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iván e. reina ortiz |
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iván esteban reina ortiz | colombiano | 1991
sesentaycuatro kilos | un metro setentayuno.
estudiante de Cine y TV de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá, con experiencia en cine, video, fotografía, publicidad, editorial, gestión cultural e investigación-creación.
ivanreinaortiz@gmail.com | [+57] 300 265 5332
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filmografía
realización (guión, dirección, producción, arte, fotografía, cámara, montaje, mezcla sonora):
guión y dirección:
producción general:
dirección de fotografía:
cámara:
montaje:
escenografía y diseño de vestuario:
en medio de mi investigación preliminar para la película documental "diligencia de la ruina - los habitantes de La Casa del Diablo", en Bucaramanga [Colombia], tomo apuntes para guardar la información en campo... termino redactándolos y dándome cuenta de que ahora se me da mejor relatar los hechos reales que ficcionalizar eventos. [ya volverán las épocas de los cuentos y lo irreal].
esto se escribió el mismo día que relata, a las 10:30 de la noche. todos los nombres y apodos están cambiados por discreción, exceptuando "El Diablo", que es meollo.***NOTAS DE CAMPODía 17-2Miércoles 16 de enero de 2013NocheLlegué tipo 7:30, El Diablo dijo que me esperaría por la “che-no”. Sin embargo, al llegar sólo estaban Don Javier* [El Barba] y la perra Wendy en el tercer piso. Saludé y El Barba me dijo que El Diablo no estaba, que el Soye* tampoco, que si quería esperarlos yo “ya conocía el terreno”. Me preguntó si quería subir, y acepté. Me dijo de entrada que lo disculpara, que estaba consumiendo, que para él no era problema la compañía pero que igual le daba pena fumar frente a otra persona, más si no la conoce casi. Le dije que por mí no habría problema, que antes me disculpara a mí, y así todo muy cordial. Subí, por la escalera caída y muy poca luz, atléticamente.Arriba me adapté a la oscuridad, aunque El Barba tenía una vela a medio consumirse. Estaba armando su dosis de “calillo”, un cigarrillo que tiene tabaco, marihuana y bicha [bazuco]; él le dice “mi tabaquito”. Charlamos tranquilamente un buen rato, me dijo que antes de mi llegada había estado pensando en toda su vida, en sus experiencias, reflexionando entre risas pequeñas. Me dijo que su hijo se llamaba como él, aquel que no ve hace quince años y que vive en Arauca; que no le gusta que lo vean consumir porque una vez tuvo un patrón “por el norte [de Bucaramanga]” y él se le escapaba para ir a “la [Calle] 4ª” a comprar drogas. El patrón lo descubrió y le ofreció seguir en el trabajo, consumiendo en el segundo piso del local, para que no tuviera que escaparse más. Él aceptó por un tiempo, pero terminó quedándose permanentemente en la 4ª, fiel a su pensamiento de que no le gusta que le ayuden, que se metan con él; dice que él puede salir adelante solo, controlarse, meditar sobre sí mismo y a su acomodo [entre otras cosas, me contó el otro día que se le escondía a la familia que lo buscaba, que no quería que lo ayudaran porque él sabía qué hacer]. Me dijo también que para Semana Santa, en mi próxima visita, él tal vez no estaría, porque le interesaba internarse para rehabilitación, pronto y por su cuenta.Me contó también de sus perros anteriores, en especial uno llamado “Tyson”, quien según él lo salvó de que lo cogiera una vez la Policía. Me contó que como él quedó en libertad condicional la segunda vez que estuvo preso [por posesión de drogas], la Policía en la 4ª lo podría encarcelar de nuevo si lo veía en malos pasos. Una vez recibió a un policía en donde se estaba quedando y gracias al perro logró escapar; aunque me lo contó