Chepita Monroe
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Hoy es un día cualquiera de mayo. Un día más frío que el anterior. Un día que me vestí con mi chomba-vestido y que me despedí de mis gatos con un beso.
Un día en que suena una canción en loop infinito.
De repente me da y vengo para acá.
Yo SÉ,
por eso tengo derecho a la educación.
Yo BUSCO,
por eso tengo derecho a la educación.
Yo OBSERVO
Por eso tengo derecho a la educación
Yo INTUYO
por eso tengo derecho a la educación
Yo CREO,
por eso tengo derecho a la educación.
Yo VALORO,
por eso tengo derecho a la educación.
Yo DECIDO,
por eso tengo derecho a la educación.
Porque sé, busco, observo, intuyo, creo, valoro y decido,
tengo derecho a la educación.
Porque la llave de mis puertas me pertenece,
tengo derecho a la educación.
Porque mi conocimiento es lo único que importa,
tengo derecho a la educación.
Porque soy libre
Tengo derecho a la educación.
Cicerón, Cisarro, Siserás, Ciceronte, Chichichichi.
¿Qué le ha sucedido en un mes?
Ha crecido, cambió el pelo, se le fue la tiña, engordó, no le teme al agua, nos reconoce, gusta de mascar nuestras suculentas, se entretiene con un lápiz de pasta, tiene su rincón favorito.
¿Qué nos ha sucedido en un mes?
Tomamos consciencia de otra presencia en la casa, compartimos el tiempo y el afecto, comprendemos su idioma y sus diferentes tipos de miaus, pensamos en él cuando estamos lejos, inventamos juguetes para que se divierta, inventamos canciones con su nombre.
Cicerón es un buen gato, un amigo peludo que se langüetea bien seguido y que aprende cosas con las cuales puede comunicarse con nosotros.
Ahora sabe que cuando me pongo la cartera es porque voy a salir y se para en la puerta a reclamar.
Sale corriendo cuando escucha el timbre porque sabe que es Leonidas, con el que puede divertirse sin que lo reten.
Enloquece cuando ve el escobillón, su más extraño enemigo en esta casa, con el que tiene divertidas peleas mientras se revuelca en el polvo.
Se duerme plácidamente en mis piernas mientras le leo algún cuento, moviendo las orejas y ronroneando con dulzura.
Se sienta concentrado al lado de Leonidas mientras trabaja, y observa con atención las formas que se dibujan en el computador.
Cicerón es lo que yo quería: un gato amigo con el que yo también puedo ronronear.
Y ahora, mientras duerme en su rincón favorito, no me queda más que sonreír y decir ¡Qué bueno que apareciste en nuestra vida, gato loco!
El domingo 9 de enero de 2011 lo recordaré como el domingo de gatos.
Con Leonidas nos levantamos decididos a levantarnos pero en el camino nos volvimos a quedar dormidos. Por tal, almorzamos tarde y el domingo comenzó a ser cada vez más espontáneo y horizontal.
Fue así como decidimos ver una película que le regalé a Leonidas para Navidad: El Regreso del Gato, de Hiroyuki Morita, que narra la historia de Haru que, por salvar a un gato de un atropello, se ve inmersa en un montón de gatunas y peculiares situaciones.
Después de ver esa película quedé con la sensación de que tener un gato o una mascota es algo que a una le hace muy bien. Pensé en todas las mascotas que he tenido a lo largo de mi vida, recordé las locuras que hacían, la presencia que tuvo en nuestra vida familiar. También pensé en lo perros callejeros que he conocido, en los nombres que les he puesto, en sus miradas, sus marcas.
Todas esas reflexiones me hicieron escribir este post en mi blog y con Leonidas comenzamos a pensar cuál sería la mascota ideal. Yo siempre he querido un gato, me encantan, divierten y me sorprenden. Siento que tengo afinidad con ellos y que su personalidad es muy parecida a la mía. Leonidas, por su lado, es medio alérgico y es de la idea de que los animales deben estar lo más libres posible, cosa con la que estoy de acuerdo pero no soy tan estricta.
Sin llegar a ningún acuerdo, nos pusimos nuevamente en forma horizontal para ver otra película y mientras la veíamos, escuchamos un MIAUUUUUU fuerte, claro y desesperado. Me hice un poco la lesa, pensando que ese sonido desaparecería por arte de magia, pero no. Siguió, cada vez más angustiado.
Me levante y asomé por la ventana y, al no ver ningún gato por ahí, llamé “cuchito, cuchito” y un MIAUUUU me respondió, mientras veía una cosa diminuta y oscura acercarse al lugar donde escuchó el llamado.
Era un pequeño y negro gatito, que corría con desesperación tratando de encontrar, de seguro, a su mamá o a sus hermanos. Pero sólo había enormes árboles, oscuridad y silencio.
Miau, miau, miau y ya no lo soporté. Bajé en pijama, lo tomé y acurruqué, y subí con él al departamento.
Leonidas me esperaba con cara de duda e incertidumbre. Y yo también sentía lo mismo. ¿qué hago con una criatura tan diminuta?
Parado en la mitad del living, comenzó a curiosear, a enredarse en nuestros pies, a maullar con un poco más de confianza.
Le serví leche, le puse una caja de zapatos con tierra, le pasamos una rana de plástico, un chaleco viejo y apagamos la luz.
Luego de unos minutos de llanto, el silencio se apoderó de nuestra casa y todos cerramos los ojos.
Y amaneció el lunes 10 de enero de 2011, un día después del día de gatos, con Cicerón despertando, usando su cajita y mirándome con unos ojos que me reconocen, agradecen e invitan a conocerlo.
Magia, coincidencias. No sé. Sólo está acá y nos haremos felices mutuamente.
Porque ¿de eso se trata tener una mascota? ¿o no?
Un animalito que sepa de mi y yo de él.
Un ser distinto a mí, pero con cualidades tan particulares como las mías.
Un amigo especial.
He pensado el por qué de mi deseo, que a estas alturas es una necesidad, y llegué a las siguientes conclusiones:
1.- Tengo mucho amor por entregar. Amor que se manifiesta en diferentes cosas. Amo a mi novio, amo a mi familia y amigas, amo a mis cactus, amo mis cachivaches. Amo cada cosa que forma parte de mi vida, y en cada cosa pongo un grado de amor distinto, no en mayor o menor cantidad, sólo distinto. Por ende, hay un gran espacio dentro de mi que quiere amar a un animal.
2.- Un animal hace de mi otro animal. Adoro la comunicación que creo con los animales, cómo me ponen a prueba, cómo yo también lo hago. Cuando un gato me mira en silencio, moviendo su cola a ras de suelo, con las orejas levemente hacia atrás es cuando sé que tengo que ganarme su confianza y que no pasa porque le de un poco de alimento o le haga cariño. Sino que él debe sentir que algo de gato hay en mí. Y eso es difícil de conseguir. Hablar otro lenguaje siempre es complejo ¿no? Y es ese nuevo modo de hablar que me hace sentir más cercana al mundo de los animales, y hace descubrir en mí nuevas formas de entenderlo.
3.- Me caen bien. Los animales son graciosos, particulares, especiales, inteligentes, incondicionales. Me agrada ver cómo aprenden y cómo se las ingenian para conseguir lo que quieren. Me hace feliz ver cómo se alegran cuando a una la ven llegar. Me da ataque de risa cuando hacen locuras, se persiguen la cola, se muerden las orejas, se rascan la guata con la pata trasera. Me da mucha risa.
4.- Tienen personalidad. Esto es algo que también me gusta de los humanos: que tengan personalidad, que sean particulares dentro del universo de animales que existen en el mundo. Caprichosos, mal genios, amistosos, tímidos, celosos, solitarios. Tantas personalidades que he visto en los animales que he tenido y en los que conozco a diario, en la calle o en las casas de otras personas. Su personalidad me llama la atención y la respeto.
Acá en mi barrio hay muchos perros callejeros y el ejercicio más grosso que hacemos con Leonidas es ponerles nombre y, de acuerdo a su personalidad, imaginar cómo ha sido su vida, qué sienten, qué ven.
Y nuestro favorito es el Chicle, un perro negro, viejo, que camina de lado y que es tan serio que llega a dar risa. Mientras los demás perros corren, se persiguen, ladran, mueven la cola, Chicle está sentado en silencio, mirándolos seriamente y pensando, quizás, "¡qué bobos estos perros!". Y con Leonidas nos reímos y también nos da pena pensar en los escobazos que ha recibido en su vida de perro de la calle.
Chicle apareció un día en el barrio y su nombre se lo debe al chicle que tenía pegado en el lomo cuando llegó. Ahora, es un perro amado por cada cuidador de edificios o dueño de negocio, y en el invierno le ponen mantitas de polar que se la cambian una vez a la semana. Incluso para el mundial andaba con una roja que tenía bordado el escudo de Chile.
Y si, quiero una mascota porque la vida está hecha para ser y hacer feliz. Y mientras más posibilidades tenga, mejor.
Tanto, que se ha convertido en un problema.
No quiero pensar, la verdad.
Dejaré mi cerebro a un lado y usaré mis manos, el corazón, el estómago.
Que en vez de pensamientos, salgan de mi libros textiles, poemas, comidas que hagan sonreír a Leonidas, a mis padres, a mis amigas.
¿Qué pasará si dejo, efectivamente de pensar y sólo comienzo a sentir?
Y que, de repente, de mi pelo comenzaran a brotar árboles, nidos, cascadas.
Quiero tener pajaritos en la cabeza.
Si.
Pajaritos en la cabeza.
Me para los pelos, me hace llorar, me transporta, me mata y me da vida. Me rejuvenece y envejece. Me huele, me sabe.
Eso me pasa con la música. Con toda la que ha formado parte de mi vida, con y sin querer. De los casets comprados y de la canción que sonaba en la radio en ESE preciso momento.
De las canciones que canturreaba mi madre regando las plantas y de las que tarareaba yo en la micro, pensando en Pablo, Juan, Iván y cualquier cabro chico que me robó el corazón.
Está ahí, perenne, como un lenguaje inalterable, sólo posible de rescatar, hablar y leer cuando la música, el sonido melodioso que invade un instante, aparece con sus maneras y sus modales.
Es inevitable y poderosa.
Maldita y bonita.
Me acerca a todo aquello que, a veces, he querido olvidar. Me obliga a revivir, recomenzar, repensar. Revitalizar.
Me gustan las canciones, los coros, el platillo imperceptible, las imágenes, la historia. Todo lo que conlleva la música.
Y la llevo dentro porque mi padre la lleva en su sangre, si es que él no es la materialización de alguna nota musical particular, de algún ritmo, de alguna canción hermosa que hable de campos verdes y un niño libre.
Él me enseñó a amarla, a respetarla y conocerla. Y es él el que mejor representa para mi el significado de la música.
Mi padre es una canción, un disco, un artista, una melodía, un estribillo, una banda sonora, una anécdota.
Mi padre es todo lo posible de abarcar con la música. Y creo que si mi padre volviera a nacer, sería lo mismo, y me enseñaría lo mismo, y yo aprendería lo mismo. Como una cadena indestructible de amor y respeto.
¿Por qué todo esto?
Porque para estar con mi padre cuando él no está, escucho la radio.
Busco canciones que me inviten a su corazón y a su maravillosa y particular historia.
Desde que me independicé, lo extraño más.
Y desde que lo extrañó más es que persigo a Elvis Presley, Neil Sedaka, Johnnie Ray, Brenda Lee y a un montón de voces que me susurran, un poco, la historia de mi viejujo.
Mi padre es el puente que me ha llevado a sentir que sin música mi historia es la mitad. La otra, es sorda.
Y más allá del recuerdo y de las fotos, mi padre está, ha estado y estará porque siguen existiendo los sonidos que me unen a él.
La música es vida ¿no?
Lo compruebo porque, además, las cosas que crecen, después se achican.
Lo que parecía feo, ahora es bonito; lo bobo, brillante.
Lo eterno, finito. Lo seguro, escurridizo.
No existe porque acá estoy.
Prueba fehaciente de que no depende de él, sino de mi.
Y bueno, si llegara a existir, como Dios, o el Viejo Pascuero, o el Trauco; pues le digo que puede ser mi amigo, así podemos conversar sobre sus teorías mientras me tomo una copa y lo miro aburrida.
Porque la única manera de que exista el Señor Tiempo es a mi modo, en mi casa y a mi ritmo.
Sino, que se vaya a espantar a otros.
Un gallo y dos gallinas picoteando el pasto, con ese inalterable ritmo gallináceo. Las gallinas, negras y gordas, recorren un espacio diferente al del gallo, rebeladas e independientes. Una anda por allá, otra por acullá. Y el gallo, de pecho hinflado y patas gruesas, adornadas por unas plumas desordenadas, como si vistiera polainas, picotea, levantando la cabeza y observando a sus hembras. De repente, sin poder comprender su motivación, estira el cuello y con un gesto de esfuerzo y decisión, canta fuertemente. A los pocos segundos, otro canto, lejano, debilitado por la distancia, hace de respuesta al grito del gallo.
