerrada, coloqué una mano sobre la cama y el faro de alumbrado público que estaba afuera en la calle se encendió, cubriendo con su amarillenta luz toda la alcoba.
Sobre la cama estaba Juliana vestida con un delgado camisón negro, lucia tan bella como cuando desde el balcón del departamento de enfrente la observaba, con su roja cabellera bañando sus hombros, contrastando con su blanca piel. Parecía dormir pero sabía que no lo estaba, su pecho ya no se alzaba junto con su respiración ni los latidos de su corazón resonaban en mis oídos.
Una lágrima cayó de mi mejilla tiñendo la sabana de rojo; a su lado, de pie estaba aquel ser al que odiaba más que a nada, un íncubo de nombre Aletr, de nuevo lo había hecho, de nuevo me había separado de mi victima ideal, pero no tenia forma de destruirlo, el sexo que el falso dios de los humanos me había dado me lo impedía. Con una sonrisa se despidió de mí desvaneciendo su presencia en el aire.
Me quité la gabardina y lentamente subí a la cama, me recosté al lado de Juliana y comencé a acariciar su cabello y a despejar su cuello de él, tal vez me haría daño pero en ese momento no me importó, me aproximé a ella y besé su cuello en varias ocasiones. Abrí mis labios y mis colmillos acariciaron su tersa piel. Los clavé y fui absorbiendo cada gota de sangre que encontré pero quedé extasiado y no pude detenerme, me levanté y me puse sobre ella, desabroche mi camisa y me deshice del pantalón junto con mi ropa interior, comencé a acariciarla y fui excitándome hasta que la volví a morder al tiempo que entraba en ella.
Estaba muerta, lo sé, pero ¿Qué es la muerte para un ser como yo después de todo?
Lord Azvrok.
Hay sangre en el suelo, mi cicatriz sangra, el viento sopla muy fuerte ¿Qué está pasando? Me debilito, no puede ser, reconozco ese olor, conozco esta brisa…
“Yo tampoco he podido olvidarte” escucho detrás de mí.
Lord Azvrok.
En mi intento por comprender la mente humana (o mejor dicho, la estupidez humana) he llegado a muchos lugares desde que desperté a mi nueva vida pero este lugar en especial me llama mucho la atención; la gente viene aquí para encontrarle sentido a su vida aunque sea falso, viene a buscar una guía aunque reciba manipulación, literalmente la gente viene a que le digan cómo vivir, que debe hacer y que no, que está bien y que está mal. Pero lo mejor de todo es lo que puede suceder en estos sitios:
Hace unas noches entré a una hermosa (arquitectónicamente) y antigua iglesia; lo primero que llamó mi atención fue la enorme cruz de casi 3 metros que colgaba de un par de gruesos cables de acero, frente a ella una gran multitud de personas rezaban al unísono lo cómico de esto es que piden paz, solución a sus problemas, tranquilidad, etc. A un símbolo de dolor cuyo nombre proviene de una palabra latina que significa tortura. Me senté en la última banca viendo el antiguo rito; el olor de la sangre de todos los presentes me incitaba a hacer una masacre pero logré controlarme. Me puse de pie y caminé hacia el altar, los ojos del sacerdote me miraron fijamente, le sonreí y tomé asiento en una de las primeras bancas. Miraba hacia el altar cuando una dulce voz femenina llegó a mis oídos, volteé y una chica esperaba que la dejara pasar, ella era realmente bella, llevaba puesto un ajustado pantalón de mezclilla gracias al cual se podía ver lo bien torneadas que tenía las piernas y una blusa blanca de tirantes que a pesar de no ser muy ajustada dejaba ver la forma de un par de hermosos senos de un tamaño considerablemente bueno y muy llamativos así como totalmente superiores a la gravedad; su rojizo y lacio cabello caía hasta donde empezaba a levantarse la curva de los pechos; sus ojos color miel junto con unos rojos, finos y muy sensuales labios hacían perfecta armonía en su rostro de facciones delicadas.
Me levante en seguida para dejarla pasar y tal como lo deseé se sentó a mi lado. La bella joven a pesar de que muy probablemente no superaba los 20 años era muy atractiva e irradiaba una magnifica sensualidad lo cual se acentuaba con su imagen de niña tierna pero desarrollada. El rosario que llevaba en la mano se le cayó por lo que al agacharse para recogerlo me dejo ver parte de sus blancas bragas incrementando mi deseo hacia ella. Fue tal mi atracción que no pude quitarle la mirada por un par de minutos hasta que se dio cuenta y volteó a verme con una mirada casi de temor, le sonreí y volteé de nuevo hacia el altar aunque me era imposible no verla de reojo. Faltando poco para que la versión copiada y satirizada de los antiguos ritos paganos terminara decidí hablarle, el tema lo dio el entorno le dije que era alguien en busca del camino hacia dios y que tal vez por un rayo de iluminación la había visto como una buena guía (casi se me cae la lengua por semejante mentira), así empezamos hablar, unos diez minutos después de haber empezado nuestra charla la iglesia se fue vaciando poco a poco y yo ya no podía esperar más, seguí poniendo atención en lo que su dulce voz me decía cuando miré hacia la salida y vi al último par de señoras que salían; al fin estábamos a solas, y por la hora era poco probable que alguien entrara.