con detalles, entendí poco su procedimiento, sólo que al final logró salir caminando por la puerta principal. Tyson luego quedaría abandonado al él no poder cargarlo en una de sus huídas forzadas porque se había metido en líos en algún lugar.Me dijo que le gustaba contar sus historias, repitiendo constantemente la frase determinante: “Esa es la verdad”, y sólo una vez, “Esa es la realidad que nos tocó”. Le dije que me encantaba oírlo. También me contó que a él le gustaba conservar su dosis para él mismo, que no era bueno compartir porque la gente se podía acostumbrar y eso luego daba para problemas, que “cada cual se controla a sí mismo” y que a él no le gustaba la figura de sabio o de padrino [palabras no textuales].Al rato llegó Andrés*, el que vive en la primera casa. Llegó también a consumir, traía su pipa, su bicha y cigarrillos comunes; también un velón que encendió, lo que ayudó para cuando la vela del Barba murió. Hablé con él también, me preguntó por la película, le dije que en un año. Pregunté por su edad y pasado, me dijo que había cumplido los 28 en su casa en el norte, con su familia. No la vería más luego porque le “quedó gustando” el mundo de la droga; llegó a La Casa del Diablo hace cerca de un mes, “yo soy nuevo”, dijo. “El Soye me dejó quedar acá, me dijo que limpiara mi cuarto, porque eso era un cagadero”.Mientras el Barba se acababa su calillo, Andrés prendía un cigarrillo común, recolectando la ceniza sobre un papelito blanco. Le abrió huecos al aluminio que estaba en la boca de la pipa, recubriendo su interior. Echó la ceniza de cigarrillo adentro y empezó a asentarla hacia el fondo, con cierto cuidado. En otro papelito blanco estaba el polvo blanco, el bazuco. Puso un poco en la cima de la ceniza y vertió el fuego, aspirando. Un par de soplos más, humo blanco. “Mi traba es de achante [“avergonzamiento, timidez espontánea”], yo en nada [“en poco”] me voy porque me empiezo a sentir mal”. Al rato de iniciarlo, se empezó a notar la traba, decía que estaba apenado, que hasta ahí dejaría. Repetía cada rato la frase “Pues sí señores…”, con cierta desidia en el aire.Eso que él fuma se llama “carro” o simplemente “pipa”; a consumirla, se refieren con “prender el carro” o “el automóvil”, “echarse un carrazo”, “echarse un pipazo”; al que lo consume, “bazuquero”, “carramán”.Le pedí al Barba un cigarrillo común, fumándolo me diría que tenía “bareta” [marihuana]. Me ofreció un porro y le dije que se lo aceptaba pero que no sabía armarlo, entonces él lo hizo por mí. Me lo dio y me dijo que él no solía compartir, pero que a veces lo hacía cuando la gente “se lo ganaba”. Riéndome le pregunté si yo me lo había ganado, y me dijo “la sola compañía fue suficiente”.[1]Cuando se iba acabando la vela del Barba, recordaría el bombillo pequeño que ayer encontró en el reciclaje y decidió encenderlo, ayudado por la batería para moto que también llegó ayer. En realidad no duró mucho, la batería tenía poca carga.El Soye llegaría luego con una bolsa enorme de reciclaje, trajo más velas y prendió su propio carro. Me saludó muy amable, se sentó y se descamisó [él siempre anda sin camisa dentro de La Casa]. Diría luego “no me supo a nada… me robaron…”. En un punto vi que se habló con Gustavo atravesando una pretil tapado por una persiana. Me asomé para ver si era un balcón y me di cuenta de que no, que es caída al vacío pero el piso tiene un pequeño volado sobre el cual El Soye se para a hablar con los de la ventana contigua. Apenas me vio, me dijo que me devolviera, así que pensé que la había cagado, que había irrespetado algo. Me senté y esperé; escuché la voz de Gustavo y dijo luego, tan alto para que yo escuchara: “yo quiero hablar con Iván, aunque se esté escondiendo de mí”. Me reí y le dije igual de alto que estaba dispuesto a escucharlo, así que me pidió que lo esperara. Cuando llegó al rato, me preguntó que qué más, me vio a la cara y pronto me preguntó: “¿Por qué tiene los ojos tan rojos?” Le conté del porro que me había fumado e hizo una cara de desaliento. Preguntó a nadie en especial “¿Ya están endiablando a Iván?”, y los otros se rieron; El Barba le dijo, “No, yo ya lo he visto fumar” y yo asentí. Gustavo se quedó unos segundos más pero dijo “Se me quedó algo” y salió por la ventana-pasadizo. Nunca volvió.