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September 22, 03:28 AM
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September 22, 03:41 AM







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April 29, 04:32 PM


10-2-1917
El mundo cae a mi alrededor, escombro a escombro.
Mis sentidos oscilan, bandera rota al viento.
¿Qué sombra de qué sol llena de frío y asombro
El camino vacío de la consecución?
Busca un puerto lejano una nave desconocida
Ese es todo el sentido de mi vida.
Por un mar azul nocturno, estrellado en el fondo,
Sigue su ruta la nave exterior al mundo.
Pero el sentido de todo está cerrado en el asombro
Que exhala la llama negra que enciende en mi entusiasmo
Súbitas confesiones de otro que yo fui en otros tiempos
Antes de la vida y que vio a Dios y que no soy ahora.


O mundo rui a meu redor, escombro a escombro./Os meus sentidos oscilam, bandeira rota ao vento./Que sombra de que o sol enche de frio e de assombro/A estrada vazia do conseguimento?/ Busca un porto longe uma nau desconhecida/E esse é todo o sentido de minha vida./ Por un mal azul nocturno, estrelado no fundo,/Segue a sua rota a nau exterior ao mundo./ Mas o sentido de tudo está fechado no pasmo/Que exala a chama negra que acende em meu entusiasmo/Subitas confissões de outro que eu fui outrora/Antes da vida e viu Deus e eu não o sou agora.



5-3-1919 (?)

¿Por qué vivo, quién soy, o qué soy, quién me lleva?
¿Qué seré para la muerte? Para la vida ¿qué soy?
La muerte en el mundo es la oscuridad en la tierra.
Nada puedo. Lloro, gimo, cierro los ojos y voy.
Me cercan el misterio, la ilusión y la descreencia
En las posibilidades que todo sea verdadero.
¡Oh, mi terror de ser, nada hay que te venza!
La vida como la muerte es el mismo mal.


Porque vivo, quem sou, o que sou, quem me leva?/Que serei para a morte? Para a vida o que sou?/ A morte no mundo é a treva na terra./ Nada posso. Choro, gemo, cerro os olhos e vou./ Cerca-me o mistério, a ilusão e a descrença/ Da possibilidade de ser tudo real./ O meu pavor de ser, nada há que te vença!/ A vida como a morte é o mesmo Mal!



12-12-1919

Mi ser vive en la Noche y en el Deseo.
Mi alma es un recuerdo que hay en mí.

Meu ser vive na Noite e no Desejo./ Minha alma é uma lembrança que há en mim.



27-5-1922

Los dioses, no los reyes, son los tiranos.
Es la ley del Fado la única que oprime.
¿Pobre niño de maduros años,
Que piensas que hay revuelta que redime!
Mientras pesa, y siempre pesará,
Sobre el hombre la sierva condición
De súbdito del Fado.

Os deuses, não os reis, são os tiranos./ É a ley do Fado a única que oprime./ Pobre crianza de maduros anos, / Que pensas que há revolta que redime! / Enquanto pese, e sempre pesará, / Sobre o homen a serva condição/ De súbdito do Fado.



27 de abril de 2012 ·  http://bibliotecaignoria.blogspot.com/#ixzz1tSk8GrAk
April 16, 08:30 AM
"La vida no es manera de tratar a un animal"

Epitafio de la tumba de Kilgore Trout, el personaje más emblemático de la obra de Vonnegut “El desayuno de los campeones”(ver mas)
Kurt Vonnegut Jr. (Indianápolis, 11 de noviembre de 1922 - Nueva York, 11 de abril de 2007
Estas imágenes fueron creadas por Origami Express (Kurt Vonnegut y Joe Petro ).
"Sólo somos lo que pretendemos ser. Por eso tenemos que ser cuidadosos con lo que pretendemos ser."


"Quería que todas las cosas parecieran tener sentido, así todos podríamos ser felices,  en vez de tensos. Así que inventé mentiras, para que todas encajaran bien, e hice de este triste mundo un paraiso."




"Judas, no te preocupes. Va a haber mucha gente pobre mucho después de que me haya ido."


"No hay razón por la cual el bien no pueda triunfar sobre el mal, si tan sólo los ángeles se organizaran como lo hacen en la mafia."



"¿Para qué sirve la gente?"



"Si de verdad quierés lastimar a tus padres y no tienés el coraje de ser gay, lo menos que puedés hacer es meterte en el arte." 
de una conferencia en el 2003:
Soy consciente de que algunos de ustedes han venido con la esperanza de oír consejos de cómo convertirse en escritores profesionales. Y yo les digo: "Si realmente quieren herir a sus padres y no son lo suficientemente valientes para ser gays, lo menos que pueden hacer es dedicarse a las artes. Pero absténganse de usar el punto y coma. Es un signo hermafrodita y travesti que no significa nada. Lo único que hace es demostrar que uno ha ido a la universidad".





















"No sé tu, pero yo practico una religión desorganizada. Pertenezco a un desorden profano. Nos hacemos llamar 'Nuestra Señora del Perpetuo Asombro'"

"La evolución es tan creativa. Así es como tenemos la jirafa y el aplauso."
"Si Jesús retornara hoy lo mataríamos con la inyección letal."  

 


















"No importa que  feas se pongan las cosas, la música seguirá siendo maravillosa"

April 13, 11:55 AM

Sábado 14 de abril de 2012, de 12 a 20:30h
País invitado: Portugal.

Conscientes de la necesidad de apoyo y difusión que el panorama del arte contemporáneo necesita, un grupo de comisarios y galerías de la ciudad han decidido unir sus fuerzas por primera vez con el objetivo de lograr una mayor sinergia entre el sector profesional, los artistas y el público.
Jugada a 3 bandas es una iniciativa que quiere dinamizar la escena del arte emergente y dotar de visibilidad al trabajo que comisarios y artistas vienen realizando en los últimos tiempos, dentro del marco y con el apoyo imprescindible de las galerías de arte de la ciudad de Madrid.
Las galerías participantes invitan a un comisario a presentar un proyecto en su espacio. Las condiciones del proyecto expositivo son abiertas y consensuadas entre ambas partes. El objetivo es acercar el trabajo de todos los implicados al coleccionismo incipiente y comprometido, así como al público, tanto especializado como general.
Jugada a 3 bandas es una cita que permanecerá fija en el calendario madrileño anual del arte contemporáneo.

April 12, 01:19 PM

Cinco relatos de “Tempranas amarguras”



Introducción, por Eduardo Jordá
Estos cinco relatos pertenecen al libro Tempranas amarguras, escrito por el escritor yugoslavo Danilo Kis en 1970. He escrito yugoslavo, sabiendo que ese gentilicio ya no existe, porque Kis, quien nació en 1935 y murió exiliado en Francia en 1989, se consideraba a sí mismo yugoslavo y despreciaba todas las muestras de nacionalismo exaltado –tanto serbio como croata como bosnio– que acabaron dinamitando el proyecto de convivencia compartida que suponía la República Federal de Yugoslavia.
El padre de Kis, un judío de origen húngaro, murió en Auschwitz. La madre de Kis era una montenegrina ortodoxa que tuvo la precaución de bautizar a sus hijos, cosa que les salvó la vida en los años de la invasión nazi de Yugoslavia. Kis, que nació en el norte de Yugoslavia, en la antigua región de Panonia, vivió una parte de la guerra en Hungría. Esta infancia en tiempos de guerra es la que Kis evoca en estos breves cuentos, o más bien bocetos líricos, que reunió en el volumen Tempranas amarguras, a través del personaje de Andreas Sam, un alter-ego del niño Danilo Kis.
En 1994, Aleksandar Grujicic y yo nos pusimos a traducir este breve libro. Aleksandar Grujicic, que nació en Belgrado, hacía la primera versión literal del serbo-croata al castellano, y yo, que no sé nada de serbo-croata, me limité a mejorar el estilo y a darle un tono parecido al tono original de Kis (al menos tal como se podía apreciar en la versión francesa, que hizo Pascale Delpech, quien fue la pareja de Kis en sus años de exilio en Francia, hasta su muerte). Cuando terminamos la traducción enviamos el manuscrito a varias editoriales, confiando en que no sería difícil encontrar un editor. Nos equivocamos por completo. Las pocas editoriales que se dignaron contestarnos nos dijeron que Kis era un autor difícil que no vendía y que no interesaba al lector español.
Pero el interés por Kis, en contra de la opinión de los editores de aquel momento, fue aumentando en España, y ahora toda su obra está traducida al castellano, casi siempre en El Acantilado, mientras que Kis está considerado uno de los grandes escritores europeos de la segunda mitad del siglo XX. Cualquiera que lea estos breves relatos de Tempranas amarguras podrá descubrir la clase de escritor que era Danilo Kis.

El prado
Andaba por el borde del río, hacia Baksa. El aire olía a ozono mezclado con el aroma del saúco ya maduro. Las toperas recién excavadas enrojecían como costras. De repente salió el sol. En la hierba se encendieron los ranúnculos. Se elevó el olor de la manzanilla y una orgía de perfumes recorrió el prado. Miraba cómo su perro mordisqueaba las prímulas mientras una baba verde le caía del hocico. Entonces él también se echó boca abajo sobre la hierba, junto a la topera que humeaba como una torta.
Masticaba un tallo de acedera todavía mojado de rocío.
Iba descalzo, en pantalón corto de lino azul oscuro. Entre los dedos de las manos se le estaban formando costras sobre las pústulas de la sarna.
(En aquella época ni siquiera me imaginaba que un día escribiría historias, pero se me ocurrió: "¡Dios mío, qué impotente me siento delante de todas estas flores!").
Apretaba en el bolsillo dos millones en billetes azules de la guerra, con los que tenía que pagar las barritas de azufre.
Frente a la casa del médico un gran San Bernardo sacudía la cadena. Rabiaba porque estaba harto de comer.
(Yo sabía que tendría que mentir: dos millones en realidad no valían nada).
"¿Qué pasa, joven?", preguntó el médico.
Llevaba una bata blanca que olía a caramelos de menta.
El niño abrió la mano y separó los dedos.
"La sarna", dijo.
(Todo esto no puede durar eternamente, me decía a mí mismo. Supongamos que el médico tarde una media hora en ocuparse de mí, más la vuelta: toda esta pejiguera terminará en una hora como máximo. Así que, dentro de ese tiempo, estaré camino de casa, siguiendo el lecho del río, y el médico, las mentiras y todos esos fingimientos descarados serán cosas del pasado. Todo eso se quedará a mis espaldas, como la cola del San Bernardo. El pasado, puro y sencillo. Hasta entonces nunca había diferenciado estos dos tiempos. Pero aquel día, en la consulta del médico, aprendí: cuando tienes problemas, tienes que pensar en lo que viene después. Es como el prado cuando regresas).
El médico le hizo una receta, como de costumbre, pero luego cambió de opinión y la rompió. Le dio dos barritas de azufre envueltas en celofán. El niño tragó saliva y regresó del prado que ya estaba atravesando en sus pensamientos:
"¿Cuánto le debo, señor?".
“¿Y cuánto dinero llevas?", preguntó el médico.
"Dos millones, señor", dijo el niño.
(Él ya estaba andando por el prado y cortaba las cabezas de los ranúnculos con su bastón. Ya había dejado atrás la casa y el San Bernardo del médico. Por mucho que hubiera querido, no habría podido recuperar ese tiempo; tan sólo habría dado vueltas, como un perro que intenta cogerse la cola).
"¿Y qué se puede comprar con dos millones, joven?".
"No lo sé, señor".
(Sí lo sabía. Un huevo. Como máximo).
"Nada", dijo el médico.
(Ya estaba muy cerca de su casa. En realidad se encontraba ya sobre el tronco que servía de vado, mirando correr el agua, como el tiempo).
Así que andaba por la orilla del río, rumbo al pueblo. Caminaba como un vencedor. En un bolsillo apretaba los dos millones en billetes de guerra color azul, y en el otro dos barritas de azufre envueltas en celofán.
Ya las estaba viendo: a Ana, su hermana, y a su madre, en el umbral de la puerta. Ana tenía sangre entre los dedos.
Echará las barritas sobre la mesa y dirá:
"Hay que mezclarla con manteca de cerdo. Y ponérsela por la noche, antes de acostarse".
Olvidará por un instante (aposta), luego se acordará. Echará los billetes sobre la mesa:
"No los quería", dirá. "No valen nada. Él también sabe que no valen nada".
Pero antes se detendrá en el tronco para ver cómo corre el agua.
Imaginaba a su madre batiendo azufre en una escudilla de hojalata. Como una yema. A uno le entran ganas de comérselo.
Regresaba por la orilla del río, hacia el pueblo. Vencedor del tiempo, pero todavía tan impotente frente a las flores y el prado.