Nuevamente este, picoteando un poco el pasto húmedo y erguido, alarga el cogote y vuelve a gritar con decisión. A lo lejos, la respuesta.
En esta inexplicable, misteriosa y poderosa comunicación se mantienen los gallos. Cada uno en su patio, con sus hembras, sus insectos.
Me siento ajena, debilitada ante esta disputa de voces de machos. Insignificante ante su lenguaje animal.
Me muevo. El gallo se percata de mi presencia y se queda inmóvil. Las gallinas siguen picoteando en su emancipación.
Me estiro. El gallo gira su cabeza, mirándome con su ojo inquisidor y, a la vez, nervioso.
Sin dejar de hacerlo, comienza a mover el plumaje de su cuello, abriéndolo y cerrándolo como un escudo que se proteje de saetas amenazadoras.
Finge que picotea el suelo. Yo muevo la cabeza.
Levanta su cuello y mueve las plumas.
Hago un sonido con mi boca. Camina lentamente, como pensando cada paso, como consciente de su articulación. Vuelvo a hacer un sonido y el gallo, suavemente, muy suavemente, cacarea, mueve sus plumas y mira a sus gallinas.
Estas, entendiendo sus signos, dejan su emancipación y corren detrás de él.
Vuelvo a hacer un sonido, el gallo cacarea, mueve sus plumas y, con su cuerpo, va correteando a sus gallinas para que se alejen de mi.
Me mira, lo miro. Se van, ejecutando un delicado baile de huída. Sin demostrar temor. Gallo erguido frente al peligro.
El gallo y yo nos reconocimos en un instante de animalidad.
Gallo y humano leyéndose mutuamente, como ancestralmente lo hicieran los gallos y humanos de una época desconocida pero, no por eso, ajena.
Puro poder.
Ni tampoco por cómo haces cuando despiertas, ni mucho menos por las veces que te descubro escribiendo mi nombre en un cuaderno viejo.
No es por cómo dices mi nombre.
Ni tampoco por las ocasiones en que me consientes, ni mucho menos porque vas a comprar marraquetas para el desayuno.
No es por como cocinas las salsa boloñesa.
Ni tampoco por los discos que bajas pensando en que me van a gustar, ni mucho menos porque me preguntas cómo me gusta el tomate.
No es por eso.
Tampoco por lo otro.
Es por todo eso y muchas cosas más.
Es por una nueva cosa, una nueva nomenclatura, una nueva forma de contar.
Es porque eres algo nuevo, siempre.
Porque te renuevas en lo conocido, y eso es algo así como una nueva naturaleza.
Y en el fondo, y pensándolo bien, es porque eres el aire que circula entre las hojas de los árboles.
La luz que se cuela entre ellas.
Un ser salvaje.
Nuevo, viejo, renovado, secreto.
Mío.
Y así, de repente, todo comenzó a oler a naranjas.
Yo misma sentía el perfume dentro de mí, internarse por entre mis poros, sujetar mis órganos internos, explorar el corazón.
Y aunque yo avanzaba, ahí se quedaba, flotando en el ambiente, jugando con la cola de los perros, formando una nube olorosa y fresca. Demasiada fresca para un día martes.
Debería agradecerle, sonreírle, preguntarle su nombre a la señora boliviana que todos los días exprime naranjas en la esquina de mi casa, silbando una melodía feliz, una musiquilla que de seguro endulza más el natural zumo de la fruta.
Ella que perfuma, que inunda de frescor una calle céntrica, merece un abrazo, una mirada amistosa, una demostración de agradecimiento por hacer de las ocho de la mañana una hora feliz, una hora salvaje con olores de selva y fruta.
Si, de repente todo comenzó a oler a naranjas.
Y es un buen comienzo para una historia.
Es como si me dijeran que Juanito Yarur o Carlos Cardoen se ganaron 50 millones de pesos para sus respectivos proyectos “culturales”.
Si bien la democracia permite que todo chileno o chilena o extranjero con residencia en Chile postule a los fondos que entrega el Consejo de la Cultura y las Artes, hay algo que se llama ética y es, precisamente, lo que hace que NO TODOS los chilenos y chilenas postulen a estos fondos que no sólo están destinados a financiar proyectos culturales sino que también aquellos proyectos desarrollados por personas que,precisamente, no cuentan con los recursos monetarios necesarios para llevarlos a cabo.
Así, se entiende que un escritor o fotógrafo de Aysén, que ha dedicado una buena parte de su vida a su oficio, con esfuerzo y creatividad, sea beneficiando por el Fondart. O un escritor novel, esforzado y estudioso. Incluso, algún loquito artista plástico con una buena propuesta pero sin un peso para desarrollarla y BENEFICIAR al país.
Porque de eso se tratan los fondos de cultura, de una retroalimentación. De un descubrimiento en pos de un mejoramiento de la calidad del arte en Chile, un arte que identifique al país acá y en el extranjero, y que brinde la posibilidad a aquellos que no la tienen de abrir su espectro cultural y humano haciendo su arte o aprendiendo más para hacerlo.
Entonces, sí que encuentro grosero que el teatro Mori haya ganado 99 millones de pesos en el Fondart de este año. Grosero porque sé que los dueños de ese teatro manejan recursos personales bastante cuantiosos como para enchular su proyecto cultural sin tener que postular a los fondos de cultura. ¿El derecho? Claro que lo tienen, pero repito la palabra clave: ética.
Por otro lado, el estado beneficia a esta sala de teatro que se caracteriza por, implícitamente, ser punto de encuentro de lo que podemos llamar “elite cultural”, cerrando así, aún más, el concepto de la palabra cultura. Elite en el sentido de que después de pagar cinco mil pesos por ver una obra, pagan casi nueve mil pesos por un plato de comida en el restaurante del para nada modesto Centro Cultural Mori.
A mi, me encanta comer rico y he pagado caro por un plato.
Pero no todos pueden pagar una entrada de ese precio para después disfrutar un plato que equivale a tres almuerzos "normales".
Y todo esto simboliza el "carácter cultural" del teatro Mori.
Y a esto va dirigida mi crítica.
Mi crítica es que estos fondos de cultura DEBEN estar destinados a ABRIR la cultura, hacerla popular, partícipe del pueblo y viceversa; potenciar la DIVERSIDAD y evitar el ENCASILLAMIENTO.
Pero si los dos rostros de las casas comerciales más famosas de Chile se ganan 99 millones de pesos ¿Qué puede pensar la gente? ¿Qué pueden sentir los otros miles de artistas que no han pedido ni la décima parte de los que estos pijecitos se ganaron y, sin embargo, sus proyectos fueron rechazados por esas misteriosas razones del CNCA?
No critico la calidad del proyecto que Vicuña y sus socios presentaron. Critico la poca ética del CNCA al decidir financiar un proyecto que puede ser financiado de muchas otras maneras, sobre todo PRIVADAS, en desmedro de todos los otros proyectos que no pueden ser financiados de ninguna manera, salvo, con el dinero del estado.
Como se dice popularmente, ya estoy curada de espanto.
Pero esto no quita que más que sorprenderme me entristezca y enfurezca el CÓMO se desarrolla la cultura en Chile.
Qué, como vemos, pertence a unos cuantos que deciden y a otros pocos que reciben.
Algo roto es algo marcado.
Inevitablemente.
Aunque existan los pegamentos más pegajosos.
Cuando algo se rompe, queda marcado con esa fisura casi imperceptible pero sutil y perturbadoramente notoria.
Lo roto está ahí y siempre estará.
Como una costura apurada, un plato picado, un azulejo trizado, la madera raspada.
Esas marcas de lo roto y ajado.
En la vida, en nuestro cuerpo, en el espíritu.
En lo que se ve y en lo que no, lo roto queda como la manifestación de la vida de los otros en la propia.
Y, también, de cómo una misma se rompe, se aja, se daña.
Nada se puede hacer, sólo tratar de pegarlos y de que permanezcan unidos.
O, simplemente, dejar los pedazos tirados en una parte de la historia, inmóviles, congelados.
Lo roto y lo nuevo deambulan en la vida.
Cuando las cosas que verdaderamente me importan se rompen, me transformo en una especie de artesana. Trato de unir, de moldear, de lijar. Restaurar, coser; sabiendo muy claramente que lo roto siempre va a quedar porque cuando lo que se rompe es aquello que más nos ha hecho felices, la torpeza por querer recuperarlo deja las marcas más grandes porque implica el trabajo más delicado.
He sido artesana como también he barrido los pedazos, tirándolos a la parte más honda de mi propio basurero.
Y así y todo, lo roto permanece.
En la memoria, en la de los otros.
Quizás cada uno es algo roto, que se compone día a día. Con los pedazos viejos o con los nuevos.
No sé.
Sólo digo que la vida que se rompe, lo hace una y otra vez.
Y que espero no quedar ciega recogiendo los pedazos más pequeños.
En agosto cumplió 5 años y me ha dado por releer los antiguos post.
Ese ejercicio morboso que una hace consigo misma sólo para saber cuánto más y cuánto menos nos queda de la persona que escribió en el pasado, sea cual sea ese pasado.
A mi, este íntimo ejercicio me ha servido para reinvindicar ciertas cosas y suspirar entristecida por otras; para enaltecer ciertas partes de mi personalidad como para lamentar ciertos exabrutos bastantes brutos, por cierto.
Este blog, sin querer queriendo, ha sido la más pública expresión que ha tenido mi vida. Y si bien esto podría hacerme parar los pelos, más me emociona y lo agradezco porque ha sido la expresión, así como más pública, más noble, sincera, desvergonzada y, hasta, irracional que he tenido en mi vida virtual. Y, mirado desde el punto de vista humano, esto es tierno y consecuente con lo que soy en mi vida "análoga".
Este blog ha sido una voz, chillona a veces, susurrante otras, que me ha permitido decir sin decir y, frente a eso, experimentar un tipo de comunicación bastante curiosa para una persona que necesita comunicarse físicamente pero, a la vez, bastante cercana y lógica para quién sólo tiene las palabras como vía esencial de comunicación.
Este blog ha sido compañía, gesto, espejo, puente, ego, furia.
Ha sido una parte de mí, que está en mi pero no.
Ha sido un vicio, una conducta adrede.
Un muro.
Un torpedo.
Pero, por sobre todo, ha sido lo que es: un cuaderno de borrador.
Celebro la vida de este cuaderno para nada ajado, y lleno, repleto, atiborrado de pegatinas y besos desconocidos.
Es la vida para una escritora y la sangre para un lector.
Si no, ¿cuál es el brillo?
Atesoro esos papeles como quién atesora el vestigio sagrado de la inocencia, la puerilidad y la infancia en el más amplio sentido de la palabra.
Me veo en esas fotos y encuentro a una niña como cualquier otra, con una infancia querida, cuidada, respetada.
Veo mi exhuberante y rubio pelo adornando una cara rosada siempre sonriente.
Acompañada de otras niñas igualmente sonrientes.
Incluso, algunas de esas niñas me siguen acompañando, y son, a la vez y junto con mis tesoros de papel, parte del vestigio de una vida pasada vivida, contada y rememorada con la alegría suficiente para decir que esos papeles podrían construir un puente indestructible a mi pasado, para poder cruzarlo cada vez que la adultez me ahogue con sus números, sus relojes y sus estructuraciones existenciales.
Puedo decir, después de leer un diario de vida de 1992, que, si bien he crecido y madurado, vivido y viajado, amado y odiado, conservo algunas partes de mi discurso intacto, como si mi esencia fuera inmóvil en la cadena del tiempo.
Y eso es porque, de una forma u otra, me he respetado y defendido con uñas y dientes.
Desde pequeña, hasta ahora, he conservado intacto el orgullo que siento por mi, y este orgullo es el que me ha permitido guardar esos papeles viejos y poder reconocerme, una y otra vez, en ellos.
Ya no junto esquelas, ni escribo un diario, ni tengo los vicios extraños de la infancia.
Ahora colecciono libros, escribo un blog, y tengo los vicios propios de la adultez.
Entre estas dos líneas sigo siendo Carolina, Carito, Carola, Carolita.
Y si bien ha pasado tiempo y he guardado en cajas parte de mi vida, algo de Sarah Kay me queda, además de los cachetes rosados.
Quizás la añoranza de una regadera de metal y flores en el jardín.
Como sea, guardo y abro las cajas y respiro una vez más el olorcito del polvo de la vida que sale de mis papeles sagrados.
No quiero más decir podría.
Utilizaré el verbo en presente de la primera persona singular y en presente de la segunda persona plural.
No quiero más decir seré.
Utilizaré el verbo en presente de la primera persona singular y en presente de la segunda persona plural.
Olvidaré los tiempos verbales que me encierren.
Anularé los modos que me tranformen en una suposición.
Mi cuaderno lo escribo día a día antes de que se me acabe la tinta del lápiz
y me quede con las frases chorreando de mi falda, como lágrimas de niña sin juguete.
No soy ni menos ni más pluscuamperfecta
y para nada mi futuro es imperfecto.
Toda esa majamama gramatical se la dejo al ministerio.
Mi vida, a mi modo y con mi verbo.
Tengo pocas pero buenas.
