Carlos Zamarriego

Periodista y redactor con amplia experiencia en el sector de la comunicación y el marketing. Especialista en periodismo digital, comunicación corporativa y Social Media.

Profile

Brand Content Executive en Social Noise
Marketing and Advertising | Madrid Area, Spain, ES

Summary

Periodista y redactor con amplia experiencia en el sector de la comunicación y el marketing. He trabajado para medios de diferentes soportes (prensa convencional, radio y medios digitales) y en variedad de funciones (redacción, producción, edición, documentación, consultoría, etc), así como en gabinetes de comunicación. Especialista en comunicación digital y herramientas 2.0. Pasión por la escritura, la fotografía y las nuevas tecnologías.

Especialidades: redacción, medios de comunicación, comunicación corporativa, análisis reputacionales, blogs, social media, gestión de marca e identidad

Experience

  • Sept 2012 - Present
    Brand Content Executive / Social Noise
    Responsable de la creación, elaboración y difusión de brand content en medios sociales, y de la gestión y monitorización de comunidades online. Clientes: San Miguel 0,0%, Pacharán ZOCO, San Miguel Especial, Movistar México.
  • Dec 2010 - Present
    Community Manager / Social Noise
  • Feb 2010 - Present
    Content Manager / VenAGredos.com
  • Jun 2010 - Present
    Community Manager / Social Media Strategist / Yslandia
  • Apr 2010 - Present
    Consultor SMO / BetyByte
  • Jul 2007 - Present
    Redactor creativo (Copy) / Community Manager / BetyByte
  • 2005 - Present
    Redactor / Locutor en prácticas / Cadena COPE
  • Mar 2005 - Present
    Redactor / Lasemana.es
  • 2004 - Present
    Ayudante de Documentación / Cadena COPE
  • Oct 2003 - Present
    Jefe de sección / El Rotativo

Education

  • 2006 - 2007
    Universidad Complutense de Madrid
    Especialista in Información Internacional y Países del Sur
  • 2001 - 2006
    Universidad San Pablo-CEU
    Licenciado en Periodismo

Additional Information

Websites:
Honors:
2º premio del Concurso Anual de Creatividad Personal de la Universidad San Pablo-CEU, en la categoría de “Artículo-Entrevista-Reportaje”, por el reportaje “Sin noticias de Ifni”, en 2006.

Posts

May 02, 06:51 AM

Vía libre para que Iron Man siga arrasando la cartelera cual Atila al frente de los hunos. Sus nuevos rivales no le harán ni cosquillas al último héroe de Marvel que hace saltar la banca de la taquilla mundial…

-Scary Movie 5: La saga de parodias, con sus altibajos, parece gozar todavía de cierta buena salud. Incluso tiene un punto benéfico, acogiendo a estrellas descarriadas como Charlie Sheen y Lindsay Lohan para que hagan un rato el garrulo, ridiculizando otras películas, como Mama, que es la que sirve aquí de eje argumental. Siempre garantiza varias risas.

-7 cajas: Cinta paraguaya que narra las peripecias de un chaval que recibe el peculiar encargo de transportar las 7 cajas que dan título al filme. Por supuesto, todo se acaba complicando. Fue candidata a mejor cinta iberoamericana en los pasados Goya después de recoger un premio en el Festival de San Sebastián.

-Tomboy: Una niña es confundida con un niño al llegar a su nuevo vecindario. Un error que sirve de leit motiv para esta cinta francesa premiada en varios festivales, como el de Berlín (2011).

-La gran boda: De Niro, Keaton y Sarandon están llamados a darle cierto empaque a la enésima peliculilla nupcial con enredos y final feliz. Robin Williams hace de cura.

-Dos más dos: Intercambio de parejas en esta comedia argentina. No, no sale Darín.

-Tango libre: Y no, esta no es argentina, sino francesa. El catalán (aunque rueda habitualmente en Francia) Sergi López es uno de los vértices del triángulo (o más incluso) romántico/sexual que se establece en un lugar tan insospechado como una prisión.