Los gatos
Detrás de la casa, bajo las lilas, el niño encontró cuatro gatitos ciegos. Aunque, por sus maullidos quejumbrosos, se había dado cuenta de que alguien los había separado de su madre –que sin duda los estaba buscando al otro lado del pueblo, llorando por los tejados–, él confiaba que los adoptara otra gata: una solterona, o una gata sin crías, o cualquier otra de buen corazón.
Hay que reconocerlo: el niño se había metido en el jardín para robar grosellas. Estaba tumbado de espaldas bajo el zarzal, apartando el follaje. Sobre su cabeza pendían pequeños racimos rojos como zarcillos. La noche anterior había llovido, y los racimos que rozaban el suelo estaban salpicados de barro. El grosellero se hallaba justo al lado del seto de lilas.
Los gatitos presintieron, a pesar de que no pudieron ver nada, que un gato muy grande se les acercaba. No sabían que el chaval estaba robando grosellas al mismo tiempo que perseguía pájaros. Lloraban como niños de pecho.
El niño corrió hacia la casa y preparó un poco de pan con leche en una escudilla, que luego fue colocando frente a sus hociquitos. Los gatos, indefensos, sólo gemían y estiraban sus párpados legañosos.
Todo eso ocurrió al atardecer.
Al día siguiente, antes de sacar a las vacas del señor Molnar por la mañana temprano (por lo tanto, muy, muy temprano), se fue al jardín de detrás de la casa para ver qué pasaba con sus gatitos. Tal vez durante la noche los habría adoptado una gata solterona, o una gata sin crías, o más bien una gata de buen corazón. Los gatitos temblaban sobre el rocío sin dar más señales de vida. La escudilla estaba a su lado, intacta. Tan sólo el pan estaba empapado en leche.
"¡No hay justicia en este mundo, ni entre los hombres ni entre los gatos!", se dijo.
Entonces vio un pedrusco. Lo levantó y lo soltó de golpe. Uno de los gatitos silbó como un juguete de goma y su cabeza quedó oculta debajo de la piedra. Únicamente sacudía las patitas, que se estiraban y dejaban entrever un abanico rojizo entre las uñas. Cuando levantó la piedra vio la cabeza ensangrentada del gato y un ojo verde dorado bajo sus párpados aplastados. El niño gimió y cogió la piedra de nuevo.
Tardó una hora entera en acabar con ellos.
(Al verlo tan ruborizado y despavorido, temblando ante él como si estuviera a punto de vomitar, el señor Molnar no le dijo nada).
No los enterró hasta la caída de la tarde, al lado del seto de lilas. Junto a los gatos puso también la piedra. No dejó allí ninguna señal.

El hombre que venía de lejos

Durante tres días y tres noches pasaron los soldados por delante de nuestra casa. ¿Puede alguien imaginar la cantidad de soldados que eran, si durante tres días y tres noches no dejan de pasar por delante de una casa? Iban a pie o en carros, a caballo o en camiones. Durante tres días y tres noches. Durante todo este tiempo me escondí detrás de las lilas. El tercer día, por la tarde, pasó el último soldado. Tenía la cabeza vendada y llevaba un papagayo en el hombro. Cuando se marchó salí de detrás de las lilas. Nada hacía pensar que los soldados habían estado cruzando el pueblo durante tres días seguidos; salvo, quizá, el silencio.
Casi lamentaba que ya no hubiera militares cruzando el pueblo. Cuando no paran de pasar por delante de tu casa durante tres días y tres noches, acabas acostumbrándote a ellos. Después parece todo tan desierto... Nadie cabalga, nadie toca la armónica.
Entonces vi, al otro lado del pueblo, una nube de polvo de la que surgía un carro, y pensé que el ejército se acercaba otra vez. Pero no era más que un solo carro, pequeño y bastante raro. Tiraban de él dos acémilas (mejor dicho, dos mulos, como se verá después). La polvareda les había cambiado el color, hasta el punto que se parecían más a dos ratoncitos que a dos acémilas: dos ratoncitos en el borde de un saco de harina.
Como en aquel momento no había nadie en el pueblo dispuesto a fisgonear, el hombre se dirigió a mí. Me dijo algo en un idioma extranjero que no entendí muy bien. Sabía, no obstante, que un hombre y una mujer que vienen de lejos en un carro pequeño sin duda necesitan agua. Por eso dije:
"Seguro que viene de muy lejos, ¿verdad?".
Sabía que iba a entenderme. Mi padre me había explicado una vez que, aunque dos hombres hablen idiomas distintos, pueden entenderse si no les falta sentido común y buena voluntad. En estos casos has de hablar despacio y con habilidad; y, por supuesto, no debes hacer preguntas difíciles. Así pues, le pregunté despacio y con sencillez si venían de lejos. Además, señalé con la mano el horizonte de donde habían llegado. De ese modo quería hacer más claras mis palabras.
"Joven", dijo el hombre al mismo tiempo que se bajaba del carro, "basta que sepas que venimos de lejos y que tenemos prisa. Conque dinos dónde podemos dar de beber a estos mulos".
"Creía que eran acémilas", dije. "Aunque más bien parecen ratones. En cuanto al agua, pueden ir a nuestro corral".
El hombre cogió un mulo por la oreja y condujo el carro a nuestro corral. Fui corriendo a casa y le dije a mi madre que acababa de llegar un hombre que venía de lejos y que hablaba de una forma que nos entendíamos muy bien, a pesar de ser un extranjero. Después cogí un cubo y le llevé agua del pozo. Nuestros familiares todavía no habían regresado del campo, así que yo disponía del corral y del establo. Le dije al hombre que podía desenganchar a los animales.
Mientras él se lavaba (su mujer continuó sentada en el carro), le pregunté si por casualidad se había encontrado a mi padre. Y es que, cuando uno viene de lejos, tiene que toparse con mucha gente por los caminos. Le dije que mi padre era alto y un poco cargado de espaldas, y llevaba un sombrero negro de ala dura, lentes de montura de acero y un bastón con la contera de hierro. "Se lo llevaron hace dos o tres años y desde entonces no tenemos noticias suyas".
El hombre me respondió que, en efecto, había encontrado a mucha gente por los caminos, ya que cuando uno viene de lejos se cruza con innumerables personas. "Entre ellas había", dijo, "algunas que llevaban un sombrero negro y un bastón, así que una de ellas era sin duda tu padre".
"Camina", le dije, "de una forma un poco rara: tiene los pies planos". Aquello me impulsó a preguntarle si, entre aquellos hombres que llevaban sombrero negro y un bastón, no encontró uno que tuviera una forma un poco rara de caminar.
"Puede ser", dijo el hombre, "que uno de ellos fuera un pies planos. Cuando viajas durante meses, seguro que te topas con alguien que tiene una forma un poco rara de caminar". "Cuando se fue de casa", dije, "llevaba un chaqué y unos pantalones oscuros con rayas claras. Se peinaba con la raya en medio y llevaba también un cuello alto postizo. ¿No se habrá cruzado con un hombre así?".
"¡Ah!", sonrió el hombre –pensando tal vez que yo no era más que un redomado embustero o un bromista de lo más vulgar–, "claro que me crucé con un hombre así. Llevaba un sombrero negro de ala dura, lentes de montura de acero, bastón y todo lo demás. Tenía una forma un poco rara de caminar y llevaba un chaqué negro y los pantalones oscuros con rayas claras. También llevaba un cuello postizo. Eso fue –añadió– hace exactamente cuatro años, en Budapest. Ese hombre, jovencito, era el ministro japonés de la Industria Pesada".

El álbum de terciopelo

De repente, la oscuridad había invadido el bosque. Mi madre tuvo una extraña premonición, un inquietante presentimiento, de modo que nos cogió de la mano y nos dirigimos hacia casa. Íbamos cargando uno tras otro el saco de piñas porque no queríamos quedarnos sin la abundante y triste cosecha de nuestro otoño. Mi madre no se había equivocado. Cuando nos acercamos al pueblo, vimos luz en la casa de nuestros familiares: detrás del cristal pudimos entrever el centelleo fantasmal de un fuego fatuo. Todos nos estremecimos. ¿Quería mi madre que él regresara? ¿Lo había perdonado por su buen corazón? Sin duda alguna. Pero al entrar en el corral, no sin un miedo supersticioso, y al llamar a la puerta de la señora Rebeca, mi madre retrocedió. A buen seguro esperaba encontrarse en casa a nuestro padre, que iba a ver a toda su familia, ahora ya reconciliada gracias a los sufrimientos compartidos y al vía crucis de nuestra tribu. Pero en casa sólo nos encontramos a la tía Rebeca, y su aspecto no nos inspiró confianza. En un primer instante nos quedamos mudos de asombro. ¡Dios mío, cómo había cambiado! No quedaba ni rastro de su exuberante cabellera, su moño se había desplomado, los bucles de sus sienes se habían chamuscado como por obra de las llamas. Tenía en la mano un pesado candelabro, aunque descubrimos con sorpresa que sólo uno de los brazos contenía una vela de estearina y que los demás estaban vacíos. Y ese candelabro, que sólo tenía una vela encendida, junto con las llamas inexistentes y los brazos muertos, sin duda estaba allí para anunciarnos lo que la tía Rebeca misma iba a decirnos (movía lentamente, con dignidad, su cabeza marchita, de manera significativa, primero a la izquierda, luego a la derecha, y luego, otra vez, más despacio): ¡ya no está! ¿Fue aquello un momento de alivio o la desesperación muda que nos invadió? Mi padre... ¡estaba muerto¡ En cualquier caso opuse a su muerte la más firme de las dudas. Estaba convencido de que la tía Rebeca no nos había dicho la verdad, a pesar de que su aspecto y sus movimientos tenían algo trágico. Pero todo aquello me daba igual: a mí me parecía un fraude, el deseo de la señora Rebeca de deshacerse de mi padre de la forma menos dolorosa posible, con ese lento movimiento de cabeza. Su rostro estaba pegado al nuestro (se había vuelto miope), la llama de la vela casi rozaba nuestras mejillas, cuando volvió a mover la cabeza para cada uno de nosotros, siempre con un sentido diferente aunque cargado del mismo significado negativo: a mi madre le dirigió una compasión sincera; a Ana, un consejo pedagógico: desde ahora, mi pequeña cousine, ¡ándate con ojo! Y a mí, una maldad oculta: tu creencia en su inmortalidad pronto se verá desmentida, pequeño presumido: ¡el tiempo se apoderará de tu fe! Parpadeando significativamente, con sus ojos sonrientes pero malévolos, y su rostro y su boca como petrificados, mantuvo un largo rato la llama de la vela cerca de su mejilla, sacudiendo a derecha e izquierda su nariz grande y clavándonos las pupilas. ¿Tenía algún otro sentido aquella mímica? ¿Qué es lo que se ocultaba en esos ojos negros de brillo lunático? Me parece que ese matiz perverso provenía de su deseo de comunicarme que mi padre, lejos de morir como un héroe, con una frase inmortal en los labios, recordada y citada por la posteridad como ejemplo de entereza filosófica y de sobria serenidad ante el rostro de la gran muerte, había hecho todo lo contrario, ya que mi padre, delante de sus verdugos... Oh, no me cabe la menor duda. Seguramente presintió el significado del juego peligroso al que le estaban sometiendo, y cuando le obligaron a colocarse a la izquierda, entre mujeres y niños, entre enfermos e inútiles para el trabajo (ya que él era todas estas cosas a la vez: el gran enfermo y la mujer histérica, embarazada por una eterna y pesada gravidez parecida a un tumor enorme; el niño grande de su época y de su tribu, también incapaz de trabajar en lo que fuera, tanto mental como físicamente, dado que la curva de su genio y de su actividad se arqueaba peligrosamente, llegando así, en su trayectoria circular, hasta el punto de partida, hasta el cero absoluto, hasta la más completa negación), a la izquierda, pues, de Dios y de la vida, pensó mi padre, aunque sólo fuera por un instante, que todo aquello era un engaño que se hacía a sí mismo, debido a su sentido del humor y a su desenvoltura en las situaciones más comprometidas, para sentir, inmediatamente y sin ninguna vacilación, en sus tripas y en su loca cabeza, que se había colocado en el lado de la muerte voluntariamente, de manera estúpida, y que por lo tanto le habían engañado como a un niño... Los ojos malévolos de la señora Rebeca reflejaban la posibilidad de adivinar la verdad amarga y trágica: caminando en esa columna de desgraciados y enfermos, entre pálidas mujeres y niños atemorizados, andando con ellos y a su lado, alto y cargado de espaldas, sin sus gafas ni su bastón, ya confiscados, bamboleándose inseguro, en esa columna de sacrificados, como un pastor entre su rebaño, como un rabino entre sus fieles, como un profesor enfrente de sus alumnos... (Oh, no! Le golpearon con sus porras y sus culatas, él gemía y se desplomaba, las mujeres le animaban y le sostenían mientras él, ¡ay!, lloraba como un crío y expandía el olor de su cuerpo, el terrible hedor de sus tripas traicioneras.