Hablo de las amigas.
Si, con el paso del tiempo me he puesto estricta. Más que con mis amigas, conmigo misma. Con mi modo de vivir la amistad.
Por eso tengo pocas.
A estas alturas no me interesan las relaciones a medias, que me cobren sentimientos, vencer la soledad, tener carretes asegurados.
Yo necesito complicidad, sólo eso. Ya ni siquiera tengo el hábito de comunicarme todos los días con mis amigas sólo porque son mis amigas.
Estamos cuando queremos y lo necesitamos, presintiendo el momento en que eso sucede, así también como cuando no, y queremos estar solas, idiotas, cochinas, chasconas, inapetentes, borrachas.
Estoy cuando debo pero, sin embargo, a veces estoy cuando no me llaman porque, como dije, echo a andar la máquina de presentimientos.
He sido mala amiga y eso me a hecho aprender a ser buena. Y ser buena amiga es, a veces, no tener la palabra precisa ni la sonrisa perfecta pero contar con un buen puñado de canciones, dinero para una cerveza, manos para hacer cariño y silencio para disfrutar de los latidos de corazon.
Yo eso lo he aprendido en el ejercicio de la amistad.
Hay algunas que se han ido.
Si, igual hay cosas que no perdono más que por orgullo por respeto a mi inevitable levedad de ser. Una de las cosas que no perdono es la falta de fe.
Si no creen en mi, no me quieren. Simple.
Por eso tengo pocas.
Ese puente que se crea cuando las amigas se pelean pensaba que era indestructible. Que una vez construido nada ni nadie era capaz de destruirlo, ni menos cruzarlo.
Hoy me enteré de una noticia muy triste que le pasó a una de aquellas amigas con la que construimos ese puente.
Y si siento una pena tan grande por lo que le pasó es porque ella aún vive en mi.
Y quizás no construimos un puente, sólo una escalera al techo.
La escalera que todos necesitamos cuando queremos.
No quiero que nada malo le pase a mi amiga.
Porque a las amigas se las quiere y se les cuida como si fueran las luciérnagas sagradas, el idioma secreto, la raíz más fértil, la hermana.
Amiga, yo estoy también, como la raíz y la luciérnaga.
Desde la ventana de mi oficina he visto los abandonados cables del teleférico. Solos, sin los bichos multicolores que siempre cuelgan de él haciéndome imaginar que soy la afortunada que está sentada dentro de uno de ellos, en vez de estar en una oficina con calefacción artificial y sonido de clickes clickes clickes.
Ya no funciona. Me di cuenta el viernes, lo corroboré el martes y lo confirmo ahora, que miro hacia el cerro y no veo ese paseo de fantasía.
Yo anduve mucho en teleférico.
Mi papá abría un poco la puertecita, cuando estábamos colgando en las alturas, y me daba un nervio gozoso que mi padre tranquilizaba con una de sus abundantes carcajadas.
Miraba los árboles y parecían nubes flotando, colchones suaves que, en el caso que me cayera, de seguro me recibirían amistosos y olorosos.
Saludaba a los que se cruzaban con mi teleférico y, en ese diminuto instante, se transformaban en mis amigos cómplices, mis amigos de las alturas que compartían el mismo momento que yo.
Esperaba tiesa e inmóvil cuando pasaba por la torre metálica porque temblaba rápidamente haciendo un crujido peligroso que me hacía pensar que, ciertamente, era el momento más propicio para que el teleférico se soltara y cayera estrepitosamente sobre los árboles.
Imaginaba que se quedaba detenido en medio del viaje y que pasaría horas, días y noches suspendida en el aire, sin comida y agua pero con muchas posibilidades de salir en las noticias y ser rescatada por un helicóptero.
Me dolía la guata de la emoción cuando esperaba, en alguna de las estaciones, el teleférico que me iba a tocar y siempre siempre quería el celeste pero la mayor parte de las veces subíamos a uno rojo.
Aplaudía cuando, ya sentada en mi teleférico, se deslizaba lentamente, en la semi oscuridad de la estación, y de repente todo se iluminaba cuando se lanzaba a la luz.
Escuhé muchas veces a mi padre cantar, a mis hermanos moverse de un lado a otro sólo para que el teleférico se balancera y a mi me diera susto.
El teleférico siempre es y ha sido mi viaje de fantasía, el minuto secreto en que veía a todos pequeñitos e individualizados, la ocasión para no estar simbólicamente, el paseo de la infancia, mi nave.
La última vez que fui invité a mi amado a compartir conmigo un atardecer de septiembre y el sol y las mariposas y yo más grande pero con el mismo nervio.
Mi teleférico rojo ha sido la nave del amor.
Creo que apenas lo vea de nuevo desde la ventana de mi oficina, iré a buscar el celeste. Me lo debo.
Un hombre ama a una mujer, porque la cree superior. En realidad, el amor de ese hombre se funda en la conciencia de la superioridad de la mujer, ya que no podría amar a un ser inferior, ni a uno igual. Pero ella también lo ama, y si bien este sentimiento lo satisface y colma algunas de sus aspiraciones, por otro lado le crea una gran incertidumbre. En efecto: si ella es realmente superior a él, no puede amarlo, porque él es inferior. Por lo tanto: o miente cuando afirma que lo ama, o bien no es superior a él, por lo cual su propio amor hacia ella no se justifica más que por un error de juicio.
Esta duda lo vuelve suspicaz y lo atormenta. Desconfía de sus observaciones primeras (acerca de la belleza, la rectitud moral y la inteligencia de la mujer) y a veces acusa a su imaginación de haber inventado una criatura inexistente. Sin embargo, no se ha equivocado: es hermosa, sabia y tolerante, superior a él. No puede, por tanto, amarlo: su amor es una mentira. Ahora bien, si se trata, en realidad, de una mentirosa, de una fingidora, no puede ser superior a él, hombre sincero por excelencia. Demostrada, así, su inferioridad, no corresponde que la ame, y sin embargo, está enamorado de ella.
Desolado, el hombre decide separarse de la mujer durante un tiempo indefinido: debe aclarar sus sentimientos. La mujer acepta con aparente naturalidad su decisión, lo cual vuelve a sumirlo en la duda: o bien se trata de un ser superior que ha comprendido en silencio su incertidumbre, entonces su amor está justificado y debe correr junto a ella y hacerse perdonar, o no lo amaba, por lo cual acepta con indiferencia su separación, y él no debe volver.
En el pueblo al que se ha retirado, el hombre pasa sus noches jugando al ajedrez consigo mismo, o con la muñeca tamaño natural que se ha comprado.
Cristina Peri Rossi. “La naturaleza del amor”.
Una pasión prohibida.
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Amo los gatos y todas las cosas referentes a gatos.
Por eso, la colección de primavera que lanzó Paul & Joe me dejó con la boca abierta y con el suspiro atravesado en la garganta. Rubor, labiales, esmaltes para uñas, sombras y delineador de ojo, TODO inspirado en gatos, hermosamente diseñados y con esa delicadeza estética que los transforma en objetos de colección. Algunos de estos hermosos productos se pueden encontrar en ASOS y Urban Outfitters pero lamentablemente son pocos y los más lindos no están en Chile (hasta donde yo sé). Sólo me queda mirarlos en la web y admirar tanta belleza en algo tan cotidiano y simple.
Las fotos las saqué de Stylefrizz, Hello The Mushroom y Bellefemmegazzette
Partiendo de la pregunta ¿Es la mujer la que hace al vestido o el vestido el que hace a la mujer? Miu Miu presenta "The Woman Dress" su tercer film de la serie Women's tales y, esta vez, lo hace con la participación de uno de mis grupos favoritos: Aurevoir Simone que, además, compuso la música de esta pequeña película. La historia es simple: una mujer (la actriz Maya Sansa) llega hasta la cueva de unas brujas (las chicas de Aurevoir Simone) para pedirles que hagan un vestido para ella. Entre cánticos mágicos, esta mujer deviene en un vestido rojo coloreado con su sangre. Bajo la dirección de Giada Colagrande, este film condensa en pocos minutos una fantasía que a veces he tenido: ¿Si fuera un vestido, cómo sería?. Simple y poético. Muy Miu Miu.
Hace mucho que no escribía en mi MKM pero hoy lo hago para contarles que mi ausencia se debe a una serie de cambios positivos para Maldita Katemoss. Ideas del 2011 que tomarán cuerpo este 2012 en una nueva casa que muy pronto les comunicaré.
Esto no es nuevo, pero si lo es en este blog. Hago reverencias al trabajo que realiza Nieves Books, una editorial independiente Suiza que desde 2001 edita libros de artistas y zines de gran calidad y que, a estas alturas, cuenta con un gran catálogo. Cada libro es una experiencia visual placentera, una búsqueda de un lenguaje que traspase fronteras y que se instale en el común terreno de las sensaciones.Visitar el sitio de Nieves Books es encontrar la certeza de que basta con buenas ideas para generar proyectos atractivos y originales. Para mi, una inspiración.
| Interior de "Hot Step Jump" de Keiichi Tanaami |
| Interior de "Tokyo and my Daughter" de Takashi Homma |
| Interior de "Recent Work" de Geoff McFetridge |
Las imágenes las saque de Nieves Books
Cuando veo el trabajo de Marcello Dudovich (afichista, dibujante, pintor y decorador italiano nacido en 1878) no puedo sino desear que vuelva la maravillosa tradición del afichismo de moda y en general de la publicidad ilustrada. Esa época donde la elegancia primaba y cada afiche era un mundo en si mismo.
| Este es uno de mis favoritos. ¿Alguien beberá un Martini vestida con tanta elegancia? |
Piezas de un futuro incierto. Ni lejano ni cercano, sólo imposible de identificar en la línea del tiempo. Así son las joyas de Faux/Real, la marca de la dupla neoyorkina formada por Louis DeCicco y Jennifer Franzese y que abastecen de joyas a artistas como Cocorosie y Björk.
Completa y absolutamente enamorada de la colección FW 2011 de Prada. Los cortes, las texturas, los diseños, la amalgama perfecta de estilos...TODO me gusta. Soñados los vestidos que parecen hechos de escamas, muy femeninos y clásicos los cortes a la cadera y deliciosa la gama cromática de los abrigos. El único pero para mi es el uso del pitón, que no me agrada en lo absoluto. Pero todo lo demás es ¡perfecto!
No soy fanática de muchas cosas pero me rindo a los pies de Miss Van. La considero simplemente seca. Su trabajo es intenso y femenino, adentrándose en un imaginario que, por lo menos a mi, me es muy familiar. Tuve la suerte de ver en vivo y en directo una exposición suya en la galería Magda Danysz, en París, y comprobar la perfección de su trazo y del uso del color. Ya había posteado acá sobre su proyecto de vestuario, pero ahora quiero mostrarles el Princesas Market, un espacio online donde se pueden comprar sus dibujos, postales, libros y (maravilloso) joyas. Desarrollado por “Limbo Family”, el proyecto que tiene con el fotógrafo francés Landry, con quien ha trabajado en muchas cosas Princesas Market da la posibilidad directa de adquirir un Miss Van original y de corroborar, una vez más, lo talentosa que es esta artista francesa.
Soy fan de Miss Van!
Cocinar es una actividad a veces compleja por eso valoro a los creativos que son capaces de desarrollar elementos que faciliten cosas tan simples como cortar, servir, lavar, etc. En ese sentido, Magisso ha cumplido bien con la misión que los define: "Functional Innovations. Scandinavian Design".
Mientras escribo esto, bailo, muevo los hombros y me dan ganas de salir a la calle a hacer coreografías.
Navegando por el mar de información que es internet, me encontré con la artista argentina Jazmín Berakha. Inmediatamente vi su trabajo quedé fascinada y quise saber un poco más de él. Por eso, le escribí y amablemente me contestó unas simples preguntas sobre su modo de trabajar e inspiración. Aquí, algo más de Jazmín Berakha.
Sobre ella.
Nací en la Ciudad de Buenos Aires en 1980.
Descubrí el bordado por casualidad, nunca antes me había interesado, ni había aprendido de pequeña con mis abuelas, ni nada parecido. Una amiga daba clases de los puntos básicos de bordado, empecé a ir, e instantáneamente descubrí el material con el que quería trabajar. Fue una certeza como nunca había tenido antes.
Sobre su inspiración y modo de trabajo.
No reconozco una inspiración en particular que me haga trabajar. Miro muchas imágenes, e intento estar atenta y permeable en momentos en los cuales quiero empezar una obra nueva. En general me inspira de por sí el material, la relación que se establece con el proceso mismo, la acción.
Con respecto a los referentes que puedo tener, son cientos. Particularmente en el mundo del arte textil, o artistas que se hayan relacionado con esa esfera me interesan, por ejemplo: Gunta Stölzl, Sonia Delaunay, Louise Bourgeois, Ghada Amer, Nick Cave, Tracey Emin, entre otros...
Trabajo siempre sobre bocetos. Primero dibujo, y armo los estampados que me interesan para la obra. Todo eso unido es lo que finalmente voy a bordar.
Sobre su trabajo con músicos.
