Práctica, conversadora y celestina. Se habla de todo y de nada, depende de la temporada.
Hay una razón por la que me gusta cumplir años y crecer: entre más grande sea, más libre soy para hacer lo que realmente quiero.
Cuando somos niños dependemos de alguien (física y económicamente), estamos regidos por las reglas de la casa y el colegio, tenemos horarios, nos importa lo que piense el de al lado. En teoría, cuando crecemos, tenemos más flexibilidad para movernos a donde queramos, hacer lo que nos place, asumir riesgos, vivir de acuerdo a lo que esperamos del momento.
El problema viene cuando asumimos esa adultez como un check-list de cosas por cumplir, expectativas ajenas por llenar, exigencias personales creadas por no dejar; y añoramos la infancia como ese momento donde “nada importaba” -porque siempre es más verde el pasto del vecino y todo tiempo pasado fue mejor.
Todo eso que asumimos porque así lo quisimos – hubiéramos podido tener otra vida, al final nuestro presente no es otra cosa que la consecuencia de actos pasados – debería ser una representación de celebración por los años vividos, la experiencia ganada, la libertad bien manejada, los sueños y satisfacciones cumplidos. Creo que si es todo lo contrario y añoras la infancia, adolescencia y otros tiempos, porque crees que “fueron mejores”, entonces hay decisiones que se tomaron y que no llegaron a un buen término.
Ese es mi caso ahora. Porque me gusta ser adulta y tener la libertad de hacer lo que me hace más feliz, sin depender de nada, ni de nadie, mucho menos de las necesidades absurdas que creé, he decidido hacer ciertos cambios.
Voy a dormir más, hablar menos; me desconectaré por un rato. Dejaré los mensajes de texto para gastarme el plan de celular en llamadas. Ahorraré para ir a ver a los amigos que extraño y evitaré documentar mi vida, como si fuera un álbum público.
Esto que estoy viviendo ahora me trajo muy buenos resultados, momentos divertidos, gente increíble; pero como todos los formatos, se agotan con el tiempo.
Ha sido un placer estar por acá y saber que hay algunos constantes que me leen. Estoy segura que este blackout será sólo por un rato. Nos vemos luego.
Tengo una familia que mide el tiempo por los días que faltan para estar juntos y que cuando son muchos, decide inventar excusas para reunirse antes.
De todas las cosas por las que debo estar agradecida con la vida, esta se convierte en una de las más especiales; no sólo por la emotividad del gesto, sino porque explica muy bien lo que hasta ahora era complicado de definir: el amor que todo lo puede.
No me refiero a ese amor por el que muchas veces en su nombre, cometemos estupideces o al que sobreexplotamos en fechas especiales; me refiero a ese amor-todopoderoso que se creo para enseñarnos que hay algo más grande que nosotros mismos.
En esa declaración (Inventemos excusas para estar juntos) cabe todo lo que quiero para mí en un futuro: un amor deseado, donde el compromiso surja de los pretextos para incluirnos en la vida del otro, en el que el mundo sea simplemente el lugar que compartimos y no una limitante, porque por más grande que sea, siempre encontraremos una forma de estar presentes. En resumen, un amor que trae el sí por delante.
Tengo muchas cosas en qué pensar últimamente y la verdad, estoy medio enredada. Más que medio: completamente enredada.
Así que facilitaré el proceso de entendimiento y me dedicaré únicamente a escribir lo que pasa por la cabeza; con el deseo (infantil) de que una vez estén puestas en algún lugar, mágicamente dejen de importar – o por lo menos, no me quiten más tiempo.
De esto se compone mi estambre mental:
Creo que eso es todo. Los comentarios, como siempre, serán bienvenidos.
Hay mil formas de despedirse y hay otras tantas para lidiar con el hecho de saber que eres el que te quedas. De las dos opciones, sé que es mucho más facil emprender el camino que ser el que arregla la casa después de la fiesta.