Miré fijamente los ojos de la chica y ella preguntó que si ocurría algo, no respondí solo me incliné y bese sus provocativos labios, ella me empujó y se puso de pie; en sus ojos vi una mezcla de temor y deseo, temor tal vez de sucumbir ante mis deseos y dejar de ser pura (que mierda mete la iglesia en la cabeza de la gente) y deseo tal vez de entregarse a mí, probar la lujuria de la noche y manchar ese sitio “sagrado” con su placer.
Me levanté y ella dio un par de pasos hacia atrás, algo iba a decir pero su voz temblaba y su respiración se incrementó, me aproximé a ella y después de vacilar por medio segundo echó a correr hacia la salida; me adelanté a ella y le cerré el paso, la chica al ver mi velocidad se asustó más y comenzó a llorar; la abracé y trate calmarla pero seguía luchando, la volví a besar y por un momento dejó de luchar pero aun no era suficiente, me golpeó y corrió hacia el altar mientras yo cerraba las grandes y pesadas puertas del templo.
—No te voy a hacer daño— le dije mientras caminaba lentamente hacia ella
— ¿Qué quieres? — Me preguntó mientras retrocedía más hacia el altar. Mientras respondía que quería hacerla feliz oí pasos casi corriendo con dificultad y por un costado de la iglesia entre un par de pilares se abrió un disimulada puerta y el padre entró
— ¿Qué ocurre? — preguntó el sacerdote cansado y viéndonos a ambos, yo no dije nada, solo volteé a ver a la chica y esperé. Ella indecisa me miró y volteó a ver al padre que volvió a preguntar.
—No ocurre nada— Dijo ella mientras volteaba a verme. El clérigo dio media vuelta y regresó por donde entró mientras decía algo de revisarse el oído. La chica no me quitó la mirada de encima. Caminé hacia ella que ya no corría, estando a menos de medio metro de ella, puso su mano sobre mi pecho
— ¿Cómo? — Me preguntó — ¿Cómo me vas a hacer feliz? —. Tomé su mano y la jalé hacia mí para besarla sentía que estaba nerviosa y se notaba algo torpe pero poco a poco se fue calmando hasta que se rindió ante el oscuro y mágico momento la cargué y la lleve hacia el altar que por esa noche sería mucho más que eso. Ahora era ella la que no quería separarse, al apoyarla en el altar sin querer la senté sobre el gran libro que dicta la palabra de dios escrita por hombres (cuanta veracidad le da eso ¿no?) pero no pareció importarle; la tomé de la cintura sintiendo como su suave piel se erizaba al contacto con la mía, poco a poco fui acariciándola subiendo mis manos y jalando su delgada blusa, cuando llegué al comienzo de su brasier me detuvo y dejo de besarme, la mire a los ojos y sus labios comenzaron a moverse como para decir algo pero puse mi dedo índice entre ellos para que no dijera nada; la chica cerró los ojos y empecé a bajar el dedo sin separarlo de su piel trazando una línea, lentamente bajé por su cuello y por en medio de sus senos sobre la blusa hasta llegar donde me quedé. Metí las manos y seguí subiendo cada vez más lento conforme me acercaba a sus pechos hasta que después de acariciarla le quité por completo la blusa.