-El método Arrieta: Documental español.

April 25, 07:07 PM

¿Volverá a pegarse un batacazo la taquilla? ¿Salvará los muebles una de esas denostadas cintas de superhéroes que amenazan con fagocitar a los filmes independientes? Preguntas que responderán estas películas:

-Iron Man 3: Robert Downey Jr vuelve a enfundarse el traje más sofisticado de toda la plantilla de Marvel y a encarnar una vez más al socarrón multimillonario Tony Stark. Ben Kingsley como villano, formando equipo con Guy Pearce, frente a Downey Jr y Don Cheadle, con Gwyneth Paltrow retomando su rol, coloca el listón muy alto. ¿Está agotada la franquicia o todavía le queda jugo al limón? Lo que es de perogrullo es que amasará muchos millones a lo largo y ancho del globo.

-Combustión: A todo gas en versión española. Sin Vin Diesel ni The Rock. Con Alberto Ammann y Álex González. Y Adriana Ugarte, la del sobre de los Goya. Not too fast, not too furious… Esto no hay quien lo tunee.

-Mañana no termina nunca: Vuelve Isabel Coixet, para gozo de sus fans y disgusto de sus detractores. Con Javier Cámara y Candela Peña.

-Un gran equipo: Comedia ambientada en el mundo del fútbol con gran rendimiento en la taquilla francesa gracias a su tratamiento desenfadado de la coyuntura económica. La han comparado con Full Monty. (El título en castellano es horrendo).

-Además: La nostra vita; Noche de vino y copas; El ejercicio del poder; Emergo.

April 19, 03:13 PM

Bajan las temperaturas y apetece pasar un par de horas en un cine. Mejor aprovechar antes de que terminen por cerrar la gran mayoría de salas. El colapso de Alta Films, con la consiguiente clausura de casi 200 recintos, han marcado inevitablemente el devenir de la semana.

En cuanto a los estrenos de este viernes, son los siguientes:

-La caza: Thomas Vinterberg, pope del movimiento Dogma, recupera brío con esta historia sobre una mentira convertida en “verdad” por la masa, dispuesta a linchar a un profesor falsamente acusado de pederastia. El profesor lo encarna Mads Mikkelsen, ex villano Bond, en un papel reconocido con el galardón a mejor actor en el pasado festival de Cannes. Una de esas cintas, en fin, que dejarán de llegar a España si nadie lo remedia.

-Memorias de un zombie adolescente: Una vuelta de tuerca al trilladísimo subgénero de los muertos vivientes (personalmente no me dice gran cosa, pero me rindo ante su imperecedero tirón) mediante la historia de un living dead que se enamora de una chica normal y corriente; vamos, que no está muerta, sino de muy buen ver. Curiosa. El título español le hace flaco favor. Mucho mejor el original, Warm Bodies (Cuerpos calientes). Dirige Jonathan Levine, cuyo anterior trabajo, 50/50, hizo menos ruido del que merecía.

-On the road: El mitiquísimo libro de Jack Kerouac, retrato de una generación y una forma de vida, es objeto de una nueva adaptación vía el brasileño Walter Salles, con Kristen Stewart (argh), Kirsten Dunst, Amy Adams y Viggo Mortensen como rostros más conocidos del elenco.

-Tierra prometida: Lo nuevo de Gus Van Sant lleva a Matt Damon a encarnar al empleado de una compañía energética cuyos planes (perforar unas tierras dejadas de la mano de Dios para sacar hasta el último centavo) chocan con la oposición de un puñado de vecinos.

-Un lugar donde refugiarse: Lasse Halström (Las normas de la casa de la sidra, ¿A quién ama Gilbert Grape?) se marca un drama romántico adornado con los fantasmas del pasado de su protagonista femenina.

-Un verano ardiente: La Bellucci, frisando los 50, se conserva lo suficiente como para meterse en el pellejo de otra de esas mujeres volcánicas que se ven envueltas en relaciones turbulentas que amenazan con llevar su matrimonio a pique.