[2]En mi traba, cualquier ruido en los primeros pisos o fuera de la casa me causaba un pánico sosegado. Llegué hasta a imaginar a la limpieza social llegando a La Casa, a fantasmas, incluso, a “cazavampiros” (¿?). Salí varias veces al balcón donde se suele “relajar” El Soye, sólo para ver con mis ojos la entrada al lugar y asegurarme de que nadie extraño merodeara por ahí. Llegué a imaginarme muchas cosas relacionadas con el documental, como planos, momentos específicos, metáforas, alegorías… hasta llegué a pensar que me criticarían por drogarme con ellos, y que yo decía en una rueda de prensa: “Pues yo pienso que si se puede tener buen sexo estando borracho, se puede hacer buen cine estando drogado… creo que por eso no me fue tan mal”, y me reí mucho para mí mismo. [En realidad bluffeo, no sé qué tan bueno sea el sexo estando borracho].En un momento, observé cómo El Soye miraba a su alrededor como buscando la fuente de un sonido que se le hizo extraño, o una presencia. Buscó en varias direcciones mientras el gesto era de expectativa, extrañeza y molestia, también de alerta y disposición de ataque. No vio nada en especial, y siguió fumando.Andrés preguntó: “¿Nos va a filmar paniqueados[“con pánico”]?”, y no recuerdo qué respondí, pero sí sería lo ideal. En un punto, El Soye se refirió a Wendy como “mi amor”. El Barba me mostró sus pliegos de papel seda, el papel ideal para armar sus porros; me contó que como es tan aficionado a los negocios, en la 4ª vendía de 100 a 150 pliegos semanales. [Me asombré, pensé “¡es mucha droga!”]. Llegaría de nuevo, el “Pues sí señores”, seguido de “Esa es la verdad”. Por momentos parecía una arenga, luego una obra de teatro, luego una letanía. Yo pensaba y analizaba mucho. Diría con mi boca el “Pues sí señores” y Andrés me preguntó “Ah, ¿usted me está analizando y toda la vuelta?”, y nos reímos. Con Andrés debatimos en un momento sobre la droga, pues me preguntó si consumía pipa. Le dije que no, que no la probaba aún porque me daba miedo que me quedara gustando. Me entendió, supo de lo que hablaba. Le dije “drogarse no está mal… es un acto de libertad. Lo más paila es que a uno lo agarre”, y esta vez el Barba hizo un sonido de aprobación, ya prendiendo el sexto o séptimo “tabaquito”.Vi que eran casi las 10 y me despedí. Al Barba, que estaba frente a Andrés [a quien no conozco mucho ni me fío aún] le dije un adiós como si no volviera en mucho tiempo, y al Soye sí le dije, porque estaba en otro cuarto en ese momento, que mañana pasaría temprano a tomarles unos retratos. Accedió y me fui. El mayor suplicio: bajar la escalera caída, con muy poca luz, un abismo bajo los pies, el ruido ensordecedor del bosque. Se pudo y en el camino a casa de mi abuela, pensé en que la noche en La Casa del Diablo es una metáfora de mi visión del infierno: “El infierno es que tengas que repetir un mismo dolor”; ahora mismo pienso: “el infierno también repite placeres… de los más oscuros.”a tener en cuenta para la noche:· muy baja luz, 1 o 2 velas.· ruido de bosque aumenta considerablemente.· se podría grabar entrevistas espontáneas, conversaciones. la elocuencia es algo usual durante el consumo, les gusta hablar de su vida, no tienen problema en abrirse y ser escuchados.