Mi relación de trabajo con los músicos es básicamente porque tengo en primer lugar una relación cercana con ellos. No es que me dedico particularmente al rubro, pero estoy y estuve siempre cerca de artistas con los cuales pude colaborar desde mi lugar, es decir, el arte de discos o diseño de imagen en general.
Es un desafío para mí trabajar con colaboraciones (discos, libros, teatro, etc.), porque estoy muy acostumbrada a trabajar sola. Lo que me proponen ésta clase de trabajos es la posibilidad de compartir ideas y aportar de acuerdo a un objetivo en común.
El futuro.
Después de un año muy intenso para mí, con muestras individuales en Buenos Aires y New York, estoy en éste momento prácticamente empezando todo de nuevo. Volviendo a hacer obra y pensando nuevas cosas para hacer.
Los proyectos concretos están ya programados para el año que viene. Doy casi por cerrado un año que fue muy importante para mí como artista, y que me impulsa a seguir trabajando con ganas.
Encontrar cosas como Misha Lulu hacen que una respire fuerte, se inspire y den ganas de hacer sólo cosas lindas. Porque Misha Lulu sólo hace cosas lindas. Desde la sencilla web, pasando por las fotos de sus producciones de moda hasta su blog, que nos da a entender que en este proyecto hay personas que buscan la belleza.
Misha Lulu es un proyecto de vestuario infantil fundado por Joe y Karen Salazar, que materializan en su proyecto todos sus recuerdos infantiles y cultura latina. Como ellos la definen, Misha Lulu es una marca retro-infantil que usa el arte, la naturaleza y la familia como fundamento de sus colecciones de vestuario. Es más, la abuela Chol es la que teje y la abuela Blanquita es la que pinta a mano todos los delantales. ♥
Interesante es cómo conceptualizan cada colección. Por ejemplo, la de primavera 2010 está subdividida ilustrativamente en "tacita de té", "rabanito", "pájaro" y "nadadora", y cada uno de estos dibujos propone una producción fotográfica y prendas diferentes.
Me fascina absolutamente el concepto, sobre todo para un mundo tan lindo como la moda infantil. Y lo que terminó por encantarme es que ahora Misha Lulu sacó una colección exclusiva de Hello Kitty para Sanrio y es verdaderamente enternecedora.
Sólo puedo decir que con un proyecto noble y cálido como este, ya estoy buscando lugar donde estudiar moda infantil y sacar a la luz todas mis ideas de ropa pequeña.
La foto la tomé prestada de su sitio web.
Uno de los tesoros más grandes que pueden existir para mi son los libros infantiles antiguos. Siempre ando mirando en las repisas de las tiendas de libros usados, en los montones llenos de polvo en el persa Bío Bío e, incluso, en algunas casas de amigas donde es posible que estén olvidados por ahí. A veces, cuando con los busco con intención, nunca los encuentro. Pero otras, en las que por casualidad entro a una librería, he encontrado los libros más lindos que tengo.
Y eso sucedió esta semana en la que, buscando un regalo para una amiga, me topé frente a frente con “Historia de un Cascanueces” de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, un músico, escritor, dramaturgo y jurista alemán, muy admirador de Mozart y responsable (su libro) de que Tchaicovski creara la pieza musical “El Cascanueces”.
El libro es una joya por muchas razones pero, sobre todo, porque es la primera edición en español, son sólo 4.000 ejemplares y está maravillosamente ilustrado por Adrienne Ségur, ilustradora francesa nacida en 1901 y que dedicó su vida a ilustrar cuentos de hadas. Su trabajo es hermoso y clásico y, específicamente en este libro, realizado sólo con grafito.
La inscripción de “Historia de un Cascanueces” dice: “Este volumen de la Editorial Renascimiento S.A. ha sido confeccionado tipográficamente en máquina fotosetter por Foto-Tipográfica S.A. e impreso en Litógrafos Unidos en tirada de 4.000 ejemplares. Acabóse de imprimir el 13 de febrero de 1959".
Editado originalmente por la casa francesa Flammarion, sólo me queda decir que es una joya digna de admirar.
Cuando a una la apasiona un tema, busca información al respecto y trata de encontrar material con contenido que nutra el conocimiento, profundice más en los temas que nos gustan y, sobre todo, engrose nuestra biblioteca de favoritos. Y todo eso lo hace Laurence King Publishing, una casa editora inglesa especializada en arte, diseño, moda y fotografía que cuenta con un catálogo tan interesante que inevitable es lamentarse de que no se comercialicen acá. Nacida en 1991, LKP es reconocida mundialmente por ser una de las mejores casas editoriales de libros de arte y celebrados por su hermoso diseño y cuidada producción. LKP edita libros para estudiantes, profesionales y público interesado en áreas como publicidad, arquitectura, arte, artes decorativas, moda, cine y animación, diseño gráfico y de interiores, fotografía y diseño industrial.
Amo la papelería y encuentro que es un detalle hermoso regalar tarjetas, mandar cartas y preocuparse porque el soporte de las letras sea lindo.
Por eso cuando me encontré con Rifle Paper Co. me dieron muchas ganas de volver a hacer mis propias tarjetas y enviarlas no tan sólo a mis amigas que están en el extranjero sino que también acá. El trabajo que realiza Anna Bond junto con su esposo Nathan es delicado y rescata elementos tradicionales de la papelería de antaño: monogramas, tipografías decorativas, ornamentos gráficos y personalización de los detalles. Todo cuanto hace de cada producto algo especial y único (además, hecho a mano!).
Cuidando la impresión y el uso de materiales, Rifle Paper Co. dice que “...estamos verdaderamente convencidos de que las historias de la vida personal y sus momentos son mejor comunicados a través de una tarjeta escrita a mano, y esperamos que nuestros productos te inspiren a compartir esos momentos con otros.”
Y es cierto. Por lo menos yo valoro enormemente un papelito escrito a mano con un mensaje de afecto. Más aún si es tan lindo como el trabajo que realiza Rifle Paper Co.
Björk siempre se ha caracterizado por no pasar desapercibida. Ya sea desde su escenario, el de la música, como en otros en los que participa activamente, como es el caso de la moda. Guste o no como se vista (que no es el tema importante), Björk devela en su vestuario un interés y una búsqueda de un lenguaje que le sea propio y que represente su sentir y pensar. La particularidad que la caracteriza al vestir es, sin duda, la extensión de su originalidad y curiosidad musical. Así como se interesa por nuevos soportes para generar melodías, busca nuevos creadores para incorporarlos en su estética de vida, lo que me parece grosso y hasta lógico.
Es indudable que las nuevas tecnologías son las responsables de que se replanteen los clásicos formatos como, por ejemplo, el libro. Más que por la discusión sobre la futura desaparición de este, es un replanteamiento sobre cómo potenciarlo, aprovechando las nuevas herramientas del siglo XXI.
Ese cuestionamiento se lo hizo la editorial parisina Les Éditions Volumiques, formada por Bertrand Duplat y Étienne Mineur, una especie de nueva plataforma informática y centro de investigación sobre el libro, el papel y sus relaciones con las nuevas tecnologías. Lo interesante de este cuestionamiento son los resultados: libros experimentales que no dejan de ser libros y, por ende, asombrar con su contenido y riqueza editorial.
Les Éditions Volumiques genera proyectos que exploran la unión entre el libro y el computador con el fin de que jamás desaparezca el libro. Más bien, que siga estando entre nosotros adquiriendo nuevas e insospechadas características.
La foto la tomé prestada de Les Éditions Volumiques.
Ahora que tengo gato ando siempre buscando cosas lindas para él. Y así fue como llegué a Hepper, una marca que desarrolla productos para mascotas con demasiado estilo. Diseñados por Jed Crystal, un premiado diseñador neoyorkino que tiene su estudio en la idílica Vermont, estos productos no sólo son útiles para la mascota sino que también decoran el hogar. Adorables son sus casas para pájaros y demasiado cómodas se ven las Hepper Pod, una especie de cama/casa para gatos o perros (yo quiero la gris para Cicerón).
Si hay un barrio colorido, activo, bullicioso y sorprendente en Santiago, ese es Independencia. Conocido por ser el barrio que ofrece telas e insumos para la costura, también tiene picadas de comida casera, lugares donde se arreglan máquinas de coser (por eso fui y mi Singer quedó sanita de nuevo), restaurantes de comida peruana, tiendas donde venden lona Ikea, zapaterías antiguas (con calzado infantil soñado, le compré un par de cuero y con taco a mi sobrina de 4 años) y talabarterías que ofrecen hermosos artículos de cuero, completamente hechos a mano. Lo más maravilloso del paseo: en una ferretería encontré loza Lozapenco de los años 80 (<3).
Si no te interesan las telas pero adoras caminar por barrios con historia, anda a darte una vuelta por Independencia y curiosea por sus rincones porque de seguro más de un tesoro encontrarás.
Acá les dejo un breve resumen fotográfico de mi paseo sabatino.
Ayer les conté sobre lo seco que encuentro a los islandeses. Y hoy quiero mostrarles uno de mis nuevos músicos que suenan en mi iPod: Sin Fang, islandés cuyo nombre real es Sindri Már Sigfússon, se luce en su último disco "Canglour" editado el 2009 por el sello alemán (que me nutre siempre de música favorita) Morr Music. Si bien es una sonoridad que he escuchado en otros artistas, Sin Fang posee algo espontáneo e inocente que hace que mis días musicalizados por él sean más dulces.
Esto amerita un segundo posteo en el día. No es nuevo pero es grosso. Se trata de MVA, el proyecto de la grandiosa artista francesa Miss Van con su amiga Anaoana, diseñadora española. Una unión que hasta el momento ha dado como resultado tres colecciones (Oddities, Still Summer y Red Cheeks), cuyas prendas, de distintas materialidades como el algodón, jersey y gasa, son el soporte para las ilustraciones de Miss Van. El resultado no puede ser sino prendas exquisitas, originales, atrevidas y únicas. Recomendable son los videos realizados por Limbo Family (la dupla de Miss Van con el fotógrafo y diseñador Landry A.), sobre todo el Making Off de Reed Cheeks.
Todo el catálogo está disponible en el shop online de MVA.
La foto la tomé prestada de Todo Kawaii
Los islandenses son secos. Es cosa de escuchar su música, conocer su arte y saber que a los escolares les enseñan a tejer en la escuela y que, por esto mismo, organizan un festival llamado Loops que reúne a artistas del tejido que muestran su trabajo a través de exhibiciones, performances, workshops, charlas y un montón de interesantes actividades. Uf.
Entonces no es sorprendente que en esas tierras se geste un proyecto como Vík Prjónsdóttir, que produce y diseña productos de alta calidad utilizando lana de oveja Islandesa. Como lo mencionan en su web, están constantemente inspirados por mitos e historias, la naturaleza y la cultura local.
Su misión como creativos es mostrar una imagen poco convencional de la industria del tejido islandés, desarrollando nuevos productos pero usando el material tradicional de Islandia.
Nada más que decir porque su trabajo habla por si solo. Ah! Y quiero ir a Islandia.
La foto la tomé prestada del sitio web de Vík Prjónsdóttir
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Hoy martes 1 de febrero descubrí Cukmi, un sitio argentino cuyo lema es "la comida es la segunda cosa más divertida del mundo" ¡¡Y estoy de acuerdo!!
La página es entretenida, interesante, con contenido propio y personalidad argentina, cosa que me agrada mucho.
Pues acá encontré algo que quiero compartir porque me parece súper interesante y cotidiano: las pizarras de restaurantes.
A mi me encantan y me fascina verlas bien producidas, con linda tipografía y ornamentos particulares. Por acá, cerca de mi casa, hay un sushi bar que siempre tiene la pizarra muy bonita, y me dan ganas de preguntar quién la hace.
En algunos viajes que he realizado me he sorprendido con unas pizarras de panaderías llenas de delicadeza, expresando la importancia del pan fresco, la riqueza de una buena masa y la felicidad que es comer un trozo de pan recién salido del horno.
¿Han visto alguna pizarra entretenida? ¿Dónde?
Y bueno, acá la nota "Cómo las pizarras nos hablan de la comida"
Es una pregunta que me hacía muy seguido cuando tenía una buena cantidad de este vegetal. Y hay que ser creativa sobre todo ahora, que está tan pero tan barato.
Lo que pasa es que de todas las maneras clásicas que se prepara el zapallito italiano, ninguna me gusta mucho y no puedo estar comiendo carpaccio de zapallito italiano todos los días (que es como más me gusta esta verdura).
Mi mamá hace un guiso que mezcla la pulpa del zapallito con pan remojado y eso no me agrada. Relleno con arroz y carne tampoco, porque soy vegetariana. Mi variación para esta preparación es cambiar la carne por champiñón, queda rico pero no me convence. Al horno, pierde sabor. Salteado, pierde textura. En fin, nada me convencía mucho y ya estaba a punto de tirar la esponja y los zapallitos por la ventana.
Pero encontré una receta maravillosa en un libro de cocina mediterránea que me regaló mi cuñada para Navidad. Al leerla, sentí que los ingredientes estaban en armonía unos con otros, la foto se veía maravillosa y lleva una mezcla de hierbas aromáticas que terminaron por convencerme.