-Además: El payaso; Serie B; Danse la danse.

April 18, 02:40 PM

El cine (en España, al menos) está gravemente herido. Se desangra y agoniza. Tal vez suene tremendista. De acuerdo: sigamos mirando hacia otro lado y busquemos soluciones como aquí nos gusta hacer, tarde y cuando ya no haya marcha atrás. Las señales están ahí, bien a la vista. La última: el casi inevitable cierre de Alta Films, hoy en la portada del diario El País, desvelado por su propietario, Enrique González Macho, a la sazón presidente de la Academia de Cine. Por resumirlo en pocas palabras: se corta el mayor suministro de filmes de autor en nuestro país.

Un palo gordísimo que suscita muchas preguntas, arroja más sombras y, por el contrario, permite intuir pocas soluciones. Algunas claves:

-El IVAzo, precios por las nubes: Entradas a 8/9 euros, 12 si la película es en 3D. Prohibitivo en un contexto de crisis. El gobierno desoyó el clamor del sector cinematográfico y decidió aplicar un IVA del 21% al séptimo arte. ¿Resultado? Cae la afluencia a las salas. Lógico.

-La piratería: El bazar del todo gratis de Internet. Demasiado tentador. ¿Por qué pagar por una película que puedo ver cómodamente en mi sofá, en mi ordenador o televisor, con una calidad cada vez mayor, en ocasiones antes de su estreno en España? Las salas, aún más vacías.

-Las nuevas plataformas, en pañales: Las alternativas de pago en Internet no acaban de calar. Lo que entronca con el epígrafe anterior. Esto es, el usuario de Internet se ha acostumbrado a no pagar por lo que consume (más allá de la tarifa mensual de conexión; que, según que edades, ni siquiera pagan ellos). Esfuerzos como el de filmin tienen, de momento, escasa recompensa.

-Falta de ayudas: La crisis ha encontrado su reverso más oscuro en una política de recortes sistemáticos. Recortes que se han cebado especialmente con la cultura. Independientemente del color del actual gobierno, su cariño por el cine es, digamos, escaso. El ministro de Cultura prometió lanzar un nuevo sistema, articulado a partir de mecenazgos. Seguimos esperando.

-Un público minoritario: En el caso del cine de autor, a todo lo anterior se suma que su público, si bien fiel, es también reducido. Hablamos de un negocio, por tanto, en el alambre, expuesto a que cualquier brisa se convierta en tempestad. Las grandes salas acaban viviendo de los puntuales pelotazos. No cabe este recurso en aquellas otras que se vuelcan con las cintas más independientes. Necesitan un cuidado especial, una cierta ayuda, pero sobre esto ya se ha hablado en el anterior epígrafe.

-Un modus vivendi en peligro de extinción: Ir al cine constituye un ritual, con su liturgia, su sala a oscuras, pantalla grande, silencio preferentemente, el coloquio al terminar el pase. Las nuevas generaciones, conectadas 24/7 a sus ordenadores y smartphones, viven ajenas a esta forma de experimentar el cine. Se descargarán un screener de la nueva de Ironman en su iPad y tan felices.

En definitiva, el público decrece y las salas se vacían. Se recortan sesiones y, peor, desaparecen salas. Lo de Alta Films es gordo por lo dicho, porque castra el suministro de cine de autor, pero también por producirse de golpe. Pero llevamos años padeciendo un goteo de cierres. ¿El futuro? Un puñado de macro-salas en centros comerciales que únicamente proyectarán los grandes mamotretos de Hollywood, las todopoderosas franquicias de superhéroes y similares. Ojo, cine más que respetable y apetecible, pero que tristemente parece llamado a devorar a ese otro, más pequeño, que lo tiene mucho más crudo para hallar financiación, primero, y distribución, después.

Sin voluntad, ideas ni empatía por parte de quienes toman decisiones, el futuro se presenta no negro, negrísimo.