"implacable
tiempo
mudo,"
piensa, como escribiendo un poema,
"¿por qué permites
que la imagen
se diluya
ineluctable,
mientras
la veo irse
sin otro huésped más
que el suplicio?"
Varios días después. La experiencia de soledad me hizo bien, Ma miraba con la boca abierta cuando le alcancé el rollo de arpilleras.-Es inútil -le dije-. No quiero abusar de tu hospitalidad, no te quiero, no quiero acostarme contigo. Me gusta cómo recitas en francés, te quiero como a una hermana, me da asco, no de ti, sino de mí, incesto o algo similar, no funciona.Era de tarde, quedó llorando, le pasé la mano por el pelo y me fui a la rueda, en la fuente. Me senté en la piedra y me dijeron que estaba muy flaco, si era amor o hambre.
| [Sin título], por Pablo. V.Aguirre |
| [Sin título], por Francisco Anwandter |
| Acerca del pretérito, por morespineL |
| [Sin título], por Hidekito (Fernando Tsuchiya) |
| huella - mark, por sandratei |
| Lun-Era, por LunaLun Era (Lorena Agudelo) |
| Ventana Indiscreta Mujer 2, por Servicio Ejecutivo |
| [Sin título], por Fernando Farfán. |
| [Sin título], por paula.walker |
| HERE IN THE FOREST DARK AND DEEP I OFFER YOU ETERNAL SLEEP, por Maps☽ Dou http://cupidoalaska.tumblr.com/ |
. "Para Persépolis en los Andes", por Julia Nanda Bejarano |
[Sin título], por .eme. [Maider Jiménez] |
| Quiero inventar el silencio para no aburrirme en entretiempos por Jd-Automne |
| [Sin título], por PaTrAñAz |
| [Sin título], por Felipe Becerra |
| [Sin título], por J u l i o [Julio Nova] |
| [Sin título], "---------------Tu culpa--------------", por Miguel Cuesta |
| [Sin título], por *CosmicDancer* [Laura Henao S.] |
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Un insomnio que hace mucho no saboreaba. Mucho. Estar aquí, impávido ante mis ojos ardiendo, moviéndome más lento de lo normal y siempre, siempre tan silencioso con cada detalle.
"Alrededor de una persona que escribe libros siempre debe hacer una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día, esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir.""Escribir es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que no se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible."
"Los escritores son gente solitaria. En todas partes, y siempre, lo han sido."
"Comprendí que yo era una persona sola con mi escritura, sola muy lejos de todo.""Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará.""Aunque sea inútil, creo que, con todo, es necesario llorar. Porque la desesperación es tangible. El recuerdo de la desesperación permanece. A veces mata.""No llorar nunca es no vivir."
fechado original, primera semana de enero, dosmildoce
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A veces siento que estar solo es estar oculto. No decidí quedarme solo por capricho ni curiosidad. Sólo me escondí del mundo cuando menos lo buscaba.
Aislado en mi propia jaula. Un cuerpo hermético, compacto, enclaustrado como una leonera.
Quisiera saber qué es ser visible: si sacarme la armadura o abrir más grande las ventanas de mi casa. No sé qué hay detrás del vidrio, o si salir sea alguna especie de garantía.
Aquí adentro nada es tan triste como afuera. Aunque el vacío inunde esta cama, me protejo del mundo atiborrado de un barro innombrable. Limpio como el cielo, como el río; limpio puedo caminar en círculos, respirar inmaculado, orar al silencio mismo, a veces dormir, a veces leer en las paredes las cartas sin fecha exacta que nunca di a leer y que colgué como solemnes santuarios.