La hice y no me equivoqué. Hasta Vinotinto se chupeteó los bigotes y eso que el plato no tiene ningún trocito de carne. Y bueno, la comparto con ustedes para que prueben una buena y nada de cara manera de comer el zapallito italiano.
Gratín de zapallitos italianos y queso.
Para 5 platos muy ñamis ñamis.
Ingredientes
-6 zapallitos italianos medianos y cortados en rodajas.
-50 gramos de mantequilla.
-2 cucharadas de una mezcla de estragón, menta y perejil, finamente picados.
-125 ml. de leche.
-1 tarro chico de crema.
-2 huevos.
-1 sobre de 80 gramos de queso rallado.
-Sal, pimienta y nuez moscada.
Preparación
-Precalienta el horno a fuego fuerte.
-Derrite la mantequilla en un sartén y agrega un poquito de aceite de oliva, para que la mantequilla no se queme.
-Fríe los zapallitos italianos en la mantequilla, dándolos vuelta hasta que adquieran un color dorado. Deja escurrir sobre toalla nova.
-Bate la leche, crema y huevos. Aliñar con nuez moscada y sal.
-En una fuente enmantequillada, coloca la mitad de los zapallitos, la mitad de la mezcla de hierbas y la mitad del queso rallado. Aliñar con pimienta recién molida. Repetir lo mismo con la otra mitad de los zapallitos, guardando un poco de queso rallado para el paso final.
-Vierte el batido de leche, crema y huevos sobre los zapallitos. Espolvorea el queso rallado restante.
-Lleva al horno a 180 grados, durante 40 minutos o hasta que la superfice este dorada.
-Pasado el tiempo, saca del horno la preparación y déjala reposar durante 5 minutos.
-Sirve y ÑAMI.
Resultado
Una preparación suave con un sabor tremendamente exótico.
Dato: esta preparación la serví con papas doradas y ensalda de tomate y albahaca. Dos sabores que se mezclan muy bien con el del gratín.
En la feria recién están comenzando a vender los choclos nuevos, esos que me fascina comer con mantequilla, pero que no sirven para lo que el domingo recién pasado se me metió en la cabeza (o en la guata, más bien): pastel de choclo. Como soy vegetariana, mi pastel de choclo es vegetariano.
Cuando comienza el calor, mi cuerpo, mecánicamente, busca los sabores del verano. Así, ya he disfrutado del vino con frutillas, del ponche de chirimoya, guindas y hasta duraznos. Es que vaya que me gusta el verano, sus sabores, sensaciones, colores. Y el verano es para mi, además de la estación con las frutas más ricas, la época del choclo.
Soy fanática del choclo, me gusta todo lo que se pueda hacer con él. Y, como dije, la simpleza de un choclo nuevo con mantequilla, comerlo con la mano, quedar con los dientes llenos de maíz, compartir una mesa a puras masticadas, me hace feliz.
Y cuando ya los choclos pasan de “nuevos” a “humeros” es cuando el verano llega con el ritual del choclo, en el que participa toda la familia. Recuerdo estar sentada con mi abuela y mi bisabuela en el patio de la casa de Recoleta, mirando como picaban, molían, deshilachaban, juntaban las hojas, escuchaban radio. Yo jugaba con los pelitos del choclo y escuchaba sus historias. Esas historias que se materializaban en unas humas sabrosas, en un pastel amarillo como el sol, en un plato de granados que hacían transpirar y sonreír.
El domingo hizo mucho calor y desperté con las ganas de hacer una fiesta. Y esa fiesta fue mi pastel de choclo vegetariano, hecho en esta ocasión con la pasta de choclo que venden en el supermercado.
Acá la receta para comenzar a celebrar el tiempo de los choclos.
Pastel de choclo vegetariano.
Para 4 pocillos de greda, tamaño mediano.
Ingredientes.
1 kilo 300 gramos de pasta de choclo (si es la época, lo mismo pero de choclos humeros).
1 cebolla mediana, en cubitos.
3 dientes de ajo, picados finamente.
1 bandeja de champiñones, picados y en cubitos.
1 zapallo italiano (sin la pulpa), en cubitos.
1 berenjena (sin la pulpa) en cubitos.
½ rocoto, picado finamente (opcional).
2 huevos duros (cortados en 4 partes cada uno).
8 aceitunas.
Sal, merkén y ají de color.
Preparación
-Prepara la pasta de choclo tal como se indica en su envase.
-Fríe la cebolla con el ajo hasta que la cebolla esté transparente, aliña con ají de color.
-Incorpora el zapallito italiano y la berenjena, cocina por 5 minutos.
-Agrega los champiñones y el rocoto y cocina por 5 minutos más.
-Retira del fuego y aliña con sal y merkén.
-En los pocillos de greda reparte equitativamente el pino vegetariano, coloca dos aceitunas y dos cortes de huevo.
-Agrega la pasta de choclo, espolvorea con queso rallado y al horno hasta que la corteza este dorada.
-¡Servir!
Resultado
Un pastel de choclo que no tiene nada que envidiarle al otro, de sabores suaves, contundente y que deja lista para la siesta.
Filetes de reineta, salsa de soya, jengibre a gusto, mantequilla, alcaparras, aceite de oliva, pimienta de canelo (o pimienta negra).
¿Cómo se hace?
Se macera la reineta en soya y jengibre rallado, por una hora, dentro del refrigerador.
Pasada la hora, en un sartén se derrite una cucharada de mantequilla por dos filetes de reineta, se le pone un chorrito de oliva (para que la mantequilla no se queme) y las alcaparras. Se cocina por un par de minutos. Luego, se incorpora la reineta con el líquido de la maceración. Se cocina unos 3 minutos por lados. Para finalizar, se aliña con la pimienta.
Agradecimientos: A Vinotinto por su receta.
Pero hoy, y agendado para el resto de los días, hago un hueco en mi abultada agenda (para nada social, sólo doméstica y profesional) para dos cosas: darles una receta y hablar sobre Rockerita, una de mis mejores amigas y que vino a almorzar hace unos días.
Yo conocí a Rockerita en un techo de la comuna de Ñuñoa. Interesada en el mundo de las letras, mitos griegos y fonemas, me metí en los jardines de Campus Oriente a escuchar como esos gesticuladores profesores abrían la mente con nombres nuevos y emociones desconocidas.
Ahí, en una de estas circunstancias, apareció Rockerita contándome una cabeza de pescado tan grande que si yo no hubiera estado tan loca, de seguro hubiese huído sin querer verla jamás.
Pero mi condición espiritual (que se mantiene, por algo seguimos siendo amigas) hizo que no sólo la escuchara, sino que me riera y quisiera estar con ella todos los días que siguieron, hasta el día de hoy.
¡¡Rockerita, te quiero tanto!!
Y es a ella que le cociné algo rico a la hora de almuerzo de un día feriado. Comimos, bebimos, escuchamos música y arreglamos el mundo a nuestra imagen y semejanza.
Para ese día, quería hacer algo especial pero sencillo, con los ingredientes que tenía en casa: pollo, panko (pan rallado japonés), espárragos, papas y zanahoria.
Así fue como hice un rico “Pollo macerado en sillao y jengibre, apanado en panko y acompañado de puré de papas y zanahoria. Guarnición: espárragos asados”. Lo llamaré “Pollo Rockerito” para acortar el nombre y dedicarle el plato a mi amiga.
Este plato es exquisito porque combina equilibradamente los sabores y las texturas. El pollo, crujiente y más grasoso, se suaviza con el puré de sabor dulzón. Los espárragos no sólo otorgan color sino que también refrescan las papilas gustativas para seguir disfrutando del plato.
A Rockerita le gustó mucho, se repitió y se fue al recital de RATM feliz de la vida.
¡Disfruten ustedes también!
Pollo Rockerito
4 platos
4 filetes grandes de pechuga de pollo deshuesada.
Panko. (si no tienes panko, puede ser pan rallado. Pero el panko es más sabroso)
2 huevos.
Harina.
20 espárragos.
Puré de papas y zanahorias:
½ kilo de papas.
½ kilo de zanahorias.
1 cucharada de mantequilla.
Leche.
Nuez moscada.
Hojas de laurel.
Para el macerado:
1 taza de sillao o salsa de soya.
3 ajos picados finamente.
1 cucharadita de jengibre fresco, rallado.
-Lavar y secar muy bien las pechugas de pollo, quitándoles el exceso de grasa. Reservar.
-En un recipiente profundo, mezclar el sillao o soya, con el ajo y jengibre. Agregar las pechugas de pollo, tapar el recipiente con alusa plas, meter al refrigerador y dejar reposar una hora como mínimo. Mientras más repose, mejor.
-Para el puré, cocer las papas junto con las zanahorias en una olla con abundante agua fría, sal a gusto y hojas de laurel. Una vez que estén blandos ambos vegetales, colarlos y molerlos con el pisa papas, agregando la mantequilla y leche, hasta obtener un puré compacto y suave. Aliñar con nuez moscada.
-Cocer (idealmente en olla de bambú para aprovechar la cocción de las papas) los espárragos hasta que estén al dente. Una vez listos, colocar en la lata del horno, previamente engrasada, agregando trocitos de mantequilla sobre ellos. Asar a fuego medio por 10 minutos aproximadamente.
-Ya macerado el pollo, sacar del refrigerador y preparar el apanado. En un plato se baten dos huevos, en otro se coloca suficiente panko (le doy más sabor colocando romero) y en otro la misma cantidad de harina. Se calienta el aceite de oliva en un sartén.
-Se pasa la pechuga por el huevo, luego por la harina, de nuevo por huevo y finalmente por panko, procurando que quede completamente revestido de él. Así, con todas las pechugas.
-Se colocan en el aceite caliente, a fuego lento, hasta que estén doradas y cocidas. Esto es como cinco minutos por lado.
-Cuando todo esté listo, se disponen las preparaciones en el plato y ¡Voilà!
Resultado:
Un feriado rico, divertido, suave y económico.
Confieso que soy pésima para lo dulce. Ya sea a la hora de cocinarlo y comerlo. Soy una gata salada.
Sin embargo, hay algo que me gusta mucho, sobre todo en estos días de invierno. Es algo cuyo proceso es rico de principio a fin y que, desde mi punto de vista, simboliza amor. ¿Por qué? Porque cocinarlo es como traer del pasado la imagen de mi madre haciéndolo, recordar el perfume que inundaba a la casa, rememorar las colaciones. Incluso, recordar el robo hormiga del que era víctima esta preparación. Me refiero al queque.
Para mí, el queque es amor. Regalar un queque, compartir un queque, cocinar el queque. Cada vez que hago uno, una pequeña fiesta se forma en mi corazón. Mientras bato y, sobre todo, mientras se hornea y el olorcito comienza a hablar por sí solo.
El queque que les presento ahora es mi favorito de todos pues no es extremadamente dulce, pero sí muy esponjoso y delicioso. Es mi famoso queque de zanahoria y jengibre.
Es simple, rico y un postre muy original si se come tibio, acompañado de una bolita de helado de vainilla.
Como sea, es bienvenido donde se le lleve. Yo lo hice en moldes con forma de corazón, logrando que Vinotinto arreglara una lámpara que llevaba mucho tiempo sin funcionar.
Como ven, un verdadero queque del amor.
Les dejo acá la receta para que la compartan con sus seres amados.
Queque de zanahoria y jengibre o Queque del amor
Ingredientes
-2 huevos.
-½ taza de aceite vegetal.
-1 taza de azúcar.
-1 taza de harina.
-1 cdta. de bicarbonato.
-1 cdta. de polvos de hornear.
-1 cdta. de canela en polvo.
-1 cdta de jengibre en polvo o rallado.
-½ cdta. de pimienta recién molida.
-1 taza de zanahoria rallada.
Preparación
-Precalentar el horno.
-Batir los huevos con el aceite.
-Incorporar todos los ingredientes secos (azúcar, harina, bicarbonato, polvos de hornear, canela, jengibre y pimienta). Mezclar.
-Añadir a este batido la zanahoria rallada. Mezclar bien e incorporar un pequeño chorrito de leche para hacer más ligero el batido.
-Colocar en moldecitos enmantequillados (o en molde grande, también) y llevar al horno durante 45 minutos. 30 minutos a 180 grados, llama central y 15 minutos a 200 con llama envolvente.
-Una vez transcurrido el tiempo, dejar reposar en el horno apagado por 20 minutos. Luego sacar y servir.
Resultado:
¡¡Puro amor!!
Tips: al momento de incorporar la zanahoria, también se le puede adicionar nueces molidas o piñones picados. Un plus para el sabor.
Me gustaría ser catadora de restaurantes peruanos. Encontrar picadas, probar platos, beber pisco sour y conocer a las familias peruanas que comparten tan generosamente su saber culinario, abriendo restaurantes pequeños pero prometedores. ¡Vaya que me gustaría ese trabajo!
Pero bueno, ya que no he sido contratada por algún canal gourmet para desempeñar esta deliciosa labor, me autocontraté y, junto a Vinotinto, hemos ido patiperreando por Santiago encontrando lugares pequeños, desconocidos pero genuinamente peruanos.