Los que se van están emocionados por lo que viene; los que se quedan extrañan por anticipado el espacio que quedará libre, los momentos que se dejarán de vivir, la cercanía que da contar los sucesos frívolos de todos los días. Si bien los que se van también sienten nostalgia (no estoy demeritando sus sentimientos, también lo he vivido), hay varias cosas por hacer y la adaptación exige tanto tiempo, que la sensación pasa a ser eso-que-llega-cuando-estás-desocupado durante el fin de semana.
Por eso escribo hoy: un síndrome dominguero más sentido que la cruda de una buena fiesta; ese sentimiento de “no hallarte” en ningún lado, tener rabia/sueño/melancolía/desasosiego por días y ni siquiera saber por qué. O si saberlo, pero evitando el tema porque te sientes infantil aceptando que todo esto se debe al que estaba en los números frecuentes. Y entonces llega el fin de semana, nuevos planes, gente diferente, conversaciones interesantes que hacen que extrañar al otro sea menos difícil.
Pensando en los que se fueron y luego de – por fin – empezar el año, llega la primera conciencia del 2013: el corazón sólo necesita tiempo para reacomodarse y aceptar que en los espacios que quedan vacíos las posibilidades son infinitas.
… Y el consabido “la resaca me va a matar mañana, mejor evitémoslo“; aprendí que hay tres formas de cangrejear.
La primera es la que empieza con un poco de esperanza, porque hay buenos sentimientos de por medio y tienes la duda de que depronto la vez anterior no funcionó por un problema de disponibilidad, tiempo o coincidencias.
En la segunda ya sabes que nada tiene sentido, pero se vuelven a ver sólo para confirmarlo, porque quisieras con el corazón que fueran el uno para el otro y necesitas reforzar las razones por las que no lo son.
La tercera, la vencida, es aquella en la que amordazas al instinto, revisas mil veces los hechos, intentas callar las voces que gritan que no lo hagas y de todas maneras caes porque decides creer.
De las tres, la última es la peor porque no hay nada más estúpido que demostrarle a alguien que uno no aprende.
Angustia en tiempos navideños: muchos planes, poco tiempo, trabajo hasta el techo, ganas de estar en todas partes y pocas posibilidades de lograrlo, compromisos previos que se agendaron con antelación porque “ya casi es Navidad y seguro todo el mundo ya tiene cosas que hacer”.
Sí, ese es mi estado actual. Hasta ayer. Me di por vencida. No voy a lograrlo y no me importa.
La Navidad/Año Nuevo/Diciembre lo escogí hace muchos años como el tiempo para reconocer cuánto había crecido, visualizar los cambios hechos, definir los próximos y en resumen, saber si había hecho algo con mi vida; en otras palabras, encontrarle un apellido al año que lo marque para no olvidarlo.
A 8 días de diciembre, ya me perdí en el tráfico, los documentos y los deberes, que me mantienen ocupada y con un sentimiento de seguridad que me dice que estoy aprovechando el momento como mejor puedo. Nada más falso.
Así que aquí hago un alto: hay cosas que realmente merecen mi atención en este momento y que no volverán a pasar; así que a ellas les dedicaré mi corazón y mi cabeza. Para lo demás (fiestas, buenos deseos, comidas, papeleos) tenemos todo el 2013.
Hay personas que saben intervenir en la temática semanal de otros; ese espacio donde todo lo que te rodea tiene el mismo mensaje y sabes que, de no ponerle atención, la vida se encargará de gritártelo hasta que le dediques dos minutos a pensarlo. Fue así como hace una semana, Diana, haciendo de catalizadora en mi propia temática, lanzó en el tráfico lo siguiente: “si te encontraras con la Lu de hace 10 años, ¿qué le dirías?”. Le contesté lo primero que me vino a la cabeza, para después encadenar una frase con otra y no poder dejar de pensar y hablar del tema. ¡Tantas cosas -desordenadas- que decirle!