Abrió los ojos y pude apreciar como cambiaba su mirada, cambió la mirada de tierna e inocente niña por la de mujer totalmente excitada, esto me agradó mucho, vaya que lo hizo; arrojé la blusa hacia atrás junto con mi gabardina y mi camisa. Estiró sus manos hacía mi, las tomé y me jaló hacía ella para besarme de una manera increíble. Mi mano derecha recorría su espalda mientras que la izquierda acariciaba sus piernas, cuando desabroche su sostén este de inmediato cayó al suelo y ella suspirando inclinó su cabeza hacia atrás ofreciéndome su cuello. Recorrí cada centímetro de su cuello acariciándolo con besos, sentía como su ritmo cardiaco se aceleraba con cada rose de mis labios con su piel; la levanté y tiré todo lo que había sobre el altar dejando la mesa vacía e hice que se acostara, me acerqué a ella y la bese en los labios, otra vez en el cuello, en sus senos cerca de los pezones sin llegar a tocarlos y otro en su vientre, me alejé de ella para ver su reacción y fue tal como esperaba, instintivamente (creo) llevó sus manos hacía sus pechos y comenzó a acariciarse pero su mano izquierda siguió bajando y la metió en el pantalón, unos segundos después soltó el primer gemido, me acerqué a ella y saqué su mano ya húmeda, decidí probar su sabor y lamí sus dedos disfrutando el sabor del jugo de su excitación, otra vez quería acariciarse pero la detuve, abrió los ojos y me miro represivamente, me aproximé a ella y le susurré al oído que aguardara, me miró y volvió a cerrar los ojos. Después desabroche su pantalón y le quite los tenis, desde sus pies jale el pantalón hasta quitárselo, no me había equivocado sus piernas eran hermosas.
Acaricié sus pies y abrí sus piernas, subí a la mesa y acaricié sus piernas como haciéndole un masaje con un beso de vez en cuando. Así recorrí en su totalidad sus piernas hasta llegar a la zona púbica, dibujando pequeños círculos con mis dedos me fui aproximando hasta que por fin besé su entrepierna sobre sus húmedas bragas, al sentir esto la chica levantó la cadera arqueando la espalda parecía que iba a tener un orgasmo. Me bajé de la mesa y fui con ella para besarla, ya se notaba ansiosa por lo que cumplí sus deseos, acariciando su cuerpo bajé mi mano derecha hasta su entrepierna, le quité las bragas y con la yema de mis dedos casi sin tocarla acaricie el interior de sus muslos y su pubis, conforme me acercaba a sus labios vaginales más iba presionando sobre su piel. Despacio fui introduciendo mis dedos por entre sus pliegues vaginales acariciando sus labios menores y subiendo hasta que encontré su clítoris y comencé a masajearlo.
La masturbe por unos minutos hasta que nuevamente un espasmo hizo que arqueara la espalda y esta vez sí explotó en un maravilloso orgasmo, el eco de sus dulces gemidos recorría cada rincón de la iglesia, esas viejas paredes de cantera rosa jamás habían oído un sonido tan más puro y verdadero. Me alejé unos pasos para observar la bella imagen: sobre el altar una hermosa chica desnuda tenía un orgasmo mientras la tenue luz de los cirios acariciaba su blanca piel con un peculiar e interesante fondo la imagen del “hijo de dios” crucificado con la cabeza hacia abajo de tal forma que parecía que la observaba; terminé de desnudarme y me aproximé a ella.
Me subí al altar, abrí sus piernas y me recosté sobre ella, la comencé a besar mientras sentía como nuestros sexos se rozaban entre si, en este momento mi erección se hizo total y decidí que era el momento apropiado para dar el próximo paso, con trabajo pude separar mi boca de la suya, me levante quedando de rodillas frente a ella entre sus piernas, abrió los ojos y su mirada dulce recorrió ambos cuerpos como evaluando la situación se notaba como extasiada, como si estuviera bajo el efecto de alguna droga; algo intentó decir pero su voz se resistía a salir, después de varios intentos logró hablar y las palabras que pronunció fueron lo mejor que oí esa noche:
—Por favor hazlo ya— Me dijo mientras sus manos acariciaban mi sexo; le respondí con una sonrisa, asentí mientras terminaba de abrir sus piernas. Tomé mi miembro y con la punta acaricie su dilatada y húmeda vulva. Con casi nada de esfuerzo introduje más de medio glande por entre sus labios, ella enseguida cerró los ojos e hizo una mueca de dolor; poco a poco fue penetrándola más hasta que confirmé lo que sospechaba, la chica era virgen y había llegado ya a su frágil himen me detuve poco tiempo y después de un solo golpe acabé de introducirme en ella.
La chica lanzó un gran grito de dolor y se levantó hasta donde yo estaba, la abracé y besé lo mas cariñosamente que pude; acaricie sus mejillas y sentí como lagrimas bajaban por estas.
Permanecimos quietos unos segundos para que disminuyera el dolor hasta que ella comenzó a mover las caderas lentamente, sequé las lagrimas con mis labios y la seguí besando mientras jugaba con sus erectos pezones, fue incrementando el ritmo y empezó a soltar pequeños gemidos, el dolor comenzaba a disiparse y el placer se incrementaba con cada movimiento.