Fue así como llegamos a “El Chef Piurano” ubicado en la calle San Diego, casi llegando a Santa Isabel y justo al lado de los juegos Diana.
Este restaurante familiar tiene todo para convertirse en el favorito, como ya lo es para nosotros. Atendido por toda la familia, siempre merodea por la cocina la pequeña Claudia que de seguro será un gran chef cuando grande.
La música siempre acompaña armónicamente pues suenan boleros o música folclórica peruana, lo que otorga un ambiente autóctono y muy familiar. Dos grandes banderas (peruana y chilena) adornan la barra, en la que siempre está la dueña del local, sonriendo y conversando.
Apenas una se sienta, colocan en la mesa pancito fresco para untar en dos salsas deliciosas: de ajo y de cilantro. A su vez, llega un exquisito sour (por cuenta de la casa) que tiene la justa medida de dulzor y de pisco.
Así, vaya que se comienza bien.
Con Vinotinto hemos probado variados platos, todos deliciosos. Y en esta quinta visita decidi salirme de mi clásico chaufa tres sabores (con carne, pollo y camarón) y probe el Lomo a la Chorrillana. De la chorrillana que conocemos no tiene nada: es un lomo cocinado a la plancha bañado con una salsa roja hecha con tomate, cebolla, cilantro, arvejitas y choclo peruano, y acompañado de arroz blanco. La verdad, una muy buena elección pues los sabores estaban definidos y se respetaban unos a otros. La carne blandísima y cocinada a punto, muy jugosa; complementándose perfectamente con el jugo de la salsa roja. En la boca queda el sabor fresco de las verduras, con la cantidad precisa de aliños.
Vinotinto comió está vez un Chaufa de carne, acompañado de pequeñas porciones de mermelada de tamarindo, que le otorgó un sabor muy particular a la preparación.
Esta vez nos acompañó Princesa, la hermana de Vinotinto, que se dejó asesorar por mi y se pidió el siempre inigualable Lomo Saltado.
Mientras comíamos, observé el entorno y sentí que estábamos en el comedor de alguna casa peuana, con la pequeña Claudia revoloteando por ahí y la dueña sonriendo mientras preparaba un sour para una mesa vecina.
Los platos demoran el tiempo que deben demorar, pues son cocinados en el momento, lo que me agrada y da confianza.
Postre no pudimos comer porque las porciones son muy grandes y no deja espacio para nada más que una agüita perra.
Como siempre, al terminar, nos despedimos amablemente, prometiendo,con la mirada, volver.
Agradezco a la gente de Perú, a la cocina latinoamericana y a la fraternidad de Chile que recibe al amigo forastero con respeto y admiración.
Les recomiendo a ojos cerrados “El Chef Piurano”. Les garantizo una experiencia gastronómica de calidad, y una experiencia humana de esas necesarias para el corazón.
El Chef Piurano
San Diego 422
Abierto de Lunes a Domingo
Consumo promedio por persona: 7 mil pesos (sour, entrada compartida y plato de fondo).
Hoy ha sido un domingo invernal de esos ricos y privilegiados. Domingo de comer cosas ricas y, porsupuesto, cocinarlas.
La verdad, a mi el invierno no me gusta para nada; lo paso mal, me enfermo, sólo quiero estar acurrucada en mi cama esperando que llegue la primavera. Pero bueno, si hay algo por lo que me puede llegar a agradar es lo que se genera cocinando: calorcito, mejillas sonrosadas y un hogar perfumado. El invierno, en ese sentido, reúne a la gente en torno a lo cálido de una rica preparación.
Este domingo 15 de agosto, además, es el cumpleaños de mi adorada amiga Jirafita, una gata larga y bonita que vive en Francia, come quesos y crêpes. ¡¡Feliz cumpleaños amiga!!
Hoy fue el día de Vinotinto y sus maravillosas hamburguesas. Son perfectas, sabrosas y del tamaño justo. Para comerlas con el acompañamiento que ustedes quieran, al almuerzo, once o cena. Nosotros las hicimos al almuerzo como emparedado. Usamos pan pita porque es más liviana y no se apodera del sabor de los ingredientes. Además, hicimos papitas parmentier, nuestra más adorada manera de comer las papas fritas.
Dejo con ustedes la receta de la “Hamburguesa Vinotinto”. Disfrútenla y no olviden regalonear después de comerla.
Hamburguesas Vinotinto
4 deliciosas hamburguesas.
Ingredientes
-¼ de carne molida 7% de grasa (debe tener un poco de grasa porque las hace más sabrosas, pero pueden usar la con menos grasa si así lo prefieren).
-1 huevo.
-½ cebolla mediana, picada muy pero muy finamente y secada con papel absorvente (2 ó 3 veces, para quitarle la mayor cantidad de agua).
-Aliños: sal y comino entero.
Preparación
-Se pone la carne en un bowl y se mezcla con el huevo, la cebolla y los aliños.
-Se divide la mezcla en 4 porciones. Se pone harina en un plato, se coloca la porción de mezcla de carne y se forma una bolita enharinada. Sólo se usa la harina para sellar la mezcla y darle forma a la hamburguesa.
-Se coloca un poco de aceite en un sartén, se calienta y se fríen las hamburguesas hasta que estén doradas por fuera. Esto ese hace a fuego fuerte y contando 5 minutos por lado, aproximadamente.
-Se sacan del sartén, se estilan en papel absorvente y se sirven.
Resultado
Unas hamburguesas sabrosas, compactas y calientitas. Para acompañar con ensaladas o comerla como emparedado.
¿Qué son las papitas parmentier?
Son papas cortadas en cubos pequeños, que luego se fríen. O sea, son papas fritas cuadradas.
En este minuto el sol ilumina tan hermosamente que una debe sentirse, por lo menos, dichosa de poder ver algo así. La cordillera resplandece con un brillo lleno de vitalidad, un reflejo romántico de que, a pesar del frío, el invierno otorga paisajes sublimes.
Como buen domingo, hay que terminar la semana comiendo rico, desprejuiciado y relajado. También, como es fin de semana, algo rápido y que no sea tan caro.
¿Lo mejor? PIZZA.La pizza es maravillosa. Sólo necesita queso y ya está.
Soy una gata que ama las pizzas de pocos ingredientes para que los sabores destaquen ente sí. Por eso, mi pizza ideal es la misma de Kevin de “Home Alone”: sólo queso.
Pero como Vinotinto es exigente, hay que adornarla.
Pero en la libertad está el placer así que esta masa es para que la rellenen con lo que quieran porque es ¡¡¡Domingo de felicidad!!!
Masa de pizza
Para dos latas.
Calculando una lata normal de cocina no eléctrica.
Ingredientes.
-3 tazas de harina.
-2 cucharadas de levadura instantánea (lefersa uso yo).
-4 cucharadas de aceite de oliva (o materia de grasa: aceite vegetal, mantequilla o manteca).
-1 huevo (si es para una sola lata, el mismo huevo. Si duplican las pizzas, dupliquen el huevo).
-1/2 taza de leche tibia.
-1/2 taza de agua tibia.
-Orégano, merkén.
Preparación
-Calentar la leche y el agua.
-Si usan manteca o mantequilla, derretirla.
-Cernir la harina y mezclar con los ingredientes secos. Hacer un volcán e introducir el huevo. Mezclar.
-Añadir la taza de mezcla de leche con agua, poco a poco, para ir manejando la humedad de la masa. Este detalle es importante porque puede ser que el huevo era más o menos grande, y por ende se agrega más o menos agua. Acá hay que se perceptivos, si la masa necesita más agua, la pedirá. Por lo pronto, agreguen el líquido de a poco.
-Comiencen a mezclar en el recipiente hasta que esté todo compacto.
-Trabajar en la mesada hasta que la masa quede homogénea y elástica. Engrasar la lata del horno.
-Dividir la masa en dos y uslerear cada porción hasta que quede del tamaño de la lata.
-Pincelear con salsa de tomate (no mucha para que no se humedezca) y llevar al horno (engrasado) por 10 minutos. Cinco a fuego medio alto, 5 a lateral bajo.
-Rellenar con lo que quieras.
Consejos
-El amasado no supera los diez minutos, pero es importante amasar con fuerza, cachetear a la masa ( con rabia, fuerza y pasión) y humectarla de vez en cuando, con la mezcla de leche y agua.
-Pasado el tiempo de cocción, girarla para que se siga cociendo bien.
-Cocer, en la última cocción (con los ingredientes) a fuego bajo.
-Es más caro, pero el Mozzarella Colun queda EXCELENTE en las pizzas.
Resultado
Puro placer.
¿Para qué sirve un pimentón asado? Pues bien, de partida sirve para que se lo coman los mañosos a los que no les gusta el pimentón crudo. Así que es una buena manera de introducirlo en las preparaciones. Además, el sabor que adquiere es tan rico que sus usos son muchos: en pizzas, salsas, emparedados, pastas para untar y, también, para guardar en conserva con aceite de oliva. Se dejan unos meses reposando en un frasco con aceite y después....¡una maravilla para comer con baguette y ajo!
Esta receta me la enseñó mi hermano Lolo y ahora yo, con todo el amor y amistad de gata en el mes de agosto, la comparto con ustedes.
Pimentón asado
Para asar, lo mejor es usar el pimentón grandote (verde, rojo o amarillo. Recomiendo el rojo), pero también se pueden asar los chicos. La cosa es así:
se lava el pimentón, se seca con papel absorvente y se pone sobre el quemador encendido de la cocina, directamente al fuego. La piel del pimentón se va colocando negra y hay que ir cambiándolo de posición, ayudándose con una pinza. Hacer este proceso hasta que el pimentón esté completamente negro. Cuando esto suceda, se retira del fuego y se guarda en una bolsa de plástico, que se anuda bien. Este proceso se hace para que el pimentón sude y sea más fácil retirar la piel.
Se deja en la bolsa durante 10 minutos y, pasado el tiempo, se retira de ella y, bajo el chorro de agua, se va sacando la piel, que sale muy fácilmente.
Secar con papel absorvente y darle el mejor uso posible.
No hay duda de que la gastronomía peruana es una de las cocinas más maravillosas del mundo. Y esto no es una opinión personal sino que un dato estadístico. De partida, es el país que tiene mayor número de platos típicos: 491, lo que la hace participar de un selecto grupo de cocinas internacionales conformado por la francesa, china e india.
Además, la particularidad de la cocina peruana radica en su armoniosa mezcla de culturas, todas que encontraron en Perú un muy buen lugar para vivir.
Sin embargo, es la introducción de la cocina asiática (más específicamente china cantonesa y japonesa) ocurrida en el siglo XIX, la que le otorgó una personalidad ya más definida. Esta personalidad, a mi modo de ver, está representada en el modo de cocinar más que en la identidad de los platos, pues la cocina peruana es una cocina autóctona, que utiliza sus productos de manera fiel y armoniosa.
¿Cuál podría ser el ingrediente estrella de la gastronomía del Perú? Indudablemente el ají, en sus más variados usos y tipos. Sigue al ají, la papa (que en Perú hay más de 2500 variedades), el maíz y, por supuesto, el pescado. Todos estos, acompañados del arroz, que es otro alimento que fue introducido fuertemente en la cocina peruana.
El atractivo de la cocina peruana es ese: la fusión armoniosa y el respeto por su propia identidad. Ninguna cultura gastronómica extranjera ha suplantado a la identidad gastronómica peruana, pues ésta ha respetado su historia, su ser indígena, su identidad como pueblo Latinoamericano. Esto hace que al probar un plato peruano, una cierre los ojos y sea capaz de sentir en ese sabor, la historia de su pueblo, el amor por la tierra y el respeto por los orígenes. Todo un ejemplo a seguir.
Y bueno, el plato que les presento ahora es uno de mis favoritos, por su simplicidad, economía y fusión maravillosa de dos culturas: la peruana y la china cantonesa.
No hay que olvidar que los asiáticos fueron introducidos en Perú como esclavos que se comprometían a trabajar durante ocho años en una hacienda para luego, transcurrido ese tiempo, quedar libres. Es en esta situación de libertad en donde los chinos (llamados culies por los peruanos) se instalan en diferentes pueblos con negocios de comida. Y es en este momento en donde se produce la conocida mezcla entre la cocina china y peruana, denominada comida chifa.
El arroz chaufa es, sin duda, uno de estos platos simbólicos de la cocina chifa. En él podemos ver la mezcla de ingredientes orientales y peruanos y, sobre todo podemos visualizar un momento histórico: el de la esclavitud china y su necesidad de alimentarse. Posiblemente, este plato comenzó siendo la mezcla de sobras de comida, sofisticándose con el paso del tiempo.
Sea como sea la historia, el Chaufa de Pollo es un excelente plato para un día lunes. Así que vamos con la receta.
Arroz Chaufa
4 grandes y calientitos platos.
Ingredientes
-4 dientes de ajo, muy picados.
-1 pimentón rojo y grande, picado en cubitos.
-1 cucharada de jengibre, picado finamente.