April 17, 01:33 PM

A Ben Wheatley le pirran las historias de violencia. No tenemos el gusto de conocerle, así que nos remitimos a su filmografía. Y, aunque incipiente, con sólo 3 películas estrenadas, apunta ya en una dirección clara. A la espera de confirmar que no se echa a perder en su salto a Hollywood, este inglés curtido en la publicidad viral gusta de ensuciarse las manos con relatos llenos de muerte y sangre. Algunos, trufados de costumbrismo, como la reciente y estupenda Sightseers, y mucho humor negro, presente también en su iniciática Down Terrace. Humor del que no hay rastro en la mucho más cruda Kill List.

Esa lista de asesinatos es la que acaba en manos de un par de matarifes profesionales, Gal y Jay. A Gal le cuesta convencer a Jay de que acepten el trabajito porque, unos meses antes, en otro encargo, las cosas no salieron del todo bien. Es todo lo que sabemos. Ocurre que Jay está cada día más desquiciado y se dedica a pagarlo con su mujer y su hijo; llega un punto en que la situación es tan insostenible que el propio Jay acaba por resignarse a volver al tajo. Les contratan unos tipos raritos y la cosa empieza a oler mal cuando el primero de una lista de tres resulta dedicarse a la profesión de cura. Frente a los reparos de Gal, a Jay no le tiembla precisamente la mano, y una vez roto el hielo… digamos que se deja llevar con frenético entusiasmo. Para disgusto de su compañero, se sale del guión y amplía la lista de víctimas, cada vez más cegado y poseído por el ansia de matar.

Y hasta aquí podemos leer. Como mucho, podemos apuntar que lo que arranca como thriller va derivando en macabro cuento de terror que deja descolocado al más pintado. Algo vamos intuyendo desde el comienzo, de la mano de la extraña y sospechosa nueva novia de Gal, una morena con rasgos de vampiresa con afición por los símbolos bizarros. Como si fuera un cepo, la película se va cerrando lenta pero inexorablemente sobre el espectador. La atmósfera se espesa y se vuelve irrespirable. Adquiere la consistencia de una pesadilla y, consecuentemente, se diluye la lógica y entramos en un terreno nebuloso, donde las fuerzas que operan están más allá de nuestro alcance y todo es posible.

A Wheatley tal vez se le puede acusar de ir perdiendo fuerza y aspereza con la evolución del relato, pero es una evolución deliberada, y es de justicia reconocerle el valor de quien se arriesga. El cambio de género depara un final discutible pero que deja con mal cuerpo y la mandíbula desencajada, y un poso innegable que permanece durante varios días. Buena parte de la culpa la tiene la potente interpretación de Neil Maskell como Jay, el atormentado ex militar reciclado en asesino a sueldo que personifica en su persona esa mutación, un descenso a los infiernos en el que, para su desgracia, tiene la última palabra.

April 15, 05:18 AM

¿Qué pasaría si Jean-Claude Van Damme le robara el DeLorian a Marty McFly? Afortunadamente, esa pregunta existencial tiene respuesta. Y la respuesta es Timecop (1994), la película en la que nuestro mamporrero belga favorito decide que el presente no es suficiente para su recital de patadas voladoras y espagats, y se marca unos saltos en el tiempo que le quitarían el hipo al bueno de Doc Brown.

Para que nos hagamos una idea de a qué nos enfrentamos, un científico ha dado con la fórmula para viajar al pasado (y sólo al pasado). La Casa Blanca, siempre atenta a cualquier amenaza, decide crear una unidad especial para vigilar que ningún facineroso intente apropiarse del invento para derribar la supremacía yanki. No cuentan, sin embargo, con que el zorro está escondido en el corral: un despiadado senador, dispuesto a todo, que ve en la nueva tecnología la oportunidad perfecta para amasar la fortuna con la que lanzar su carrera hacia la presidencia de EEUU.