Cuando estaba a punto de llevarla al orgasmo yo ya estaba acostado y ella sobre mi llevaba el ritmo del acto, yo acariciaba sus piernas y me hipnotizaba con el movimiento de sus senos cuando ella subía y bajaba; en ese momento oí pasos nuevamente y ahí estaba el padre con cara de espanto viéndonos comenzó a gritar pero no se entendía lo que decía, su intromisión en ese momento me molestó, realmente lo hizo, tuve que separarme de la chica quien también lucia molesta, cuando acabé de sacar mi pene de ella noté como escurría sangre junto con mis líquidos pre seminales y los del último orgasmo de la chica. Desnudo como estaba caminé hacia el padre; lo tomé por el cuello y lo lancé un par de metros y cayó sobre las bancas de madera lanzando un grito de dolor.
Regresé con la chica y antes de seguir donde nos quedamos decidí limpiarla y así lo hice bebí cada gota proveniente de su interior y comencé a jugar con su clítoris y gracias a mi lengua hice que tuviera un segundo orgasmo inundando mi boca de su acido pero delicioso néctar, hice que se parara del altar para cambiar de posición y de reojo vi al padre que intentaba salir de la iglesia, ya era suficiente acabaría con él, busqué algo para matarlo sin tener que ir hasta allá y lo primero que vi fue una cruz dorada de unos 50 centímetros que colgaba del altar la tomé y la lancé hacía el padre, la cruz se clavó en su pecho debajo del cuello el sacerdote cayó al piso y por fin dejó de molestar, la chica se asustó pero era más su excitación por lo que continuamos, la abracé por atrás apretando mi miembro con sus nalgas, le besé el cuello y tomando sus manos hice que se apoyara en la mesa, la tomé de la cintura y dejé que mi pene se abriera paso entré sus labios penetrándola nuevamente. Después de dos maravillosos orgasmos más de ella no pude contenerme y terminé en su interior mis chorros de semen y un masaje en el clítoris hicieron que tuviera un último orgasmo conmigo aun en su interior.
Me recosté en el altar y ella sobre mí, nos besamos y finalmente quedamos abrazados y agotados, después de unos minutos ella se quedó dormida en mis brazos; con cuidado me levanté sin despertarla. Tomé el cáliz que estaba en el piso y lo puse en la mesa había decidido darle un toque final y dramático al momento, jalé tantito a la chica y estando en la orilla de la mesa la besé estaba despertando cuando mordí su cuello, bebí algo de sangre y deje que el resto cayera al cáliz la chica intentó gritar pero no pudo. Cuando el cáliz se llenó seguí bebiendo hasta terminarme su sangre. Sus tiernos ojos me miraron fijamente y comenzaron a cerrarse. Fui por el cuerpo del padre y lo arrastré hasta un poco más de un metro del altar. Lo desnudé y con su sangre dibujé un pentagrama (ese símbolo que algunos tontos han hecho creer a la gente que es satánico) alrededor de él. Tomé el cáliz, abrí un poco la boca del sacerdote y la llené de la sangre de la chica, el resto de la sangre la arrojé hacia la cruz que estaba atrás del altar manchando la imagen del “hijo de dios” y finalmente puse la copa sobre el estomago del sacerdote frente a la cruz que tenía clavada.
Caminé hacia la salida y volteé a ver aquella curiosa imagen el cuerpo del sacerdote en el piso en el centro de un pentagrama con un cruz invertida clavada casi en el corazón y con el cáliz con algo de sangre en el estomago, detrás de él sobre el altar una hermosa chica desnuda y muerta y finalmente la gran cruz manchada de sangre. Era genial ya me imaginaba las noticias y periódicos por los próximos días: “Satánicos matan a sacerdote respetado por la comunidad y violan a una chica creyente para dejarla sin sangre y muerta sobre el altar en un claro ritual de invocación al señor de las tinieblas”
Sonreí y finalmente abandoné la casa de dios para buscar otra alma para enviarle.
Deja que la oscuridad ilumine tu camino por la vida
Que las sombras guíen tus pasos hacia la noche eterna donde encontraras tu propio ser
Deja que la noche te arrope en el suave manto que proporciona la penumbra
Deja que la luna refleje tu belleza sobre las millones de estrellas que te observan desde el infinito
Que el cielo nocturno sea la única frontera de tu nuevo reino
Deja que tu alma descubra la verdadera magia de la existencia
Que tu cuerpo disfrute de una nueva vida inmortal
Déjame mostrarte la calidez de un beso bajo la lluvia nocturna
La pasión que la oscuridad niega a los mortales
Déjame enseñarte la lujuria entre las sombras
Déjame seducir tu espíritu, conquistar tu alma, poseer tu mirada
Déjame probar tu sangre, probar tu vida y darte una nueva e inmortal existencia junto con la mía
Déjame ser tu maestro, se mi musa y amante por la eternidad
Déjame acariciar lentamente tu cuerpo, morder tu cuello, llevarte al éxtasis
Déjame invitarte a la felicidad eterna, a la gloria, al esplendor de la noche
Déjame llevarte a la oscuridad
Emen hetan...