El arpa eólica

El arpa es el instrumento que, más que ningún otro, reúne en sí mismo la fórmula medieval de lo bello (perfectio prima) y de lo útil (perfectio secunda): es decir, que debe resultar hermoso a la vista y estar construido según las reglas de la armonía formal, y al mismo tiempo, debe ser compatible con su objetivo esencial, que es producir un sonido agradable.
Con nueve años yo tenía un arpa. Constaba de un poste eléctrico y de seis pares de hilos conectados a aisladores de porcelana, similares a un juego de té desparejo. (De hecho, uno de los aisladores ya lo había roto yo con un golpe de honda antes de descubrir, en el marco de mi instrumento eólico, la función musical de aquel juego de porcelana china).
Ahora que ya he descrito el sistema de afinación, puedo pasar a los restantes elementos.
Para obtener un arpa eólica hacen falta (además de las clavijas de porcelana ya mencionadas para afinar las cuerdas) como mínimo dos postes eléctricos de simple madera de abeto alquitranado. La distancia ideal entre los dos postes es de cincuenta metros. El tronco debe haber sido expuesto durante mucho tiempo (de cinco a diez años, por lo menos) a la acción sucesiva de la lluvia, las heladas, y el sol, a fin de que, ante los bruscos cambios de temperatura (de +361° C a -221° C), la madera acabe resquebrajándose. Se partirá, igual que un corazón afligido, cuando se dé cuenta de que ha cesado definitiva e irremediablemente de ser un árbol, un joven abeto, y se ha convertido, definitiva e irremediablemente, en un poste eléctrico.
En ese momento, cuando el tronco, hendido y con heridas, comprende que permanecerá para siempre en el suelo, clavado hasta la rodilla, e incluso más allá de la rodilla, sin esperanza alguna de escapatoria, no le queda más remedio que mirar hacia la lejanía, hacia los bosques que le hacen señales con la cabeza. Y entonces tiene que aceptar que sus amigos más cercanos, sus amigos y compañeros, son esos dos troncos que están a unos cincuenta metros de donde él está, a su izquierda y a su derecha, tan tristes como él, e igualmente clavados hasta la rodilla en el mantillo de vegetación que cubre el suelo.
Cuando se les conecta por medio de dos hilos y se les coloca, en lugar de las ramas verdes, este juego de té chino (seis pares de tazas puestas boca abajo, en las que ni siquiera los pájaros podrán beber), entonces empezarán a cantar y a tocar sus cuerdas. Basta con pegar la oreja al poste; aunque eso ya no es un poste, ahora es un arpa.
Algunos lectores sin experiencia (que nunca han pegado la oreja a un poste eléctrico) pensarán quizá que el viento es indispensable. En absoluto es así. El tiempo ideal para un arpa de estas características es un día ardiente de julio, en plena canícula, cuando el aire vibra de calor y se llena de espejismos, cuando el tronco está seco y suena como si estuviera hueco.
Casi se me olvida: el lugar más idóneo para instalar un arpa así es al borde de una vía muy antigua. La de la que hablo ahora seguía el Camino de la Posta, construido en la época en que Panonia estaba habitada por los romanos. Gracias a eso la columna del arpa, como una antena, capta sonidos del pasado; las melodías vienen tanto del tiempo pasado como del tiempo futuro.
El juego de cuerdas cubre toda la gama de menor y, pasando por la dominante, llega con facilidad a la mayor.
Esto es todo en cuanto al instrumento en sí.
Ahora basta con darse la vuelta para comprobar que no hay nadie en el Camino Real, nadie entre el trigo, nadie en la cuneta, y nadie en el horizonte. En caso de que se acerque un carro cargado de paja, de alfalfa o de trigo, hay que esconderse rápidamente en la cuneta y esperar que pase.
Resulta obvio: es necesario estar completamente solo. No hay por qué incitar a las lenguas viperinas a que te tachen de loco, como a tu padre, y a que se pregunten qué estás haciendo con la oreja pegada al poste eléctrico. Algunos creerán que te has vuelto tan imbécil que ahora crees que en el tronco partido hay un enjambre de abejas, y que de repente te has vuelto muy aficionado a la miel; otros llegarán a decir que estás al acecho de los aviones de los aliados para informar a tus cómplices; incluso habrá algunos que, llevados por su imaginación, pensarán que estás recibiendo misteriosos mensajes del éter.
Por eso (entre otras cosas) vale más comprobar que no hay nadie en el Camino Real, nadie entre el trigo, nadie en las cunetas, y nadie en el horizonte.
Lo reconozco: si alguien no entiende nada de música podría creerse que, cuando pega la oreja al poste, está escuchando el zumbido lejano de los aviones para huir del camino y esconderse en la cuneta, o bien correr a toda prisa para avisar a los del pueblo que está a punto de llegar una escuadrilla de bombarderos. Pero ésa no es más que la primera (y falsa) impresión. Se trata más bien del acompañamiento, de los bajos en los que el niño reconoce el sonido del tiempo; porque desde el fondo de los tiempos y de la historia llegan sonidos como llegan desde los cuásares y desde las estrellas lejanas. (El olor de la resina derretida sólo es un estímulo, como cuando en un templo arden hierbas aromáticas, sándalo e incienso).
Mientras se queda con los ojos cerrados, lo que le canta el arpa al oído es lo siguiente: que dentro de poco ya no trabajará para el señor Molnar; que su padre jamás volverá; que abandonará la cabaña que tiene el suelo de tierra batida; que finalmente llegará a Montenegro, donde está su abuelo; que tendrá libros nuevos; que tendrá 1.500 lápices, 200 plumas, 5.000 libros; que su madre morirá pronto; que encontrará a la chica que amará para siempre; que viajará; que recorrerá mares y ciudades; que, remontándose a la historia más lejana y a los tiempos bíblicos, investigará sus turbios orígenes; que escribirá un cuento sobre el arpa eólica hecha con un poste y con los cables del tendido eléctrico.

Estos cuentos del escritor yugoslavo Danilo Kis pertenecen al volumen Tempranas amarguras. Formaron parte de una versión distinta publicada en el año 2000 por Muchnik Editores con el título Penas precoces. Esta traducción, obra de Aleksandar Grujicic y Eduardo Jordá, permanecía inédita.
Visto en fronterad
http://www.fronterad.com/?q=node/5163
April 07, 02:38 PM
 “Soñé que iba en un barco. Y había un marinero que llevaba un ataúd de niño. Levantó la tapa, hizo una reverencia y dijo: “El niño obispo…” Y un enanito completamente calvo se sentó en el ataúd. Vestía sotana, y llevaba un gran anillo azul en el dedo mediano. Cuando se puso en pie, el niño obispo era como un muñeco. Sus enormes ojos claros en un rostro exiguo y cruel, rodaban como los de un muñeco, cuando lo inclinabas de uno a otro lado. Saludó con una inclinación de derecha a izquierda cuando el marinero lo sostuvo en pie. Pero yo pensaba: -¿Qué hay en el agua?- y el corazón me dio aquel terrible vuelco.  Viaje la oscuridad, de Jean Rhys.

Los lectores de la inmortal Jane Eyre – y la propia Jane – recordarán siempre a la mujer fantasmal que vive encerrada bajo llave en Thornfield Hall, la mansión del reconcentrado y atormentado Rochester, esa mujer que una noche prende fuego a sus habitaciones en un ataque de locura en una escena memorable. Poco sabremos de ella: que era una criolla antillana con quien Rochester, obligado a un exilio en las colonias por su padre y su hermano, contrajo un matrimonio de interés. El padre y el hermano mueren y Rochester hereda la fortuna y propiedades familiares y puede volver a Inglaterra, lo que hace acompañado de su esposa, que sufre periódicos ataques de locura y a la que se ve obligado a enclaustrar. Pues bien, aquí tenemos, en El ancho mar de los Sargazos, un reto literario de primer orden: novelar la vida de aquella mujer, Antoinette Cosway, bajo la sombra imponente de una de las grandes novelas del siglo XIX inglés, Jane Eyre, de Charlotte Brontë.
La hazaña de Jean Rhys es singular, única. Formidable creadora de personajes femeninos solitarios, desamparados y desnortados, tiene en el de Anna Morgan (Voyage in the dark) el antecedente más directo de su Antoinette. Jean Rhys, al cabo de cinco novelas bien acogidas por la crítica y pronto olvidadas porque se adelantaban a su época, desapareció de la vida literaria y reapareció muchos años más tarde por casualidad: era una anciana que vivía en Cornualles y preparaba una novela, la que ahora nos ocupa. Su edición, tras variaciones interminables, le concedió la fama que se le había negado y murió poco después. Como su Sasha Jensen, el olvido, el alcohol y la desdicha la escondieron del mundo, pero al contrario que ella, alcanzó la gloria literaria con una novela imperecedera.
Antoinette es una joven criolla de familia esclavista. Se acaba de aprobar la Ley de Emancipación y Jamaica se convierte en un hervidero de odios y pasiones que sumar al ambiente misterioso, telúrico y sensual de la propia isla. Jean Rhys aprovecha al máximo su infancia en las islas para crear un escenario de una fuerza conmovedora en el que se entrelazan la añoranza de felicidad de la infancia y la progresiva pérdida del paraíso. Antoinette no tiene otro anclaje que el de su tierra amada y por él resiste todas las dificultades que le crean una madre histérica, dama criolla que no soporta los cambios que se están produciendo en su entorno social, y un matrimonio concertado por razones un tanto turbias que, finalmente, la arrancará de su último refugio. Jean Rhys cuenta todo ello con un estilo absolutamente moderno, por medio de dos voces: en la primera parte narra Antoinette y ahí quedan retratados su hipersensibilidad, sus miedos y su inestabilidad emocional. En la segunda parte quien narra es Rochester: si la voz de Antoinette se mueve a impulsos y se expresa a ráfagas de manera fascinante, la de Rochester es una voz ordenada que muestra tanto el fastidio por su situación de hijo y hermano repudiado como la incomprensión del mundo antillano, tan distinto de su Inglaterra natal, el cual se lo hace pagar a Antoinette. La audacia de Jean Rhys presentando esta cara de Rochester es sólo propia de un escritor de raza. Por último, en la tercera parte habla Antoinette de nuevo, pero esta vez desde su encierro en Thornfield Hall, presa de la locura y la frustración por la pérdida absoluta de sus raíces; es una parte que, con exquisito tacto y sabiduría, la autora resuelve en unas pocas páginas justas.
Hace años escribí en este mismo periódico que, tras la publicación de esta novela, ya no se podía volver a leer Jane Eyre con inocencia y ahora lo ratifico. Es una historia dura y sensual a la vez, de una intensidad conmovedora porque Jean Rhys sabe contar como pocos la fragilidad, el desamparo y la desafección, la soledad más sórdida y los sentimientos más depurados. Precisamente acompaña a esta nueva edición y traducción un libro inédito, Una sonrisa, por favor, intento de memorias que Jean Rhys no llegó a completar, en las que cuenta su infancia y adolescencia en Antillas y juventud en París y Londres, donde vivió en los tumultuosos años veinte trabajando como corista, haciendo de extra, viviendo en pensiones, siempre justa de dinero…, en fin, la experiencia que la llevó a concebir el ambiente de sus novelas y la mujer que albergó dentro de sí las vidas escritas de Anna Morgan, Marya Zelli, Julia Martin y Sasha Jensen, las derrotadas heroínas de sus novelas. Un camino que la lleva desde sus amadas, violentas y sensuales islas Windward a la Inglaterra fría y distante donde finalmente se escondió con su vida rota hasta que una adaptación teatral de una de sus obras obligó a buscarla por una cuestión de derechos de autor y la devolvió a la luz.

Texto: José María Guelbenzu. Babelia. El Pais.com. 05.12.2009.
April 07, 01:24 PM
Keith Haring (American, 1958–1990). Untitled, 1980. Sumi ink on Bristol board, 20 x 26 in. (50.8 x 66.0 cm). Collection Keith Haring Foundation. © Keith Haring Foundation

March 16–July 8, 2012
Morris A. and Meyer Schapiro Wing, 5th Floor
Keith Haring: 1978–1982 is the first large-scale exhibition to explore the early career of one of the best-known American artists of the twentieth century. Tracing the development of Haring’s extraordinary visual vocabulary, the exhibition includes 155 works on paper, numerous experimental videos, and over 150 archival objects, including rarely seen sketchbooks, journals, exhibition flyers, posters, subway drawings, and documentary photographs.
The exhibition chronicles the period in Haring’s career from his arrival in New York City through the years when he started his studio practice and began making public and political art on the city streets. Immersing himself in New York’s downtown culture, he quickly became a fixture on the artistic scene, befriending other artists such as Jean-Michel Basquiat and Kenny Scharf, as well as many of the most innovative cultural figures of the period. The critical role that these relationships played in Haring’s development as a public artist and facilitator of group exhibitions and performances is also explored. Pieces on view include a number of very early works never before seen in public; seven video pieces, including Painting Myself into a Corner (his first video piece) and Tribute to Gloria Vanderbilt; and collages created from cut-up fragments of his own writing, history textbooks, and newspapers.
Keith Haring: 1978–1982 is curated by Raphaela Platow. The exhibition is co-organized by the Contemporary Arts Center, Cincinnati, and the Kunsthalle Wien. The Brooklyn presentation is organized by Tricia Laughlin Bloom, Project Curator, and Patrick Amsellem, former Associate Curator of Photography, Brooklyn Museum.
This exhibition is made possible by Lisa and Dick Cashin with additional support provided by the Stephanie and Tim Ingrassia Contemporary Art Exhibition Fund.
April 07, 01:27 PM