-4 ajíes amarillos, picados finamente (la cantidad de ají puede variar, dependiendo de cuán picante quieres que sea el plato. Importante señalar que el “ají amarillo” de los peruanos, es de color naranja).
-1 ají rocoto, sin semilla, picado finamente.
-1 pechuga de pollo grande, cocida y cortada en cubos pequeños.
-2 tazas de arroz cocido.
-4 cebollines picados finamente, incluyendo la parte verde más tierna.
-Sillao. (soya peruana. Se puede hacer con soya típica pero el sillao tiene otro sabor y textura)
-1 tortilla de huevo, picada en cubitos.
Para la tortilla de huevos.
-4 huevos.
-1 chorrito de sillao.
-sal, pimienta, merkén.
-2 cucharadas de leche.
Se mezclan todos los ingredientes, se bate con el espumadero y luego se pasa la mezcla a un sartén con aceite previamente calentado. Se cocina lado a lado, a fuego suave, hasta que el huevo cuaje.
Preparación.
-Freír el pollo hasta dorarlo. Reservar.
-En un wok colocar un buen chorro de aceite vegetal y calentar. En él, freír durante cinco minutos el ajo, ají amarillo, el rocoto y jengibre. Agregar el pimentón y seguir friendo hasta que este cambie de color. (se pone más opaco). Agregar media taza de sillao, mezclar.
-Añadir el pollo, mezclar. Luego, se agrega la tortilla de huevo y otro poco más de sillao. Mezclar bien.
-Adicionar el arroz, un último chorro de sillao y mezclar todo muy bien. Apagar el fuego y añadir el cebollín. Servir inmediatamente.
Resultado.
Un plato rápido, de sabores definidos, picante y que deja el corazón más que contento.
Sin duda es un tema del que se tienen muchas opiniones. Sea cual sea, hay algo clave en la columna que Natalie Portman escribe en The Huffington Post, y es que lo que somos es lo que seremos para nuestros hijos, nietos, bisnietos, etc. Eso implica que cada una de nuestras acciones será el símbolo de un época. Entonces, sí cabe preguntarse ¿qué es lo que verdaderamente comemos? y, por ende ¿qué somos? Comida y ser, desde mi punto de vista, van de la mano. Dejo acá la columna, en inglés, que más que defender una postura, tratar de cambiar la opinión de otros o hacer una apología del veganismo, explica el por qué Natalie se hizo vegana y deja un pequeño camino para reflexionar. Lo que siempre es bueno.
Lee acá
Un día como este amerita muchas cosas, pero todas que entreguen calor y den paso a la contemplación. Fue así como quise ser alquimista y preparar uno de mis tés favoritos de los tés del mundo: el té chai.
Como todas las cosas gastronómicas que provienen de la India, el té chai es delicioso, evocador, especial y único. El té se introdujo en la India como una forma de contrarestar el monopolio de ese nicho ejercido por la China. Esta noble hoja, sumada a la enorme cantidad de especias de la zona hindú, hizo que naciera el té chai, con muchas variantes, dependiendo de la zona geográfica en donde se prepare. Así, en unas lo preparan con anís, en otras con pimienta de cayena, y bueno, innumerables variables que potencian aún más el sabor de la hoja de té. Demás está decir lo saludable que es.
Prepararlo en casa me transforma en una especie de alquimista: lentamente voy colocando las especias en una cacerola, pausadamente el agua comienza a hervir y la casa se va llenando de un vapor oloroso que hace que un pedazo de la India entre y se apodere del espacio.
Yo, miro por la ventana y veo la lluvia caer, las hojas temblar, los perros esconderse en los aleros de los edificio y saboreo mi té chai, mi magia, mi India.
Té Chai para echarse.
Ingredientes
-6 tazas de agua.
-8 vainas de cardamomo.
-3 palitos de canela.
-3 estrellas de anís.
-12 semillas de pimienta de cayena.
-8 clavos de olor.
-4 cucharadas de té negro.
Preparación
-Colocar el agua en una cacerola y agregarle todas las especias. Dejar hervir por 10 minutos (mientras más hierva, más sabor adquiere).
-Pasado el tiempo, agregar el té y dejar reposar, a fuego lento, otros 10 minutos.
Resultado
Un té de sabor potente pero suave. El anís cosquillea en la punta de la lengua, mientras las mejillas se van colocando coloradas con el calorcito. Beberlo echada, mirando la lluvia caer, hace de este té una experiencia inclasificable.
La cocina es un área sorpresiva. Y eso me agrada. Como yo soy una inventora, pues a veces no sé que resultará de la mezcla de ingredientes, y esa es una sensación que me llena de adrenalina.Y bueno, así como hay recetas que me quedan de maravillas, hay otras que mejor ni mencionarlas. Pero, claramente, es gracias a esos errores que sé que mucha harina en la salsa blanca la deja con mal sabor, y que cocer el zapallo en agua para preparar ñoquis es el error más irreversible y grave.
Esas ocasiones de “chapulinadas” igual son graciosas. A mi me ha dado ataque de risa (después de llorar, obviamente), cuando me sucede algo imprevisto en la cocina. Las galletas duras me han sacado las mismas carcajadas que el queque más desinflado de la historia.
Pero el suceso más gracioso (y doloroso) es el que me pasó cocinando con Vinotinto en Curicó. A ese suceso lo llamo “La bobada de las papas rellenas” y es tan chistoso que ahora mismo me río. Y cuando lo cuento, también saco sus buenas risotadas.
Corría el año 2006 y, en un día frío como suelen ser los días de invierno en Curicó, decidí cocinar papas rellenas y cachiporrearme frente a Vinotinto, pues recién estábamos empezando nuestra felina relación. Así, entre ronroneos y corridas por el techo, pensé que si cocinaba papas rellenas quedaría como reina, pues a Vinotinto le gustan mucho las papas.
Pues bien, hice el puré, le puse harina, corté trozos de queso, forme las pelotitas que luego aplasté hasta darle la típica forma de las papas rellenas.Vinotinto me miraba desde la puerta de la cocina, con una mezcla de curiosidad y admiración. Ciertamente le gustaba mucho verme manipular tan profesionalmente los ingredientes. Y entonces más chamullo metía yo, mientras cantaba alguna cancioncita que sonaba en la radio.
“Ahora, hay que calentar el aceite para que se frían bien”, le dije a mi amado gato. Y mientras sucedía eso, yo seguía haciendo papitas rellenas como una máquina de hacer papas rellenas. Para corroborar que el aceite estaba en su punto, lancé un pedacito de puré y psssssssssssssssssss , subió inmediatamente a la superficie.
“¡Listo! Llegó el minuto, Vinotinto”. Y con toda la parafernalia propia de una gata que está seduciendo, tomé la papa rellena con mi pata derecha y la metí al sartén.
“¡AAAAAAAAAUCHHHHHHHHHHHHHHHHH!”, grité. “¡Ay, ay, ay, ay. Ñauuuuuu!”. Vinotinto corrió a mi lado y yo, con la pata toda colorada, lloraba en su hombro.
Al meter la papa rellena, la metí con pata y todo, friéndose no sólo la papa sino que mis dedos. Fue un dolor verdaderamente inconceptualizable y mis dedos quedaron rojos primero, y después con ampollas, inutilizando mi pata por 4 ó 5 días.
Vinotinto me hacía cariño pero, en el fondo, sólo quería reírse de mi maniobra tan poco profesional. Y sucedió. Una vez que me sequé las lágrimas, me miré la pata y dije “Pucha que soy tonta, ¡cómo me pude freír los dedos así!”, y me puse a reír, con los mocos colgando, mientras Vinotinto se revolcaba en el suelo de la risa.
Desde ese momento, cada vez que hacemos papas rellenas no podemos dejar de acordarnos del suceso de “La bobada de las papas rellenas”, pero aplicando lo que aprendí después de él: poner las papas con un utensilio que no exponga mis patitas al aceite caliente.
Cómo pueden ver, eso de que de los errores se aprende, es cierto. Y que en la cocina, los errores llevan al futuro éxito.
Y fuimos a comer donde Lolo y Lili, nuestro amiguitos que gozan cocinando. Y vaya que lo hacen bien.
Esta vez cocinó Lolo y, la verdad, fue un placer. Que los amigos a una la inviten a comer es demasiado agradable. Empezando porque me quedo sentada en el sillón bebiendo algo rico, después porque como algo delicioso y, para finalizar, quedo con la guatita llena y el corazón contento sin tener que lavar platos, barrer migas y ordenar la cocina.
Lolo esta vez nos deleitó con pasta. Yo amo la pasta, podría comer todos los días pasta porque es rica, fácil de hacer y con cualquier cosa queda bien. Mi amiga Anelys me enseñó a comerla con ajo, oliva y ají cacho de cabra. A mi me gusta con oliva y orégano. A mi madrecita santa con boloñesa y así, un sinfín de múltiples modos de prepararla. Pero, eso sí, siempre al dente. Por eso cuando la cocino lo hago con reloj en mano.
Y esta pasta que cocinó Lolo, ¡uf! Para chuparse los bigotes y quedar ronroneando por muchas horas. Les dejó acá la receta de estos fetuccinis que, como diría mi papito, quedaron ¡Bocato di cardenale!
Fetuccinis en salsa de tomates frescos
4 felices personas pueden gozar con esto.
Ingredientes
Pasta
1 paquete de nidos de fetuccini.
Salsa
4 tomates maduros.
1 cebolla morada.
1 diente de ajo chilote (sino del ajo común y corriente).
2 pimentones rojos, asados.
2 tazas de vino blanco.
1/2 paquete de albahaca (Lolo muele la albahaca con oliva en la minipimer y después la congela en cubeteras, ¡excelente idea!).
1/8 aceitunas negras.
1 bandeja champiñones (opcional).
Preparación
-Asar los pimentones en el quemador de la cocina, una vez que están completamente negros ponerlos en una bolsa de plástico y cerrar por 10 minutos para que transpiren. Transcurrido ese tiempo, sacarlos y ponerlos sobre el chorro de agua helada para sacar su piel, pasarlos por papel absorbente para reducir el exceso de agua, ponerlos en la minipimer con un poco de vinagre, oliva, ajo, sal y pimienta hasta formar una pasta. Reservar.
-Blanquear los tomates (esto es para pelarlos sin que se rompan), hacerles una cruz en un extremo y ponerlos en agua hirviendo por 45 segundos, sacarlos y ponerlos en un bol de agua fría con hielo, sacarles la piel, eliminar las pepas, cortarlos en cuartos y sacarles la dureza blanca.
-Picar la cebolla en cuadritos, hacer lo mismo con el ajo.
-En un sartén poner aceite de oliva, incorporar el ajo y la cebolla, saltear, agregar un poco de azúcar y cuando la cebolla comience a ponerse transparente, incorporar los tomates y el vino. Tapar, cocinar por 15 minutos y después triturar los tomates con una cuchara de palo. Incorporar la albahaca.
-Filetear los champiñones y picar las aceitunas hasta que tome textura de pasta. Incorporarlos a la salsa junto con la salsa de pimentones.
- Rectificar la salsa con sal y pimienta si fuera necesario.
- Dejar reposar a fuego lento sobre tostador, y poner a cocer la pasta.
-Una vez cocida la pasta, escurrir y servir. Sobre la salsa poner rúcula picada y parmesano recién rallado.
Resultado
Un plato sabrosísimo y nada de pesado. El tomate con la rúcula picada fue todo un descubrimiento para mi. El aroma del pimentón asado y el sabor de las aceitunas se mezclan perfectamente, potenciándose. La pasta se siente y se saborea.
Ideal para una noche de otoño, amistosa y sonriente.
Y si, nada que hacer. Cuando tengo hambre, cuando me siento cansada, cuanto mi refrigerador está vacío, cuando hace frío, cuando me quedo en cama; cocino y como pasta. La maravillosa pasta.
Y, al igual que Narda, amo la pasta corta. Pero corta: los dedalitos.
Me cae bien Narda Lepes. Y me gusta como habla.
Por eso, los invito a leerla.
Maravilloso día para una crema de zapallo.
Soy sopera. Completamente. En invierno y verano me gusta tomar sopas y sentir esa calidez que le es propia. En verano, amo la cazuela con choclo. En invierno, la carbonada y mi fabulosa crema de zapallo-zanahoria.
Lo mejor, mientras cocinas colocar un buen disco, servirse una copita de vino e ir cortando, salteando, oliendo y probando.
Dejo con ustedes a una de mis preparaciones estrella.
Crema de zapallo-zanahoria con piñones y tostinos.
Ingredientes para 4 felices personas.
Crema
-1 calabaza pequeña (puede ser butternut o unas que venden en el supermercado, que son redonditas y verde oscuro), cortada en cubos.
-4 zanahorias medianas, cortada en rodelas.
-3 dientes de ajo, picados finamente.
-2 puerros cortados a gusto, incluyendo un poco de la parte verde (no el tallo).
-1/2 caja de crema de leche
-Leche para licuar.
-Canela entera, hojas de laurel, sal y nuez moscada.
-Piñones cocidos y picados.