Esta cosa realmente no se cuando la escribí, segun word fue en diciembre del año pasado pero que recuerde ya tiene más tiempo, en verdad ya no recordaba su existencia y ahorita buscando que postear me encontré con ella, no creo que este muy mal...
Buenas lunas...
Emen hetan.
Este relato lo escribí hace como 3 años y realmente me encanta, me gusta más la versión original la cual por diversos motivos tuve que modificar y guardar solo para mi lectura pero no cambió mucho en esta versión, bien, espero lo disfruten.
Buenas lunas...
Era una bella dama, estaba sentada al lado de una ventana, llevaba un hermoso vestido largo y negro, zapatos de tacón no muy alto y un abrigo sobre el cual caía una cascada de hermoso cabello negro hasta por debajo de los hombros, la chica no pasaba de 25 años. Llevaba poco tiempo inconsciente cuando comenzó a despertar.
El sitio en el que se encontraba parecía haber sido sacado de una película de terror. Era una habitación grande y oscura, a excepción de la silla donde estaba sentada la chica y una vieja mesa con otras tres sillas no había más cosas en la habitación. La única y tenue luz que entraba en ese sitio era el esplendoroso brillo de la señora de los vampiros. La chica se asomó por la ventana y a pesar de estar confundida se dio cuenta de que estaba en un segundo piso.
De repente reaccionó totalmente, no sabía dónde estaba, ni como había llegado a ese sombrío lugar, escuchó pasos y unos segundos después se abrió la puerta que estaba a unos 8 metros de ella; con paso lento entró una mujer. Esa mujer tomó una silla y sentó frente a la confundida chica.
Estuvieron frente a frente unos segundos en silencio, la mirada fría de la mujer que acababa de entrar daba temor e imponía respeto; llevaba puesta una corta falda con una blusa de manga larga y botas, todo eso era blanco y contrastaba perfectamente con el rojo fuego de su cabello.
— ¿Cómo estás? — Rompió el silencio la mujer que acababa de llegar —Mi nombre es Thely
—No sé, supongo que bien ¿Dónde estamos? ¿Quién eres? ¿Qué me ocurrió? — Preguntó algo temerosa la chica
— ¿Qué recuerdas?— Preguntó Thely sin contestar ninguna de sus preguntas
—Nada, no recuerdo ni mi nombre
—Cálmate, no llores, pronto recuperaras la memoria. Tu nombre es Sabine pero antes de continuar te contaré una historia
—Cierto, me llamó Sabine ¿Qué hacemos aquí?
—Cálmate, vas a encontrar respuesta pronto— Le replicó Thely con un tono de voz poco más fuerte —Se paciente; pon atención a la historia, te va a gustar, cuando finalice me preguntas todo lo que quieras.
Sabine frunció el ceño y asintió con la cabeza únicamente.
—Era una noche de invierno— Comenzó a narrar Thely —Ella corría sin parar, no sabía a dónde ir, no sabía que iba a pasar pero se imaginaba lo peor
— ¿Quién era ella? — Pregunta Sabine
—Era una tonta humana llamada Freyja, la que entró en terrenos que no debía, era quien veía todo como un juego, se le advirtió e hizo caso omiso, pero estuvo bien, hubo más comida para aquellos que la cazaban
— ¿Quiénes eran ellos?
—Aquellos a quienes todos temen, la suma de todos los miedos y fobias, aquellos a los que con solo oír sus voces o ver sus sombras atemorizan al más experimentado, al más valiente, aquellos con sed de sangre y venganza, los que viven en las sombras
— ¿Qué quieren?
—A ella, su vida, su alma, su ser
— ¿Son vampiros?
—No, los vampiros les temen, son algo más fuerte y poderoso
— ¿Son humanos?
—Jajaja, los humanos son simples moscas comparados con ellos (sin ofender a las moscas)
—Entonces ¿Qué son?
—Nada, todo, fantasmas, demonios, ángeles, dioses. Lo que ellos quieran, existen porque quieren, si no simplemente desaparecen
—Continúa por favor
—La siguieron por un par de horas, hasta que ella se cansó y se paró, ellos se detuvieron a unos 4 metros de ella
— ¿Por qué no la atacaban?