Así que, querida Diana, si me encontrara con la Lu de 20 años ahora, con las ideas decantadas, le diría que todo hace sentido con el tiempo y que los momentos no tan agradables le servirán en el futuro para manejar situaciones complicadas. De todas maneras, de eso no habrá mucho porque la vida será generosa y le regalaré 10 años de felicidad en una ciudad que sentirá propia, con amigos diversos y cercanos al corazón.
Estoy segura que de contarle que eventualmente llegaría a verse como lo pensó – en una sala grande, exponiendo estrategias, con gente atenta- se alegraría mucho. Y es que teníamos ese sueño desde los 17 y no veíamos la hora de crecer y de hacer que lo que pensábamos valiera la pena. Tendría que avisarle que a los 30 me siento grande, pero no me veo tanto y eso creo que la decepcionaría un poco.
Si esa Lu estuviera frente a mí, sabría, sin decirle una sola palabra, que todavía no ha llegado una historia de amor definitiva; y antes de que saltara a cualquier conclusión, sin contarle muchos detalles, me tomaría el tiempo para que supiera que las historias que vienen para ella serán increíbles. Que no fueran los hombres de la vida, no significa que no fueran personas lindas y encantadoras. Eso me llevaría a que supiera que el amor será un tema constante (e intenso) de lo que hablará casi todo el tiempo.
Le pediría que recordara muy bien esas clases de Lectura, Escritura y Filosofía de la Cultura en la universidad, porque después será muy complicado desenterrar esos conceptos que tanto me sirven ahora y que hubiera estado bien tenerlos más presentes.
Por último, le diría que lo mejor está por venir, para ella y para mí y que es momento de vivir lo que hay con quién está cerca, porque la nostalgia, si la dejas, gana terreno por minuto; que así como ella es feliz a los 20, también será feliz a los 30 y que estoy segura que si nos encontráramos con la Lu de los 40, vendría a decirnos exactamente lo mismo.
Así que habiendo administrado mi temática de la semana, me preparo para celebrar una edad que esperé por algún tiempo, dándole las gracias a la vida por todo lo bueno que me ha pasado y con la tarea firme de establecer una visión de mí para los próximos 10 años.
Como cada 2 de octubre, si pasan por acá, lancen un buen deseo al aire para que lo que venga sea igual de maravilloso a lo que ya fue. Prometo corresponderles cuando llegue el momento.
La dicotomía de ser de aquí y también de allá la abracé cuando asumí que lo que más me gusta en la vida es ser extranjera. Me la pasaba horas diciendo que no era una bogotana como las que se encuentran en la ciudad y definitivamente se nota que tampoco soy mexicana, por más que el acento haya cambiado.
En esta contradicción de lo que soy y en donde vivo, de cómo me criaron y lo que decidí ser, le encontré un sabor dulce y aparentemente único a la libertad de escoger lo que me gusta de cada uno de estos lugares y hacerlos mios. Eso me da derecho a mirar con ojos críticos a los colombianos y sus actitudes o a opinar sobre la política mexicana; de la misma manera con la que escucho sus himnos y me emocionan hasta el alma.
Así que con esto, sentada en un aeropuerto y después de muchos meses de no pisar Bogotá, dejaré de angustiarme por definir mi personalidad según la localización geográfica y crearé clichés propios para reemplazarlos por los que ya me sé; olvidaré lo que debió ser y lo que supuestamente me estoy perdiendo. Entenderé que el mundo es todavía muy grande – así digamos lo contrario- para aceptar una sola forma de ser.
Todos los cuentos tradicionales empiezan con un había una vez…, y este no será la excepción. Como la historia la contaré yo, podrías suponer que preferiré representar a la mujer-doncella-en apuros y ese será el primer error: yo seré la (¿él?) hada madrina. La responsable de no dejarle espacio a la adversidad o al orgullo. La que hace que las cosas pasen; que cree en el amor, lo cuenta y lo entiende. Si lo piensas bien, ese siempre ha sido mi papel. Ahora recuérdalo, porque esta es la única razón por la que hoy estoy escribiendo.
