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Mariela Martínez S. |
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Viajera, cinéfila, melómana y tragona. No se ofendan.
FUSELI, John Henry
Silence
1799-1801
Oil on canvas, 63,5 x 51,5 cm
Kunsthaus, Zurich
CARACCIOLO, Giovanni Battista
St Onophrius
c. 1625
Oil on canvas, 180 x 116 cm
Galleria Nazionale d’Arte Antica, Rome
Christian Holstad. Defending Decisions, 2005. Pencil on newspaper, 13 x 18 cm.
Sistematización, regulación, urbanización e industrialización de las cosas y del mundo nos están llevando a un estilo de vida desensibilizado, gris y despersonalizado.
Aun en México, habiendo tanta “opsición”, habiendo tantas inconformidades, y estando el sistema tan fallido que las necesidades de nadie son satisfechas, en muchos ámbitos se puede sentir este estilo de vida manufacturado y automatizado. Las tradriciones se funden con festividades televisivas y mercadotécnicas sin razón. Y la identidad nacional se va perdiendo poco a poco dentro de la banda industrial de alguna fábrica.
Tanto El Progreso de Kafka como Brazil, me resultan sumamente Orwellianas, a pesar de que Orwell escribió 1984 mas de 20 años después que la muerte de Kafka y la publicación póstuma de El Progreso, en mi linea de vida, Orwell llegó primero. Y llegó para marcarme, deprimirme y quedarse.
El Estado como la máquina “perfecta” donde todo se encuentra archivado en algún sitio con un número específico y todo mantiene registro de tus acciones, relaciones y pensares me provoca escalofríos y una sensación de persecución inminente; de estar acorralada sin salida. La falta de libertades consecuencia de una aparente comodidad total es algo que todos deberíamos temer. Las deciciones en la vida son difíciles, y no deberíamos procurar hacerlas mas fácil dejando que alguien las tome por nosotros. Por que ese alguien, es un estado que va a pedir una paga después, una paga que quizás no debas pero que vas a tener que pagar. Y al encontrarse en un sistema tan poderoso gracias a nuestra apatía, no hay manera de escapar. No hay método de burlar las cámaras y exigir la libertad, o luchar por justicia, como generalmente pasa en este país.
Hay que pensar que nuestras propias perezas son responsables de la mayoría de nuestros males. Por evitarnos un pequeño esfuerzo, muchas veces nos encadenamos a pagar por ese “favor” con nuestras libertades. Y de principio puede resultar fácil, pero con el paso del tiempo se multiplican, hasta que quedamos unificados todos estos haraganes, con mismas comodidades y mismas faltas de libertades ¿Para qué pensar si alguen mas puede con esto?
A veces el estado nos da un guiño y nos hace pensar que somos libres, y que podemos obtener lo que queremos y que tenemos derecho de defendernos justamente, todos al mismo nivel. Esta ilución a muchos les provoca una especie de tranquilidad, pero al final, el que gana no es el que leyó las leyes y luchó por su libertad. Es el sistema quién puso las leyes y te engañó para hacerte creer que tenías una oportunidad.
La rebeldía, la diferencia, la personalidad, la creatividad y el razonamiento propio, no son virtudes valoradas por el estado en estas tres obras. Después de todo ¿Quién querría un inferior igualmente preparado que su regente? ¿Cómo se mantiene el orden si hay quienes pueden decidir por si mismos y señalar tus fallas? El hombre arma a la máquina y luego la máquina mantiene al hombre haciendo pequeños arreglos, logrando que al hombre se le olvide para qué constuyó esa máquina desde un principio.
Un concepto muy deprimente, muy desalentador, y una cachetada a mirar la realidad de la gran mayoría de los sistemas económicos en que vivimos. Hay que despertar. Por mas que cueste, y por mas feo que se vea ahí fuera, hay que tomar esos pasos, o analizar que es mas importante: una comodidad desinformada, o una verdad incómoda, pesada y trabajosa. Creo que hay para todo. Aun que la justicia no opine igual.
19th-century illustration of a tattooed body. Photo: Wellcome Collection
#tattoo #culture #skin #19thcentury
REMBRANDT Harmenszoon van Rijn
(b. 1606, Leiden, d. 1669, Amsterdam)
Susanna and the Elders
1647
Oil on mahagony panel, 77 x 93 cm
Staatliche Museen, Berlin
Terence Koh. The self become the wood (g), 2009. white ink and gesso on digital c-print, 10 X 15 cm.