En este cuarto, solo y entre murmullos, hallo las respuestas de lo que nunca pregunté. Los enigmas restantes sólo serán revelados cuando alguien me acompañe en mis dudas.
[¿Alguien? ¿Qué es alguien? ¿Un otro como yo? ¿Un otro como otro?
Estar solo no es no tener a otro. Es tenerlo y ocultarlo, como me oculté a mí mismo.]
Pero los espejos dejan de escuchar. Ya la luz no se duplica sino que se fragmenta. El tiempo atraviesa esta celda sigiloso. Trata de abrir los candados, de sellar mis escritos, de apagar esta agonía. Y lo expulso. Sólo abro esta puerta para anularlo, y sentir que ya no pasa, que ya el tiempo no pasa por aquí.
Esta mesa ya no me mira.
Esta silla ya no me mira.
Esta cama ya no me acoge.
Esta lámpara ya no me habla.
Todo se da vuelta.
El espejo se oxida.
[¿Hace cuánto estoy aquí, nadando con lo ausente?]
Este es el fin del exilio. Adentro también hay guerras. También hay hambre. También hay llanto y también carencia. Aquí también se refleja el mundo y yo me conformé a esto. Lo acepté. Lo tomé por verdadero y me estanqué en mi propio barro innombrable sin notarlo.
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Esta puerta sí me mira. Esta puerta sí está aquí. Es lo único que está. El primer ojo de muchos, la primera boca de muchas. La única certeza antes de muchas otras.
Ramiro, un chico de escasos años y mucho pelo en las axilas decide hacer una instalación para una clase de su universidad. Empaca la noche anterior en su maleta muy grande, muy pesada, muy amiga, sus mil artilugios y mecanismos cargados de su propia catarsis, obligados a disponerse para provocar cierto pasmo. Tras presentarla a sus compañeros de salón y obtener comentarios ácidos de su profesor, Ramiro sale lleno de pintura en todo el cuerpo, producto de su torpeza con los aerosoles. Quiere irse a bañar a su casa y pasar el resto de la tarde leyendo para acabar sus trabajos, los cuales ha aplazado un tiempo más que prudente. Cuando decide partir cargado con los mismos mil elementos en su espalda, una elucidación lo golpea de costado con la terrible noticia de haber extraviado sus llaves. Ramiro se muerde las uñas, exuda pánico y no para de quejarse con todo aquel con quien se encuentra en la ruta hacia la mesita de las llamadas, en una esquina cualquiera. Sabiendo que ese día sus tíos volverían de su viaje fuera de la ciudad, Ramiro telefonea para avisarles que se ha quedado sin llaves y que espera verlos esa misma noche. Burlándosele el cielo de frente y sin clemencia, sus tíos le cuentan que han aplazado su regreso y que hoy nadie le abrirá la puerta. Ramiro entra en crisis. Sus escritos inacabados. Su cuerpo untado. Sus ganas de dormir.La decisión última de Ramiro queda en manos de un cerrajero, alguien experto en tumbar las murallas de su propia cueva. Ramiro le pregunta a su tío si puede gestionar la ida de uno de ellos a la casa, cosa que su tío atiende con gusto y en menos de los que pasa una nube. Satisfecho, nuestro amigo parte entonces hacia su hogar, gasta dos pasajes para llegar más rápido, soporta el bochorno de la media tarde y llega al encuentro de su querido compinche, el señor Gustavo, un alibabá de bigote y manos habilidosas. Unas cuantas palabras, un subir del ascensor y helos allí, parados en un descansillo, oyendo los martilleos retumbando, un taladrazo que tumba con pericia el pestillo, y por último, un chirriar de bisagras que deja pasar la luz de la ventana de la sala.Lo que no tenía costo en un inicio, requiere un cambio de chapas, de guardas, de llaves, por un valor casi igual al de un mercado para una semana. Ramiro se resigna a pagarlo todo y espera al señor Gustavo mientras va hasta otro barrio por los repuestos de la puerta guardiana. Nuestro amigo, pensando en lo mucho-o-poco que hubiera hecho con ese dinero de no haber perdido sus llaves, hace de cuenta que compró ese libro que le regalaron y que nunca leyó. "Será una buena razón para transitarlo", se excusa, y abre su gran maleta para reordenar lo usado en su instalación. Afuera las cuerdas, los telones, las sobresábanas y las latas de pintura; luego la cámara que no usó, los bafles que sonaron pésimo y la linterna que ni se notó. Pero bajo los pañuelos rojos y las puntillas tres-cuartos-de-pulgada que sirvieron de sostén en la pared para un marco de madera, su llavero verde y sus dos llaves cuadradas lo miraron adormilados en el sueño del fondo de una maleta muy grande, muy pesada, muy traidora.El señor Gustavo vuelve, hace el intercambio con toda su paciencia y cobra con una gran sonrisa. Pide permiso antes de salir, pidiéndole a Ramiro que pruebe cada llave nueva, no vaya a ser que el trabajo haya quedado mal hecho.Ramiro no prueba nada. Entra en la ducha pero la pintura no cae.