La premisa tiene bastante de Philip K. Dick (aunque la base original es un cómic) pero, con JCVD por el medio, el resultado está más próximo a Doble Impacto que a Blade Runner, si exceptuamos cierta escena en la que el héroe se sube a su vehículo y solicita que le lleve a casa, y que recuerda poderosamente, a caballo entre la parodia y el homenaje, a la cinta de Ridley Scott.  Así, salvo algún breve destello de originalidad, como el viaje a 1929 para cazar a un compañero descarriado, que se dedica a especular en pleno crack bursátil, la cosa deriva en la inevitable retahíla de golpes y acrobacias del amigo Jean-Claude.

En el último acto todo está preparado para que el heroico agente Walker ajuste cuentas con el villano y, de paso, revierta cierto episodio del pasado que terminó con el deceso de su esposa. Sensato él, había evitado hasta entonces utilizar los viajes en el tiempo en beneficio propio para evitar tan luctuoso suceso, bien aleccionado por sus superiores acerca del riesgo de intentar alterar eventos pretéritos, por aquello de que uno nunca puede anticipar las consecuencias futuras. El enfrentamiento, bajo una lluvia impenitente, tiene la gracia relativa de contemplar la mano de leches que se llevan los dos Van Damme (su yo presente y su yo del pasado), quienes, en último término, demostrarán no sólo ser más resistentes que un coche alemán, sino también más astutos de lo que cualquier persona sensata pudiera esperar.

Viajando de nuevo al presente, coincidencias de la vida, JCVD prepara nuevo proyecto con su director en Timecop, Peter Hyams, quizás animado por la segunda juventud de Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone, los dos archirrivales de los 80. Al belga se le dio bastante bien en la primera mitad de los 90, cuando estrenaba película por año con un éxito razonable. Timecop es de esa época, incrustada entre Blanco humano y Street Fighter, y conserva el honor de ser su trabajo más taquillero (se llegó a hablar de la posibilidad de un reboot). Es, además, uno de los más potables; una honrosa excepción en su carrera en la que hace un esfuerzo por ofrecer algo más que las patadas de rigor. Siendo generosos, y citando al maestro Ebert, podríamos recordarla como el Terminator de Van Damme.

April 12, 08:18 AM

La cartelera se pone ecléctica. Los ejercicios trascendentales de Malick conviven con las hazañas futuristas de Cruise, mientras el ciñe patrio nos trae una de boxeo y Al Pacino intenta convencernos de que todavía no le toca jubilarse…

-To the wonder: Terrence Malick ha decidido mudar de hábitos y rodar con frenesí. He aquí que, en contra de su costumbre, no ha tardado eones en estrenar tras El árbol de la vida. Lo único seguro es que volverá a dividir al público entre admiradores embelesados y detractores furibundos con una de sus epopeyas poético-visuales donde las parrafadas de los protagonistas se alternan con estudiadas postales llamadas a clavarse en nuestras retinas por los tiempos de los tiempos. El trío protagonista: Ben Affleck, Olga Kurylenko, Javier Bardem (que hace de cura).

-Oblivion: Tom Cruise se resiste a tirar la toalla y admitir que ya no tiene aquel fabuloso tirón en la cartelera del que antaño gozaba. Vuelve a la carga, después de pegar tiros como el durísimo Jack Reacher, en una cinta de ciencia-ficción a la que se acusa de cuidar más el envoltorio que el contenido. La Tierra hecha unos zorros y Tom como última esperanza. Jugándose la última posesión, como a él le gusta, al estilo Kobe Bryant. Le acompaña, doblete para ella, Olga Kurylenko.

-Alacrán enamorado: El boxeo como recurrente y oportuno marco para la nueva película de Santiago A. Zannou, con Álex González, los hermanos Bardem y M.A.S. El protagonista, además de boxear, es un neonazi que zurra a inmigrantes… hasta que conoce a una bella foránea.