Cuando se llega a considerar al árbol no tanto como el cuerpo del espíritu arbóreo, sino simplemente como su morada, de la que puede prescindir si gusta, se ha hecho un avance importante en el pensamiento religioso; el animismo va caminando hacia el politeísmo. En otras palabras, en lugar de mirar cada árbol como un ser consciente y vivo, el hombre solamente le ve como una masa inerte y sin vida en la que reside poco o mucho tiempo un ser sobrenatural que puede pasar libremente de un árbol a otro, gozando de ciertos derechos de posesión o señorío sobre todo el bosque, y dejando de ser un alma del árbol llega a ser un dios de la selva. Tan pronto como el espíritu arbóreo se ha zafado en cierta medida del árbol en particular, comienza a cambiar su figura y a tomar la humana, en virtud de la tendencia general del pensamiento primitivo a revestir de concreta forma humana a los seres espirituales abstractos.
 Por esto en el arte clásico las deidades silvanas están antropomorfizadas, denotando su carácter nemoroso por alguna ramita u otro símbolo igualmente patente. Este cambio de forma no afecta al carácter esencial del espíritu arbóreo. La potestad que manifiesta como alma arbórea corporeizada en un árbol sigue poseyéndola todavía como dios de los árboles, lo que intentaremos probar en detalle. Demostraremos primero que los árboles considerados como seres con alma tienen virtud acreditada para hacer que llueva o que el sol brille sin nubes, que los ganados y rebaños se multipliquen y que las mujeres tengan partos fáciles; y segundo, que las mismas virtudes exactamente se atribuyen también a los dioses arbóreos concebidos como seres antropomórficos o como encarnados de hecho en personas vivas.
 Sentemos, pues, primero, la creencia de que los árboles o espíritus arbóreos otorgan la lluvia y el buen tiempo. Cuando el misionero Jerónimo de Praga estaba persuadiendo a los paganos lituanos para que derribasen sus bosquecillos sagrados, una multitud de mujeres rogó al príncipe de Lituania le detuviera, diciendo que con los bosques destruía también la casa del dios por quien habían sido favorecidos con la lluvia y el buen tiempo. Los mundaris, en Asam, piensan que al derribar un árbol del bosque sagrado, los dioses silvanos demuestran su disgusto reteniendo las lluvias. Con objeto de procurarse lluvia, los habitantes de Monyo, pueblecito del distrito de Sagaing en la Birmania alta, escogieron el tamarindo más grande de los cercanos al pueblo y lo señalaron como escondite del espíritu (nat) que ordena las lluvias. 'Ofrendaron después pan, cocos, plátanos y aves al espíritu guardián del pueblo y al espíritu que concede las lluvias, rezándole además: "¡Oh Señor Nat ten piedad de nosotros, pobres mortales, y no detengas la lluvia. Considerando que te hemos dado nuestras ofrendas de buena gana, permite que caiga día y noche la lluvia". Después se hicieron libaciones en honor del espíritu del tamarindo y más tarde, tres mujeres de edad madura, vestidas con trajes de fiesta y adornadas con gargantillas y pendientes en las orejas, entonaron el "canto a la lluvia".
 También los espíritus arbóreos hacen prosperar las cosechas. Entre los mundaris, hay un bosque sagrado en cada aldea y "las deidades del bosque tienen la responsabilidad de las cosechas, siendo especialmente festejadas en todas las grandes fiestas agrícolas". Los negros de la Costa de Oro tienen el hábito de sacrificar al pie de ciertos árboles grandes e imaginan que si derriban alguno de ellos se pudrirían todos los frutos de la tierra. Los gallas bailan en parejas alrededor de estos árboles sagrados, orando para tener una buena cosecha. Las parejas están formadas por hombre y mujer unidos mediante un palo que tienen cogido por las dos puntas. Debajo de los brazos llevan espigas o manojos de hierba verde. Los campesinos de Suecia clavan una rama con follaje en cada surco de sus sembrados, creyendo que hacerlo así les asegura una buena cosecha. La misma idea se desprende de las costumbres alemana y francesa del "mayo de la siega"; éste, es una rama grande o un árbol entero que, adornado de panojas o espigas, traen a casa en la última carretada de mies y que después cuelgan del techo de la granja o del granero quedando allí todo el año. Mannhardt ha demostrado que esta rama o árbol personaliza al espíritu arbóreo concebido como el espíritu de ¡a vegetación en general y cuya influencia vivificante y fructificante es atraída así especialmente sobre el grano. Por esto en Suabia, el "mayo de la siega" es atado entre las últimas cañas de mies que quedan erguidas en el sembrado; en otros lugares lo plantan en el campo de siega y atan a su tronco el último haz que cortan.

También el espíritu del árbol hace que se multipliquen los rebaños y bendice a las mujeres con hijos. En la India septentrional, el emblica officinalis[1] es un árbol sagrado. El día onceno del mes Falgum (febrero) derraman libaciones al pie del árbol, atan a su tronco cuerdas rojas o amarillas y le ofrecen oraciones por la fertilidad de mujeres, animales y cosechas. También en la India septentrional, el coco es considerado como uno de los frutos más sagrados y al que llaman Sriphala o fruta de Sri, diosa de la prosperidad: es el símbolo de la fertilidad y por toda la India alta se guarda en capillas y los sacerdotes lo presentan a las mujeres que desean ser madres. En la ciudad de Qua, cerca del antiguo Calabar, crecía una palmera que aseguraba la preñez a cualquier mujer estéril que comiera uno de sus frutos. En Europa se supone que el "árbol mayo" o "mayo" posee evidentemente virtudes parecidas sobre las mujeres y también sobre el ganado. Así, en algunas partes de Alemania el día 1° de mayo los campesinos erigen un "árbol o palo mayo" y también un "ramo mayo" ante la puerta de los establos y cuadras, uno por cada vaca o caballo; piensan que así darán las vacas más leche. De los irlandeses sabemos que "se figuran que si sujetan contra la casa el día de mayo una gran rama de árbol, aumentará la producción de leche aquel verano”.
 Algunos wendas[2] acostumbraban el día 2 de julio a clavar en medio de la aldea un roble con un gallo de hierro en lo alto y bailar después alrededor, obligando al ganado a dar vueltas al árbol con la idea de que prosperase. Los circasianos estiman al peral como el protector de los rebaños; así, cortan un peral joven de la floresta, le quitan las ramas y lo traen a casa, donde le prestan adoración como una deidad. En la mayoría de las casas hay uno de esos perales. En otoño, el día de la fiesta, el árbol es conducido a la casa con gran ceremonia y músicas y gritos' de júbilo de todos los moradores que felicitan al árbol por su llegada afortunada. Le cubren de bujías encendidas y en la parte más alta de la copa colocan un queso. Alrededor del huésped arbóreo comen, beben y cantan. Al fin, le dan las buenas noches y le ponen en el patio o corral de la casa, donde queda arrimado al muro todo el año y sin recibir ninguna otra muestra de respeto.
 En la tribu maorí de Tuhou, "la virtud de fertilizar a las mujeres se achaca a los árboles. Éstos están relacionados con los cordones umbilicales de ciertos antecesores míticos, pues los cordones umbilicales de todas las criaturas que nacían eran colgados en ellos hasta tiempos muy recientes. Una mujer estéril que abrazase a uno de estos árboles, tendría un niño o niña según abrazase al árbol por el lado de levante o de poniente". La costumbre corriente en Europa de poner una rama verde el día primero de mayo o "día mayo", ante la casa o sobre la casa de la doncella amada, se originó probablemente de la creencia en el poder fertilizador del espíritu del árbol. En algunas partes de Baviera también ponen ramas en las casas de los recién casados y la costumbre solamente se omite si la esposa está cercana a su trance maternal, pues en este caso dicen que el marido ha "erigido la rama mayor por sí mismo". Entre los eslavos meridionales, una mujer que desee ser madre, siendo estéril, coloca una camisa nueva sobre un árbol con fruta la víspera de San Jorge! A la mañana siguiente y antes de que amanezca examina la prenda: si encuentra que algún bichejo ha trepado por ella, su deseo se cumplirá en el año. Entonces se pone la camisa confiando en que será fructífera como el árbol sobre el que ha pasado la noche. Entre los kara-kirguicios, las mujeres estériles ruedan por el suelo bajo un manzano solitario con objeto de tener prole. Por último, la virtud de conceder un parto fácil a las mujeres se adscribe a los árboles lo mismo en África que en Suecia. En algunos distritos de Suecia había antiguamente un bardträd o árbol guardián (limonero, fresno u olmo) en las cercanías de cada hacienda. Nadie podía arrancar una sola hoja del árbol sagrado, delito castigado con desgracias y enfermedades. Las mujeres grávidas solían abrazarse al árbol con la idea de tener un parto fácil. En algunas tribus negras de la región del Congo, las embarazadas se hacen vestiduras con la corteza de un árbol sagrado especial, porque creen que este árbol las libra de los peligros que acompañan al parto. La leyenda que muestra a Leto agarrada a una palmera y un olivo o a dos laureles cuando estaba dando a luz a los divinos mellizos Apolo y Artemisa, señala quizá una idea griega parecida: la creencia en la eficacia de ciertos árboles para facilitar el parto.


1]Parece ser el Phyllanthus emblica officinalis, en sánscrito amalaca: tiene un fruto que se empleó como curtiente y de él se extraía el aceite de mirabolano o aceite dulce: hay también otros árboles mirabolanos.
2]Pueblos de lenguaje eslavo, el sorbiano, que viven a orillas del río Spree.

La rama dorada
Trad.: Elizabeth y Tadeo Campuzano
Madrid, FCE, 1981
April 07, 01:24 PM

The God of Small Things

Lucian Freud Captured on Film


April 07, 01:27 PM
Señora y querida amiga:

¿Cómo van las cosas? Y lo que las guía: una insignificancia. Es una frase que leí, y en la cual pienso actualmente. Y entonces: ¿somos nosotros quienes buscamos, o nosotros somos buscados? También sobre esto habría que reflexionar. Por ejemplo, alguien vaga en la tarde, por las calles y los cafés, deambulando al azar, como me llega a suceder a mí que sufro de insomnio. Antaño al menos estaba Bobi, le ponía su correa y lo sacaba a pasear. Era un buen pretexto. Pero ha muerto, ahora ya no tengo ni siquiera esa excusa. Voy de aquí para allá, sin lógica, me quedo en las tabernas hasta que cierran, luego me paro y me voy. El doctor me ha dicho: usted es un caso clásico de homo melancholicus. Pero Durero dibujó la melancolía sentada, objeté, para la melancolía hace falta un asiento. Su melancolía es diferente, decretó, se trata de una melancolía móvil. Y me prescribió ejercicios motores.

Ayer, por ejemplo, tomé la dirección de la Puerta de Orleans. A decir verdad no me había dado cuenta de ello, caminaba, eso es todo. A lo largo del bulevar Raspail, los faroles ponían en evidencia el amarillo de las hojas en los árboles. Estamos al principio del mes de octubre...(sigue)


Pensé en el verso de un poema: el amarillo actual que tienen las hojas. Actual: lo que es ahora e inmediatamente después ya no. Lo que pasa. De este modo, pensé en el tiempo y en mi tránsito por él. Mis pasos iban rápidamente, seguía un itinerario guiado, sin darme cuenta de ello. Sólo me di cuenta después de la avenida General Leclerc, pues en otro tiempo, entre el ropavejero y el restaurante vietnamita, había una sastrería. Fue ahí donde me hice cortar un traje para la boda de Christine. No tenía dinero, o tenía muy poco, el sastre era un judío viejo y pequeño, el local se hallaba en mi trayecto de regreso a casa, y un día llamé a la puerta, había telas baratas y él me hizo un traje poco costoso. Es así como, paseando frente a este negocio que hoy ya no existe, me di cuenta de que era empujado, sin advertirlo, hacia el bulevar Jourdan y la Ciudad Universitaria. Tenía la costumbre, en esa época, de regresar a pie, a menudo en la noche profunda, pues el Metro dejaba de funcionar temprano y yo me quedaba para ver películas de cine club en un cine pequeño de Saint-Germain: La edad de oro, El perro andaluz, cosas por el estilo. Creía en las vanguardias. Era hermoso pensar que eran revolucionarias. Estéticamente se entiende. A lo largo del bulevar Jourdan, no lejos de una de las entradas a la Ciudad, hay un café que frecuentaba entonces. Iba ahí acompañado por un grupo de estudiantes japoneses con los cuales había trabado amistad, pues había debido rentar en la Casa de Japón durante cierto tiempo, ya que la casa de mi país era objeto de trabajos de reestructuración. En el grupo se encontraban una joven y un muchacho que ganaron mi simpatía. La joven estudiaba medicina y quería especializarse en enfermedades tropicales, pero soñaba con volverse cantante de ópera y tomaba lecciones en casa de un viejo avecindado en Marais(1). Su pasión era Puccini, y sucedía que llegaba a cantar arias de Madame Butterfly. Nos sentábamos en una mesita del café, afuera, en invierno, ella cantaba un bel di vedremo levarsi un fil di fumo, y de su boca salían nubecillas de aliento condensado. Yo decía que se trataba de ideogramas musicales de Puccini. Se llamaba Atsuko, y su amigo escribía haikús que nos traducía cuando le daba la gana. Recuerdo uno de ellos que decía:


La hoja cae
en el viento de octubre
flotando ligera.
Penoso es el tiempo de un lejano otoño pasado.


Sentados en este café soñábamos mundos posibles bebiendo jugo de toronja. Por la mañana, en los anfiteatros de la Sorbona, un viejo profesor de filosofía cuyo nombre no evocaba nada a nuestra abisal ignorancia, hablaba con gracia y genio del Remordimiento y de la Nostalgia. Nosotros ignorábamos lo que era, y por tanto esto nos fascinaba como los mundos lejanos que se suponen más allá de los océanos de la vida, sobre una ribera inaccesible donde jamás atracaremos. No obstante, henos aquí.


Ayer llegué, a merced de mis errancias nocturnas, a este cafecito de antaño. Y lo encontré idéntico, con los mismos rostros juveniles de mi época, y los estudiantes de la Ciudad que trabajan juntos hasta las tres de la mañana cuando el café cierra. Se visten por supuesto de manera un tanto diferente, y la música que escuchan ha cambiado. Sin embargo los rostros son los mismos, y los ojos, y las miradas. Ya no está la rocola donde insertábamos monedas para escuchar a Ornette Coleman, “Petite fleur”, “Une valse à mille temps”, sino una grabadora con música moderna: demasiado americana. A un lado de la nevera, el nuevo propietario ha instalado una repisita con casetes dejados a disposición de los estudiantes, quienes pueden hacer su elección e insertar el casete en el aparato que reposa en un banco donde una pancarta indica: Autoservicio. En la parte baja de la repisa, otra pancarta dice: From the World-De todo el mundo, y ahí se encuentran títulos de diversos países que los estudiantes han traído consigo o que sus amigos y parientes les envían. Se puede escuchar música de danzas rituales africanas, raga de la India, instrumentos de cuerdas de Anatolia, las lamentaciones de las geishas y todo lo que los hombres han inventado como maneras diversas de expresar lo que aprecian como armónico. En lo alto de la repisa, una pancarta indica Sección Nostalgia, ahí se encuentran reunidas las canciones que fueron las de nuestra juventud, aquellas de la posguerra, como “Le Déserteur” o “Est-ce ainsi que les hommes vivent”: en resumen, los sótanos de Saint-Germain: mujeres de negro con bufandas rojas, el existencialismo de café, el anarquismo musical de Boris Vian o Léo Ferré. Pensé: música antes que otra cosa. Y repetí esta frase en voz alta. Usted me vino al espíritu entonces, Señora. Es decir tú, a quien actualmente llamo usted, pero que para mí era tú entonces. No se pueden decir impunemente ciertas palabras, pues las palabras son las cosas. Ya debería saber esto en lo sucesivo, a mi edad y con todo lo que ha pasado. Sin embargo, las pronuncié. Sin pensar en la impunidad. Y usted, Señora, usted apareció en este balcón de Provenza. ¿Se acuerda? Estoy seguro de que se acuerda como yo, salvo que desde otro punto de vista, pues yo la veía desde abajo en tanto usted lo hacía desde arriba. ¿Y si embelleciéramos los recuerdos? ¿O si los falsificáramos? Después de todo, para eso sirve la memoria. Digamos que era junio. El tiempo era agradable, como lo es en Provenza.