La conociste por azares del destino (¿Acaso el enamoramiento no es más que una coyuntura de dos realidades?). Le pediste un abrazo en un momento crucial, y ella, que tiene una personalidad libre y abierta, te lo dio sin conocerte. Debo decir que eres guapo y eso seguramente ayudó. Los detalles de lo que vino después no los sé y me parecen irrelevantes. Lo crucial aquí es que repetiste la historia de siempre: dejaste al azar lo que hubiera podido ser una muy buena historia de amor. Ella era linda, lo sabes, y hubiera podido hacerte feliz -en pasado, porque ahora le gusta alguien más y eso ni siquiera te lo debería contar, pero lo hago, para que sepas que aquí ya perdiste tu oportunidad.
Ahora pienso que te gusta el hecho de actuar indiferente y que la situación tome el curso que le de la gana, porque es más fácil y arriesgas menos. Cuando me encontré un papel que decía “quiero alguien que me cuide y quiera como tú” , me pareció preciso aclarar varios puntos, porque sé que me lees. Lo primero, no pretendas construir un amor que gire a tu alrededor; posiblemente puedas tener relaciones de ese tipo, pero tarde o temprano fracasarán. Segundo, si lo quisieras con tantas ahínco, estarías en el camino para conseguirlo – en uno mental, por lo menos. A veces las ganas es lo único que se necesita. Tercero y último: repetir la misma situación una tras otra, no hará que el resultado cambie. Es de las pocas veces que no aplica el “la práctica hace al maestro”. En tu caso, la práctica sólo hace que pierdas el tiempo… y mira que no eres joven, pero eso ya lo sabes también.
Digo todo esto porque, antes de decir adiós, te conté sobre la bruja que robaba los corazones para que la gente no pudiera amar. Qué pesar que yo no sea ella; las brujas -buenas- siempre lanzan “maldiciones” para que la otra persona entienda o aprenda lecciones de vida; y yo, por más que intentaba explicarte que el amor no funciona a punta de caprichos, no lo logré. Tal vez uno de esos hechizos hubiera servido. Ahora, como pedí ser hada en esta ocasión, lo único que me queda para darte es un deseo: tienes el permiso de salir con aquella a quién tanto esperas. Cuando estés al frente, olvidarás el pasado y todo lo que antes no te permitía buscarla. La podrás enamorar y así empezar de nuevo. ¡Sólo hazlo con cuidado! Recuerda que a todas las mujeres no les queda el mismo zapato.
Soy de esas mujeres que siempre ha tenido kilos adicionales. A veces menos y otras, muchos más, como ahora. Tener el cuerpo perfecto es un ideal sin acciones; sé que si lo quisiera de verdad, debería comprometerme en serio, cosa que no ha pasado hasta el momento.
Así, en un sube-y-baja eterno, he vivido los últimos 15 años y debo confesar que el peso ha sido un tema recurrente; 1) por cómo me veo, 2) por lo que creo que los demás piensan de mí, 3) por salud – esta última es nueva. Quisiera ser de esas que afirman que esos kilos no la han afectado y que vive la vida haciendo caso omiso de los ideales de belleza. Pero no. Esa no soy yo.
Podrían clasificarme en ese grupo de “gordas ofendidas” que criticaron el artículo de La Azcárate por envidia; porque ella, flaca, es de las que cree que a una gorda nadie la quiere, como lo afirma en su show de stand-up comedy. La consecuencia natural de cualquier ofendida, es decir “mi caso”, sería rasgarse las vestiduras y demostrarle que a pesar de los kilos, sí me han querido, amado, adorado; que he vivido a plenitud y que uno puede ser feliz como sea porque está cómodo con uno, como lo escribió Camila Vera en su respuesta.