-Tipos legales: Viejales legales habría tenido un punto más socarrón, pero los a veces descacharrantes responsables de traducir los títulos de las películas en nuestro país han decidido, por una vez, cortarse un poco. Al Pacino, Alan Arkin y Christopher Walken suman más años que la plantilla del AC Milan hace un par de temporadas. También toneladas de talento… aunque falta por ver si el guión está a la altura en esta historia de pillos con muchos kilómetros a sus espaldas.

-LOL: La francesa Lisa Azuelos se versiona a sí misma, reciclando su película de 2008 sobre una adolescente a la que deja el novio pero encuentra consuelo en su mejor amigo. En el remake USA la protagonista es, urgh, Miley Cirus.

-October Baby: Película pequeña e intimista sobre una chica cuya vida pega un volantazo al descubrir que es adoptada; y que su madre biológica, de hecho, falló en el intento de abortarla.

-Los ilusos: Segundo largometraje de Jonás Trueba.

April 10, 09:44 AM

Para ver (y no sólo una vez) El odio (La haine, 1995) sobran los motivos. Cada uno que elija el suyo. Todos lícitos y atractivos. Es una película que pone el dedo en la llaga, que se moja. Es visionaria. Es lo mejor que ha rodado, y probablemente rodará jamás, el señor Mathieu Kassovitz. Supuso una de las primeras oportunidades de ver desplegar su talento a ese bicho que es Vincent Cassel. Está llena de aciertos, como su factura en blanco y negro, y hallazgos visuales y sonoros. Es una película necesaria y obligatoria.

El odio, ese odio que da título al filme, es el que supura la periferia de una gran ciudad, en este caso París. Los suburbios, la banllieue, guetos que esconden auténticos polvorines, que acaban estallando en cuanto la chispa se acerca lo suficiente. Ocurrió en la vida real en 2005, a raíz de la muerte de dos chicos (electrocutados) cuando eran perseguidos por la Policía. Una década antes rodaba su película Kassovitz, quien elegía como detonante el caso de un joven al que un agente pegaba un tiro mientras permanecía bajo custodia. La palanca que movía al resto del barrio a destrozar, quemar y pegarse contra todo lo que tuviera delante. Sucede en la cinta y sucedió, a una escala mucho mayor, en 2005, en París y en el resto de Francia.

Ciñéndonos a la película, en ese caldo de cultivo de odio, el que se profesan, mutuamente, los habitantes del suburbio y la Policía, chapotean tres amigos, cada uno de origen diferente: Vinz, judío; Saíd, magrebí; y Hubert, africano. Muy distintos entre sí pese a haberse criado en las mismas barriadas y compartir todas las horas del día, desde que se levantan hasta que se acuestan, tarde en ambos casos, después de jornadas plagadas de ratos muertos, soportados a base de fumar hachís, deambular sin rumbo fijo, buscar problemas y compartir historias, la mitad inventadas. Lo suficientemente distintos como para digerir a su manera el momento más agitado de sus vidas; sin ellos saberlo, un punto de inflexión. Vinz es impulsivo, visceral e inconsciente. Saíd, el más infantil. Y Hubert, el más reflexivo, el que más se come la cabeza. Vinz quiere matar a un policía para “equilibrar la balanza”, una idea que para Hubert sólo les traerá más complicaciones. Vinz, con sus locuras, acaba chocando con el temple de Hubert, con Saíd en medio a su pesar.

Kassovitz sigue a los tres protagonistas a lo largo de 24 horas, un periplo que arranca y termina en el barrio, pero que también les lleva, tren mediante, a otro mundo, al centro de la ciudad, donde, como se sorprende Saíd, los policías son amables. El director no oculta, y por si había alguna duda lo admite en el making of, que no pretende ser neutral en la batalla entre agentes y vecinos de la banllieue. Está del lado de los segundos, aún admitiendo que ambos se equivocan, pero se decanta por los más débiles, a los que retrata arrinconados y apartados, asfixiados por el gueto, donde los problemas y la falta de oportunidades se retroalimentan en un círculo vicioso. Es una mirada, en general, condescendiente, que perdona las chiquilladas del trío; todo lo contrario cuando se trata de retratar a las fuerzas del orden, un grupo de cowboys que no duda en recurrir a la intimidación y la violencia, salvo el caso de un esforzado e impotente inspector.