Yo estaba quizá cruzando un campo de lavanda, y en el lindero de este campo se encontraba una casa de piedra cruda protegida por un almendro. Y como nos enseña la sabiduría china, bajo los almendros se pueden recordar las memorias de otro. ¿Acaso estoy confundido? Y bien, que así sea, estoy confundido.


Pero como usted sabe, Señora, todo es confuso. Solamente trato de disponer con torpeza toda esta confusión en un orden más o menos plausible. Y la plausibilidad presupone la falsedad, aunque sea ésta involuntaria. Por tanto, le ruego me comprenda. En cuanto a que en ese momento usted apareció en el balcón, a pesar de todo. Estaba desnuda, esto no puede usted recordarlo, como yo lo recuerdo, ahora, aquí, después de todo este después. ¿Comprende? Por supuesto que comprende. El coito tuvo lugar abajo, en medio de la lavanda, bajo el almendro. ¿Pasó un tractor por ahí? Puede ser, pero sin el arado mecánico.


Fue un largo abrazo sereno, casi inmóvil, y yo derramé mi semen en la lavanda. Con una flor violeta de lavanda humedecida con saliva, sequé su violeta más oculta. ¿Le parece telúrico, o simplemente de mal gusto? Poco importa: no he tenido sino pesadillas, pero también visiones tranquilizantes y eyaculaciones satisfactorias. Bellas, sin duda. Las ventanas en ocasiones no tienen postigos, se abren sobre horizontes mucho más enormes que los de la realidad. Es la ventana de mi cabeza. No deseo tirar nada, y todo esto no puede ser destruido. ¿Debería haberme quedado? No es imposible. ¿Quién sabe? Pero todo pasa y nada queda, decía otro. Y el ácido poeta pondera, atribuyendo el aforismo a un rabino siniestro: es verdad que has fornicado, pero fue en otro país, y además la muchacha ha muerto.


Es precisamente en el momento en que pensaba sobre todo esto, querida amiga, que sucedió un milagro miserable, de esos que la vida nos reserva a fin de que podamos adivinar algo de lo que fue, de lo que podría ser y de lo que podría haber sido. Una sugerencia que es necesario atrapar al vuelo, como la profecía póstuma de una sibila superflua. En esto un joven se levanta de la mesa. Lo veo. Es pequeño y rechoncho. Y tiene gel en el cabello. Una apariencia física muy francesa. Viene seguramente de Auvernia, me digo a mí mismo. Si no viene de ahí, tiene todo el aire de esa región. Se dirige hacia el mueblecito de la música y pone un casete. Y la luz aguda de Trenet, lacrimal, lacrimógena y por tanto realmente punzante, canta: Qué queda de nuestros amores, qué queda de nuestros días, una foto, vieja foto de mi juventud. Es solamente entonces que descubro sobre la mesa ante mí una carpeta azul, cerrada por una cinta blanca sobre la cual está escrito “Forbidden Games”, y la abro con gestos cautelosos y lentos como en una ceremonia antigua que me aguardaba luego de años. En el interior hay una fotografía de una mujer desnuda en un balcón. Esta dama no es usted, querida Amiga, siéndolo, pues es Isabel, pero es usted también, usted es Isabel, mi querida amiga, usted lo sabe. Es una cosa ineluctable. Y al reverso de esta foto, una caligrafía menuda y regular, que logro descifrar, ha escrito esta carta dirigida al mismo que escribe, y a mí a través de él, y a usted, una carta sin botella que ha navegado en no se sabe qué diafragmas del mundo para encallar aquí, sobre esta mesa manchada de círculos de cerveza en este café en la periferia de París. Y he comprendido que debía sustituir a un cirujano torácico y abrir un pecho, el mío, el Suyo, no sé, para extraer una esencia que dé un sentido no a la aorta, a los vasos sanguíneos, a los cuerpos cavernosos, sino a una biología diferente, alejada de las células, que fluctúa en otra parte cualquiera donde la vida y la literatura no se juntan, una suerte de hipermagdalena hecha no de palabras (demasiado fácil), no de megahertz, no de signos (¡por Dios!), sino simplemente de una voz viva que, como tal, muere apenas dicha, de la misma manera que la imagen muere apenas el objetivo se hace funcionar.


No, querida amiga, no es el senhal(2) de los enamorados poetas provenzales, no es lo indecible de los filósofos anoréxicos, no es la ligereza que querrían dejar en herencia a la posteridad, si la hay, ciertos escritores de este milenio mefítico apenas muerto, que han aprendido la lección malgastando su talento y su imaginación al escribir en beneficio de los manuales de narratología. Nada de todo eso, sin duda usted comprende. Son las nubes, querida amiga, en la acepción moderna del término, naturalmente. Las nubes que cubren cada vez más el rostro de la luna, la cual se aleja más y más, incluso si le han clavado una bandera como un mondadientes sobre la aceituna de un coctel. Pues bien, con un cielo tan bajo que un canal se ha colgado, concepto también emparentado con la Sección Nostalgia –pero si los canales pueden suicidarse, no es el caso de los imbéciles, éstos por desgracia no, que nos asfixian más y más. Le ruego no interpretar estos pobres delirios como declaraciones de poética. Si algún día lo hace, interprételos de manera existencial. O mejor, fe-no-me-no-ló-gi-ca. Porque el poeta es un pesimista, y todo el resto son nubes. La Ferocidad, la Evidencia, lo Politically correct, lo Plástico, el Cinismo. Y como si eso no bastara, los -ólogos, todos los -ólogos posibles e imaginables. Y los remordimientos y los arrepentimientos, de todas maneras ya no se recurre a mazorcas bajo las rodillas, un mea culpa tibio a la crema, por favor. Es insoportable, Señora, créame. Y luego la Ciencia. La Ciencia gracias a la cual los Fisionistas clamaron su eureka: ¡Hiroshima, mi pequeño hongo! A los sobrevivientes, heridas, deformaciones genéticas irreversibles, cánceres de todo tipo, mi querida amiga. Y muchos, muchos imbéciles. Y toneladas de aguafiestas. Para resumir: Zyklon-B(3), radioactividad e hilos dentados, como lo dijo alguien que conocía de esto. Todas las cosas que no son en verdad esenciales, ¿no cree usted? Y al mismo tiempo: ¡la ligereza!, como un lanzador de jabalina que corre descalzo sobre el césped del Olimpo. ¡Qué elegancia! O incluso: La Vida, la Vida certificada por el Todo-vestido-de-blanco en su ventana (qué de balcones y ventanas en esta historia, Señora, ¿ya lo notó?). Por supuesto, ¿pero la vida de quién? ¿Y con qué hábiles manejos, además? Si nos limitamos a derramar el semen en medio de la lavanda, ¿no sería también un arreglo, digamos un discurso del método? Tómelo como un doble sentido, una metáfora de la percepción que alguien como yo puede tener de sí mismo: por ejemplo el sentido de la escritura. Y durante este tiempo, quién sabe si usted, querida amiga, que como yo frecuentó los intersticios, aprenda cómo funciona una historia, que no es sino literatura porque usted conoce bien la vida, mejor que yo, usted la domina, actualmente todo es tranquilo para usted, todo está “en orden”, y esto se lo envidio, créame. ¿Estamos en la auto o heterodiegética(4)? Es en verdad necesario resolver este espinoso problema. En resumen, que no es mas que una novela pseudoautobiográfica de la cual le dejo aquí un pequeño condensado en esta no botella, digamos una novela hipotética, un pequeño motor del género hágalo-usted-mismo que también puede obtener llenando el espacio en blanco entre los intersticios como en los dibujos de ciertas revistas de enigmas y acertijos que ante todo sirven para matar el tiempo.


Demos un paso atrás. Durante este lapso había salido al aire gélido de París. El alba (no lívida) aclaraba los jardines de la Ciudad Universitaria. Estaba estupefacto, o si usted lo prefiere perplejo, y tenía en una mano esta carta encontrada en una no botella, que transcribo para usted:


Habría sido hermoso que ganases la partida. Jugabas en el patio de una casa pobre, en verano, ¿te acuerdas?, o no, mejor dicho era el fin de la primavera, y este verde, todo este verde alrededor, ¿te acuerdas? La fuente comunal de hierro colado, verde también, con un grifo de cobre, aún tenía inscrito junto a los escudos de armas reales la marca de Antiguas Fundiciones. Un jarro, una mujer desnuda sobre el balcón, ella habría querido hablarte, si hubiese podido, pero era una imagen de lo eterno, y lo eterno no tiene voz. Pasabas por ahí, ignorante como todos los transeúntes. Atravesabas algo sin saber qué. Y así te alejaste, poco a poco, hacia otra parte. Claro que debía haber otra parte, pensaste. ¿Pero esto era cierto? Extranjero, también tú, en esa otra parte. Las nubes, las nubes, que cambian de forma sin cesar, circulan por el cielo. Y viajan sin brújula. Estrella polar, Cruz del Sur. Vamos, sigamos a las nubes. Aceptemos la partida con las nubes, aceptemos el desafío, por ejemplo: ¿cómo se disputa este juego? Nimbos, cirros, cúmulos: son los jugadores que presenta el equipo contrario. Aquí está el primero en llegar. Con él hubo un duelo áspero. ¡Ah, los molinetes que hacías con tu sable! Ilustre caballero que participaste en la justa, tu valor no tuvo igual, e incomparable fue tu osadía, magnífica tu generosidad al defender los ideales nobles. Cortaste las piernas del feroz nimbo que escupía truenos y relámpagos. Hiciste dar vueltas como una pelota errática al cúmulo redondo que se adaptaba a toda su redondez. Y el gran cirro, tan orgulloso de su “cirridad” y cuya crema chantillí enmascaraba la nada, se dio a la fuga en la lejanía. ¡Noble caballero, qué combate! Y todo esto sin armadura. Después te fuiste hacia otras partes, frágil pero fuerte, sólido como una roca y sin embargo en equilibrio precario. Viajes por senderos que se bifurcan, caminos de Santiago de Compostela, mares nunca navegados anteriormente, ella iba ligera, tu piedra delicada, caballero sin mancha y sin miedo, con todos los miedos del mundo y todas las manchas solares.

Hasta el momento donde el viaje de ida se volvió el de retorno.


Habría sido hermoso que ganases la partida, dijo el gitano ciego. Pero yo no canto el futuro, canto el pasado. En cuanto al futuro, está tranquila, en el periódico de la mañana un actor muy conocido dijo que está viejo y se jacta, la patria en tanto que patria incluso si es ingrata nos fascina y debemos amarla (carta no firmada), si respondes a la pregunta más difícil del Gran Concurso y si dominas con seguridad los eventos logrando convertirte en el punto de referencia de ti misma, ganas veintiocho puntos y un viaje a Zanzíbar y, además, al menos por esta semana, la influencia positiva de Urano te vuelve inusualmente prudente, evitándote el peligro de alimentar ilusiones inútiles. Si por el contrario quieres conocer las predicciones de tu horóscopo, te las vendo por dos monedas, es un horóscopo caduco, puedes leerlo al revés hasta la época en la que jugabas en el patio de una casa pobre. Era en verano, ¿te acuerdas? Sobre la banca de alguna estación flota el globo olvidado por un niño y la mujer desnuda en el balcón ha cerrado la ventana.


Mi querida amiga, quisiera poder citarla en otro café que no sea éste, equivocado, donde nos hemos esperado en vano. Pero no sé dónde se encuentra. Y temo que más que un café normal, sea un Café con mayúscula, su imagen eterna e inmutable, una especie de idea platónica de un Café donde se sirve café. Es verdad, nadie nos podrá quitar lo que hemos vivido, puesto que estamos en busca de los intersticios. Pero me hago la pregunta: ¿para qué haberlos buscado tanto? ¿Para encontrar ahí los Encabalgamientos del meditabundo versificador Aristide Dupont, intrépido continuador de la línea poética picarda? ¡Vamos, marchemos a toda prisa! De intersticio en intersticio, se acaba por llegar al retiro merecido de quien ha sido Funcionario Público. Y en cuanto a las citas, el tiempo concedido se ha escapado, como la vida: se era posmoderno en el siglo pasado. A propósito, habría querido, la tarde de la que hablo, poner el casete de una canción que me parecía de circunstancia, y cuyo estribillo dice: “Dove vai Gigolin, con il tuo Gigolò, è finita la giava che si ballava tanti anni fa.”(5) Pero no lo traía conmigo, y luego el dueño quiso cerrar la tienda, los músicos bajaron sus instrumentos. Se la canto sin acompañamiento, como lo hacía antaño.