Las indignaciones -tweets, posts y demás – van y vienen entre lo que es correcto decir y lo que realmente pensamos. No perderé el tiempo contándoles por qué La Azcárate sobrepasa los límites posibles de estupidez. Tampoco repetiré ciertos clichés del tipo “lo primordial es la belleza interior” o “todos somos bonitos de diferentes maneras” porque sabemos que es falso: la belleza – representada en un cuerpo de dimensiones específicas – importa y mucho. Lo que me cuestiona cada vez más es ¿Para qué importa?
Entiendo que el que vive de la imagen tenga que cumplir ciertos requisitos; admito que ciertos kilos de menos te hacen sentir mejor; comprendo perfectamente las implicaciones de salud que existen en el sobrepeso. Lo que no puedo aceptar es que para ser considerada mujer y que me traten con respeto y sin burla, tenga que verme de cierta manera. Y es aquí cuando confirmo que la belleza – esa que consideramos única- está sobrevalorada. Le dimos el poder de ser la llave de la felicidad, como si verse “así” nos trajera la vida soñada. Lo permitimos, nos creemos el cuento, le damos legitimidad a las Azcárates del mundo para que esos mensajes suban en la escala de valor y después, nos indignamos con un artículo. ¿Cómo entenderlo?
¡Los quiero!
wgsn:
Monochromatic stripes and checkerboard prints are huge news at the moment, we particularly like these @AltuzarraStudio beauties #NYFW
Go after her. Fuck, don’t sit there and wait for her to call, go after her because that’s what you should do if you love someone, don’t wait for them to give you a sign cause it might never come, don’t let people happen to you, don’t let me happen to you, or her, she’s not a fucking television show or tornado. There are people I might have loved had they gotten on the airplane or run down the street after me or called me up drunk at four in the morning because they need to tell me right now and because they cannot regret this and I always thought I’d be the only one doing crazy things for people who would never give enough of a fuck to do it back or to act like idiots or be entirely vulnerable and honest and making someone fall in love with you is easy and flying 3000 miles on four days notice because you can’t just sit there and do nothing and breathe into telephones is not everyone’s idea of love but it is the way I can recognize it because that is what I do. Go scream it and be with her in meaningful ways because that is beautiful and that is generous and that is what loving someone is, that is raw and that is unguarded, and that is all that is worth anything, really.
You can change, you can adapt. You can make it so you don’t ever have to feel like this. Ever again.
Specialists without spirit, sensualists without heart; this nullity imagines that it has attained a level of civilization never before achieved
Ganas, puras y benditas ganas.
Flourless chocolate mousse cake @gailsbakery. #London #chocolate #tour #delicious #cake #ice_cream #dessert #syrup #plate #sweet (Tomada con Instagram)
I dont wanna lie I'm gonna take what you're giving 'cause I know that you're willing to take me all the way
Suena esto y no sé qué sentir... es algo bueno, seguro.
No me puedo quitar esta canción: Yo te lo dije no me iba a enamorar
Ayer me mostraron este grupo colombiano y me encantó! Monsieur Periné - Suin Romanticón.
Te vi llegar... Te vi bailar... Te burlaste de todos, te reíste de mí.
Well, we're not that young anymore... and we should feel happy about it.
Porque es jueves! #Nowplaying Hasta El Techo - ChocQuibTown
La canción de la semana me encantó @alejitasalazara :D Hasta el techo - ChocQuibTown
Al cielo una mirada larga... buscando un poco de mi vida.
Julieta Venegas + Los Auténticos Decadentes, ¡Me encanta!
Esta es mi preferida #Niche30Años - La bailé hasta el cansancio!
Bien lo decía Armando Zabaleta: Rafa no te enamores... :p
@Macrobles ¡esta es la canción! :)
We'd be dancing the whole damn night right uhuuuu uhuuuu
Hay una razón por la que Don Omar es mi preferido
En 10 de 22 países es No.1 según iTunes Store Top 10 Songs. Enjoy!
Deja que el alma tenga la misma edad que la edad del cielo
No sé qué hacer contigo... Si fueras mi enemigo.
iPod en shuffle presenta: If We Ever Meet Again