Más allá de dónde traza la línea, y la decisión de no ser equidistante, Kassovitz brinda un magnífico retrato de un segmento de la sociedad al que el resto elude y frente al cual levanta barreras. Se cuela y nos cuela en una auténtica barriada, nos muestra algo tan secillo pero complejo como es el día a día en ese microcosmos de trapicheo de drogas, violencia, hip-hop y calle, mucha calle. Y lo hace con brío y nervio, con una narración ágil que sabe, no obstante, encontrar tiempo para la introspección. El odio es una película imprescindible.

April 07, 01:23 PM

Acaba una semana luctuosa para el cine español. Se recuerdan pocas tan duras, con tal concentración de desgracias. Jesús “Jess” Franco. Mariví Bilbao. Bigas Luna. Fallecidos por enfermedad o causas naturales. Martes, miércoles y sábado, días marcados en negro en el calendario. Un triple golpe ante el que uno siente la necesidad de rendir algún tipo de homenaje, por pequeño que sea. Pero he aquí que debe lidiar, al mismo tiempo, con un conocimiento no precisamente vasto de sus respectivas carreras.

Jess Franco: irrepetible, inconfundible, tremendamente prolífico, casi 200 películas a su espalda, en ocasiones hasta 6 en un solo año, el hombre de los mil seudónimos, el rey de la serie B, vampiresas lésbicas, Fu Manchú. Acababa de estrenar su última cinta: Al Pereira vs The Alligator Ladies. El título ya sugiere por dónde van los tiros: bajo presupuesto, erotismo, lo pulp lindando con lo cutre. Nunca me he sentido atraído por ese cine suyo de urgencias, de parir mucho sin reparar en la calidad, de atreverse con todo, desde el Conde Drácula a Frankenstein, pasando por Poe y el marqués de Sade. Reconozco lo evidente del vacío que deja porque no hay nadie en el panorama actual que siga sus pasos.

Mariví Bilbao: la inolvidable Marisa de Aquí no hay quien viva, con su piti en la boca, su voz ronca y sus pullas socarronas. Me es totalmente ajeno el resto de su trabajo.

Bigas Luna: erotómano, transgresor, tetas y huevos de oro, descubridor de talentos, padrino de Bardem, Mollá y Penélope Cruz. Tampoco he sentido la llamada imperiosa de acudir a su cine, aunque en mi retina, como en la de todos, están impresas escenas de Jamón, jamón y otras de sus cintas, vertidas ya al imaginario colectivo. También, por desgracia, se ha incrustado en nuestros cerebros aquella deplorable campaña publicitaria que maquinó para un producto de limpieza.

Quizás ahora que nos han dejado sea un buen momento para que un servidor, y otros en su misma situación, saldemos nuestras deudas con ellos y les demos una oportunidad a sus trabajos; ahora que se han marchado pero permanecen sus legados.

Por último, y no menos importante, esta semana infausta también ha muerto el crítico entre críticos, Roger Ebert, maestro a la hora de desmenuzar películas, incomparable en sus dardos cuando algo no le gustaba, quizás un pelín generoso a la hora de otorgar estrellas en los últimos tiempos.

Descansen en paz.

*Actualizado el 08/04/2013:

Como esta ruleta triste no se detiene, este lunes, 8 de abril, ha muerto Sara Montiel, mujer de belleza irrepetible, carisma sin igual y una carrera que, pionera ella, la llevó hasta Hollywood cuando la Meca del Cine era como Marte para los actores o directores de nuestro país. Allí compartió cartel con estrellas como Gary Cooper, Mario Lanza y Rod Steiger, además de un matrimonio con uno de sus directores, Anthony Mann. Veracruz, Yuma, Dos pasiones y un amor, El último cuplé y La violetera figuran como su repóker de hitos en la gran pantalla. Fuera, una vida larga e intensa y un estrellato fulgurante en los 60 y 70. Sarítisima, inventada a sí misma desde un lugar poco glamuroso como Campo de Criptana, Ciudad Real, nos deja el recuerdo de sus rasgos felinos, su voz y sus puros. DEP.