—La acechaban, esperaban a que se acorralara sola mientras la rodeaban y después la estuvieron observando por varios minutos
— ¿Por qué la veían y no la atacaban?
—Veían como sufría
— ¿Por qué sufría?
Porque sabía que iba a morir pero no como, veía pasar su vida en un segundo, pensaba en su familia, amigos, pensaba en que no los volvería a ver, en los errores que cometió en su vida y como pudo haberlos solucionado; pero ya era demasiado tarde, ellos no juegan. Después de unos minutos de silencio y tranquilidad ellos dieron un par de pasos hacia Freyja, ella comenzó a llorar y a rogar por su vida. De repente uno de esos seres da un paso más y le pregunta: — ¿Estas contenta? ¿Valió la pena? ¿Te despediste por última vez de tus amigos y familia? ¿Qué fue lo último que les dijiste? ¿Hasta luego? ¿Nos vemos luego? ¿Crees que esto fue suficiente? ¿Te das cuenta de lo que va a pasar? — Después regresó son el resto, ella gritó y ellos se rieron, pero no fue cualquier risa, fue la risa de un asesino antes de jalar el gatillo, de un drogadicto antes de inyectarse, de un violador antes de penetrar a su víctima. Comenzaron a acercarse lentamente, paso por paso ella lloraba más, como pudo gritó pero nadie estaba cerca, únicamente ellos y aunque hubiera alguien, nadie ni nada puede detenerlos. Estando a un metro de ella uno de esos seres preguntó: — ¿Ya viste la luna? Es hermosa, tan hermosa como la vida, tan hermosa como la muerte; tu vida acabó y sigue tu muerte, pero va a ser muy bella, igual que la luna…
— ¿Por qué hacen esto? — preguntó inútilmente Freyja
— ¿Por qué no hacerlo? — responden al unisono sus acechadores
—porque es malo
— ¿Por qué? ¿Cómo sabes lo que está bien y lo que está mal? ¿Nunca has hecho algo de lo que te arrepientas? No mientas, si así fuera no estarías aquí.
—Por favor no me hagan nada
— ¿Crees que con palabras puedes cambiar tu destino? No desperdicies saliva, no te esfuerces, total, muerta ya estas.
— ¡No! Por favor, se los suplico, no me maten, no tienen que hacerlo ¿Qué es lo que quieren? ¿Cuánto dinero quieren?
— ¿Dinero? — Todos los seres se ríen fuertemente — ¿Crees que hacemos esto por dinero? Pobres estúpidos mortales, creen que el dinero lo es todo, que patéticos, dinos, a nosotros de que diablos nos serviría el dinero, ni siquiera somos humanos. No digas estupideces, ya estas delirando. Sabes, nos estamos aburriendo y debes estar cansada ¿Ya viste? Está a punto de amanecer, voltea al cielo, despídete de la luna— Con temor, Freyja subió la mirada y uno de esos seres le abrió la garganta con una daga; la sangre proveniente de sus arterias salpicó a todos esos extraños seres. Mientras caía al piso ya casi inconsciente, las sombras la cubrieron totalmente y se oyó su último grito, un grito tan ensordecedor que aquellos que la rodeaban se quedaron inmóviles, uno de ellos se le encimó y la besó para terminar con el grito mientras su túnica negra absorbía las lagrimas y la sangre de la chica; los demás se le acercaron y como hambrientos animales frente a una bolsa de comida se le echaron encima y la despojaron de todas sus prendas. Estando ya desnuda, vestida únicamente con su sangre escurriendo de su cuello hacia sus senos y deslizándose por su estomago hacia sus piernas aguardaba muerta a que sus agresores terminaran; levantaron el cuerpo que por la sangre y los primeros rayos del sol brillaba como el cuerpo de un ángel, un hermoso, muerto y rojo ángel. Caminaron varios kilómetros con ella en brazos hasta que llegaron a un cementerio donde guardaron el cuerpo en una vieja capilla mientras esperan el anochecer para cazar.
— ¿Te gustó la historia Sabine? — pregunta Thely
—Sí, pero ¿Por qué me la contaste?
—Era importante que la oyeras
— ¿Por qué?
—Pronto lo descubrirás
—Está bien, pero hay cosas que no entendí ¿Por qué la cazaban?