Adiós mi querida amiga, o puede ser hasta la vista en otra vida que ciertamente no será la nuestra. Pues los juegos del ser, como lo sabemos, están prohibidos por eso que, antes de ser, ya ha sido. Es el pequeño y por tanto insuperable forbidden game que nos impone nuestro Tiempo Actual.
Suyo

p.p.
p.s. Este texto forma parte de una serie de historias que decidiré publicar un día en tanto encuentro los personajes que las han vivido. Por el momento, a falta de algo mejor, las iniciales p.p. son del personaje Passe-Partout.
(1) Barrio de París.
(2) Voz provenzal que significa seudónimo. En la literatura provenzal los trovadores solían encubrir a los destinatarios de sus obras por medio de “senhales” o seudónimos, que podían corresponder tanto a la mujer amada como a cualquier otro personaje.
(3) Gas utilizado por los nazis en las cámaras de exterminio.
(4) Diegética: relativo a la diégesis, es decir, al universo de la obra.
(5) A dónde vas Gigolin, con tu Gigoló, terminó la java que hace tantos años se bailaba. (Notas del traductor.)

Traducción de José Abdón Flores



Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2001/02/11/sem-tabucchi.html

Read more: http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2007/04/antonio-tabucchi-carta-una-dama-de-pars.html#ixzz1q9EzQXTq
April 07, 01:27 PM
-¿Y nunca has preguntado a nadie acerca de esa casa de la puerta? -preguntó Mr. Utterson.
-Pues no señor, he tenido esa delicadeza -fue la respuesta-. Estoy decididamente en contra de toda clase de preguntas. Me recuerdan demasiado el día del juicio Final. Hacer una pregunta es como arrojar una piedra. Uno se queda sentado tranquilamente en la cima de una colina y allá va la piedra arrastrando otras cuantas a su paso hasta que al final van a dar todas a la cabeza de un pobre infeliz (aquel en quien menos habías pensado) que no se ha movido de su jardín, y resulta que la familia tiene que cambiar de nombre. No señor. Yo siempre me he atenido a una norma: cuanto más raro me parece el caso, menos preguntas hago.
-Sabio proceder, sin duda -dijo el abogado.
Robert L. Stevenson - Dr. Jeckyll y Mr. Hyde
April 07, 01:27 PM
En otro de sus muy bellos libros, la editorial Elba ha publicado un escrito de Michael Peppiatt cuyo título, "El taller de Giacometti", describe con toda exactitud su contenido.
El artista suizo no sólo es uno de los más seguros inmortales del siglo XX, sino además un tipo estupendo. Basta verle en la foto que hace de frontispicio. Era bajito, un tanto corcovado, con la cara hecha a puñetazos, más feo que Picio y maravillosamente hermoso. Más hermoso y más alto que Perceval y que Orlando.
Tras su llegada a París se instaló muy pronto en el taller del que ya no se movería en el resto de su vida, un agujero de veinte metros cuadrados, sin agua ni calefacción, pero de altos muros que auspiciaban una especie de terracilla donde dormía envuelto en trapos su hermano Diego. Ni la más alta influencia pudo arrancarle de aquel lugar, y mucho menos cuando, años más tarde, era un artista famoso y había ganado millones. Nadie sabe qué se ha hecho de aquella fortuna, porque a Giacometti, como al Santo Padre (en palabras del secretario de la reina Isabel II), no había modo de adivinar en qué se les iba el dinero.
En aquel lugar donde al principio tropezaba constantemente con la silla (una), la mesa (otra), la escultura (dos o tres), un caballete, el orinal, la frasca de vino, y otros menesteres imprescindibles para la creación artística, poco a poco fue construyendo sus piezas y llegó un momento en que él mismo se sorprendía porque cabía perfectamente el coloso de tres metros dando un paso adelante. Llegó a creer que el taller se ensanchaba y crecía al mismo ritmo que su energía artística, como si él fuera un pianista y el taller la orquesta. Se diría que el edificio había sido construido con un material que se expandía por estímulo espiritual.

Es muy posible, además, que así fuera. Los lugares sagrados son espacios desconcertantes, caprichosos y generalmente baratos. Aparecen en donde menos se piensa, es inútil buscarlos porque sólo es posible encontrarlos, no se perciben a simple vista ya que su naturaleza sacra sólo se muestra mediante el sacrificio, que es lo propio de los espacios sagrados, si no, se llamarían de otra manera.
Cuando Giacometti entró en el taller, seguro que era un agujero maloliente y mezquino. Fue su sacrificio, terco, dramático, su ígnea voluntad de arrancarle al vacío una figura humana y más que humana, lo que iría transformando el agujero en un lugar sagrado. Naturalmente, una vez entró en funcionamiento lo sagrado, no hubo quien le arrancara de allí, más bien al contrario, por el estudio pasó todo el mundo, desde el suntuoso Picasso hasta la zorzal Anette, entraban siendo individuos de escasa calidad y salían refulgiendo como el oro.
En una ocasión disputé con un amigo la escandalosa y augusta diferencia de dos lugares sagrados tan opuestos como significativos. Uno era el Monte Sinaí y el otro el Oráculo de Delfos. En el primero sólo había carrasca, derrumbe, pedruscos y un puñado de huesos de cabra. En el otro, fuente con charco, gruta de ninfas, frondosas encinas y lo mejor de la sociedad helena paseando en peplo de gala. En el primero y por la típica indecisión hebrea, el cliente, Moisés, tuvo que volver a subir para que le rehicieran el producto porque las Tablas se le rompieron nada más pisar el valle. En el segundo, muy al modo griego, la dispensación de oráculos estaba perfectamente organizada y al entrar se podía leer un cartelón escrito en aquella lengua tan bonita en donde se especificaban los diferentes precios del oráculo, si era cantado, recitado, en verso, si era en prosa, si se prefería esculpido en mármol de Paros, etc.
Un agujero maloliente, un collado reseco y yermo, un mercadillo... Y sin embargo, sobre los tres había descendido la divinidad tras aceptar el sacrificio por escaso que fuera su valor ya que las divinidades no atienden a nuestra manía de poner precio a las cosas, sino al deseo, tan sólo al deseo. Y mucho desearon Giacometti, Moisés y las mozas de Atenas que acudían con su borrego sacrificial a preguntar a Apolo si las iba a amar un hoplita muy hombre que les había guiñado un ojo mientras aspiraba una ramita de romero en las últimas celebraciones eleusinas.
Es el deseo y sólo el deseo, unido al sacrificio y sólo al sacrificio, lo que hace descender a las divinidades y convertir modestos lugares en templos perdurables. Todavía hoy sigue sucediendo.
FOTOGRAFIAS
©Ernest Scheidegger
©Daniel Frasnay


April 07, 01:28 PM

Paul Graham " Fotografiar es fácil, fotografiar es difícil"



“Es tan fácil que es ridículo. Es tan fácil que no puedo ni comenzar, no sé por donde empezar. Después de todo es solo cuestión de mirar a lo que te rodea. Todos lo hacemos, es simplemente una manera de grabar lo que ves, apuntas con la cámara y presionas el botón. ¿Es tan difícil? Y todavía más, ahora en la era digital es gratis, ni te cuesta lo que vale un carrete. Es tan simple y tan básico que es ridículo.

Es tan difícil porque está por todas partes, en todos los lugares, todo el tiempo, incluso ahora. Es la imagen de este bolígrafo en mi mano mientras escribo, es la imagen de tu mano sosteniendo este libro. Deja lentamente llevar tu conciencia fuera de este texto y mira: está justo ahí, en el otro lado de la habitación, y allí… y allí.

Entonces se va. Tú no lo has fotografiado, creías que no valía la pena y ahora es demasiado tarde, ese momento ha desaparecido. Pero otro ha llegado, en un instante. Ahora. Porque la vida fluye a través y alrededor nuestro, avanzando deprisa, deprisa y en todas direcciones.

Pero si está en todas partes y todo el tiempo, y es tan fácil de hacer, entonces ¿qué valor tiene? ¿qué fotos merecen la pena? ¿La foto conseguida a base de esfuerzo, preparada, controlada, pre-visualizada? Sí ¿Aquellas artificiales, secas y esmeradas? A veces ¿Es tal vez la foto improvisada, por estar en el sitio y en el momento adecuados? Por supuesto ¿Puede ser una expresión intuitiva? Exactamente.

Tal vez sea el resultado de años de buscar, ver, pensar sobre la fotografía. Definitivamente.








¨Solo una lección da la vida: que hay más accidente/azar en ella de lo que el hombre pueda admitir en toda su vida manteniéndose cuerdo.¨
Thomas Pynchon, V


Vale, entonces ¿cómo puedo encontrarle sentido a ese fluir interminable, esa niebla que cubre la vida aquí y ahora? ¿Cómo puedo ver a través de ella? ¿Cómo puedo cruzar esa frontera? ¿Me lanzo a andar por la calle y hago fotos a extraños? ¿Hago una fotonovela entre mis amigos? ¿Fotografío solo a mis allegados, a mi familia, a mi? ¿O quizás debería solo fotografiar paisajes, las rocas, los árboles – ellos no se mueven, ni se quejan, ni te hacen esperar?. ¿Las casas antiguas? ¿Las casas modernas? ¿Me voy al otro lado del mundo a las zonas de conflicto o a la tienda de la esquina, o ni salgo de mi cuarto?

Sí, sí y sí. Esa es la elección por la que estás tan mimado, pero no dejes que te detenga. Ten cuidado, pero no te quedes atascado – relájate, está en todo y por todas partes. Lo encontrarás y te encontrará a ti, solo empieza, de algún modo, pero empieza.

Sí, pero ¿no debería tener una idea coherente? ¿No debería saber primero lo que estoy haciendo? Eso estaría bien, pero dudo que Robert Frank supiera todo el sentido de lo que hacía cuando comenzó, o igualmente Cindy Sherman o Robert Mapplethorpe o Atget o… Así que no deberías esperarlo. Mientras más planeado lo tengas, menos espacio dejarás al azar.

Para que el mundo te hable, para que la idea se encuentre a si misma, permitiendo dar lugar a la ambigüedad y a la ambivalencia, que muchas veces son más importantes que la claridad y la certeza. La obra a menudo dice más que lo que sabe el autor.








Vale, pero la fotografía no siempre entra dentro de proyectos con coherencia y organizados, así que a lo mejor necesito vagar libremente por este mundo, sin limitarme, fotografiando lo que sea cuando quiera: el cielo, mis pies, el café, las flores que acabo de ver, mis amigos, mis amantes ¿y tendrá sentido porque todo eso es mi vida? Quizás. Algunas veces funciona, otras es indulgente, pero debe ser tu elección, porque tú eres libre también de ¨no tener sentido¨.


“Al final incluso este relato es absurdo, lo cual es una parte importante de la cuestión, si es que hay alguna, ya que no tener ninguna en absoluto parece formar parte de la cuestión.”
- Malcolm Lowry, Ghostkeeper.


Vale, necesito tiempo para pensar sobre todo esto. Permitirme esa libertad por un tiempo. Un par de años. Quizás no encontraré mi respuesta, pero quizás estaré alrededor de otros que entiendan esta pregunta, que hayan llegado a un punto similar. Quizás comenzaré por el camino equivocado, o por las razones equivocadas –porque me gustaban las cámaras, porque creía que la fotografía sería una opción fácil-. Pero me obligaré a intentarlo, entonces quizás me tropiece con algo que cobre sentido para mí, o simplemente sienta que esté bien. Si me concentro en eso, quizás crezca, y de manera modesta e indescriptible comience a cobrar sentido.

Como fotografiar a la comunidad Árabe–Americana, como seres humanos con vidas, esperanzas, familias y sentimientos, heterosexuales, homosexuales, jóvenes, viejos, con toda la humanidad que Hollywood nunca les ha dado. O la comunidad negra de New Haven, en la que se hacen charadas teatrales inexplicables, llenas de alegría, que rompen mis ideas preconcebidas en mil pedazos. O los ecos de las instantáneas divertidas-perturbadoras-tristes de mi antiguo novio. O el paisaje anónimo de los suburbios del norte del estado, en la manera en que define las imágenes espectaculares de las que estamos adictos. O… como las mujeres usamos nuestros cuerpos para mostrar lo que creemos que deberíamos ser. O…










¿Una novela? No, ya no tengo la resistencia. Para escribir una novela tienes que ser como un Atlas, sostener el mundo entero sobre tu espalda y aguantar allí meses y años mientras los casos se van resolviendo.
J. M. Coetzee, Diary of a Bad Year.


Y tengo la esperanza de continuar y desarrollarlo, porque merece la pena. Continuar porque importa, y hay muchas otras cosas que no importan: el trabajo para ganar dinero, los encargos editoriales, las fotos de moda. Entonces un día estará lo suficientemente desarrollado para creer que está terminado. Hecho. Y a su manera: una contribución, y todo el esfuerzo y las frustraciones y el tiempo y el dinero desaparecerán. Ha merecido la pena, porque es algo real, que no existía antes de que tú la crearas: una obra que transmite con fuerza y sensibilidad, que habla de este mundo y de los que te rodean en él. ¿No es precioso?"