[Acabando el año, retomo textos que quedaron en el baúl y los publico por acá. Esta fue una aplicación para un concurso de cuento organizado por el IBRACO en homenaje a Clarice Lispector. La condición del concurso era que cada cuento comenzara con las primeras líneas que leerán a continuación; de ahí en adelante, todo era a libre elección. Admito que aunque la temática tenía que estar relacionada en algo con Brasil, omití esto y en el concurso nada ocurrió. Sin embargo, no siento que ese haya sido "el error" que hizo que no ganara, pues más allá de eso fue un buen ejercicio de escritura en su momento. Cuento, poema en prosa, relato... no sé.]
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Despertar a este líquido, beberlo sin reparo.
Todo borroso; la confusión conmisera.
Sentir que todo da vueltas cuando el mundo sigue estático. Soy un carrusel en la mitad del yeso. Endurece mi suelo y yo sólo bailo al compás del silencio.
Risas a tres pasos, algo se sucede sin noticia alguna de transformación. Hay aparente regocijo en la mitad de la vergüenza, un ser humano decide cambiar de canción y otro empezar a cantar. Parece que no es lunes, síntoma de que todo lo que se diga es en realidad un simulacro.
Nadie huye para salvar su vida, nada es tan grave ni tan trivial como mi falta de lucidez a esta hora de la noche.
Sentir que todo es absolutamente dotable de sentido, que nada aquí tiene el mismo valor del aire, que todo lo que flota es el mero silencio con mucho, pero mucho, placer envainado en pequeñas dosis. Que aquí, en la mitad de mi mundo, yo sólo ansío el descontrol y apuesto mis tesoros al honor de toda decadencia.
No brindo por nada más que mi suerte, que me trae a un mundo ajeno para llevarme a la satisfacción. Si la felicidad es efímera, que esta noche sea eterna, que la hagan eterna aún si quiere terminar.
[En el centro de la oscuridad, hambre y mal aliento. Qué cagada.]
[Esto me resume que estar borracho no altera ni mi ortografía, ni mi sintaxis, ni mi pésimo estilo]
[Nadie a quien llamar, todo esto se queda tan íntimo...]
Con material filmado por Marta Angarita en 1976, imágenes de Juan Felipe Ríos y una adaptación de Acto I del álbum ‘Supermán y los tapires’ de Julián Mayorga, con apartes de la versión para Latinoamérica de ‘The New Adventures of Superman’ (1966-1970)
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Footage filmed by Marta Angarita in 1976, some images by Juan Felipe Ríos and an adaptation of the Acto I from the Julián Mayorga’s album ‘Supermán y los tapires’, with samples from the latinamerican version of ‘The New Adventures of Superman’ (1966-1970)
enero | january – 2013
julianmayorga.bandcamp.com