—Por tomar decisiones que no eran correctas, por intentar ser alguien que no era, por ambiciosa, por tonta. Freyja era una dulce y tierna chava de muchacha de veinticuatro años, era muy estudiosa, estaba a punto de graduarse de la universidad cuando le fue ofrecido un poder poco común por medio de un clan espiritista. Ella ilusionada aceptó, pero le dijeron que para lograr controlar ese poder era necesario mucho tiempo de estudio y que debía ser cautelosa ya que había peligros insuperables en este tema. Ella se hartó al ver poco progreso en los dos años que llevaba así que decidió salirse y seguir por cuenta propia pero tomó el camino equivocado y lo logró aunque no comprendía en realidad nada de esto ni lo que significaba, lo logró al punto de creerse el ser más importante que ha existido pero aquellos que le ayudaban llegaron al momento de querer cobrar por sus servicios; la tonta de Freyja al sentirse superior a ellos intentó destruirlos pero se equivocaba, nunca había sido superior a ellos, trataba con una fuerza superior a los demonios y los ángeles, hizo algo peor que vender su alma al diablo. Desde ese momento aquellos seres la cazaron hasta su último día.
—Entonces ¿La historia es real? —Preguntó con asombro Sabine
—Sí, fue verídico— Respondió Thely con un tono de voz un tanto melancólico — ¿Tienes otra pregunta?
—Sí, al final de la historia, en el camposanto ¿Por qué la dejaron en la capilla y no se la comieron o la enterraron?
—No se la comieron porque carne no es lo que consumen y la dejaron en la capilla porque la historia aun no concluye
— ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo conoces la historia tan detalladamente?
—Ven, sígueme— Thely se levantó y caminó hacia la puerta. Al salir de la casa se topan con un gran cementerio
— ¿Es este el cementerio de la historia? —Preguntó Sabine sin recibir respuesta alguna más que silencio, eso fue suficiente para ella. Caminaron unos cien metros entre lapidas hasta que Thely se detuvo dándole la espalda a una tumba vacía
—Este es el motivo por el cual conozco a la perfección la historia— Murmuró Thely con lagrimas brotando de su ojos, dio un paso hacia un lado y Sabine pudo leer la inscripción en la lapida:
“Thely Freyja Zaraq”
1982-2009
—Oh por dios, tu eres Freyja, pero se supone que estas muerta, entonces ¿Yo también lo estoy?— con nerviosismo preguntó Sabine
—No, no lo estas— Respondió Thely añadiendo en voz baja —Aun no.
— ¿Y tu cuerpo? ¿A dónde vamos? ¿Por qué dices que aun no se ha acabado tu historia?
—Cállate y sígueme— Comenzó a caminar Thely nuevamente con Sabine atrás de ella, llegaron a una colima desde donde se veía una capilla del otro lado de por donde subieron.
Thely bajó casi corriendo y entró en ella y aunque lo dudó un poco Sabine también lo hizo.
—Frente a ti yace lo que fue mi cuerpo físico— Cuando Thely terminó de decir esto casi un centenar de velas dispuestas por toda la capilla se encendieron —La historia no ha terminado porque tu participas en ella
— ¿Yo participo?— Cuestionó Sabine temerosa — ¿Qué tengo que hacer?
—Únicamente enterrar mi cuerpo— Thely sonrío, Sabine asintió con la cabeza y caminó hacia el cuerpo de Thely; al intentar levantar el cuerpo algo que estaba sobre él y que no había visto cayó al suelo, se agachó y lo recogió, era una daga con sangre, volteó a ver a Thely pero esta ya no estaba pero sabía qué era lo que tenía que hacer, en ese momento la daga, por la sangre que aun estaba fresca y se había deslizado hacia el mango, se le resbaló y se cortó la palma de la mano. No le dio importancia a la herida por no ser muy grande y siguió con su misión. Levantó el cuerpo que era más ligero de lo que creía y lo llevó hasta la tumba. En el suelo encontró una túnica negra de terciopelo, cubrió el cuerpo con ella y finalmente lo enterró.
—Muy bien, ya casi terminamos— Dijo Thely que estaba atrás de ella sin que se hubiera percatado de su presencia
— ¿De qué hablas? Dijiste que si enterraba tu cuerpo terminaba tu historia
—Y es cierto, mi historia ya terminó, pero la tuya apenas comienza
— ¿Mi historia? ¿De qué hablas? Yo no tengo historia
— ¿Recuerdas la pregunta que me hiciste sobre que eran esos seres que me mataron?
—Sí ¿Por qué?
—Ahora vas a poder hacerles la pregunta personalmente— Alrededor de ambas surgieron de la nada los seres que había narrado en su historia. Para Sabine eran aun más aterradores de lo que había imaginado; seres de casi dos metros cubiertos totalmente con una capa negra que no dejaba ver absolutamente nada, ni la cara siquiera.