Tostinos
-1 baguette cortado en trozos a lo largo.
-1/4 queso mantecoso, rallado.
-Mezcla de aceite de oliva con merkén.
-Perejil.
Preparación
Crema
-En una cacerola, freír la cebolla y el ajo hasta que cambien de color. Agregar la calabaza y las zanahorias. Cocinar por 3 minutos. Poner agua hasta que tape todo (aproximadamente dos litros), y colocar la canela y las hojas de laurel. Salpimentar. Cocinar en olla tapada hasta que todo esté muy blandito.
-Una vez cocido, se saca lo sólido de la cacerola (eliminándo la canela y el laurel), y se va licuando, utilizando el agua de la cocción. Debe quedar como un puré.
-Se vuelve a poner en una cacerola y se le agrega la crema, la leche y la nuez moscada. La idea de la leche es que vaya diluyendo un poco esta preparación, pero no dejarla muy líquida. La consistencia es la de una crema normal.
-Servir con un tostino en la superficie, piñones picados y perejil.
Tostinos
-Se pincelan los baguettines por un sólo lado con la mezcla de merkén y aceite de oliva.
-Se colocan en el horno precalentado por 5 minutos. Luego, se sacan y se les pone un poco de queso y una hojita de perejil.
-Vuelven al horno hasta que el queso se derrita.
Resultado
La verdad, el resultado de esto es divino. El sabor de la mezcla de la calabaza con la zanahoria es bastante especial. Un dulzor con toque de canela y laurel. La nuez moscada otorga mucho perfume, lo que hace que sea una experiencia en todos los sentidos.
El tostino se va remojando en la crema, adquiriendo una textura exquisita.
Esta crema es para compartir y para que las mejillas se pongan coloradas.
¡Viva el frío, sólo para comer esta crema!
El quiche es una preparación que proviene de la cocina francesa. Su nombre deriva de Küchen, vocablo de la localidad de Lorena, en el noroeste de Francia. A su vez, este término proviene del alemán Kuchen, que significa pastel.
Y es que eso es un quiche. Un pastel salado.
En la Francia del siglo XVII, el quiche que dio el puntapié inicial para que se cocinaran todos los demás que se conocen fue la clásica Quiche Lorraine, proveniente de, obviamente, Lorena. En una primera instancia, la Quiche Lorraine sólo se rellenaba con crema y huevos, pero evolucionó hasta la que conocemos en la actualidad, hecha a base de crema, queso, tocino y huevos.
Hoy en día, existen muchísimas variantes de quiche, siendo rellenadas a gusto de la persona que la cocina.
Si embargo, debo decir que hay tres ingredientes infaltables en las mías: cebolla, aceitunas y callampas secas. Pueden estar los tres juntos, o sólo uno. Pero siempre cocino con alguno de ellos porque entregan cuerpo, sabor y carácter.
La receta de esta quiche es para un molde grande. Con Vinotinto podemos comer durante dos días, lo que no nos molesta porque la quiche es compatible con muchos acompañamientos: una ensalada verde, papitas doradas, arroz árabe, quínoa, etc.
En resumidas, ¡viva la quiche y su versatilidad!
Ingredientes para la Quiche Treyolí
Masa
1 ½ taza de harina, sin polvos de hornear.
50 gramos de mantequilla cortada en cubitos.
1 huevo.
Sal, aliños a gusto (yo uso merkén).
Agua para unificar los ingredientes.
Relleno
1 bandeja de champiñones.
2 cebollas medianas, cortadas en pluma.
½ pimentón en julianas finas.
10 aceitunas Azapa cortadas en a lo largo y finas.
Aliños (sal, pimienta, orégano).
Base relleno
2 huevos batidos.
1 cajita de crema de leche.
1 sobre pequeño de queso rallado.
Preparación
Masa
-Unir harina, huevo y aliños. Incorporar la mantequilla y mezclar muy bien.
-Agregar dos cucharadas de agua y unir hasta que la masa esté flexible y esponjosa. No es necesario amasar mucho rato, la masa debe verse lisa, homogénea y blanda.
-Enmantequillar un molde grande y desmontable.
-Uslerear la masa hasta dar con el diámetro del molde y colocarla en éste. Ir ayudándose con los dedos. Pinchar muy bien.
-Colocar en el horno, previamente precalentado, a fuego medio por 15 minutos.
-Una vez cumplido con el tiempo, sacar del horno.
Relleno
-Colocar la cebolla en un sartén con suficiente aceite y freír hasta que estén completamente doradas. -Agregar el pimentón y seguir mezclando durante cinco minutos más. Agregar los champiñones fileteados. Una vez cocinado, apagar el fuego, aliñar, salpimentar y agregar las aceitunas.
-Para la base de relleno se deben batir ligeramente los huevos, incorporar la crema y el queso rallado. Mezclar.
-Se unen las verduras con la base, se mezcla bien y se rellena con esto la masa precocida.
Se cocina por 30 minutos, a fuego medio y calor central.
Como dato, yo respeto el tiempo de cocción pero, de todas maneras, me fijo en el aspecto del quiche. Para mi está listo cuando lo veo cuajado, sólido y dorado en la superficie.
Luego de todo este proceso en donde los aromas inundan el hogar, se sirve acompañado de lo que ustedes quieran. Recomiendo, eso sí, las papitas doradas.
Resultado
Una quiche delicioso, mezcla de verduras que se complementan muy bien, un hogar oloroso a masa cocinada y un (o una) acompañante con una sonrisa de oreja a oreja
Es un buen número.
Son 100 corazones, 100 estómagos, 100 bocas que lo saborean todo, 100 sonrisas, 100 aplausos y 100 maneras de cocinar.
Me siento feliz porque, como siempre digo, la comida es vida. Y si cocino y comparto, de algún modo entrego vida.
Quiero que seamos más amigos y amigas que, cocinen o no, disfrutan de la comida, de los olores y sabores, tanto o más que yo.
Acá no hay teorías, sólo consejos y secretos que he ido aprendiendo gracias a lo curiosa que puedo llegar a ser cuando algo me gusta mucho.
Mi cocina está abierta, la mesa servida y el delantal puesto.
Si llegamos a 100, ¿por qué no a 200?
Inauguro, con este video de Rodrigo Castro, una nueva sección en La Cocina de Huma: "Videos y comida".
Como se que hay muchos y variados videos de este tipo, y no tengo tooooodo el tiempo del mundo para buscarlos (entre que estoy cocinando, inventando, limpiándome afanosamente y durmiendo en el antejardín), estaré muy feliz y agradecida de sus recomendaciones.
¡A disfrutar con este rápido ceviche!
Si hay algo que me gusta, es que me regalen links con sitios sorprendentes, divertidos, útiles y especiales.
Y este me tuvo mucho rato entretenida porque se trata nada más ni nada menos que de arte con alimentos.
Hacer arte con comida es algo bien antiguo. Mi madre me cuenta que pintaba fideos chicos (como los dedalitos), los ensartaba en un hilo y los vendía como collares. También hacía flores con migas de pan.
Yo, por mi parte, era fanática de hacer timbres con papas. Y hoy en día me entretengo con Vinotinto pintándole caras a los huevos o haciéndoles dientes a los limones.
"52 Amazingly Creative Food Art" son 52 fotografías en las que los alimentos se transforman, mostrando una variedad enorme de posibilidades creativas.
Demasiado entretenido e inspirador.
Ahora comenzaré a pensar en nuevas formas de montar una ensalada de rabanitos, a ver si así Vinotinto se la come.
Hoy me enteré de algo que me perturba y entristece mucho. Y es esta nueva ley que ya está en el Congreso chileno y que se aprobará (espero que no) muy prontamente, sin que sepamos verdaderamente de qué se trata. Resumidamente, es una ley que privatiza la semilla nativa (su uso y explotación) en pro de la liberación de transgénicos (alimentos que son manipulados genéticamente, y que hacen muy mal para la salud).
Mi pena, es que con esta ley se daña a muchos pequeños agricultores y a una comunidad entera (Chile) que será mal alimentada por mucho tiempo.
El punto es el siguiente: hay muchas personas que no saben qué es lo transgénico, ni entienden verdaderamente lo que significa lo orgánico.
Hay muchos campesinos que ni siquiera pueden vislumbrar lo que puede sucederles si esta ley se aprueba.
Como amante de la comida, de los alimentos, de lo hermoso del arte del cultivo y, por sobre todo, de la identidad alimentaria de un país, les pido que lean ESTE ARTÍCULO y reflexionen.
Yo ya lo hice y prontamente les avisaré de un movimiento de OPOSICIÓN a estas medidas.
Tengo mi pequeño perejil acá en casa, que le da sabor a mis comidas. Quiero que mi perejil simbolice todos los perejiles, papas, cebollas, lechugas y todo lo que se cultiva de manera sana, limpia y sagrada. Y que respetemos eso.
Anoche fuimos con Vinotinto a la Sangucheria Ciudad Vieja, en el número 92 de la calle Constitución, al frente del conocido Galindo.
La verdad, yo lo conocía pero NECESITABA que Vinotinto lo hiciera, pues él ama los sánguches y más si son contundentes.
Porque si hay algo que caracteriza a Ciudad Vieja es la generosidad de sus preparaciones.
Cada uno pidió algo para beber. Vinotinto un shop Kunstmann de 1/2 litro, y yo una copa de Santa Emiliana Reserva Carménère.
Luego, después de mirar y mirar la carta, de comentar, recomendar, decidir, arrepentirse, volver a decidir, volver a arrepentirse y, finalmente, decidir con seguridad y certeza; pedimos dos sánguches carnívoros: Mechada y Corderito.
El Mechada lleva carne mechada cocinada en salsa casera de tomates, mayonesa de ajo, papas hilo y champiñones ostras salteados. Esta vez decidí pedirlo en pan italiano y acompañarlo con una ensalada de rúcula y lechuga morada. Pues bien, el sánguche, a nivel general, estaba muy rico y con la cantidad de mayonesa precisa para no transformarlo en una bomba de colesterol. Las papas hilo, doradas y crujientes, acompañaban armónicamente al resto de los sabores. Un acierto incorporarle champiñones ostras, que le dan un sabor y textura muy especial. Sin embargo, la carne mechada estaba un poco seca, lo que se notaba más dada la suavidad de los otros ingredientes. De seguro, no fue bien hidratada. ¿Cómo hidratarla? Pues, sellándola muy bien e insertándole verduritas a través de pequeños cortes de cuchillo. Con eso y un poco de agua tibia de vez en cuando, se consigue una mechada suave y fácil de comer. Sin embargo, y más allá de este detalle, el sánguche estaba rico, contundente y hecho con ingredientes muy frescos.
Otra cosa fue el que se pidió Vinotinto. El Corderito es un lujurioso sánguche preparado con carne de cordero cocida en cerveza, cilantro, ajo y aceitunas, más tomates deshidratados y queso de cabra fundido. Vinotinto eligió en pan amasado y, como no, con papas fritas de acompañamiento.
Este sánguche lo defino como una oda al sabor fuerte y textura suave. El cordero estaba blandísimo y con un sabor demasiado especial. Sumado esto a la exquisitez que son los tomates deshidratados y la potencia del queso de cabra, hacen de este sánguche un acierto en todos los sentidos. Porque, si bien es contundente, la sensación final es de haber comido una preparación que eleva todos los sentidos. El pan amasado, de excelente tamaño, textura y sabor.
Y claro, era cosa de ver la cara de Vinotinto y cómo sus bigotes se le encrespaban, para saber que estaba pasándola muy, pero muy bien.
La delicia de estos sánguches se potencia con los aliños que tienen a disposición del cliente: mostaza de Dijon, tabasco rojo y verde y aceite de oliva. Además, pedí limón para mi lechuga y me lo trajeron en un dispensador pequeñito y lindo.
Pucha que estábamos sonrientes. Y con un gusto salado tan grande que decidimos pedir postre. En eso, la carta es todo lo contrario a la de sándwiches: pequeña.
Nos decidimos por lo desconocido y pedimos Ponderación que, luego de comerlo, entendí por qué se llama así.
Es una especie de cilindro de masa caramelizada, muy parecida a la de las palmeras, rellena con nueces picadas y servido con manjar tibio y una bola de helado de vainilla.
¡Muy rico! Y todo muy bien “ponderado”. Cada elemento potenciaba al otro y lo acompañaba muy bien. Equilibrio de sabores y texturas.
Ciudad Vieja es un lugar cálido, ameno, cercano. Atienden unos garzones simpáticos, serviciales, rápidos y atentos. El lugar es confortable y, si bien se llena, no se transforma en un espacio desagradable y bullicioso.
Quizás el único pero, para mí que soy una gata sana, es que es un local para fumadores, por lo que el humo será una constante todo el tiempo.
Más allá de eso, acá tenemos un espacio para comer y pasarlo bien que hace uso total de las tres B que tanto nos gustan a los gatos de la clase media.
Así que, después de todo lo expuesto, sólo puedo decirles que vayan y coman. Que para eso fue creado este lugar.
Eso sí, reserven porque la cosa, después de las 19:30 horas se llena de humo, risas y ricos aromas.