juliana soto vallejo
Hace dos meses y medio vivo en Manizales y hace dos días nos pasamos a esta casa, una familia ajena y yo.
Volví a colgar mis banderines y a apilar los libros y a llenar mi habitación de cosas muy yo -ellas-, pero más que nunca pensaba en hacer eso en mi casa.
En mi casa mía, en la casa imaginada que llevo a todas partes, con repisas y tapetes y basura hermosa que llenaría cajas pesadísimas; que me hace sonreír cada vez que -imaginariamente- cuelgo un cuadro recién hecho, o pinto una pared o compro un reloj para la mesa de noche.
No me la quiero dejar de prometer, ni dejar de guardar cosas para adornarla, ni de hacer planes para compartirla y, mucho menos, dejaré este afán sobredimensionado por verme en ella más feliz que nunca.
Hoy entendí que podíamos estar bien.
Que yo podía ser feliz sin perderte.
Que todo lo bueno en este mundo te lo deseaba y que la vida seguía.
Gracias por ser el mejor y lo mejor de mi vida; por hacerme sonreír infinitas veces, por sonreír para mí. Por compartirlo todo, por explicarme lo que no entiendo, por regalarme libros en lugar de ropa. Por pensar en mí. Por nunca dejarme.
Porque cumpliste todas tus promesas, porque siempre estuviste.
Gracias por dejarme ser, porque duele.
Por quererme suficiente.
Te quiero hasta el cansancio y te deseo todo lo bonito.
En el fondo creo que tengo suerte.
Que haya pasado todo, como pasó.
Que haya estado triste.
Que luego te haya encontrado.
Que te siga amando tanto, y que lo voy a hacer siempre.
Que se siente lindo estar donde, al fin y al cabo, había que estar.
Entre otras cosas tengo miedo de ser Scarlett en Lost in Translation y parecer Natalie en Closer.
saldría corriendo hasta Pereira para que volvamos a ver esto.
de repente empecé a extrañar.
y también amo esta parte.
He pensado (y me ha preocupado) cómo pasa el tiempo casi inadvertido.
Que no me pesan los años que pasan cada treintayuno de diciembre, ni cada cumpleaños. Que no sentí que había pasado el tiempo cuando ascendía de grado en el colegio o cuando me entregaron una carpetica con papeles, que no imaginé que se iba a perder y que me pesó y vi la vida pasar al tener que buscar con desespero para inscribirme a la universidad.
Que entré a la universidad, me cansé, me salí, me pasé seis meses sentada en mi cama, o barriendo detrás del mueble que ahí también cae polvo, o aspirando el tapete porque al gato o al perro o a cualquiera le gusta pisarlo; o limpiando mis repisas que mire como se empolvan y uno como si nada.
Que hace treinta días comencé a contar meses otra vez, esperando.
Y mientras esperaba caí en cuenta.
En fin.
Para resumir mi corto periodo de vida diferente al resto, en el que perdí levemente la noción del tiempo y que denominé ‘vida corta’ decidí usar como referencia a la presencia del gato; desde el día que Pepe entró a mi vida, calientico y peludito, como espero que la haya dejado cuando nos dejó a todos.
Te quiero, Pepe, duerme bien.
Vi esta foto y me acordé de Across The Universe.
De esa noche que la vimos, que nos tocó esperar 72 minutos porque no sabíamos el truco de Megaupload. Y que mientras tanto le preguntamos cosas bobas a Kemechev, que terminó descubriendo quién era.
Las bicicletas en la Aurora.
Se acuerda?
Yo me acuerdo.
Ay, no nos olvidemos.
Volvamos a ver una película en la madrugada. La invito a que me invite a dormir a su casa, yo llevo comida y gasebosa.
Si se va, la voy a extrañar. Más que antes, más que ahora.
Pero me voy a alegrar, porque usted se merece eso y mucho más.
Usted es grande, fuerte e inteligente.
Go on. Be happy.
♥
Me recordó a nosotras.
Y que la química que nos falta para interactuar con las personas, nos sobra para ir por ahí acariciando gatos.
Cambié mi url y mi foto.
Porque me gustaba mucho el título de este y estaba harta del de mi blog personal.
Fin.
Alergias.
Lo que implica ser yo.
Lo más molesto de ser yo.