—Hola Sabine— habló uno de ellos, también sus voces eran peores de lo que imaginaba —Vemos que tienes curiosidad por nosotros; de forma resumida y comprensible para el tonto cerebro humano somos como el amor, se que suena extraño pero no hay otra cosa con la que pueda compararnos. Todo el mundo sabe que es, todo el mundo lo siente de manera distinta y cada quien lo ve de diferente forma. Nosotros somos algo parecido pero con la diferencia de que si existimos, pero igual cambiamos de forma y de nombre, podemos ser demonios, temor a algo y un largo etcétera. Sabine dinos algo, la historia de Thely se te hizo familiar ¿No? Ya recuperaste la memoria ¿O miento?
— ¿Por qué los trajiste?— Después de un largo silencio Sabine habló dirigiéndose a Thely
—Yo no los traje, como te dije, mi historia terminó pero la tuya no— Respondió Thely riéndose secamente
— ¿Qué no ves? Ya esta anocheciendo—Mencionó otro de esos seres
—Sí ¿Y? — Contestó Sabine con tono de voz cada vez más nervioso
—Thely, repítele el final de tu historia a esta estúpida
—Guardaron el cuerpo en una vieja capilla mientras esperan el anochecer para cazar…
—Gracias Thely, ahora te pregunto Sabine ¿Ya viste que está anocheciendo? —
En cuanto oyó eso Sabine rompió en llanto —Por favor Thely no dejes que me hagan esto, lo hicieron contigo pero ayúdame a detenerlos para que nadie más sufra
—Me gustaría hacerlo pero no puedo, cometiste los mismo errores que yo, debes pagar por eso, por tus venas ya corre sangre de presa y por si esto fuera poco ayudaste a concluir un ciclo para iniciar otro.
—No sé de que hablas— Gritó Sabine llorando
—Claro que si lo sabes, pero te lo recuerdo, observa tu mano, la daga con la que te hiciste eso fue con la que abrieron mi cuello y al cortarte, mi sangre se mezclo con la tuya, mi sangre era sangre de presa y ahora la tuya también y por último, terminaste el ciclo al enterrar mi cadáver— Thely se desmayó y empezó a convulsionarse, todo se oscureció por unos segundos y cuando algo de luz llegó, Sabine vio que Thely ahora era uno de ellos y comenzó a correr
— ¿Por qué lo hacen? — Gritó Sabine mientras corría sin voltear atrás
— ¿Por qué no hacerlo? — Respondió Thely o lo que era Thely mientras reía y la veía correr. Unos segundos después los seres se deslizaban por entre la noche persiguiendo a Sabine
La próxima noche:
Había una bella dama sentada al lado de una ventana, la poca luz que había era el brillo de la luna aunque el amanecer ya estaba cerca, la chica escuchó pasos y la puerta frente a ella se abrió; entró una mujer, tomó una silla y se sentó frente a ella
— ¿Cómo estás? Mi nombre es Sabine y te voy a contar una historia que te va a gustar…
Lord Azvrok.
Emen hetan...
Este pseudopoema, o como se le pueda llamar a esto, lo escribí hace casi un mes durante las vacaciones, en Cuernavaca, como a las 4 de la mañana, con una ligera migraña y viendo una película.
Lo escribí de una manera casi inconsciente y mis lecturas posteriores me dicen que es un vestigio o una secuela de una más de mis extrañas y geniales crisis existencialistas, también puedo decir que de cierta forma es una prueba grafica de la dualidad que en mi interior hay. Con sincera aflicción admito que tontamente permití que un suceso reciente influyera en mi etéreo estado de escritura dejando huella en el escrito, espero pase desapercibido e igualmente espero tener valor en un futuro para profanar entre sus líneas y modificarlo.
A mi parecer, es lo más existencialista que mi mano ha plasmado durante mi corta carrera de aborto de escritor. También debo mencionar que es de los escritos que mi extraña y oscura mente ha concebido que más me han gustado.
Realmente espero que las palabras que a continuación entraran en sus mentes no causen sensación de pérdida de tiempo (aunque tal vez sea cierto) ni dañen demasiado su subconsciente, en pocas palabras, espero que no se aburran ni queden con ideas existencialistas…
Buena luna…
…pero tal vez haya algo en lo que hicieron los alemanes que ejerza en nosotros una fascinación devastadora: algo que abra las catacumbas de la imaginación. Tal parte de nuestro temor, de nuestro espanto, proceda del secreto conocimiento de que, en determinadas circunstancias favorables (o adversas), nosotros mismos estaríamos dispuestos a construir tales lugares y a poblarlos…
Siento aversión hacia los vampiros, y a pesar de mi escasa relación con ellos, jamás osaría revelar sus secretos.
Steven Sharp Nelson - Moonlight - Electric Cello (Inspired by Beethoven) (by ThePianoGuys)