Visto en http://elpatiodeldiablo.blogspot.com/ 
April 07, 01:24 PM

March 2, 2012 – June 10, 2012



Richard Serra Drawing: A Retrospective is the first retrospective of the artist’s drawings, as well as the first major one-person exhibition organized under the umbrella of the Menil Drawing Institute and Study Center.  While Serra’s sculptures have been widely recognized and the subject of numerous museum exhibitions, his drawings, which have played a crucial role in his work for over forty years, have not received a critical overview. This exhibition, with work from major European and American public and private collections, traces Serra’s investigation of drawing as an activity both independent from and linked to his sculptural practice. Organized chronologically, it addresses significant shifts in concept, materials, and scale, and culminates with new large-scale works completed for this presentation.
In the early 1970s Serra drew primarily with ink, charcoal, and lithographic crayon on paper. At first a means for the artist to explore form and perceptual relations between his sculpture and the viewer, the drawings eventually became autonomous works of art. They increased to human-scale, and bold forms created with black paintstick exploded the boundaries of the paper support. In the mid 1970s, Serra made the first of his monumentally-scaled Installation Drawings, the artist’s original version of the dialectic between radical scale and radical technique in an architectural context. Working on site, he attached Belgian linen directly to the wall. Paintstick, melted down and recast in large heavy blocks, was applied using repetitive and vigorous physical gestures. The resulting fields of black disrupt and complement existent spaces and began to occupy entire rooms towards the late 1970s. 
Within the last twenty-five years, Serra has continued to invent new drawing techniques. In the late 1980s he explored how to further articulate the tension of weight and gravity by placing pairs of overlapping sheets of paper saturated with paintstick in horizontal and vertical compositions. In his most recent work, since the 1990s, he has embarked on numerous series with a remarkable variety of surface effects. Often working on the floor and using a mesh screen as an intermediary between the gesture and the transfer of pigment to the paper, he persists to achieve effects that offer new ways to consider drawing. In short, Serra is among a significant group of artists whose transformative work irrevocably changed the practice and definition of modernist drawing, and challenged drawing’s role in the traditional hierarchy of media. 
Richard Serra Drawing: A Retrospective is organized by Menil Curators Bernice Rose and Michelle White, and by Gary Garrels, Senior Curator of Painting and Sculpture at the San Francisco MOMA.
The exhibition first opened in April 2011 at the Metropolitan Museum of Art, and at the San Francisco Museum of Modern Art in October 2011. Roberta Smith, in her review of the exhibition in the New York Times, called the work “genuinely radical” and “physically unsettling.”
This exhibition is generously supported by Laura and John Arnold, National Endowment for the Arts, Sotheby’s, Eddie Allen and Chinhui Juhn, the Frances Dittmer Family Foundation, Paul and Janet Hobby, David and Anne Kirkland, Emily Rauh Pulitzer, the Taub Foundation: Marcy Taub Wessel, Henry J. N. Taub II, and H. Ben Taub; the Four Seasons Hotel Houston, Clare Casademont and Michael Metz, Invesco, Janie C. Lee and David B. Warren, Skadden, Arps, eEvents Group LLC, Gensler, Scott and Judy Nyquist, Lois and George Stark, Texas Crude Energy, LLC, W.S. Bellows Construction Corporation, Michael Zilkha, and the City of Houston. 
 http://www.menil.org/exhibitions/RichardSerraDrawinginRetrospect.php
April 07, 01:28 PM
En la ciudad fantasma
Kevin Bauman retrata las casas vacías de Detroit, la ruina de la era industrial
Detroit es como un donut. Vacío por dentro, lleno por fuera. Muchos lectores españoles tuvieron una primera noticia del 'caso Detroit cuando apareció, hace una década, la novela 'Middelsex', de Jeffrey Eugenides, que contaba, entre otras cosas la decadencia de la ciudad a partir de los disturbios de los años 60. Después llegaron las fotografías de Jordi Bernadó, que retrató los restos de aquella huida: el gran teatro 'art decó' convertido en aparcamiento, los solares vacíos, las parcelas céntricas cultivadas por agricultores precarios. Y, ahora, llega el éxito más o menos viral de '100 abandoned houses' un proyecto fotgráfico de Kevin Bauman que retrata lo que anuncia su nombre: las casas abandonadas de la ciudad en la que nació y creció.
Bauman explica su trabajo a ELMUNDO.es a través de un correo electrónico: "Detroit fue la capital del automóvil de Estados Unidos, si no del mundo entero. La gente llegaba para trabajar en las líneas de montaje de los Big Three (General Motors, Ford y Chrysler) por buenos salarios. Lo malo es que esos buenos trabajos no requerían de mucha formación, por lo que, mientras que el resto del país se convertía en una economía de los servicios y la información, Detroit se quedó atrás. Después, cuando otros países empezaron a ser capaces de fabricar los mismos coches con costes más bajos, Detroit empezó a perder población, a tener niveles bajos de educación y tasas altas de delincuencia. La población cayó de los dos millones de habitantes a 700.000, así que muchas casa quedaron abandonadas".
"Muchos habitantes de la ciudad", continúa Bauman, "no quieren ni oír hablar de buscar un lugar mejor que Detroit para vivir. Pero la historia es diferente si se escucha a los que se han ido. La ciudad es muy grande geográficamente, 362 kilómetros cuadrados, y existen inmensas zonas vacías.También es verdad que mucha gente joven y creativa ve una oportunidad en la ciudad, porque pueden comprar casa por menos de 10.000 dólares. No es que la vida sea fácil, pero no hay muchas ciudades que permitan una vida bohemia y confortable con precios así. De hecho, la población en el centro de la ciudad ha subido... Mientras, están las clases trabajadoras industriales, que resisten como pueden en su mode de vida de clase media".
¿Y cómo se siente el propio Bauman ante esa ciudad fantasma? "Empecé con el proyecto como una manera de entender mejor Detroit. Desde que tengo memoria, Detroit no ha hecho otra cosa más que decepcionar. No podía entender ese proceso de degradación, mientras los suburbios tienen tanto dinero. La curiosidad me llevó a hacer las fotografías, aunque nunca pensé que pudieran conectar con tanta gente. Me gustan por lo que son: el documento de un periodo en la historia de Detroit. Me gustan una a una y como serie, y espero que a otros les ocurra lo mismo".
Luis Alemany | Madrid
VISTO EN "EL MUNDO"

April 07, 01:28 PM

“Si pudiera, me gustaría verlo todo… Mis ojos son indecentemente devoradores”.













"El estilo documental de Tomatsu está construido desde la subjetividad, afirmando su propia experiencia física y emocional como vía de acceso a lo real, con fuertes contrastes y ángulos forzados que acentúan la sensación de caos y el impacto psicológico de la toma, y una composición que tiende a la abstracción y a la incorporación de elementos surrealistas. Sin duda por ello, sus mejores trabajos son precisamente aquellos que se acercan al retrato de una sociedad convulsa e inestable en el proceso de cambio, o cuando reflejan la confusión o el horror. Algo perfectamente visible en las imágenes de objetos deformados y pieles llenas de quemaduras y cicatrices a través de las cuales nos transmite los efectos de la explosión nuclear sobre Nagasaki, una realidad tan abismal que su narración sólo puede ser elíptica para ser eficaz."visto en EL PATIO DEL DIABLO


April 07, 01:24 PM
Fountain Art Fair New York at the 69th Regiment Armory
March 9–11, 2012 | 68 Lexington Avenue at 25th Street
 
Presenting an edgy alternative to the traditional art fair, Fountain Art Fair prepares to take Armory Arts Weekend by storm with an exhibition of avant-garde artwork and installations, special events, contemporary performance art programming, live music, and a site-specific outdoor projection at the 69th Regiment Armory (68 Lexington Avenue). “Fountain Art Fair exemplifies the radical spirit of the original 1913 Armory show, and it is an honor to have them at the 69th Regiment Armory for the 99th anniversary of that monumental exhibition,” said Sgt Tamara Gabbard, 42 Infantry Division Headquarters, Public Affairs.
 
Fountain, which has tripled its venue size by moving to the historic 69th Armory, remains true to its progressive roots by hosting not one, but two events during its New York run. Contemporary art gurus Artlog will kick off an unforgettable celebration at Friday’s Opening Night Reception (March 9, 7 - 11pm), featuring an appearance by the defiant art-improv collective Art Liars. Music remains an integral part of the fair with a DJ set by New York legend Fab 5 Freddy - who will also be exhibiting his original artwork - and a live performance by psych-rockers Spirit Animal during Friday’s reception. On Saturday, visitors now have four extra hours to soak up Fountain’s art-fueled frenzy: the fair has extended Saturday hours until 11pm for an exciting Saturday night event curated by nonprofit partner Art for Progress.
 
Fountain is also thrilled to announce its weekend-long series of contemporary visual performances curated by Jill McDermid, founder and co-director of the renowned Grace Exhibition Space, which will feature multimedia performances by Quinn Dukes McDivitt.  Fountain’s performance art schedule also includes Marni Kotak of Microscope Gallery; recently lauded for her groundbreaking and extremely personal work: The Birth of Baby X.
 
Among Fountain’s outstanding roster of over 50 independent exhibitors, Big Deal Arts will create a special site-specific architectural projection on the facade of the magnificent 69th Regiment Armory itself, which will be filmed on-site a week before the exhibition. “It’s a privilege to be presenting with this amazing group of gallerists and artists in an equally remarkable venue,” said Ginger Shulick, director of Big Deal Arts.
 
Don’t miss Big Deal Art’s spectacular projection on the outside of the 69th Regiment Armory and the cutting-edge art that will be presented within - advance tickets to Fountain Art Fair are available online here!
 
Prospective exhibitors can submit applications for Fountain New York 2012 by clicking here
 
 
Fountain New York 2012 Exhibitors:
5 Pointz Art Space * Albany Center Gallery * Andrew Kennelly and Eric Tureski * Art For Progress * Art Mazinga Gallery * Asan Gallery * Big Deal Arts * Broadway Gallery * Bushwick Gallery * Cheap & Plastique * creamhotel * Curcio Projects presents: Christopher Hart Chambers and Michael Zansky * Dacia Gallery *  Evo Love * Fab 5 Freddy * Fine Arts International * Francesca Arcilesi Fine Art * Front Room Gallery * Gallery DEN * Gallery G2 * GILF !* Grace Exhibition Space * Hullabaloo Collective * Ian Ross * iArt-4 Collective * Javier Jimenez* K & P Gallery * Kelsey Marie * KESTING / RAY * Lambert Fine Arts * Leslie Lyons * Marianne Nems * Mark Demos * Mayjune Gallery * Michael X Rose * Microscope Gallery * Mighty Tanaka * Mind the Art * MUNCH GALLERY * Murder Lounge * Now Gallery * Post Nature Art * Republic Worldwide * Ross Brodar and Daniel Belardinelli * Sarah Trouche * Solo(s) Project House *The Body Paint Gallery (AKA Gallery ML) * The G-Spot * The Marketplace Gallery * Tinca Art * Uprise Art *  YES Gallery * Zoom Gallery
 
 
Fountain Art Fair New York at the 69th Regiment Armory
March 9–11, 2012 | 68 Lexington Avenue at 25th Street
General Hours: Saturday–Sunday March 10 & 11, 1pm–7pm
 
Special Events:
Friday March 9, 1pm–7pm - VIP & Press Preview
Friday March 9, 7pm–11pm - Artlog Opening Night Reception, Fab 5 Freddy (DJ set) & Spirit Animal
Saturday March 10, 7–11pm - Art For Progress presents: Saturday Night Party, Performances TBA
 
Tickets:
At the door - $10 daily / $15 weekend pass
Online at reduced rates - $8 daily / $13 weekend pass / $45 VIP Pass
 
About Fountain Art Fair:
“Our preferred punk rock, lopsided Anti-Fair.” - Brooklyn Street Art
“Possessed of a scrappy, youthful verve lacking in its more prestigious neighbors.”  - Artforum
“A celebration of the work that’s changing the face of the art market.” - Jetsetter
 
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For more information, visit FountainArtFair.com or email press@fountainartfair.com
For VIP inquiries email fountainvip@gmail.com
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April 07, 01:28 PM
Aquí va un muchacho nadando sobre las piedras en la salida de una alcantarilla, será buen símbolo para nosotros que no vemos más que miserias, para que tomemos la vista y nos oigamos palpitar serenos por dentro”.
Sergio Larraín, sobe una foto de su serie sobre los niños del Mapocho.


Ahora que me entrampo vergonzosamente en absurdos e irrelevantes problemas cotidianos del tipo “falla en mi disco duro externo” o “la Marita no quiere hacer su cama” me llegan de sopetón, casi como un cachetazo en plena testa, noticias para volver a despabilarme: Sergio Larraín ha muerto.

Ahora que la muerte de Larraín se vuelve también (y es entendible) la imparable venganza del cliché y el materialismo que él detestaba, se hace necesario moderar un poco el entusiasmo, bajar un poco la voz, pensar un poco en el hombre que trató por más de 40 años en salir a flote luego de aquella avalancha de prestigio y frivolidad que de pronto lo azotó, irónicamente por su propio enorme talento.

Señalar a Sergio Larrain Echeñique sólo como el más importante fotógrafo chileno de todos los tiempos es al mismo tiempo una verdad y una traición. Alguien que en plena realización laboral haya dejado la fama, el dinero y a Paris, cambiándola por la austeridad y la meditación en Tulahuén, un perdido pueblo al interior de una perdida montaña chilena merece también ser recordado como el hombre que quiso ser desde entonces algo (mucho) más que un fotógrafo.

El camino hacia el éxito puede ser recorrido también por algunos en la forma inversa y quizás sea aquella la forma más difícil de hacerlo. Sergio Larraín escapó dos veces del dinero y la comodidad. La primera dándole la espalda al colchón de su apellido por allá por 1940 y tantos, optando por dejar la universidad gringa para recorrer caminos sin dirección a ningún título, buscando imágenes que le fueran contando un poco sobre como era él realmente, cosas que ni la academia ni su adinerada familia pudieron contarle. Pensó entonces que la fotografía iba a decírselo. Un rectángulo en su mano a manera de oráculo.
Me lo confirmó su amigo Luis Poirot, hace muy poco cuando le insistí que lo recordáramos: “sus fotos tan alabadas en sus libros no son precisamente sobre Valparaíso o Londres, sino sobre él mismo, sobre la desolación de un hombre encuadrando desde el suelo al nivel de los perros y las prostitutas, los marineros que van de paso por el Puerto, porque él tampoco sabía a dónde pertenecía”.