April 06, 09:52 AM

La vida tiende a no ser justa. No es justo que a tu película la comparen con un filme tan brillante como El secreto de sus ojos. Si esa comparación la promueven sus propios responsables, colando la etiqueta “de los productores de…”, la cosa ya es de nota. Lo lógico e inevitable es que, en la comparación, salgas perdiendo. Y que, quien más, quien menos, se dedique a buscar puntos en común, divergencias y flaquezas.

Tampoco es justo compartir pantalla con Ricardo Darín. Porque Darín es como Messi. Es demasiado bueno. Con la diferencia de que Messi puede tirarse 40 minutos pasando desapercibido, aparentemente apático, y de pronto activarse para resolver con una genialidad. Darín no, Darín es constante, domina desde el primer minuto hasta el último. Y, a su lado, el resto empequeñece. De ahí el mérito, en El secreto de sus ojos, de Soledad Villamil, que le aguantaba perfectamente el tipo a este monstruo. Lástima que en Tesis sobre un homicidio los secundarios tengan menos fuste. De Alberto Ammann, la única pieza que chirriaba en Celda 211, esperaba incluso menos, y conviene admitir que no está del todo mal, aunque para sostener un duelo con Darín le faltan muchas tablas. Peores prestaciones brinda Calu Rivero, el tercer vértice del triángulo, una niña mona que, en cuanto el guión se pone un pelín exigente, descubre todas sus carencias.

Ya ha salido la palabra “duelo”. Es la clave de la película, el eje sobre el cual pivota. El duelo que sostienen un abogado, profesor de un seminario, y uno de sus alumnos, hijo de un viejo amigo, recién llegado de España para asistir, durante unas semanas, al curso. Curso que arranca de forma abrupta cuando, a unos metros de la Facultad, aparece el cadáver de una chica (trabajadora en la cafetería del centro educativo) violada y salvajemente asesinada, nota morbosa incluida. El personaje de Darín se obsesiona con el crimen. Él, defensor de que un caso se resuelve prestando atención a los detalles, los va recopilando en forma de miguitas, un rastro que le termina llevando… hasta el joven estudiante.

El guión juega a eso tan antiguo de dejar al abogado solo en su cruzada, cada vez más aislado y quijotesco, como viendo gigantes donde sólo hay molinos de viento. ¿Ha colocado, a propósito, el asesino un objeto en el cadáver? ¿Ha elegido a la víctima por su parecido con un familiar? ¿Ha cometido el mismo crimen, reproducido casi punto por punto, en otro país? Al personaje de Darín le dicen que ve lo que quiere ver, y le recomiendan que se deje de teorías peregrinas, pero lejos de hacer caso se obstina en desenmascarar al arrogante alumno, acepta entrar en el juego, gato y ratón, e incluso él mismo baja al fango y reparte sus propias cartas, se tira sus faroles, arriesga con alguna jugada.

El resultado es una película que, sin ser nada del otro mundo, consigue mantener la tensión y el interés, que no es poco. De acuerdo, sin Darín sería muchísimo menos, pero para algo está ahí Darín, para elevarla a una dimensión superior. Tal vez con secundarios más potentes, con un director más incisivo que el casi debutante Hernán Goldfrid, la distancia, enorme, con El secreto de sus ojos sería un poco menos insalvable. Si conseguimos dejar a un lado las comparaciones, estamos en situación de disfrutar con un thriller que comete sus pecados, sí, pero que mantiene el tipo y apenas incurre en altibajos.

Veredicto: 6,5

Lo mejor: Darín, claro.

Lo peor: Una BSO agotadora que se empeña en cubrir cada silencio.

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