Seguramente su Leica IIIC no consiguió darle todas las respuestas, aunque sí otras cosas, claro que al parecer más para el mundo que para él mismo. Por ejemplo que Edward Steichen le firmara cheques por sus fotos, que Neruda le pidiera imágenes para su libro, que el mismo Cartier Bresson le abriera con honores las infranqueables puertas de la Agencia Magnum, hacerse amigo de Violeta e inspirar a Cortázar para uno de sus mejores cuentos, “Las Babas del Diablo”, que luego iba a inspirar una de las mejores películas de Antonnioni, la influyente “Blow Up”.


Galeano contaba la historia de una tribu indígena del Amazonas donde para una competencia, (sacrílega a estas alturas para occidente), vencía el que lanzaba más pertenencias materiales hacia el fuego. Y los 60 fueron para Larraín un poco eso.
Volver sobre las mismas pisadas que en los 50 lo instalaron en la cima del fotoperiodismo mundial, a su manera enviar al fuego los negativos sin revelar de una vida que no daba con las respuestas que seguía buscando. Ciertamente nada de lo conseguido en Europa fue al parecer suficiente y aquello que para muchos era la cima, el fin, para Larraín no fue más que un nuevo comienzo. Fue volviendo desde Londres, Paris y Nueva York hasta Santiago, Arica y finalmente Tulahuén. En el intertanto alejándose de la exposición y acercándose más que nunca al misticismo, el LSD, Claudio Naranjo y Oscar Ichazo.
Ocurrió entonces la segunda vez que le dio la espalda al dinero, la comodidad y ahora incluso, a la fama. Su renuncia a la Magnum en 1970 no fue tan sólo el adiós a la más importante agencia fotográfica del mundo, lo fue también a la fotografía. De paso, y para hacer más perfecta la analogía, tiró también al fuego los negativos de su obra. Fue Josef Koudelka quien alcanzó a realizar algunas copias y con ello evitar que hoy estuviésemos hablando de Larraín como como se habla de Robert Johnson, más por mitología que por nada.


Desde entonces se dedicó a cosas que por las que nadie pagaría un peso, sus clases de Yoga los segundos martes de cada mes, la metafísica, la escritura de versos, la edición de libros artesanales para regalo. Colgó la cámara y con ello su leyenda, aun cuándo sus fotografías y agotados libros seguían (siguen) costando miles de dólares en el mercado. Ya no era asunto de él.

A medida que el mundo lo fue entendiendo, dejó también de ser necesario e importante repetir la inútil peregrinación hasta la puerta de su casa con sesudas, largas y aburridas preguntas sobre su obra. Con su renuncia pasó a ser el mismo su mejor obra, la más integral, coherente y en constante creación, viva como el presente que parecía abrírsele infinito entre los estrechos parajes del Valle del Limarí. Del pasado que hablaran las fotos, si se hacía necesario hablarlo.

Fue el propio Larrain quien declaró que no daría más entrevistas (y fue El País, fue el New York Times y fueron tantos…) hasta que el gobierno chileno no se preocupara del medioambiente. En esas estaba hasta que vino la muerte a despertarle, casi sin molestarle, como un paso más en el camino, este martes 7 de febrero a las 9 de la mañana.

Desde entonces (como desde hace mucho) a falta de uno ahora tenemos dos Sergios a quienes recordar: el primero, un brillante fotógrafo, poseedor de un insuperable sentido de la composición y que deslumbró a la Europa de los años 50 influenciado desde entonces a miles de artistas en el mundo; y el otro, menos conocido quizás pero no por ello menos importante, tan sólo un hombre común y corriente con la intención, la valentía y el poder de hacer la revolución más importante y honesta de todas, aquella que parte y termina donde uno, armado de un corazón y una esperanza que acaso no alcance a entrar en los almanaques de occidente. De los dos, y no de uno sólo de ellos, debería estar hecha esta historia, su historia, la verdadera leyenda.


Por: Rodrigo Acuña.
April 07, 01:24 PM
Luis Gordillo ha obtenido el Premio Nacional de Arte Gráfico 2012, un galardón instituido en 1993 con el objetivo de reconocer la labor de los creadores que se dedican al grabado y técnicas afines, impulsar su práctica y estimular el coleccionismo.
El Jurado de esta edición del galardón ha estado integrado por el pintor y grabador José Hernández, en calidad de presidente; Rafael Canogar, que obtuvo este premio en 2011; el profesor y crítico de arte Fernando Castro Flórez; el director de la Feria Internacional de Arte Múltiple Estampa, Chema de Francisco, y el académico delegado de la Calcografía Nacional, Juan Bordes, que actuó como secretario.
Como refleja el acta del Jurado, que ha significado el compromiso social de la obra de Gordillo, se premia por unanimidad “la trayectoria desarrollada a través de una obra gráfica en la que ha sugerido una reflexión continua en este medio específico, dando ideas incluso a su propia pintura y alimentando su discurso plástico a la vez que ampliando los límites del arte gráfico”. 
Referente artístico
Nacido en Sevilla en 1934, Luis Gordillo realizó la carrera de derecho sin, en sus propias palabras, “sentir vocación jurídica”. La auténtica vocación que en él anidaba fraguó, tras realizar estudios de Bellas Artes en su ciudad natal, a raíz de su marcha a París, en donde contactó con el arte de vanguardia.
Con los años, Gordillo -Premio Nacional de Artes Plásticas (1981)- se ha convertido en una de las figuras más singulares de la escena creativa española de la segunda mitad del siglo XX, marcando un estilo propio que, de un modo u otro, ha influido en el trabajo de muchos de los artistas pertenecientes a generaciones posteriores.
La importancia de la serie
Su trayectoria, siempre marcada por la experimentación continua así como por el cambio de registros en su producción, ha sido enmarcada dentro de la abstracción, una definición que encorseta un trabajo que va más allá, en un afán de descubrimiento de nuevos horizontes plásticos. En esa búsqueda se acercó al informalismo, siguiendo, entre otros, los pasos de Tàpies y Dubuffet.
Considerado como uno de los artistas españoles que mejor ha interpretado el arte pop en los sesenta, ha explorado la importancia de la serie y la repetición como herramienta compositiva.
Fuente: hoyestr.com
February 01, 11:22 AM


la galería Hayward de Londres, acoge la primera gran exposición en el Reino Unido del artista David Shrigley, en España vimos su trabajo en Estrany de la Mota
http://ticketing.southbankcentre.co.uk/david-shrigley/exhibition/death
http://www.davidshrigley.com/index.html
January 30, 06:51 AM
El arte y los grandes temas
 “Before the Law. Post-war Sculptures and Spaces of Contemporary Art”, Museo Ludwig de Colonia 
MONTSE BADIA

Kaspar König se jubila y lo hace con una exposición colectiva en el Museo Ludwig de Colonia, la institución que ha dirigido durante doce años. Con “Before the Law”, König vuelve a hacer una declaración de principios: el arte debe hablar sobre los grandes temas, más allá de las circunstancias. Y el tema es, en este caso, la condición humana.
Skulptur Projekte en Münster, Portikus en Frankfurt y Städelschule en Frankfurt son sólo algunos de los poyectos/instituciones fundados o dirigidos por Kaspar König, una figura clave y determinante de los criterios y discursos que han regido la escena artística en los últimos años. Con “Before the Law” (Antes de la Ley) , König deja clara cuál es su manera de entender el arte y su relación con él, así como su visión curatorial. La exposición toma su título de un relato de Kafka en el que un campesino intenta acceder al lugar donde está la ley. El anhelado momento nunca llega, pues un portero pospone su entrada eternamente. La parábola de Kafka, en la que hay un dentro y fuera de la ley traducido en términos de espacio, conecta no sólo con la fragilidad del campesino, extensible a la condición humana, sino también con preguntas acerca de quién determina la ley, para quién, quién y cómo queda excluido.
Para hacer la reflexión más intemporal, o más actual, la exposición parte de un momento histórico muy concreto, los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, como paradigma de la aniquilación de los derechos y la dignidad humanos y lo enlaza directamente con el momento presente, en el que no ha habido una gran guerra, pero sí muchas, dispersas y continuadas e incluso algunas sumergidas y en el que el ser humano vuelve a ser extremadamente vulnerable. Parece que tenemos acceso a mucha información, que somos conscientes de nuestros derechos, pero al mismo tiempo hay signos contradictorios, ¿hemos perdido nuestra libertad? ¿o la hemos ganado? ¿cabe la posibilidad de que un día surja públicamente la pregunta de si todavía nos podemos permitir los derechos humanos?
“Before the Law” es una exposición clásica tanto por su aproximación como por su presentación formal. König habla del potencial humanístico del arte contemporáneo, de la necesidad de que el arte plantee preguntas existenciales. Las obras (esculturas figurativas e instalaciones, como se nos anuncia desde el subtítulo de la muestra) respiran espacio, no hay interferencias entre ellas, en todo caso, un hilo conector que va guiando al espectador por las salas. Se deja que las obras “hablen por sí mismas” (y parece que lo hacen). No hay una contextualización específica, ni documentos, ni publicaciones, ni vídeos documentales o películas. Y eso que el tema lo permitiría. Sí que se celebrarán diversas charlas en diferentes ciudades (Bruselas, Londres, Colonia, Munich y Berlín). Y sí que hay una confrontación, entre las esculturas figurativas de post-guerra, que transmiten toda la inseguridad y fragilidad que puede acompañar al ser humano y las instalaciones más contemporáneas, más resignadas e irónicas. Mientras en las esculturas de postguerra los seres que aparecen representados piden a gritos amparo y protección, las propuestas contemporáneas, que evocan la misma fragilidad que sus antecesoras, ya no pueden pedir ese refugio, puesto que saben que no existe. Y en esa contraposición se van trazando numerosos recorridos: el que se inicia en la escultura de la pierna aislada (1958) de Alberto Giacometti, sigue en el carrusel que gira con lenta agonía arrastrando los cadáveres de animales de Bruce Nauman (1988), salta a la moneda de la suerte (un diminuto centavo expuesto en una enorme vitrina) encontrada por Andreas Slominski (1996) y termina en el árbol fragmentado y recompuesto (1997/2011) de Zoe Leonard. Y, otro posible itinerario que va desde la “Sibylla (Justitia)” (1957) que Joseph Beuys hizo para los juzgados de Düsseldorf, continúa con los conflictos sudafricanos de “Felix in Exile” (1994) de William Kentridge, se recrea en la manera despectiva con que las autoridades norteamericanas (empezando por el propio Roosevelt) veían a los indios americanos en “Building a Nation” (2006) de Jimmie Durham, y concluye con el remake de los burgueses de Calais (defendiendo una ciudad asediada en el siglo XIV) convertidos en “Bródno People” (2010) de Pawel Althamer con la colaboración de ciudadanos de Bródno, o las “exclusiones” realizadas desde el poder (legislativo, ejecutivo y judicial) a través de abundante material recogido por Andreas Siekmann en “Dante and Virgil walk through the World” (2011). Parece que las cosas han cambiado mucho durante este último siglo, pero en algunos aspectos esenciales estamos más cerca de la posguerra de lo que nos imaginamos.
Al margen de su calidad, indiscutible, “Before the law” es una exposición hábil en muchos aspectos: funciona como “statement curatorial”, incorpora el diálogo intergeneracional al incluir a Thomas Trummer como co-comisario y la colaboración de Anna Brohm y Andreas Prinzing e incluye un número considerable de obras de la colección del propio museo.
Foto: Achim Kukulies © Pawel Althamer, Cortesía Sammlung Goetz
VISTO EN http://www.a-desk.org/spip/spip.php?article1296

Before the Law
17.12.2011 – 22.04.2012
Opening hours
Tuesday to Sunday:
10 a.m. to 6 p.m.
Every first Thursday of the month 10 a.m. to 10 p.m.
Closed on Monday
Eintritt und Anreise
April 07, 01:28 PM
April 07, 01:28 PM
La fotografía ha entrado fuerte en el mercado del arte, siendo una de las técnicas que más aumenta dentro del porcentaje de ventas, incluso cuando hace tan sólo 30 años no existían grandes coleccionistas particulares.
Aún cuando Bob Fisher es hijo del fallecido en 2009 Don Fisher (creador de la marca de ropa Gap), su gusto como coleccionista se ha centrado en la fotografía frente al pintura y escultura de su padre. Elton John es conocido por su popularidad como contante, pero es uno de los grandes coleccionistas de este medio (aun cuando vendió parte de su colección en subasta) ó David Dechmann que es patrono del MOMA. Sondra Gilman and Celso Gonzalez-Falla mostraron sus obras en la exposición Shared Vision. No hay que olvidar a Sheikh Saud Al Thani (Doha, Qatar; Londres, Siglo XIX y XX) como gran coleccionista de obras blue-chip de la fotografía, además del arte árabe.
Estos son los diez principales nombres del coleccionismo fotográfico:
1. David Dechman
New York
Gestión de Patrimonios
Siglo XX.
2. Randi y Bob Fisher
San Francisco
Prendas de vestir: GAP.
Siglo XX, contemporáneo.
3. Sondra Gilman y Celso Gonzalez-Falla
New York
Negocios Inmobiliarios.
Siglo XX, contemporáneo.
4. Daniel Greenberg y Susan Steinhauser
Los Angeles
Equipos electrónicos
Siglo XX.
5. Michael Jesselson
New York
Gestión de Patrimonios
Siglo XX.
6. Elton John
Londres; Atlanta
Cantante
Siglo XX, contemporáneo.
7. Andrew Pilara
San Francisco
Banca de Inversión
Siglo XX, contemporáneo.
8. Lisa y John Pritzker
San Francisco
Hoteles e Inversiones
Siglo XX, contemporáneo.
9. Thomas Walther
Zurich
Fabricación de maquinaria
Siglos XIX y XX
10. Michael Wilson
Londres
Cine
Siglos XIX y XX
Autor: Joaquín Gallego
Fuente: Arte y Precio
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